Denme una arroba y el país es mío: EPN y las redes sociales

La actividad de Peña Nieto en las redes sociales es evidencia de un presidente perdido en su laberinto digital.

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Hace unos días, entre el video de una visita a un comedor comunitario y la respuesta a la investigación de la Secretaría de la Función Pública que resolvió que no incurrió en conflicto de interés comprando su casa particular a un proveedor del gobierno, el presidente publicó en su cuenta de Twitter lo que parece ser un chiste. Más de 8 mil personas lo replicaron en sus propios perfiles y casi 9 mil lo señalaron como publicación favorita. Esto significa varias veces más interacciones que cualquier otra publicación de Enrique Peña Nieto en ese medio.

El genio de las redes sociales es hacer parecer que este tipo de datos (i.e., el número de veces que un mensaje se repite) importa, es decir, que dice algo sobre la eficacia con la que un personaje incide en el discurso público. Hay otras muchas ficciones al respecto: por ejemplo, la que vincula el acceso a, y la participación en, estas plataformas con un ejercicio de democracia y rendición de cuentas. En 2010 Felipe Calderón anunció que el suyo era el primer gabinete en Twitter. “Es obligatorio que estén en la redes sociales y que digan su verdad, que escriban, que contesten y que precisen”, le explicó a la revista Quién en entrevista con Ana de la Reguera. Las palabras que eligió el entonces presidente suponían alguna vaga noción de responsabilidad y un cierto coqueteo con el principio de diálogo. Desde luego estas dos condiciones —novedades respecto a la comunicación política en México— nunca acabaron por satisfacerse. Puedo imaginar muchas razones válidas para apropiarse de un canal como Twitter para difundir mensajes gubernamentales. En primer lugar, se trata de un medio que contrae el tiempo: la información se libera de los rigores de lo que antes era el ciclo de noticias impuesto por los diarios y luego por la televisión. En segundo lugar, porque el medio hace al mensaje, y en Twitter se puede hacer pasar lo sucinto por profundo, y lo banal por carismático. En tercer lugar, porque la red promete ser un agente poderoso de movilización social, herramienta igualmente atractiva tanto para activistas como para líderes autoritarios. De esta manera es fácil ver por qué a la caída en la aprobación de Peña Nieto siguió la emisión de varios mensajes que apuntan a una nueva estrategia de comunicación. Abruptamente, las cuentas en redes sociales del presidente empezaron a hacer bromas, a publicar videos de Peña documentándose a sí mismo y a apuntalar la agenda política con imágenes suyas rodeado de niños.

En primera instancia parecería que el equipo de “estrategia digital nacional” quiere utilizar el medio para presentar a un líder cercano a la gente, aprovechando que las plataformas en línea están revestidas por un aura de apertura y transparencia. Sin embargo, las publicaciones del presidente demuestran un entendimiento extraño de la comunicación en redes sociales: lo que Peña Nieto practica es un monólogo.[1]

Para empezar, la cuenta @EPN no ofrece manera alguna de identificar qué mensajes publica el presidente y cuáles su equipo (Barack Obama, por ejemplo, firma los suyos –bo). Proporcionalmente, el perfil de Peña Nieto sigue a muy pocas cuentas[2] y no responde ningún mensaje ni hace referencia a publicaciones de terceros. Y por supuesto, hasta la semana pasada, no hacía chistes.

Los tuits del presidente parecen existir en un plano distinto al de la opinión pública. Fuera de informar sobre su agenda del día, ofrecer su “más sincero pésame” o dar algún mensaje esporádico sobre sus programas de gobierno, los mensajes del presidente, seguramente programados previamente, no responden a las necesidades de información inmediatas en los casos más críticos. Es decir, no responden al formato temporal que Twitter exige. En las horas que siguieron a la fuga de El Chapo Guzmán a principios de julio, por ejemplo, el presidente publicaba fotos del desfile militar en París.

Además de la unidireccionalidad del mensaje, encontramos –como en otros ejercicios del estilo peñanietista– lapsus de imagen que demuestran la permanencia de gestos y lenguajes del antiguo régimen que los priistas han mantenido bien desempolvados.

En uno de los cuatro videos que Peña Nieto ha transmitido en vivo desde Periscope[3] (en buena medida, filmados por él mismo), el presidente inspecciona el laboratorio de una escuela en una comunidad de pescadores en Guerrero. El salón está lleno de niños vistiendo batas blancas, y él pide que alguien le explique lo que los estudiantes hacen en el espacio. Una niña con un moño blanco en el pelo se ofrece como voluntaria y hace la tarea espléndidamente, y Peña Nieto aprovecha para preguntarle cómo encontró su escuela en este regreso a clases después de la reforma educativa. La niña, entusiasmada, le contesta que muy bonita, y está en esas cuando el gobernador de Guerrero –que acompañó al presidente durante la parte protocolaria del evento– irrumpe en escena y, con tono grandilocuente, agradece los buenos oficios del presidente, acabando con la ligereza que la escena pudiera haber tenido. Los niños vuelven a lo suyo y le sacan a Peña una invitación a Los Pinos, pero esta vez es el maestro del grupo quien interrumpe la buena onda y pide una porra para el invitado. El video acaba con el canto: “Presidente, Presidente, ra, ra, ra”.

EPN alumnos

En teoría, además de eliminar los filtros mediáticos (i.e. la televisión, el periódico) y formales (i.e. la rueda de prensa) entre la figura pública y su audiencia, plataformas como Twitter y Periscope deberían suponer un ejercicio espontáneo y horizontal para la transmisión de mensajes. Sin embargo, el video que describo, que transita del relajo de los estudiantes a los exabruptos cursis de los funcionarios, pareciera indicar que no hay medio que se resista al estilo priísta –vertical y engolado– de comunicar.

José María Velasco Ibarra, un caudillo ecuatoriano que dominó la vida política de su país entre los años treinta y setenta del siglo pasado, alguna vez dijo: “Denme un balcón y seré presidente.” Lo fue cinco veces. La imagen que provoca la frase es significativa: uno se imagina a un líder dominando el paisaje sobre un pueblo cautivado con su discurso. No es difícil suponer que el equipo de Peña Nieto vea a las redes sociales como ese balcón e imagine al presidente vertiendo desde las alturas su mensaje sobre un público que, obediente, se limita a repetirlo y amplificarlo (a “viralizarlo”, como seguro le prometen los expertos a su jefe).

El estilo peñanietista de ejercer el poder en las redes sociales representa un desafío para aquellos que sostienen el argumento tecnofílico de que los hashtags nos harán libres. Pero hay que darle crédito a los usuarios: en la mayoría de las plataformas, Peña Nieto se enfrenta con un público escéptico y contestón que no cumple con su encomienda autoritaria.


Notas

[1] En YouTube, la cuenta de “Enrique Peña Nieto” dejó de tener actividad después de la campaña electoral. Se documenta al presidente en el canal del “Gobierno de la República”, donde los videos están cerrados a los comentarios de los usuarios.

[2] En su cuenta original, la que inició durante su primera campaña, Barack Obama tiene 63 millones de seguidores y sigue a 641 mil cuentas. Es decir, que el presidente sigue una cuenta por cada 100 que lo siguen a él. La cuenta de EPN tiene 4.26 millones de seguidores y sigue a 232 cuentas, es decir, Peña Nieto sigue una cuenta por cada 18,000 que lo siguen a él.

[3] Periscope borra por default las transmisiones 24 horas después que se hicieron. Los usuarios pueden optar por archivarlos en otros sitios, como YouTube. El canal del Gobierno de la República en esa página solo ha publicado uno de los dos videos que el presidente transmitió en la visita a la escuela de Guerrero. El que está disponible es menos entretenido que el que describo, pero tiene un estupendo tropiezo: en el momento de las intervenciones espontáneas un maestro, utilizando una pulidísima técnica de oratoria, se acerca al presidente, le toma la mano y el cuello y lo ve a los ojos por medio minuto, incomodándolo. En medio de su discurso elogioso (“tengo una hermosa escuela para mis alumnos que usted nos la ha otorgado”), el maestro le dice a Peña Nieto: “usted es hombre de palabra, no de hechos”.


(Fuente de imagen: Instagram de Enrique Peña Nieto)

(Fuente de la última imagen: Screenshot de retransmisión del Canal Once del video originalmente transmitido en Periscope)

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