Economía política de la celebridad: masculinidad, VIH y pánico moral

Atendiendo a la figura de Charlie Sheen, en este ensayo el autor problematiza la idea de masculinidad y la influencia del sistema de celebridades en nuestra percepción del VIH.

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¿Para qué sirve la celebridad?

La celebridad es el resultado de la cultura y la tecnología del siglo XX. Los nuevos medios como la radio, el cine y la televisión fueron medios restaurativos de la narrativa de intimidad en una sociedad en transición a la comunicación de masas y al anonimato de la vida urbana. Vale la pena mencionar que parte del mecanismo de la celebridad es que podemos maravillarnos de lo extraordinario de la vida o naturaleza del personaje justo porque pudo haber sido uno de nosotros. Nos podemos relacionar con él o ella y consumimos diversas modalidades de celebridad: sus cintas sexuales, sus biografías, las columnas de chismes que hablan de su vida, sus entrevistas en televisión, sus cronologías en Twitter, sus publicaciones en Tumblr, sus fotos en instagram, el stream de su nuevo disco, el avance de su nueva película…

El glamour tal como lo entendemos es resultado de la industrialización del placer y su mercantilización a través de la comunicación de masas: la definición de la belleza, el carisma del dinero y el lujo, así como la representación de los lugares exóticos donde vacacionar forman parte de las significaciones implicadas en estos objetos que encarnan representaciones ideológicas que organizan el consumo y los discursos. Por ejemplo, alrededor de Lady Di se organizaron una serie de discursos sobre género, sexualidad y nación. De la misma manera sobre David Beckham se han realizado estudios sobre la masculinidad contemporánea en la industria del fútbol soccer. Estas redes de discursos ideológicos son susceptibles de un análisis y de esto se ocupan los estudios sobre la fama y la celebridad.

En mi texto “Bomba o la muerte de lo queer”, he analizado cómo es que el glamour necrótico, el de la diva heroinómana/cocainómana rehabilitada produce relaciones de identificación con el público gay y a su alrededor organiza una forma de consumo donde la mirada masculina no es erótica sino tanática. En este texto, y bajo la misma premisa anotada por Elizabeth Wilzon en “A Note on Glamour”, me interesa explorar la confluencia del glamour con lo abyecto en un contexto de crisis de lo masculino y cómo esto configura la opinión pública hacia la sexualidad, las drogas y el VIH tras la revelación del estado serológico de Charlie Sheen, miembro de la realeza de Hollywood.


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Genealogía de la estrella sidática

Antes de abordar la revelación de Charlie Sheen de que vive con VIH desde hace años es preciso hacer una genealogía y hacer una aclaración. En este texto se utiliza el galicismo “sidática” (sidatique) para abandonar el lenguaje políticamente correcto que se refiere a una persona que vive con VIH y para hablar del cuerpo social investido de las significaciones asociadas a la enfermedad. La enfermedad como metáfora ya ha sido abordada por Susan Sontag; es a esta dimensión a la que me refiero cuando abandono el término correcto y abrazo el galicismo. El SIDA es una epidemia de significaciones.

En “El Sida y sus metaforas”, Susan Sontag habla de la genealogía metafórica dual del SIDA: la guerra y la polución. El cuerpo es invadido por un agente que se adquiere a través de los fluidos. “Este es el lenguaje de la paranoia política”, asegura la autora al referirse a la descripción del VIH en la revista Time de finales de 1986. Otro de los florilegios metafóricos alrededor del SIDA es la vergüenza, la imputación de culpa y el escándalo, el precio a pagar por los excesos y la falta de voluntad.

Charlie Sheen inaugura una nueva narrativa en la genealogía de las estrellas sidáticas. Rock Hudson sacudió el mundo con su sorpresiva muerte; él es por mucho el mejor ejemplo de cómo se asoció el estigma del VIH y la homosexualidad. Al morir desató un debate público sobre ambos temas. El jugador de básquetbol Magic Johnson reveló el 7 de noviembre de 1991 que vivía con VIH, pero su caso merece una consideración aparte más adelante en el texto. Ese mismo mes muere el vocalista de Queen, Freddie Mercury, un día después de que admitiera públicamente su condición, el 24 de noviembre de 1991, con lo que se convirtió en el ícono del movimiento de la sociedad civil por la prevención y la erradicación del estigma del VIH.

El mismo año que Freddie Mercury murió, un grupo de artistas de Nueva York crearon el lazo rojo como un símbolo de la solidaridad con las personas que viven con VIH. Visual AIDS, el colectivo en cuestión, seleccionó el color rojo debido a su conexión con la rabia, el amor y la sangre. Gracias a su colaboración con Broadway Cares y Equity Fights, AIDS logró que en la ceremonia de entrega de los premios Tony se visibilizara este símbolo, siendo Jeremy Irons una de las primeras celebridades en portarlo. A partir de entonces, fue usual verlo en la entrega de los Óscar, los Emmys y los Grammys, y MTV lo adoptó como parte su cultura visual. La cadena estableció en 1998 la fundación Staying Alive, que actualmente es una de las respuestas mediáticas al VIH más importantes.

En el programa The Real World: San Francisco, MTV demostró su compromiso con una narrativa positiva hacia el VIH al incluir en el elenco a Pedro Zamora, un activista cubano-americano que hablaba públicamente de vivir con VIH. Al elenco se le informó que vivirían con alguien que vivía con el virus pero no se les informó quién. El programa comenzó a grabarse en febrero de 1994 y los habitantes de la casa la abandonaron en junio; Pedro ingresó al hospital en agosto y murió en noviembre. El activismo de Pedro Zamora y su historia de lucha le valió el reconocimiento de Bill Clinton. MTV no solo realizó un programa de tributo a Zamora, sino que además varias organizaciones en respuesta al VIH llevan su nombre. En 2008 se produjo la película Pedro, que narra su historia. MTV transmitió en abril de 2009 la película previo al estreno de la más reciente versión del programa de telerrealidad que forjó la celebridad de Pedro: The Real World, entonces situado en Brooklyn.


Abyección y celebridad: Charlie Sheen como símbolo de la crisis masculina

Hecha la genealogía de la celebridad sidática, es posible ver por qué la revelación de Charlie Sheen sobre su estado serológico representa un parteaguas en la representación del VIH y el SIDA. Ya no se trata del mártir que muere lleno de vergüenza como en el caso de Rock Hudson o Liberace, y dudo que se convierta en un símbolo para la respuesta al VIH como lo hizo Freddy Mercury, o en un héroe con causa como Magic Johnson. Evidentemente, dista mucho de ser una estrella de la telerrealidad que consigue su celebridad gracias a la humanización de la enfermedad.

Charlie Sheen, cuyo nombre legal es Carlos Irwin Estévez, combina en su figura varios tipos de celebridad, tal como las taxonomiza Chris Rojek: no solo posee la celebridad adscrita, la que es producto de un linaje (Janet Sheen fue productora y actriz; su padre es el actor Martin Sheen, ganador de decenas de premios por su trabajo en cine y televisión y su hermano es el actor Emilio Estevez), sino que además tiene una celebridad atribuida, es decir, lograda gracias a la concentración de las representaciones de los medios, y una celebridad alcanzada gracias a sus logros tales como ser el actor mejor pagado de la historia de la televisión.

La angustia de los varones ante los cambios en la estructura del lugar de trabajo, ante el desempeño de las mujeres en el sistema educativo, y ante los cambios en el valor de la autoridad parental y en las relaciones entre los géneros, forman parte de la llamada “crisis masculina”: ¿qué significa ser hombre en un mundo donde los reclamos feministas han avanzado otorgándole un nuevo papel a la mujer? Charlie Sheen simboliza la llamada crisis masculina a través de encarnar la masculinidad residual, los resquicios de una masculinidad hegemónica fuera de sintonía. Vale mencionar que los cuerpos de los hombres y la sexualidad masculina están dados por hecho: al cuerpo masculino se le exime del escrutinio al que son sometidos los cuerpos de las mujeres, que son constantemente definidos y sobre-expuestos. Vale la pena mencionar que en un acto donde el arte imitaba a la vida, el papel más recordado del actor en la televisión tenía claras referencias a su vida real: un hombre mayor aficionado al alcohol, las drogas y las modelos/estrellas porno: Charlie Sheen o la incepción de la masculinidad insumisa.

Charlie Sheen ha estado varias veces en las portadas de los tabloides y en los sitios de chismes por sus desplantes y sus actos violentos. En 1990, dejó un centro de rehabilitación donde se ingresó por abuso de alcohol, y también disparó accidentalmente al brazo de su prometida de entonces, Kelly Preston. En 1995, participó como testigo en el juicio de “La Madam de Hollywood”, donde testificó que prefería a las chicas con estilo de porrista. En 1996, fue puesto en custodia policial por golpear a su novia Brittany Ashland, una actriz porno, y por este hecho se le condenó a 300 horas de servicio comunitario y a ocho sesiones de consejería sobre violencia doméstica.

En 1998, tuvo su primera sobredosis por abusar de la cocaína. En 2006, su segunda esposa comienza el proceso de divorcio y lo acusa de amenazarla de muerte; ella obtiene una orden de restricción en su contra. En 2009, Charlie Sheen es arrestado por violencia doméstica hacia Brooke Mueller, su nueva esposa; el año siguiente se declaró culpable y, gracias al acuerdo en la corte, se le sentenció a tres meses de libertad condicional y 36 horas de consejería contra la violencia doméstica, además de ingresar a rehabilitación.

El año de 2011 fue el de la crisis. Ahora sabemos que fue cuando se le diagnosticó que vive con VIH. El 14 de enero se encerró en una suite de Las Vegas en compañía de Bree Olsen, Bombshell McGee y Lindsay Sinai, cortando todo contacto con los productores de su programa “Two and a Half Men”. Dos semanas después, fue ingresado al hospital por sobredosis. Su comportamiento fuera de lo normal se pudo apreciar en su entrevista de febrero, en la que declaró que no necesitaba de rehabilitación porque el manual de alcohólicos anónimos había sido escrito por personas normales, gente que no tiene sangre de tigre, DNA de Adonis. En marzo de ese año, Warner Bros despide a Charlie Sheen y aclara que su conducta autodestructiva, incluido el consumo de cocaína, lo hacía incapaz de cumplir con su contrato.

Esta es la larga historia de autodestrucción del actor y la fascinación de las audiencias por su saga de abuso y violencia. Cuando hablo de crisis masculina no quiero decir que haya una crisis en el ejercicio del poder de los hombres, sino que su representación está puesta en jaque, entendiendo que la masculinidad no es perfil eterno y estático, sino sujeto a redefiniciones e interpelaciones. Las mujeres siguen enfrentando techos de cristales y suelos pegajosos, siguen siendo víctimas de varias formas de violencia. Es más, ¿acaso la industria hubiera aceptado a una mujer que hubiera incurrido en los mismos episodios que Charlie Sheen?


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Pánico en la era post-retroviral

Habiendo establecido que abordaré la celebridad como un sistema de representación que tiene resonancia en la esfera pública, me interesa señalar que no se trata de volver a escribir sobre la vida de Charlie Sheen, sino de cómo se escribe, se habla y se trata su figura pública, su consumo y su sexualidad. Desde que reveló que vive con VIH, la sexualidad del actor ha sido tema de debate: se ha cuestionado su heterosexualidad, reificando la noción de grupos de riesgo al sugerir que el actor se pudo haber infectado por sus relaciones con transexuales pre-operatorios.

“Vivimos en una era tóxico-porno”, asegura Beatriz Preciado (ahora Paul D. Preciado) en su testo yonqui. De ser así, Charlie Sheen es el hombre nuevo de esta era, el héroe consumidor que tiene un pie en la industria cinematográfica y otro en la industria porno, el cuerpo consumidor de drogas y retrovirales. La filósofa define al capitalismo farmaco-pornográfico como aquel donde la industria farmacéutica y la industria audiovisual del sexo son los pilares de esta modalidad de capitalismo: “Consumimos aire, sueños, identidad, relación, alma”; consumimos celebridad, fama, glamour y deseo.

La entrevista de Charlie Sheen donde se presenta como un cuerpo seropositivo incapaz de infectar debido a su adherencia a los medicamentos antirretrovirales es fundamental para entender la particularidad de la revelación de esta celebridad en comparación con las otras estrellas sidáticas de las que hice la genealogía. Sheen es la primera celebridad en hablar en medios masivos de la imposibilidad de transmitir el VIH al estar en la condición de indetectable. Aún más, Amanda Bruce, una enfermera que tuvo sexo sin protección con Charlie, aseguró que fue por su voluntad y que utilizó la profilaxis pre-exposición para evitar la infección.

En 2009, se dio a conocer lo que se conoce como la Declaración Suiza. En ella, un grupo de médicos suizos especialistas aseguraron que las personas que viven con VIH y sin ninguna infección de transmisión sexual, y cuya carga viral es indetectable, son incapaces de transmitir el VIH. Por otra parte, en 2011 los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos emitieron los lineamientos para el uso de la profilaxis pre-exposición (PrEP) entre hombres que tienen sexo con otros hombres a manera de prevención biomédica. La PrEP consiste en ingerir antirretrovirales antes de involucrarse en una práctica de riesgo. El medicamento preferido ha sido Truvada, y desde hace un par de años ha surgido el concepto de Truvada Whore (“puta del Truvada”) como una manera de poner en la agenda pública esta forma de prevención biomédica.

Sin embargo, los medios han respondido mayoritariamente de manera estigmatizante, lo que ya ha sido abordado por Ricardo Baruch en “Charlie Sheen y el estigma por VIH”. Los medios no han sabido diferenciar entre VIH y SIDA, mucho menos abordar temas mucho más especializados como la PrEP y la nula infección debido a una carga viral indetectable. “Tiene veneno en el pizarrín”, aseguró un medio nacional atizando el pánico moral, que consiste en la reacción exagerada de un grupo de personas debido a una percepción falsa y usualmente estigmatizante a ciertas personas o comportamientos que son identificados como desviados. Charlie Sheen ahora ya no es el playboy que conquista por igual a las actrices que a las estrellas porno; ahora es un ente pansexual que se ha contaminado debido a sus excesos.


Oportunidades mágicas

Es hora de volver al Magic Johnson: “Las únicas cosas que han salvado mi vida han sido la detección precoz y los antirretrovirales”, ha declarado. De hecho, este deportista afroamericano y heterosexual ayudó a redefinir la opinión pública en materia del VIH: aumentó la conciencia sobre la infección por VIH a través del sexo heterosexual, y a través de su narrativa personal ayudó a las audiencias a considerar su riesgo personal, su conocimiento de las formas de transmisión, su vulnerabilidad personal y sus actitudes hacia el VIH.

De acuerdo con el metaestudio “When a Celebrity Contracts a Disease: The Example of Earvin ‘Magic’ Johnson’s Announcement That He Was HIV Positive”, tras la revelación del deportista aumentó el conocimiento sobre VIH y SIDA entre la población y mejoraron las actitudes hacia las personas que viven con VIH; también aumentó la intención de reducir las conductas de riesgo y obtener una prueba de VIH. El incremento en las pruebas de detección realizadas tras el anuncio fue considerable. La revelación de la seropositividad de Magic Johnson sin duda confirmó que el anuncio de una celebridad puede cambiar actitudes, creencias y comportamientos relacionados con el VIH al llevar el tema a la agenda pública y, siendo una epidemia llena de significaciones, también puede afectar las implicaciones sociales y reducir el estigma.

Sería una pena que un hombre como Charlie Sheen se convirtiera en campeón de una causa como el VIH. Francamente lo dudo: va a pasar demasiado tiempo en los tribunales combatiendo demandas. Sin embargo, creo que a raíz de su caso las organizaciones que dan respuesta al VIH/SIDA tienen una oportunidad para aumentar la información entre la población general e incrementar el número de personas que se hagan la prueba. Es hora de que hablemos de la profilaxis pre-exposición y enfrentemos el estigma asociado al VIH en los medios de comunicación, que durante todo este episodio se han comportado como si el VIH hubiera sido descubierto ayer.


(Fotos: cortesía de Oriol Salvador y Mike Mozart.)

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