Arrival o el migrante radical

La última película de Villeneuve propone algunas preguntas pertinentes para este fatídico 2016: ¿cómo nos debemos comunicar con el otro?, ¿hasta que punto el lenguaje determina nuestros prejuicios (y nuestro futuro)?, ¿todavía podemos cooperar como especie?

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1.

Los protagonistas de las películas de ciencia ficción suelen ser científicos de ramas prestigiosas de la época en que se produce el filme: genetistas, astrónomos, astrofísicos, incluso arqueólogos y hackers informáticos; en ocasiones el rol protagónico recae en una persona común y corriente que, colocada en el lugar del espectador, debe asimilar toda esta información especializada y utilizarla para salvar el mundo. Por ello, la elección de una lingüista para el rol de heroína en Arrival (Denis Villeneuve, 2016) resulta refrescante, no solo por su pertinencia dentro de la trama sino por los alcances que tiene desde el punto de vista lingüístico y político en la manera de contar una historia de “primer contacto” extraterrestre.

La lingüista en cuestión es la doctora Louise Banks (interpretada por una lacrimógena pero convincente Amy Adams), cuya vida se transforma un día en que misteriosas naves aterrizan en doce puntos distintos de la Tierra. Una vez realizado el primer contacto con agencias de inteligencia militar, el papel de Banks será utilizar su conocimiento académico para establecer una vía de comunicación con los “heptápodos” (seres de siete extremidades cuyas intenciones no son claras en un principio), a la vez que será asediada por misteriosos “recuerdos del porvenir” –para utilizar una imagen de Elena Garro– que dejan al espectador sin saber si está frente a un flashback o un flashforward (una analepsis o una prolepsis, para decirlo en jerga técnica) de su propia vida.

La película está basada en el relato Story of Your Life, de Ted Chiang, un discreto escritor estadunidense de ascendencia china que se gana la vida en una compañía de software y que recibió varios premios importantes en el género de la ficción especulativa entre los noventa y principios de este siglo. Como me interesa terminar pronto con la información contextual para entrar en algunos temas que me volaron la cabeza, diré que recomiendo ampliamente tanto la película como el relato; que las diferencias entre ambos son notables, pero las comparaciones no necesariamente desembocan en una preeminencia de una sobre otra, puesto que cada obra coloca el acento en diferentes maneras de contar, a la vez que mantienen al espectador/lector en el centro del problema: que el lenguaje configura nuestra relación con el universo, y que si bien podemos detenernos a discutir sobre las ventajas o desavenencias del concepto cristiano del “libre albedrío”, la premisa lingüística es capaz de sostener una historia con potencia emocional y vigencia política.

Del mismo modo, hablaré de mi experiencia con esta obra asumiendo que mi improbable lector conoce tanto la película como el relato, puesto que este breve texto no pretende ser una reseña de la una ni del otro, sino una reflexión surgida a partir de ambas.


2.

A poco de iniciar la película sabemos que la hija de la doctora Banks va a morir siendo muy joven, por lo que en el establecimiento de la situación dramática creemos ver a una mujer en duelo, cuando en realidad vemos a una profesional de la comunicación superada por una situación límite: fungir de intermediario entre dos civilizaciones desconocidas entre sí. Desde el imaginario mexicano, la posición de intérprete me recuerda la historia de la Malinche, mujer náhuatl que pasó de convertirse en botín de guerra a pieza clave en las relaciones entre Cortés y los señoríos mesoamericanos, y cuyas habilidades lingüísticas fueron utilizadas por los españoles para abrirse paso por los territorios a conquistar.

La comparación no es gratuita: la película enfatiza el tema de la colonización mucho más que el relato, hasta convertirlo en una obsesión mediática que ocurre en un segundo plano y escala rápidamente. Tanto el relato como la película presentan a los militares estadounidenses como burócratas un tanto impotentes frente a una situación que los rebasa: en el relato buscarán activamente convertirse en socios comerciales de los heptápodos (pese a que nunca sabremos si estos conciben el intercambio y el comercio en los mismos términos que nosotros), mientras que en la película el objetivo es tratar de entender qué hacen los heptápodos en la Tierra, si sus intenciones son hostiles y si van a poner a competir a las potencias mundiales entre ellas para ganarse el “honor” de ser el pueblo elegido para intercambiar tecnología y recursos.

Aunque la premisa principal del primer contacto pueda recordar a películas como Contacto (Zemeckis adaptando a Carl Sagan en 1997), en realidad el planteamiento está mucho más “aterrizado”, si se permite la broma fácil, en una experiencia que cada vez parece más cercana a nuestro horizonte histórico: en agosto de este mismo año científicos rusos captaron lo que parecía ser una poderosa señal de radio proveniente del sistema solar HD 164595, ubicado a 94 años luz de nosotros. La historia causó gran revuelo y desató algunas controversias hasta que fue enterrada (convenientemente, dirían los teóricos de la conspiración) cuando se descubrió que la señal habría sido provocada por un satélite ruso que orbitaba la Tierra y que no aparecía en los catálogos. La noticia, sin embargo, cobró relevancia en las redes sociales y nos hizo preguntarnos, ¿estamos listos para hacer contacto con alguna forma de vida extraterrestre? Lo cierto es que parece que no estamos listos ni siquiera para hacer contacto con formas de vida terrestres (ya no digamos con formas de vida “inteligentes”).


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3.

Con la victoria electoral del candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos, Donald Trump, los destinos del mundo quedan en manos de un psicópata, racista y supremacista blanco; entramos en una fase distópica de la Historia, que si bien no era imposible de prever observando los eventos en retrospectiva, deja claro que los humanos no son capaces de aprender de su propia historia: Adolf Hitler también llegó al poder en la Alemania de entreguerras apelando a la xenofobia y la envidia de clase, instigando los prejuicios de superioridad racial de sus conciudadanos y promoviendo relaciones diplomáticas con aliados cuestionables a cambio de un futuro reparto del botín.

Los medios de comunicación, filósofos, politólogos y ciudadanos de a pie opinan y proponen explicaciones al hecho de que Trump, un millonario acusado numerosas veces de fraude y abusos sexuales, una vulgar estrella de reality-show, sea el inminente líder de una de las mayores potencias económicas y militares del mundo. Es sencillo: la Historia está de su lado. Al ver Arrival no podía dejar de pensar cómo podría encarar alguien como Trump una situación de primer contacto extraterrestre: cómo trataría de sacar ventaja de los visitantes a costa de lo que fuera.

El relato de Chiang enfatiza que los gobiernos del mundo, en especial los gringos, buscan establecer lazos de cooperación e intercambio tecnológico con los heptápodos; Banks y su futuro exesposo, el físico teórico Ian Donnely (Jeremy Renner en el filme), no dejan de burlarse entre líneas de las intenciones tan básicas de sus dirigentes, al suponer que los extraterrestres podrán darles el secreto de la fusión en frío o los viajes interestelares; mientras que sus homólogos en la película de Villeneuve sienten el peso de tener que resolver a través de la ciencia una crisis internacional de saqueos, brotes fanáticos y nacionalistas, y una posible tercera guerra mundial… más o menos como si una lingüista y un físico fueran entrevistados el día después de la victoria de Trump para tratar de explicar la situación. Sus conocimientos podrían darles algunas pautas, pero son herramientas incompletas. Es más fácil entender un lenguaje y unas matemáticas extraterrestres que al electorado y la democracia de nuestros días. Como dice la doctora Banks en el relato de Chiang: “Lo familiar estaba muy lejos, mientras que lo extraño estaba al alcance de la mano.”

En otras palabras, lo interesante de ese hipotético primer contacto extraterrestre no será solamente conocer otras lenguas y civilizaciones allende nuestro sistema solar, sino cómo vamos a organizarnos como humanidad, como frente humano –o lo que se quiera colocar en ese rubro– frente a una otredad radical, frente a un inmigrante extremo. Porque ese parece ser también un problema: la misión extraterrestre, si es que llegara a la Tierra, llegará como inmigrante indocumentado, sin visa ni pasaporte de ninguna parte; y si fuéramos nosotros –aventurada conclusión– quienes surcáramos el espacio sideral y nos topáramos con un vecindario habitado en otra galaxia, seríamos también el otro de los otros, el recién venido buscando hospitalidad: otra vez, el migrante, el inesperado.


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4.

Si no podemos explicar lo que es un haitiano en Tijuana, un michoacano en Oklahoma o un sirio en Berlín, ¿de qué sirven los lenguajes humanos a la hora de enfrentarnos con una otredad con la cual no compartimos ni siquiera una base biológica? Tal vez la premisa lingüística pueda ayudarnos un poco.

En el Seminario 11, Lacan establece la tesis de que “el inconsciente está estructurado como un lenguaje”. Nuestros pensamientos, nuestras ideas sobre el mundo, aversiones y afectos, todos están anclados en los significantes que utilizamos para representarlos y darles forma. Ahora bien, al abrigo de esta misma lógica, Story of Your Life y su contraparte fílmica, Arrival, plantean que al aprender y utilizar el lenguaje de los heptápodos, la concepción del mundo de la doctora Banks se modifica, permitiéndole acceder a una percepción en la cual los fenómenos del mundo no ocurren como concatenación de causas y efectos, sino en una simultaneidad invariable –un “guión” teatral (metáfora aprovechada con gran eficacia en el relato, más que en el filme), por lo que la función de traductora e intérprete entre civilizaciones implica mediar entre dos concepciones de mundo radicalmente distintas que tienen lugar en su propia mente.

La lingüista mixe Yásnaya Aguilar ha revisado, a partir de Arrival, cómo en las lenguas mixe, maya y rusa los verbos no se comportan de acuerdo a la linealidad cronológica occidental (presente-pasado-futuro), sino que se modifican de acuerdo al “aspecto” de completud de la acción (si la acción ha concluido o no). En el caso de la lengua de los heptápodos, lo que dicen y lo que escriben no parece tener relación entre sí. La doctora Banks explica su escritura como “semasiogramas”, una imagen que no traduce una locución oral, sino que presenta los marcadores gramaticales en una inmediatez simultánea, y que pueden leerse en cualquier orden, como un mandala, aunque no exactamente como un ideograma. La hipótesis de la doctora Banks en el relato (que en la interpretación de Adams pierde toda su chispa y humor) es que la forma de su escritura está condicionada por el hecho de que los heptápodos tienen siete ojos en forma de anillo alrededor de la cabeza –ojos sin párpados, por lo que las nociones de “adelante” y “atrás” no tendrían sentido para ellos. A medida que su conocimiento de los heptápodos progresa, Banks comienza a soñar y pensar en esa lengua –como ocurre muchas veces al aprender una lengua extranjera–, pero a la vez, esta lengua comienza a modificar su conciencia y su relación con la realidad.

“Lo que distingue el modo de conciencia de los heptápodos”, leemos en el relato, “no es sólo que sus acciones coinciden con los acontecimientos de la historia; es también que sus motivos coinciden con el propósito de la historia. Actúan para crear el futuro, para realizar la cronología.” Al igual que en el inconsciente lacaniano y las lenguas de aspecto revisadas por Aguilar, el pasado no es un concepto fijo para los heptápodos, y el futuro no es una incertidumbre total. El tiempo funciona de manera lógica, no cronológica: en lugar de la sucesión y lo irreparable del pasado, se plantea la posibilidad de que nuestras acciones en la lengua modifican solamente nuestras futuras representaciones de los eventos que tuvieron lugar en el pasado: modificar nuestras representaciones del pasado, en el psicoanálisis, a su vez puede modificar la forma en la que vivimos nuestro presente.

“Para los heptápodos, todo el lenguaje era performativo. En lugar de usar el lenguaje para informar, usaban el lenguaje para realizar.” En ese sentido, el verdadero predicamento de la doctora Banks no consiste en abrirse paso a través de una forma de comunicación que no conoce, sino en realizar (¿libremente?) elecciones de vida que sabe que desembocarán en futuros inalterables. En algún momento sabe que se casará con su colega y que tendrán una hija, la cual morirá joven. Pero aunque ninguno de nosotros piense según el modo de conciencia heptápodo, ¿no estamos determinados desde el principio de nuestras vidas por esta misma premisa, la de que sin importar nuestras acciones, la muerte es una realidad insoslayable, concreta, dolorosamente real, inamovible, en ese sentido, como el pasado cronológico?

Me parece que la metáfora de fondo en Arrival es que todos sabemos cómo termina la historia: con nosotros muertos. Sin embargo, la muerte no es impedimento para la búsqueda de vías de contacto con los otros; no solamente con civilizaciones extraterrestres, sino intraterrestres, con la gente a nuestro alrededor, tan extraños como si vinieran de otro planeta. La pantalla delgadísima que divide tanto en el relato como en el filme a los investigadores terrestres de los heptápodos, funciona como metáfora de la distancia inconmensurablemente finita que divide un cuerpo de otro: una segunda piel hecha no de carne ni de tentáculos, sino de prejuicios y miedos falsos, reproducidos con fines políticos. Pero hay que ser optimistas: aunque no existen pruebas irrefutables, hay grandes posibilidades de encontrar vida inteligente todavía en el planeta Tierra.


Arrival

Director: Denis Villeneuve

País: Estados Unidos

Año: 2016

Idioma: Inglés

Duración: 116′


Arrival se encuentra actualmente en cartelera.

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