Algunas notas sobre el informe de gobierno

El gobierno federal cerró una semana difícil con un evento más acrítico que democrático.

| Presidencia

1. El formato.

Para presentar el cuarto informe de gobierno se optó por un formato de ágora: en un escenario abierto los invitados debían preguntar lo que quisieran al presidente. El ejercicio no es novedoso, ya en el 2009 Felipe Calderón había inaugurado los “Diálogos Ciudadanos”, en los cuales Calderón respondía los cuestionamientos de distintos sectores de la población; con esta dinámica, se hicieron un total de doce programas. En general este formato puede entusiasmar porque permite aparentemente la deliberación y diálogo, pero lo cierto es que se ha deformado a una suerte de monólogo interrumpido con preguntas anodinas. Contrario a lo que piensan sus promotores, es difícil imaginar que lo acontecido sea equivalente a rendir cuentas: más bien los elementos coreográficos y pantomímicos de la puesta en escena esconden el estado que guarda la administración pública. Comparado, el antiguo formato de discurso frente al Congreso de la Unión tenía un sentido republicano y democrático. Ahí el presidente se sometía a la oposición política de otro poder de la federación. Quizá habría que revisar la vigencia de ese formato, en vez de sustituirlo por ejercicios de diálogo que pueden existir y son necesarios más allá del informe anual del poder ejecutivo.

2. El público.

En esta ocasión Peña Nieto decidió que se presentaría frente a “jóvenes de toda la república mexicana y de todos los estratos sociales”. Desde su campaña los jóvenes han representado un problema para la coalición gobernante: del movimiento #yosoy132 y su lucha por la democratización de los medios a los 43 estudiantes desaparecidos de la normal Isidro Burgos de Ayotzinapa. El gobierno federal y el de la Ciudad de México han emprendido una cruzada contra los jóvenes; la represión consuetudinaria de la protesta social ha comenzado a configurar como enemigo social al “joven opositodo”. Desde el inicio de la guerra contra el narcotráfico, son los jóvenes los más afectados por la violencia; en un reporte sobre la violencia contra los jóvenes, José Merino indica: “Nuestra pérdida: entre 2007 y 2011 murieron asesinados en México un total de 16 mil 524 hombres entre 18 y 25 años”. Los jóvenes en México viven un país más violento que los países más violentos del mundo. Además, como afirma Rossana Reguillo, los datos de desocupación son alarmantes: “Se trata de jóvenes que no tienen contratos ni prestaciones ni seguridad y que viven, como he señalado en numerosos ensayos y análisis, en la precariedad objetiva y, especialmente, subjetiva, aquella que les impide asumir con certezas su propia vida y los obliga a vivir en un presente perpetuo, sin posibilidad de imaginar futuros.”

Ante esta realidad, el peñanietismo sigue viendo al sector juvenil como una planta de ornato que sirve para mostrar que “el futuro de México” se adscribe exclusivamente a la realidad presente. Si bien existen jóvenes con altos privilegios que podrían ver en el gobierno actual un modelo a imitar, se trata de una minoría. Las preguntas hechas en el evento fueron totalmente acríticas –solo un par cuestionaron los plagios de la tesis de Enrique Peña Nieto y la falta de resultados de su gobierno, pero no pudieron salvar el evento de la noche, el primer evento después de un ridículo diplomático mayúsculo.

3. El contexto.

El “fresco y renovado” informe de gobierno se presenta en las semanas más caóticas para el gobierno de la república por la revelación –confirmada por la Universidad Panamericana– de que Enrique Peña Nieto plagió su tesis de licenciatura; por la aceptación de que los impuestos del departamento de Angélica Rivera son pagados por un empresario cercano al presidente; por el deficiente desempeño económico y la desastrosa visita de Trump a México. El mensaje usado – “lo bueno casi no se cuenta, pero cuenta mucho”– es un espejo del talante de este gobierno reacio a asumir las consecuencias de sus actos. Las cosas buenas presentadas, un emprendedor, una estudiante que ha terminado su carrera, un empresario carretero, tienen una narrativa común: son historias individuales y desconectadas entre sí, como si un caso aquí y allá pudiese mostrar la compleja realidad. En el contexto actual, el formato achicado y casi íntimo, lejos de mostrar la imagen humana del presidente, muestra una más certera: en la presidencia se han quedado sin interlocutores con los cuales hacer política, la única esperanza está en recitar sus monólogos frente a los jóvenes, los más prescindibles del sexenio.

(Foto: Enrique Peña Nieto.)

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