Cartel Land, sensibilización ante la barbarie

El documental de Matthew Heineman ofrece una mirada inédita a las autodefensas, tanto en Arizona como en Michoacán.

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Es muy probable que nunca hayamos tenido un acercamiento íntimo a un grupo armado en México. En general, conocemos de las actividades de grupos armados en el país a través de los reportajes periodísticos -más parecidos a telegramas- de la prensa nacional. Cartel Land es una de esas raras ocasiones en las que podemos aproximarnos a uno de estos grupos y presenciar, a partir de la perspectiva que da la cercanía, los diferentes matices que dotan de complejidad a cualquier movimiento armado.

Cartel Land, documental con el que su director Matthew Heineman obtuvo el premio a mejor director en la categoría de documental del festival de Sundance, nos cuenta la historia de dos grupos de autodefensas. El primero, ubicado en el desierto de Arizona, y el segundo en Michoacán. Mientras en Arizona una agrupación de hombres blancos pelea contra el “mal” y trata de defender su país del flujo de migrantes que cruzan la frontera con México, en Michoacán se trata de ciudadanos cansados con el estado de las cosas en sus comunidades, de la inacción gubernamental y del abuso de los Caballeros Templarios, deciden organizarse para poner fin a la barbarie cotidiana en la región.

Cartel Land no es solamente un documental con fines analíticos que intente mapear y contrastar las características de estos grupos de autodefensas en ambos lados de la frontera. Cartel Land es una exploración profunda de las motivaciones personales de individuos desesperados que, al encontrarse sin salida, construyen formas de organización improvisadas para tratar de alterar el statu quo. De cierta forma es un estudio sobre la emergencia del liderazgo en tiempos de crisis.

Hace poco más de dos meses, el documental fue exhibido en la escuela de negocios de la Universidad de Harvard. Fui invitado a participar en un panel que seguiría a la película y en el que participó el director.

En la conversación, Heineman relató la génesis del proyecto. Inicialmente pensó en viajar a Michoacán por una semana y documentar lo que había escuchado en las noticias sobre las autodefensas. Llegó pensando que sería una estancia corta, se equivocó. Atrapado en la complejidad de lo que observaba, decidió quedarse a grabar hasta que tuviese suficiente material videográfico.

Desde su arribo a Michoacán, Heineman dejó en claro que había ido a documentar todo lo que encontrara. Es por eso que en Cartel Landencontramos un retrato complejo de José Mireles.   El documental nos presenta a Mireles el hombre, el mito, el héroe, el villano. Mireles el “hombre de familia” que disfruta de pasar tiempo con su esposa, sus hijas y sus nietos en una piscina. El mito que inspira a sus coterráneos a levantarse en armas para detener la injusticia. El héroe que es capaz de frenar el avance de los caballeros templarios. El villano que traiciona a su esposa por una bella joven.

Es este último punto el que seguramente será el más disfrutado por los críticos de Mireles. La discusión pública en nuestro país tiende a gravitar en torno a los juicios morales para después construir percepciones individuales que intentan desacreditar en la opinión pública a los personajes que expanden los límites del statu quo.

Hace unos días, en el portal de Internet de Sin Embargo apareció una nota que comentaba el documental y rezaba: ¨La Fuerza Rural cocina droga y Mireles no es un santo¨. Los primeros tres párrafos de la nota estaban prácticamente dedicados a la personalidad de Mireles.

Esta fórmula mediática parece funcionar: explicar nuestros problemas sociales a partir de las características personales y singulares de los protagonistas. Esta mirada parroquial y limitada evita profundizar sobre las características sistémicas y el mal funcionamiento institucional que dan origen a historias que son mucho más complejas e imposibles de esclarecer a través de una sistema moral binario. Cualquier debate en torno a la moral de Mireles estará siendo tangencial al centro del documental.

Cartel Land es un recordatorio de la situación que viven miles de mexicanos todos los días en la sierra de Guerrero o de Michoacán. Del débil Estado de Derecho que existe en grandes partes del país. A manera de ejemplo, hace pocos días surgió más evidencia sobre la ejecución que el ejército realizó en Tlatlaya en junio del año pasado. De acuerdo a las propias investigaciones oficiales, al menos la mitad de los fallecidos fueron ejecutados sumariamente por el ejército. Es decir, el ejército violó el orden legal establecido al hacer justicia por propia mano. En ningún país que presuma tener un Estado de Derecho, las fuerzas armadas ejecutan a civiles.

Cartel Land es un documental que se inserta en un esfuerzo mayor para entender y sensibilizarnos ante la barbarie que a diario sacude los rincones de nuestros país y que es, muchas veces, ignorada por la prensa nacional.

Después de haber visto el documental, escuché comentarios de colegas que se sorprendían de que lo retratado en el filme estuviese sucediendo en México. Entender y darnos cuenta de la realidad que viven otros mexicanos es un primer paso, muy necesario, para alimentar la discusión pública en torno al horror de esta guerra contra las drogas. La estrategia de seguridad del gobierno parece no haberse modificado en lo absoluto, incluso se presenta cada vez más sangrienta y descontrolada. Cartel Land resulta un buen recordatorio de la historia actual. Una ventana desde la cual  reconstruir nuestra (in)sensibilidad ante la barbarie.


Cartel Land 

Director: Matthew Heineman
País: Estados Unidos-México
Año: 2015
Idioma: Español, inglés
Duración: 98’

 

 

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