Donald Trump: el ascenso de la xenofobia y el nativismo fundador

¿A qué apela exactamente el discurso xenófobo de Donald Trump y por qué es tan atractivo para ciertos votantes estadounidenses? ¿Qué condiciones económicas, políticas e históricas permitieron su ascenso?

| Internacional

En cierta medida, desde el inicio de su campaña Donald Trump ha roto los pronósticos de los especialistas porque ha establecido un terreno de disputa diferente al habitual, con una lógica populista que no entienden muy bien los politólogos convencionales y que apela a un supuesto nativismo antiinmigrante, teñido de xenofobia. ¿Cuál es el origen de ese nativismo estadounidense al que apela Trump de manera populista? ¿Y por qué la xenofobia resulta tan atractiva en su discurso?

Para tratar de responder esto debo comenzar por una aclaración. En lo personal considero que el populismo no es sinónimo de antidemocracia y me adscribo a la propuesta realizada por Ramírez: el populismo es un fenómeno político sin ideología característica –los movimientos populistas pueden ser de izquierda o de derecha–, que hace un reclamo a la democracia existente mediante un discurso moral sostenido por un líder carismático que construye una identidad-otredad basada en “el pueblo” y “los otros” –con el que se busca desplazar a las élites existentes– y que puede derivar en formas democráticas o antidemocráticas. Es por esta misma razón que no todos los populismos son como el de Donald Trump o el del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP) que impulsó el Brexit: este tipo de populismo se caracteriza por el nativismo, una razón que entiende que “el Estado debe ser habitado y dirigido en favor de los nativos originarios y que los no-nativos atentan en contra de sus costumbres, identidad y vida cotidiana”.[1]

Ahora bien, en el caso del discurso de Trump, ¿cuál es el origen de ese nativismo? ¿Quiénes son, para Trump y sus seguidores, los verdaderos estadounidenses? ¿Cuál es el papel de las minorías en esta narrativa? Al respecto propongo una respuesta que puede ser polémica: el nativismo de Donald Trump se sustenta en el mismo nativismo fundador de los Estados Unidos. La democracia más antigua del mundo se construyó a partir del racismo, la violencia, el despojo de los pueblos originarios y la esclavitud.


El nativismo fundacional

Contrariamente a lo que la “historiografía del consenso” cuenta sobre la fundación de los Estados Unidos, y aunque los “padres fundadores” (John Adams, John Jay, Benjamin Franklin, James Madison, Alexander Hamilton, Thomas Jefferson y George Washington) citaban en sus discursos a Rousseau, Montesquieu, Locke y a otros autores liberales,[2] el pueblo estadounidense, más que ser libre, popular e incluyente, era elitista, patriarcal y limitado a partir de la propiedad y la raza.

Los “Hijos de la Libertad”, es decir, los protagonistas de la lucha independentista según la historia patriota, eran, sobre todo, hombres blancos con propiedades que se rebelaron en contra de los impuestos que imponía la Corona. No obstante, esta visión de la historia suele dejar de lado la participación de las mujeres, los esclavos, los indios y demás grupos “no nativos” que participaron en la guerra para buscar su libertad.[3] De esta forma, el “nosotros, el pueblo de los Estados Unidos” que dicta la Constitución se concebía como la suma de los hombres blancos que, en principio, tenían una propiedad, que se involucraban en el quehacer público, que vestían saco y pantalón como muestra de su “civilidad” y que harían de los Estados Unidos “una gran nación”.[4]

Lo anterior puede verse en los grandes debates de la época. Uno de ellos, por ejemplo, fue el de la expansión. No hay duda alguna de que la conquista del oeste y otras tierras era una de las políticas más atractivas de la incipiente democracia estadounidense y del presidente Thomas Jefferson. No obstante, a pesar de la “necesidad” de seguir creciendo como nación, algunos estaban inconformes, sobre todo por lo que implicaba la anexión de nuevos territorios: por un lado, había un considerable costo humano; pero, por el otro, existía un miedo genuino de que la República se degradaría al integrar a los “nuevos ciudadanos”. Como explica Érika Pani, se pensaba que el país vendría a menos si se incorporaba a individuos “tan poco aptos como los mulatos de Luisiana o los miembros de las despreciadas razas mezcladas de la América Española”.[5]

Debates como el de la expansión, y el entendimiento generalizado de que unos tenían más derechos que otros, provocaron que Andrew Jackson, sureño, héroe de guerra, dueño de esclavos, que “no le debía nada a nadie” y que decía representar el interés general, llegara a la presidencia. Una de las políticas más importantes de su gestión fue la de despojar de sus tierras a 120 mil indios que vivían en el este del Mississippi para ampliar el cultivo de algodón. Aunque estos grupos ya contaban con mecanismos institucionales “civilizados” y recurrieron a las instancias legales de la República, la Corte determinó que no eran ciudadanos sino “naciones domésticas dependientes”. Al final, algunos por voluntad y otros a la fuerza, tuvieron que ser reubicados en lo que hoy es Oklahoma.[6]

Así como el despojo de tierras indias, hay otros ejemplos que se pueden resaltar, como el problema migratorio en Nueva York y Boston que dio origen al Partido Americano –que buscaba detener la inmigración y que se les quitara la ciudadanía a los extranjeros y católicos– o la política de enviar a los esclavos “de vuelta a África”. (Esta última política, impulsada durante el debate de la esclavitud por la Sociedad Americana de Colonización y apoyada por el mismo Abraham Lincoln, proponía que los afroamericanos, aunque pudieran comprobar que tenían más de una generación viviendo en suelo estadounidense, fueran enviados a Liberia.[7])

Como se puede ver, el nativismo y la xenofobia han estado presentes en los Estados Unidos desde su fundación, y la historiografía conservadora ha construido una narrativa histórica en la que las minorías tienen un papel secundario y nocivo. Aunque pueda parecer arriesgado, considero que el discurso de Trump no es, en esencia, una novedad, pues apela a ese imaginario nacional fundacional para clarificar la situación actual: para Donald Trump el problema está en que el gobierno le ha dado la espalda a su pueblo –los nativos–, que con trabajo y dedicación ha construido a lo largo de la historia una gran nación, para darle un lugar privilegiado a las minorías migratorias y a los grandes capitales financieros.

La trampa del magnate está en que establece los límites entre “el pueblo” y “los otros” mediante un discurso de odio, en el que “el nosotros, el pueblo de los Estados Unidos” habla en inglés, es trabajador, históricamente civilizado y grandioso, pero que actualmente vive en una realidad “que no le corresponde”; y “los otros”, siempre ajenos a la civilización democrática fundacional, que son los causantes de los problemas: los mexicanos violadores y criminales, los inmigrantes que le quitan el trabajo a los estadounidenses y los individuos que vienen de países de los que no se pueden garantizar condiciones de seguridad.[8] En mi opinión, esta configuración discursiva se basa en la construcción de un imaginario histórico: en la narrativa hegemónica, el pueblo estadounidense, primordialmente blanco, siempre ha estado en el centro de la prosperidad y la civilización, y las minorías siempre han sido obstáculos y amenazas para el crecimiento de la nación. Por lo tanto, no es necesario que Trump apele explícitamente al votante blanco, basta con que narre detalladamente el contexto en el que vive y describa por qué los grupos que le resultan antagónicos son los culpables de su situación actual.


It’s not the economy, stupid!

Ahora bien, ¿por qué el discurso xenófobo de Trump es tan atractivo? La respuesta, me parece, está en dos elementos principales: primero, en que otorga una salida simple y factible a los problemas actuales; y segundo, en que complementa su discurso con una crítica al neoliberalismo. Comenzaré por lo último: hoy en día se vive en un contexto de repliegue neoliberal. Después de las grandes crisis financieras, la precarización del trabajo y el funcionamiento actual de la economía mundo –hoy ciudadanos de países subdesarrollados viajan de manera más sencilla a países desarrollados para encontrar mejores condiciones de vida–, se han desatado críticas que cuestionan la hegemonía mundial: es necesario voltear, de nuevo, a las naciones. La cuestión es que mientras que el populismo socialista ofrece salidas a largo plazo, el populismo nativista ofrece salidas inmediatas.

Esto último me lleva al segundo punto: la xenofobia se vuelve atractiva porque a través de ella se señala un único factor evidente y reconocible como fundamental en todo el problema, y además da una salida inmediata: no es lo mismo denunciar los problemas del capitalismo en su faceta neoliberal y a la par ofrecer, como lo hacía Bernie Sanders,[9] políticas con las que, incluso, debemos de aceptar fraternalmente la diversidad que nos ha traído la globalización, a que se ofrezca, como política pública posible, la expulsión de aquellos que están “robando” el empleo. Mientras que desde la primera postura se condena la crisis estructural del capitalismo y se propone a la democracia igualitaria como la perfecta herramienta de solución a los problemas, desde la otra se señala la expresión de esa crisis estructural, que es la libre (y desigual) circulación de mercancías y personas, y se propone una solución fácil y extrema: cerrar fronteras, regresar a los no-nativos a sus tierras e incluso limitar sus derechos y libertades.

El problema con esto es que el racismo y la discriminación de las minorías anteceden a este modelo de producción –y al anterior y al anterior. Esto sucede porque hay grupos que no defienden únicamente un lugar privilegiado de clase, sino una posición política que les “pertenece” por su raza, género, o porque “históricamente están llamados a tomar las riendas del país”. En este sentido, el centro del discurso de Donald Trump no es la economía sino una visión previa de cómo debe funcionar la democracia norteamericana: Trump recupera las nociones nativistas fundacionales y las impulsa a partir de la crítica a la crisis neoliberal. Pero el núcleo de su populismo no es el antineoliberalismo sino la xenofobia que considera que unos son más ciudadanos que otros.

No sé si Donald Trump gane la presidencia, pero que esté cerca de ella representa ya un grandísimo problema: la izquierda se ha quedado rezagada e incluso muchas personas que comulgan con ella han sido seducidas por su discurso: un político que ofrece vencer (supuestamente) al neoliberalismo y recuperar (supuestamente) el control total de las fronteras es, para algunos, muy atractivo. La cuestión es que ni este sistema ni la salida trumpista apuntan hacia lo fundamental: que todas las personas, a pesar de sus diferencias, puedan convivir dentro de un campo igualitario de no dominación. La lucha sigue siendo que podamos ser igualmente libres y que podamos recuperar el control de las fronteras. Las soluciones que proponen los discursos xenófobos, que buscan acotar los derechos y las libertades de los demás, no son el camino. Su misma articulación política ya representa un retroceso histórico que, esperemos, no deje secuelas irremediables.


Referencias

[1] Cas Mudde, Populist Radical Right parties, (London: Cambridge, 2007).

[2] Respecto al pensamiento político de la Independencia de los Estados Unidos revisar: Bernard Bailyn, The Ideological Origins of The American Revolution (Cambridge, 1967-1992).

[3] Revisar: Ray Raphael, A People History Of The American Revolution: How Common People Shaped The Figth for Independence (The New Press, 2001).

[4] Revisar: Bruce Ackerman, The failure of the founding fathers: Jefferson, Marshall, And The Rise of Presidential Democracy (Cambridge, 2007).

[5] Erika Pani, Historia Mínima de Estados Unidos de América (Colegio de México, 2016) p. 95.

[6] Íbid. De igual forma revisar: Colin Calloway, The American Revolution in Indian Country (Cambridge, 2007).

[7] Íbid.

[8] Para revisar el análisis del problema de la migración, los comunicados y propuestas de Donald Trump, revisar su página web.

[9] Revisar el proyecto migratorio de Sanders en el siguiente enlace.

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