Combatiendo los límites: la población transexual y transgénero en México

Mañana se celebrará la Marcha del Orgullo Gay 2016. En una sociedad como la nuestra, atravesada por la homofobia y la transfobia, las batallas igualitarias siguen siendo urgentes.

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Mario y Diana se conocieron en el Instituto Mexicano de Sexología (IMESEX) durante su proceso de transformación. Siete años después de su primer encuentro en el metro Balderas de la Ciudad de México y de haber vivido juntos durante algunos años, se llevó a cabo el matrimonio civil entre ambos, de hecho, el primer matrimonio de una pareja transexual heterosexual en México. La invitación con fecha del 17 de mayo de 2008 precisaba que el verdadero amor no discrimina y se trataba de un evento abierto donde esperaban a más de quinientas personas aunque, de manera indiscutible, buscaba evidenciar los límites culturales de la identidad de género.

A 8 años de dicho evento y dentro del marco del día de la 38va Marcha Nacional del Orgullo y la Dignidad LGBTTTI nos preguntamos cuál es el estado del arte de la situación socio-jurídica de la población transgénero y transexual en el país, cuál es el camino que se ha recorrido y cuál es el que ha quedado truncado en el discurso médico y legal que se desarrolla en una sociedad en que subyace la normatividad de dos sexos complementarios y jerarquizados y, finalmente, cuáles son las limitaciones a las que nos enfrentamos para estudiar en profundidad la complejidad y riqueza propia de la población transexual y transgénero.


¿Qué es la población trans?

Consideramos pertinente iniciar el artículo presentando una serie de definiciones básicas que nos permiten aproximarnos de mejor manera a la conceptualización de la población trans, objeto de estudio de esta breve exposición. Iniciamos desde luego con el género, concepto cuyas raíces etimológicas provienen de los vocablos latinos generus o generis y que tanta importancia ha cobrado en la actualidad en las sociedades modernas.

Según la definición de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el género es un constructo social mediante el cual los miembros de una colectividad asignan funciones, comportamientos y atributos considerados como apropiados para los hombres y para las mujeres. Es un concepto que da cuenta de un fenómeno dinámico que va mutando conforme lo hacen las propias sociedades. En segunda instancia tenemos a la identidad sexo-genérica que representa a la vivencia íntima, personal y única de ser hombre o mujer y de pertenecer al género masculino o femenino (Flores, 2008). En tercer lugar se encuentra la orientación sexual, definida por la Asociación de Psiquiatría Americana (APA) como el término utilizado para referir la atracción sexual, emocional y afectiva hacia otras personas. Finalmente, resulta fundamental referirnos a la expresión de género que alude a la forma en la cual las personas deciden exteriorizar su identidad de género mediante su apariencia física, lenguaje, y actitudes como la elección de un nombre (APA).

Habiendo establecido estas definiciones elementales podemos comenzar a desagregar el mundialmente conocido acrónimo LGBTTTI utilizado para describir a un grupo poblacional ajeno a los patrones heteronormativos, entendidos estos como aquellos que imponen ideales de conductas “deseables” que segregan a quienes se alejan del sistema sexo-género vigente y así centrarnos en las tres letras T que lo componen, enfatizando en las últimas dos letras T que aluden directamente a nuestra población de interés. Las primeras dos letras del acrónimo, “LG” hacen alusión a las personas cuya orientación sexual se decanta hacia personas de su mismo sexo biológico, en tanto que la letra “B” se utiliza para describir a quienes sienten atracción por personas tanto de su sexo biológico, como del sexo biológico opuesto. La letra “I” hace referencia a las personas mejor conocidas como hermafroditas (intersexuales) quienes al nacer cuentan con elementos y rasgos característicos de ambos sexos.

La primera de las letras T refiere a la población travesti, la cual gusta de ataviarse y conducirse ocasionalmente de manera antagónica a su sexo biológico, sin embargo, vive la mayor parte de su vida y cotidianeidad de acuerdo a este. El documental El sueño travesti de la serie TRANS producido por Vice México da cuenta de este fenómeno en la Ciudad de México y muestra la forma en la cual los integrantes de esta comunidad se organizan y socializan en distintos espacios como clubes sociales y entornos familiares.

La segunda de las tres letras T hace alusión a la población transexual, entendida esta como aquella que mediante el tratamiento hormonal y biomédico ha logrado transformar y empatar tanto su expresión como su identidad de género con una serie de preferencias propias establecidas previo a experimentar el proceso transexualizador. Este proceso consiste en la reasignación sexo-genérica a través de técnicas quirúrgicas como la vaginoplastia o la faloplastía que permiten a las personas un cambio permanente en su sexo biológico de nacimiento. Uno de los pioneros en el estudio de la población transexual fue el endocrinólogo Harry Benjamin, quien en 1966 propuso una definición para este fenómeno:

El deseo irreversible de pertenecer al sexo contrario al genéticamente establecido y de asumir el correspondiente rol, además de solicitar un tratamiento hormonal y quirúrgico para corregir la discordancia entre la mente y el cuerpo.

El sociólogo Jordi Mass refiere que las personas transexuales esperan conseguir una posición de normalidad dentro del sistema sexo-género que predomina en la sociedad, reforzando de esta manera una visión dicotomizada y genitalizada del género (Mass y Andreu,2013).

La tercera de las letras refiere a la población transgénero, la cual si bien altera sus rasgos corporales y algunas de sus características sexuales mediante implantes y tratamientos hormonales decide conservar su sexo biológico original puesto que no lo consideran necesariamente un impedimento para el desarrollo de su sexualidad. El transgénerismo a diferencia del transexualismo da cabida a una multiplicidad de identidades y de expresiones corporales y de género cambiantes. De acuerdo con Mass, es precisamente esta presencia desestabilizadora y contestaría lo que conlleva a las instituciones estatales a su segregación e invisibilizacion (Mass y Andreu, 2013).

No hay que olvidarse que hasta hace no tantos años el discurso biomédico sobre la sexualidad, mismo que aún mantiene un fuerte predominio hoy en día, definió al fenómeno trans como una enfermedad denominada “trastorno de identidad sexual” en el manual Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-III) publicado por la Asociación de Psiquiatría Americana (APA) en 1980. La última versión de este manual DSM-V publicado en 2013 sustituyó este término por el de “disforia de género”, sin embargo, no remueve la carga patologizante al considerarla como una enfermedad.

El discurso médico dominante, claramente guiado por una corriente patologizante, forma parte de una esfera ideológica que interactúa con los individuos y donde subyace la necesidad de concretar una cura para las conductas desviadas y anómalas (Carillo, 2008). Sin embargo, la corriente anterior ha iniciado un proceso de agotamiento que ha dado pauta a una nueva corriente despatologizante encaminada hacia reasignación de sexo integral que armoniza la relación sexo-genérica, a la que Carillo (2008) señala como un proceso de transformación del cuerpo de la persona y sus prácticas corporales hacia otro sexo, en que dicho cambio constituye a la vez un encuentro con ella misma en un contexto de plena información y consciencia las decisiones que le permiten alcanzar la identidad que busca.

Esta premisa se relaciona con una identidad de género subjetiva que fuera del discurso médico despatologizante se continúa percibiendo con recelo, particularmente en contextos donde los valores tradicionales se mantienen fuertes y, a la vez, existe una desinformación voraz. Esto justifica una reflexión como sociedad e individuos y nos lleva a preguntarnos ¿qué se puede inferir (y más importante, qué no se podría inferir) sobre la situación actual de la población trans en México?


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Visibilizando a la población transgénero y transexual en México: lo que las estadísticas mexicanas dicen (y lo que no dicen)

El proyecto de proporcionar información a la sociedad es una compleja y ambiciosa meta que conforma un elemento de peso y, a la vez, contribuye a erradicar (o cuestionar) las prácticas cotidianas de la discriminación. En ese sentido, el Consejo para Prevenir la Discriminación (CONAPRED) establece que las prácticas discriminatorias engloban toda distinción, exclusión o restricción que tenga el efecto de impedir o anular el reconocimiento o el ejercicio de los derechos y la igualdad real de oportunidades de las personas (Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, 2007) y se manifiestan a través de una visión dominante de la realidad, que agudiza la intolerancia hacia las diferencias y, a su vez, deja de lado el ejercicio de búsqueda de coincidencias entre los seres humanos.

Al respecto, una parte importante de la escasa información estadística disponible que interactúa débilmente y de manera transversal con la población transexual y transgénero es aquella desarrollada por el CONAPRED. Por ejemplo, la Encuesta Nacional sobre la Discriminación en México 2010 es una encuesta con representatividad estadística de nivel nacional, en cuyos resultados se pueden identificar manifestaciones de discriminación en la vida cotidiana; sin embargo, no es posible identificar y cuantificar aquellas que son dirigidas a la población transexual y transgénero en específico (CONAPRED, 2010). Tres años más tarde, la Encuesta sobre Discriminación en la Ciudad de México 2013 (COPRED, 2013) replica un cuestionario similar al de la encuesta señalada anteriormente y recolecta información acerca de la percepción sobre discriminación hacia ciertos grupos poblacionales, incluyendo a transexuales y transgénero. Sin embargo, esta información resulta insuficiente para conformar un diagnóstico preciso que sirva de insumo estadístico sustancial para los tomadores de decisiones en materia de políticas públicas antidiscriminatorias y relativas a los derechos humanos. De momento los estudios de corte cualitativo son los que nos han permitido acercarnos entender, teórica y científicamente, el transgenerismo y transexualismo para el caso mexicano.

En fechas más recientes, los esfuerzos en materia de obtención de información estadística que permitiera profundizar el estudio de las condiciones de vida de la población trans se intensificaron, particularmente en materia de salud. Como resultado de ello, el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) llevó a cabo la Encuesta de Salud con sero-prevalencia de VIH a Mujeres Transgénero en la Ciudad de México en 2013, debido a la necesidad de contar con estudios que permitieran profundizar el conocimiento sobre las condiciones sociodemográficas y de salud de este sector poblacional.

A diferencia del incremento incipiente en información estadística, existe un acervo importante de investigación de corte cualitativo que revela las condiciones de marginación, exclusión social y precariedad laboral entre las mujeres transexuales y transgénero en nuestro país (Sandoval 2006; Trejo, Reyes y Romero 2006; Carrillo 2008, Nieto 2011; Rodríguez, Cervantes y Martínez-Guzmán 2015). No obstante, también es cierto que existe un vacío en la información estadística en 31 de las 32 entidades federativas de México, lo que constituye una visión borrosa en cuanto a las condiciones de vida de la población trans desde una mirada integral que permitiera cuantificar con precisión la magnitud de las necesidades urgentes en materia de derechos humanos a nivel nacional, por entidad federativa y de forma municipal tanto de mujeres como de hombres transgénero y transexuales.

Si bien el camino por recorrer aún es largo y se abre paso en un contexto institucional, social y cultural adverso y cambiante como ocurre en el caso mexicano, resulta importante enfocar la mirada a la trayectoria de la situación socio-jurídica de la población trans, como sucede con el caso español, sin que esto implique que se busque transitar por el mismo camino ni mucho menos a la misma velocidad, aunque sí en la misma dirección: el reconocimiento de los derechos fundamentales y el combate del prejuicio.


Derechos e historia de la población trans: el caso español vs caso mexicano

La población trans se ha caracterizado por ser víctima de múltiples vejaciones y discriminaciones provenientes de múltiples esferas (laborales, sociales, institucionales, entre otras) así como por integrantes de la población LGBTTTI. Quesada (2013) analiza las reacciones de un grupo focal compuesto por población gay ante un suceso de discriminación y violencia hacia un grupo de transgéneros y travestis acontecido en el área metropolitana de Guadalajara en el año 2005, en el cual los participantes LG mostraron poca simpatía y desconocimiento sobre el fenómeno trans. La marginación laboral a la que suele ser sometida esta población en muchas ocasiones sitúa a la prostitución o a los shows como principales fuentes de ingresos.

La lucha y el activismo de esta población se remonta varias décadas atrás con el trabajo de colectivos como EON, Crisalida, El frente de organizaciones de personas trans, así como con la formación de grupos musicales integrados por población trans como “Queen Ass” “Neutorticka” y “Non Sancta” que se conformaron principalmente en la década de los noventa. La lucha de esta población por sus derechos continúa vigente hoy en día en voz de activistas como Gloria Virginia Davenport, quien comenzó su activismo hace cerca de 20 años y hoy en día hace trabajo de sensibilización con legisladores locales o de organizaciones de la sociedad civil como la Sociedad Unida por los Derechos Humanos y Almas Cautivas.

De acuerdo con el jurista Víctor Hugo Flores Ramírez, hoy en día existen varios elementos del derecho que protegen a los miembros de esta población en México, tal es el caso de principios como: el principio al libre desarrollo de la personalidad, el derecho a la identidad sexo-genérica, la teoría de la corporalidad jurídica aplicada a la identidad de género, la declaración internacional de los derechos de género, los principios de Yogyakarta, la resolución AG/RES.2435 de las Organización de Estados Americanos (2008) sobre derechos humanos, orientación sexual e identidad de género, la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, entre otros (Flores, 2008).

En lo que a las legislaciones estatales o subnacionales se refiere, la Ciudad de México va a la vanguardia en este sentido, puesto que a partir de octubre de 2008 se reformó el código civil para la capital a efectos de que, después de haberse sometido a un proceso judicial, la persona interesada pueda solicitar una nueva de acta de nacimiento solicitando un proceso denominado de concordancia sexo-genérica, previa anotación correspondiente al acta de nacimiento primigenia.

A esta iniciativa se le conoció en los medios como la “Ley Trans” y entró en vigor en marzo de 2009. De igual manera, se estableció un centro de atención a integrantes de esta población en la colonia Condesa denominado “Clínica Especializada Condesa” que ofrece psicoterapia y tratamiento hormonal para quien así lo requiera, además de ofrecer consultoría de tipo legal. Cabe mencionar que esta legislación no estuvo exenta de críticas provenientes de distintas organizaciones de orientación conservadora, como lo son la Iglesia católica y organizaciones editoriales afines que no dudaron en criticar la iniciativa.

Siete años después, en octubre de 2015, una reforma administrativa al registro civil permitió a este órgano proceder con la expedición de nuevas actas de nacimiento que den cuenta de reasignaciones sexo-genéricas sin necesidad de que las personas interesadas atraviesen por un proceso judicial; con el cambio, simplemente deben declarar la verdad y el trámite tarda alrededor de diez días hábiles, cuando los juicios antes podían tardar hasta seis meses. Es importante señalar que este cambio legal no exime a la persona de compromisos y obligaciones adquiridas de manera previa al cambio de género y de gozar de una nueva identidad jurídica. A su vez, los menores de edad también pueden realizar este trámite compareciendo en conjunto con quien ejerza su patria potestad.

A nivel nacional, se han llevado a cabo distintos intentos por aprobar leyes que protejan a esta población. En el año 2006, el entonces diputado por el Partido de la Revolución Democrática (PRD) Inti Muñoz introdujo la primer iniciativa de ley en este sentido, en cuya redacción participaron especialistas como Andrea González (actual directora de la clínica especializada de la Condesa e Iztapalapa) y Sándalo Gálvez. Un año después, David Sánchez Camacho, quien fuera diputado por el PRD, en la siguiente legislatura presentó la iniciativa para la Ley Federal para el Tratamiento de las Personas Transgénero-Transexuales. Y hace tan solo unas semanas, en el marco del Día Nacional contra la Homofobia, el presidente Enrique Peña Nieto presentó una iniciativa de ley para reformar el artículo 4to constitucional. Entre las modificaciones propuestas se considera la posibilidad de obtener una nueva identidad jurídica para la población trans a nivel nacional, sin necesidad de someterse a un procedimiento quirúrgico de ningún tipo.

Sin embargo, el clima político, los malos resultados electorales obtenidos por su partido y la rebelión de las sotanas (cronicada por periodistas como Raymundo Riva Palacio, Salvador García Soto y Ricardo Raphael) han debilitado las probabilidades de éxito de esta iniciativa y el poder del titular del ejecutivo para empujarla. La profunda homofobia enraizada en la cultura machista mexicana no tardó en expresarse en voces de políticos como Francisco Labastida Ochoa (ex candidato presidencial) y Martín Orozco (gobernador electo de Aguascalientes) quienes atribuyeron la derrota priista en las pasadas elecciones del 5 de junio a la presentación de la iniciativa presidencial.

Por lo cual, este tipo de realidades (cambio de identidad jurídica, tratamiento hormonal y psicológico gratuito) son ajenas en el resto de las entidades federativas en las cuales sigue habiendo omisión y segregación por parte de las instituciones estatales hacia estas poblaciones. En algunos estados como Jalisco, organizaciones como Impulso Trans han impulsado reformas en el código civil y mediante métodos de comunicación como Youtube otorgan asesorías legales mostrando a los interesados como acudir al amparo 6/2008 ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN). Este amparo 6/2008 se resolvió a favor por los 11 ministros integrantes del pleno de la SCJN y permitió a su promovente la rectificación en su acto de nacimiento que había sido denegada por las instancias judiciales locales, en este caso de la Ciudad de México previo a la reforma de Octubre de 2008.

En España los acontecimientos legales se sucedieron de manera distinta que en el caso mexicano. En este país fue a partir de las resoluciones emitidas en 1987 por el Tribunal Supremo que se reconoció el derecho de las personas a cambiarse de nombre y sexo y a obtener una nueva identidad jurídica; sin embargo, este beneficio estaba reservado únicamente para aquellas personas que hubieran recurrido al cambio de sexo, por lo que únicamente la población transexual era beneficiada. No fue hasta el año 2007, con la ley 3/2007, que se permitió a cualquier interesado bajo protesta de decir verdad acceder a una reasignación sexo-genérica sin necesidad de procedimiento quirúrgico alguno. Esta legislación fue conocida en los medios como Ley de la Igualdad.

Esteva et al (2012) describen como está estructurada la organización de la asistencia a la transexualidad en el sistema sanitario español que se encuentra mucho más desarrollada que en el caso mexicano. En España, nueve comunidades autonómicas contemplan actuaciones para atender a esta población en tanto que cuatro ofrecen cirugías de reasignación sexual a la población. En su trabajo dan cuenta de la heterogeneidad existente en los servicios según la región del país.

En la región de América Latina hay muchos otros países que han legislado en favor de esta población permitiendo la reasignación sexo genérica, tales son los casos de Panamá, Cuba, Puerto Rico, Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador y Uruguay.


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La agenda pública pendiente: la búsqueda del cumplimiento de derechos universales

México se encuentra en un momento de transición para visibilizar y reconocer los derechos socio-jurídicos de la población transexual y transgénero que se ha manifestado en materia de legislación y el desarrollo de herramientas de análisis que hagan visible sus condiciones de vida. Sin embargo, aún persiste la necesidad de profundizar en análisis de un grupo poblacional que comparte la deconstrucción de los límites de la identidad de género y, a la vez, resulta heterogéneo como resultado de las condiciones e historias de vida que se han documentado de manera amplia en estudios de corte cualitativo.

No podemos seguir ignorando el hecho de que elementos como la homofobia y desde luego la transfobia se encuentran sustancialmente arraigadas en el ideario mexicano tal y como lo muestran los datos de la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México (ENADIS) 2010. En este sentido destaca el hecho de que 44% de los encuestados no estaría dispuesto a que en su casa viviera un gay o una lesbiana. Preocupa aún más el hecho de que este porcentaje asciende a 50.2% en el caso de adolescentes entre 12 y 17 años, puesto que es justo en esta etapa donde las hormonas juegan un papel fundamental en el desarrollo de la personalidad y de las características sexuales de los jóvenes. Uno de los elementos que permiten a la población trans costear este proceso complejo de cambio de identidad y en ocasiones de sexo es la detección temprana de esta preferencia de género, así como el acompañamiento psicológico para una mejor comprensión de la misma que permita derivar en tratamientos hormonales en edades tempranas.

Tragedias como la ocurrida en el bar Pulse en Orlando, así como las maniobras políticas por parte del clero mexicano en voz del obispo de Culiacán José Guerrero Corona, quien no tuvo empacho en ridiculizar a la población LGBTTTI en sus declaraciones, son posibles gracias a lo pronunciado que se encuentran asentadas prácticas discriminatorias como la homofobia en grandes volúmenes de la población nacional e inclusive mundial. El mejor combate para disminuir y eventualmente erradicar estos fenómenos tienen como base una mayor visibilidad de esta población acompañada de información científica y carente de sesgos religiosos o políticos en su análisis.

En este sentido, debemos seguir trabajando e insistiendo en la necesidad de comenzar un esfuerzo importante de recolección de información estadística que nos permita conocer el tamaño, así como las características sociodemográficas y socioeconómicas de esta población minoritaria (marginalizada y violentada por décadas) para conocer cómo establecer prácticas y mecanismos institucionales que permitan una mejora en su calidad de vida y el respeto de sus derechos humanos. La Encuesta Nacional de Género levantada en el marco del proyecto académico conmemorativo del centenario de la constitución Los Mexicanos vistos por sí mismos representa un paso en la dirección adecuada, sin embargo su muestra estadística se limita a 1,200 casos. Esta no debe ser solo una responsabilidad de las instancias federales, es necesario que las entidades federativas a través de sus organismos de salud, derechos humanos y de población estatales comiencen a sistematizar prácticas de recopilación de información respecto de esta población, tanto a nivel cualitativo como a nivel cuantitativo y comenzar a circularla entre la población, preferentemente entre la población adolescente y juvenil. Actos como estos irán minando el poder que aún guardan los prejuicios entre la sociedad y permitirán una mayor y mejor integración de esta población.

Resulta preocupante ver a organizaciones como la Unión Nacional de Padres de Familia cabildeando ante la Secretaría de Educación Pública (SEP) rechazar la inclusión de minorías en los libros de texto y propugnar por marginar a lo que ellos consideran como “ideologías de género” en la educación de la infancia mexicana. En las postrimerías del suceso de Orlando, un par de empresas en México han aprovechado la coyuntura para promover la tolerancia y el respeto en materia de género lanzando productos (Doritos Rainbows) o promoviendo campañas publicitarias (Tecate). Este debate cobra y seguirá cobrando cada vez mayor impulso persiguiendo la igualdad y tolerancia, estudios cuantitativos en la materia abonarán en esta dirección.

(Foto: cortesía de Movilh ChileJosé Miguel Rosas y IIP Photo Archive.)


Referencias

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