Alfabeto racista mexicano (I)

El propósito de este diccionario es analizar los discursos que sostienen y refuerzan las prácticas racistas en todos los órdenes de la sociedad mexicana.

| Diccionario Racismo

En las siguientes semanas publicaré una serie de artículos de diccionario con definiciones concisas de los principales ideas, prácticas, discursos y prejuicios que alimentan, refuerzan y representan el racismo en México. Este alfabeto tiene un afán polémico y un tono irreverente que busca despertar el debate y hacernos conscientes de la fuerza y prevalencia de nuestras costumbres racistas y las formas de pensar que las acompañan. Las ideas que presentaré en este repertorio se desarrollarán con más detalle en el libro México racista: una denuncia, que será publicado por la editorial Grijalbo en mayo de este año.


A de Aspiracional

La primera vez que escuché esta palabra pensé que se trataba de un nuevo tipo de electrodoméstico.

Sin embargo, la sabiduría infinita de internet me proporcionó la siguiente definición mercadotécnica: “Se trata de intentar asociar la compra del producto con la obtención de esa situación ideal que puede estar relacionada con un estatus social superior, con la fama, con la belleza física o con un lugar idílico.”

En nuestro México racista, diría cualquier publicista que se respete, ser “aspiracional” significa en primer lugar ser blanco. Sólo las personas con aspecto europeo merecen ser asociadas con todo lo bueno de la vida, como los seres etéreos y sublimes que aparece en los anuncios de Liverpool o del Palacio de Hierro.

Hace un par de años, cuando una funcionaria de un museo de la Ciudad de México intentó hacer un cartel promocional con un retrato de una familia mexicana morena y feliz, no pudo conseguir ninguna fotografía con ese tipo de modelos. Ante su desconcierto, el empleado de una agencia de publicidad le explicó sin vacilación: “los morenos no son aspiracionales”. En otras palabras, según los custodios de nuestro paraíso del consumo, nadie en México soñaría con convertirse en moreno, sólo en güero.

Esta afirmación lapidaria confirma lo que todos ya sabemos: la publicidad y más en general la televisión y otros medios electrónicos practican el racismo más feroz e implacable. En ese régimen de apartheid mediático los morenos, los negros, los chinos, sólo pueden ocupar papeles de pobres o extranjeros; la nación del consumo prestigioso, de la riqueza y del glamour, es exclusivamente blanca, como si viviéramos encerrados en la fantasía de un bóer sudafricano de hace cincuenta años.

(Ver también: Colores, Whiteness/Blancura, Güero, Vanidad.)


Bartra, Roger

(A propósito de esta entrada en el diccionario, publicamos esta carta editorial.)

“La CNTE pertenece al viejo mundo de la cultura nacionalista revolucionaria que lentamente se está desvaneciendo y está contaminada por la putrefacción de una cultura sindical que se resiste a desaparecer del panorama político. Su reacción contra la reforma educativa es el estertor de un magisterio decrépito que se opone a la renovación y a la evaluación de su trabajo. […] Estamos ante el espectáculo de miles y miles de pobres maestros, que vienen de un mundo que se extingue y que se pudre. […] Las protestas de la CNTE revelan el peso de un mundo viejo que se derrumba, con sus caciques sindicales, sus mediaciones corruptas, sus costumbres caducas y la decadencia de una gran masa de maestros mal educados y malos educadores, que se resisten al cambio. Un mundo en camino de desaparecer es peligroso, pues alberga la desesperación de sectores sociales enervados llenos de rencor. Son seres humanos que sufren una gran dislocación y que deben hallar un lugar fuera del mundo que se deshace.”

Estas palabras del famoso intelectual mexicano fueron publicadas en el diario Reforma el 10 de septiembre de 2013, en el momento más álgido de la protesta de la coordinadora de maestros contra la reforma educativa impulsada por el gobierno federal. Las incluyo en este alfabeto porque reproducen sin pudor, y sin aparente autocrítica, las principales figuras del discurso racista más virulento de los últimos dos siglos.

Hablar de prácticas culturales y políticas “putrefactas”, “decadentes”, “condenadas a morir”, es retomar metáforas biológicas falsas y perniciosas que se han empleado para justificar el exterminio de muchos pueblos, culturas y “tribus” en Europa y América. Claro que el artículo se refiere una cultura sindical que considera “corrupta”, pero en su retórica, como en todo discurso racista, es demasiado fácil cruzar la línea de descalificar las acciones de un grupo a condenar a sus miembros.

El antropólogo se atribuye, como tantos profetas de la modernización, la capacidad de determinar qué formas sociales son “caducas” y por lo tanto merecen “extinguirse” y cuáles son modernas y merecen prosperar. En el presente y en el pasado reciente esta retórica ha justificado las más variadas agresiones contra los grupos definidos como obsoletos, transformados la descalificación en seres desechables: a nombre de la modernidad se colonizaron África y Asia y se exterminó a los pueblos indígenas de Estados Unidos y de Argentina.

Finalmente, el discurso desacredita de antemano la racionalidad y el valor político de cualquier reacción de los miembros del grupo discriminado, atribuyéndola al “enervamiento” y al “rencor”. Retóricas similares han sido empleadas una y otra vez en nuestro país y en el mundo para denigrar las demandas y las reivindicaciones de los movimientos campesinos y populares.

Este tipo de discursos de descalificación, por más que se pronuncien desde la supuesta neutralidad de una posición de sabiduría, son particularmente peligroso en un país como el nuestro, donde la impunidad (como en el caso de Topo Chico) y la crisis de derechos humanos (como explica el nuevo informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos) amenazan ya la vida misma de los grupos más marginales.

(Ver también: Feminicidios, Política de la muerte/Necropolítica.)


Colores

Nuestro racismo del siglo XXI es, antes que nada, una cuestión de colores, de piel, de cabello, de ojos.

En nuestra vida social las mexicanas y mexicanos nos colocamos continuamente, y somos colocados por los demás, en una escala cromática que asocia la blancura, natural o artificial, con el privilegio, el poder y la riqueza, y su “contrario”, es decir, la piel morena, con la marginalidad y la pobreza. Este escalafón de fenotipos nos permite determinar, de manera casi automática, quienes merecen nuestra admiración y envidia y quienes nuestro desprecio o lástima.

La jerarquización de colores nos demanda un constante esfuerzo de transformación y ascenso. El uso estratégico de tintes de pelo y otras productos y tecnologías de modificación corporal, la inversión en ropa a la moda, son los tributos que pagamos al dios de la blancura y su brillo “aspiracional”.

Sin embargo, como ha propuesto la socióloga Mónica Moreno Figueroa en sus estudios sobre las mujeres mestizas y sus ideales racializados de belleza, nuestra posición en esta gradación siempre es precaria, pues nunca falta quien esté dispuesto a rebajarnos un escalón; así como nosotros tampoco podemos resistirnos a menospreciar a quienes están debajo de nosotros. Este racismo cotidiano, más implacable porque ni siquiera lo reconocemos como tal, afecta constantemente nuestra imagen propia, pone en entredicho de manera continua nuestra propia hermosura.

Vistos desde esta perspectiva, los incesantes despliegues de glamour y moda de nuestra “primera dama” Angélica Rivera, apuntalados por un uso desmedido de cosméticos y un derroche en costosísimos desplegados publicitarios, provocan más lástima que escándalo: son testimonio conmovedor de su desesperada necesidad de mantenerse a toda costa en la primera posición de la resbalosa escalera cromática.

(Ver también: Aspiracional, Güero, Vanidad, Whiteness/Blancura.)


Córdova, Lorenzo

Ver “El exabrupto racista del Consejero Presidente: tres reflexiones”.


En la próxima entrega: Ch de “Chino”, D de “Discriminación”, E de “Español, lengua nacional”.


A propósito de esta entrada, publicamos esta carta editorial y el autor esta réplica.

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