El arquitecto que se convirtió en MacGuffin

«Los archivos Barragán» podrí­a ser el título de una novela policiaca o una cinta al más puro estilo de Hitchcock, en cuya trama se encuentran el deseo, el neoliberalismo, y un amplio despliegue fetichista.

| Arte

En historias de rufianes siempre es un collar y en historias de espías siempre son los documentos

Alfred Hitchcock

Si es cierto, como indica Boris Groys, que el arte contemporáneo no utiliza el lenguaje para decir cosas, sino que se usa como lenguaje, pues el artista «escribe» en el espacio de la instalación según cierta gramática de los objetos para transmitir consignas ético-políticas, postular argumentos y desplegar narrativas, entonces esta producción es susceptible a una crítica que busque su análisis en términos que vayan más allá de las cualidades visuales de estas piezas, para también estudiar las cualidades narrativas de sus elementos. El proyecto Los archivos Barragán de la artista Jill Magid recién inaugurado en el MUAC no es la excepción, así que el presente texto propone una sencilla hipótesis: la historia del anillo y el archivo responden a criterios que se explican desde cierta clasificación literaria y, partiendo de ahí, nos parece que presenciamos una novela policiaca. La pieza de Magid tiene algunos rasgos clásicos del género: un crimen, una víctima, un criminal, un detective, un proceso de investigación y, a veces, una resolución. Al igual que con la novela negra, estos elementos nos obligan a discutir la relación entre justicia y ley, entre sistema, economía y sociedad.

Hay que advertir que aunque este análisis se enfoca en la cualidad narrativa del trabajo de Magid, el punto de partida es plástico: el proyecto se compone de objetos, y la historia se cuenta a través de ellos. Esta materialidad irreductible da pie a una lectura que hoy es casi un reflejo, producto de la tradición vanguardista del arte del siglo XX: en una aproximación ortodoxa —tomemos como referencia la pieza más polémica de la exposición, el anillo—, estos objetos son entendidos como ready-made. En todo caso, el ready-made describiría el proceso de producción de la pieza, ya que es un objeto ordinario elevado a la categoría de arte por decisión del artista. Sin embargo, se puede sugerir que este objeto también opera de otras maneras: esta elevación es una pulsión narrativa concreta, es un punto donde se desata la resignificación, una fuga ya no pictórica sino poética. En este sentido, parece acercarse más a la tradición de Alfred Hitchcock que a la tradición de Duchamp[I] y, por tanto, la descripción del dispositivo en cuestión está más emparentada con la noción de MacGuffin.[II]

Hasta ahora muchas críticas, ya sean positivas o negativas, han interpretado el anillo y el archivo de Barragán como los “lógicos” de los que habla Hitchcock: buscan la verdad oculta tras el MacGuffin —la tumba, el cuerpo, el diamante, los documentos, las cartas— cuando quizás se trate de «nada», de unos objetos irrelevantes y hasta estúpidos.[III] Todo esto tiene el estatuto de los pájaros, el maletín con billetes o los hangares nazis en las películas de Hitchcock. Hoy es un anillo, mañana podría ser cualquier cosa con tal de que tenga efectos narrativos y movilice a los personajes involucrados: la artista, el abogado, el privatizador, el curador, el académico, el público, la izquierda, el pueblo de México, etcétera. Para la trama no importa que sea uno u otro objeto, lo que importa es que sirvan para contar una historia comprensible, y para eso existen los móviles y sujetos estereotipados por los géneros policiacos en su diversas vertientes, ya sea el clásico o enigma, el hard-boiled, el noir, el thriller, o el negro latinoamericano, por mencionar algunos.

Dicho lo anterior, sugerimos el siguiente quiz para la interpretación y el análisis de la novela negra conocida como Una carta siempre llega a su destino. Los archivos Barragán:[IV]


Criminología estética de opción múltiple

1) En el caso del proyecto Los archivos Barragán, de la artista Jill Magid, ¿cuál podría considerarse el crimen?

  1. El archivo privado en Suiza. Hay un enamoramiento que lleva al descubrimiento de un crimen. La detective Magid, ya enamorada e involucrada afectivamente, ve la manera de doblar la ley para restaurar el orden, esta restauración implicaría también la consecución o consumación del romance (la detective y el arquitecto se irían a una hacienda, o museo público, en una ciudad mexicana repleta de jacarandas).
  2. Las cenizas hechas anillo. Siguiendo el modelo de la novela negra, el grado de involucramiento de Magid la lleva a convertirse en criminal ante los intelectuales de un país corrupto que no sabe cuidar su propio patrimonio.
  3. Todas las anteriores. Ambos objetos son apropiaciones y expropiaciones perpetradas por extranjeros intervencionistas. Como es sabido, el espionaje internacional es tópico recurrente del género después de la Primera Guerra Mundial.

Para ayudarse a responder la pregunta anterior sugerimos al lector hacerse las siguientes dos preguntas complementarias:

  • Antes de enamorarse, ¿había compromiso justiciero desinteresado de Magid?
  1. No, la intención justiciera surge del enamoramiento. Magid cuenta que primero vio la casa Barragán y se enamoró del trabajo del prohombre tapatío. Fue después del flechazo modernista que investigó sobre el arquitecto y su obra. Así fue que se encontró con el crimen originario: la compra del archivo como regalo de bodas. En Asia y Latinoamérica el género negro ha sido filtrado por el melodrama.
  2. No, Magid es una heroína del patrimonio cultural de los países del Sur global. Es a partir de esta cruzada justiciera que se encuentra con Barragán y se enamora de él, pero en todo caso Suiza debe pagar.
  • ¿Quiénes se sintieron ofendidos realmente y a nombre de quién hablaban los críticos de Magid?Magid con el celo para resguardar el archivo (si no ofendida, sí impelida).
  1. La familia y los que conocieron personalmente al arquitecto, por considerarlo una falta de respeto a los restos mortales de Barragán.
  2. La comunidad intelectual, por el uso de las cenizas (patrimonio) para un intercambio que los excluye.
  3. Roberto Morris, por el culo rosa del hipopótamo (la cruzada de la UP contra el arte contemporáneo).

2) ¿Quién (es) la víctima? ¿Barragán en el anillo? ¿El legado de Barragán? ¿El pueblo de México?

  1. Lo primero que se asume como víctima es el corazón de la detective Magid, a la que la corporación suiza, con su propia historia de pasión y de una academia domesticada, le impide consumar su deseo. En nombre de ese amor, la detective Magid se convence de que su lucha es la lucha del pueblo mexicano y busca el amor a través de la exhumación de las cenizas. Se sacrifica simbólicamente, aunque en realidad busca un contrato social: el matrimonio binacional arreglado. La experiencia de su investigación se proyecta en una pantalla keynesiana.[V]
  2. La estrategia de repatriación de Magid provoca resistencia, una resistencia que se asume como víctima: la intelligentsia católica mexicana. La resistencia toma forma del nacionalismo revolucionario institucional, cuyo motor es aquel fragmento del himno nacional: «Más si osare un extraño enemigo, profanar con su planta tu suelo…».
  3. Magid consigue aliados mexicanos que ven que la reacción del grupo descrito en el inciso b genera una nueva víctima: la autonomía del campo artístico y cultural. Es la izquierda global que vive la mitad de su vida en la sala de espera de un aeropuerto. Para la izquierda guadalupana del inciso b estos hombres son la encarnación del colaboracionismo: hijos de Malinche y los mismos tlaxcaltecas que ayudaron a Cortés, los que mataron a Guerrero, los que vendieron los territorios del norte, los que trajeron a Maximiliano, los que firmaron el TLC, los que fallan los penales en el Mundial.
  4. Para todos, la víctima es el pueblo mexicano. Según Magid, el pueblo mexicano sufre porque el archivo está fuera de su alcance debido al abuso de las grandes corporaciones. Según la izquierda guadalupana, el pueblo mexicano sufre por la intervención extranjera en su propio suelo: la gringa nos roba las cenizas de Barragán como nos robó Texas y el petróleo. Todo esto recuerda a Santa Anna, quien además de perder la mitad de la tierra patria, perdió una pierna a la que le organizó grandes funerales. A estas buenas conciencias les importa menos el archivo en manos extranjeras que los restos, las cenizas de lo que alguna vez fue México. Para los aliados tlaxcaltecas de Magid, la víctima es el sector cultural mexicano (un derecho del pueblo, aunque el ídem no se asome a la exposición), que ve amenazada su autonomía (una autonomía obtenida a partir de alianzas oscuras con el «invasor» disfrazado de disidente).
  5. El historiador académico mexicano o extranjero que no puede acceder a su objeto de trabajo porque está privatizado. Aunque ningún académico se ha quejado realmente de esto, los simpatizantes de Magid son los que victimizan al investigador. De hecho, los comentarios de la comunidad académica han sido opuestos, por ejemplo; la postura del curador, Daniel Garza Usabiaga, quien defiende el archivo en Suiza por su eficiencia y accesibilidad. Las negociaciones anteriores del MUAC con la Barragan Foundation sustentan la postura de Garza Usabiaga.

3) ¿Quién es el criminal? ¿Federica Zanco es la criminal, si se considera la compra del archivo como una privatización del mismo? ¿Es acaso Jill Magid, la gringa malvada que hizo un anillo con las cenizas del santo arquitecto?

  1. Para la enamorada y sólida detective Magid: es Zanco, y el caprichoso mundo corporativo que representa. Como se ha anotado, ella se convierte en criminal intentando resolver esta injusticia. Irónicamente, es vista como criminal solo por un sector ingrato del pueblo al que intenta ayudar.
  2. Antes de eso, ¿no podría ser el esposo de Zanco? ¿Qué se sabe de él? Su fortuna la obtuvo de vender muebles, a partir de ese interés se ha vuelto un entusiasta del diseño industrial y de la arquitectura modernista. La compra del archivo de Barragán no fue un simple capricho, la fundación Vitra ya se dedicaba a la conservación y el estudio de archivos de otros arquitectos. Zanco es doctora en Historia del arte y conoció a su señor marido en una cena de los patrocinadores de la investigación académica de altos vuelos. El futuro marido llegó en su Alfa Romeo. A Zanco, además de esto, le fascinó su buen gusto.
  3. ¡La familia Barragán! El hombre ilustre prefirió heredar su archivo a un socio antes que a su familia (sus razones debió haber tenido). Es un punto ciego interesante, sea o no por intriga: no hay descendientes directos involucrados; quien vendió a Suiza el archivo fue la viuda del socio que, de hecho, fijó un precio que las instituciones nacionales no podían pagar. Lo que nos remite a los escenarios clásicos del género policiaco, que Monsiváis describió de la siguiente manera: «El ámbito predilecto de esta literatura suele ser el de la gran burguesía, mansiones donde el mal impera, codicia entre magnates, chantaje alrededor de la piscina…», y agregamos búnkeres en Basel, estudios de artista en Brooklyn, haciendas en Guadalajara, cenas en museos de Zapopan, el restaurante nube siete.

4) ¿Quién es el detective/investigador?

  1. Jill Magid. Chrissy Iles, directora de curaduría del Whitney Museum en la ciudad de Nueva York, observa que «el trabajo de Jill Magid es incisivo en su cuestionamiento poético de la ética de la conducta humana y las estructuras ocultas políticas de la sociedad. Sus inteligentes estrategias conceptuales involucran al espectador en una experiencia estética absorbente e intelectual que revierte los supuestos convencionalismos del poder, clandestinidad, control y el espacio social».
  2. El público. Como sugiere Monsiváis, con la novela negra posterior a los años treinta el lector desaparece para convertirse en crítico social. Esto es lo que la dupla Medina-Labastida esperan que suceda con el espectador de arte contemporáneo.

5) ¿El proceso del investigador cuál es?

  1. Es un affective turn en el método del detective de la novela negra, pues ya no se trata del detective duro a la Philip Marlowe: alcohólico, violento y dispuesto a transgredir la ley para resolver el caso y, mínimo, restaurar el orden burgués keynesiano. El método de detective a la Jill Magid es astuto y a la vez suavemente afectivo y seductor, respaldado por un Masters of Science in Visual Studies por el Massachusetts Institute of Technology (Jesus fucking christ!). Magid es una detective que hace pilates y compra la despensa en Whole Foods debido a su excelente salud, integridad y compromiso ambiental. Su ojo de águila calva norteamericana es capaz de encontrar puntos ciegos en la ley (que la vista diabética de los mexicanos impide identificar) y por lo tanto puede resolver el caso a su favor y restaurar así un orden burgués liberal a la altura del proyecto de la artista. Es como si Philip Marlowe se transformara en una ONG que tiene por líder a una artista contemporánea de talla internacional. Su método es de la estetización de la ONG con ciertos matices de asistencialismo intergubernamental como performance Un plan Puebla-Panamá que quieren promocionar como el asilo que México dio a los republicanos españoles.
  2. En un inicio, el objetivo de Jill Magid podría parecer como la restauración de un orden burgués keynesiano que se transgredió por el neoliberalismo, la privatización y extranjerización de supuestos bienes nacionales. El caso concreto a resolver: el archivo de Barragán que actualmente se encuentra en Suiza, propiedad de The Barragan Foundation. La hazaña de Magid es intentar repatriar a México el archivo. Su método es el de Indiana Jones, extractivista. Extra/activismo: activismo fuera de sí.
  3. La artista manifiesta: «reconozco que las fundaciones sin fines de lucro, en tanto que receptoras de dinero proveniente de los impuestos (es decir público), tienen una responsabilidad hacia el público de hacerse accesibles y hacer accesibles sus acervos». La intención de Magid queda clara, y no es cuestionar los sustentos ideológicos de la propiedad privada. Sus interrogantes son meramente técnicos: pregunta quién administra y cómo se administra la propiedad, ya sea por una institución pública o privada. Se pregunta cómo afecta esa administración del poder a la artista y sus procesos; es decir, cómo afecta a la cimentación de su propiedad privada. Como dijo Einsenstein al respecto: «El género policiaco es la forma más abierta del slogan fundamental de la sociedad burguesa sobre la propiedad. Toda la historia del policiaco se desarrolla alrededor de la lucha por ‘la propiedad’». Magid no es, como sugiere el curador Cuauhtémoc Medina, una disidente. Su método recoge aquella promesa de George W. Bush de una ownership society.
  4. Todo apunta a que la artista anhela que las instituciones presentes, tanto públicas como privadas, funcionen mejor: que cumplan con sus presuntos papeles y responsabilidades. En este caso, le exige —como si fuera una ONG comprometida— al gobierno mexicano el cuidado absoluto de sus archivos, la mediación adecuada entre economía y población. Sin embargo, las demandas de Magid, inicialmente con ciertos tintes keynesianos (proteccionistas, reguladoras del libre mercado de archivos), de hecho devienen inciertas. Incluso, cuando Magid nos confiesa, «reconozco el peligro de privilegiar los derechos de propiedad al extremo de fomentar la censura. Si los titulares de los derechos de una imagen tienen control absoluto sobre el contexto en el que esa imagen es reproducida, entonces también tendrán derecho de veto sobre las críticas, al ser capaces de sustraer el objeto de su interpretación», la artista más bien reclama una utopía derechista, que acorde con una racionalidad neoliberal, cumpla su promesa y derroque a los monopolios. Desde su obra, Magid parece pedirle al Estado que liberalice las leyes sobre propiedad intelectual, que fomente la libre circulación en todas las gamas, imponiendo, pues, una verdadera economía de libre mercado: incluyendo archivos. Que evite así aranceles que nos remiten a cierto proteccionismo económico passé. Es más, en una interesante inversión de papeles, Zanco justifica las estrictas políticas de derechos de autor en su resguardo del alto valor cultural de la obra de Barragán: no quiere que le pase lo que a Frida Kahlo, i. e. que el Arquitecto se convierta en alguien como Salma Hayek. Ninguna pretensión tiene Magid de abolir la propiedad intelectual: parecería que su máxima intención es poseer a Barragán, que el arquitecto le diga: “soy sinceramente tuyo”. ¿Se trata de un capricho comprometido con una realidad mágica, neoliberal? ¿Es su método el realismo mágico neoliberal?
  5. Magid reproduce las imágenes de la Casa Barragán para sentirse cerca del arquitecto, apropiarse y tener celos de la posesión del amado por una sola mujer, que es Federica Zanco. Para provocar a la mujer que sí posee legalmente a Barragán, Magid decide volverse la otra: la amante que está en la casa sin necesidad de reconocimiento. Magid se convierte en aquella que no recibirá su pensión, la que no aparece en el testamento, pero se gana la confianza de unos cuantos familiares. Los encuentros amorosos que tiene con Barragán nunca infringen la ley, no se trata de un adulterio, es la trampa de la seducción. Todos los marcos de las puertas de las salas por los que atraviesan los MacGuffins de su romance son «legales». Su método simpatiza con Benjamin en El autor como productor, si se lee perversamente, ya que la artista le sugiere a sus lectores (en lugar de la posibilidad de volverse productores) que solo pueden participar en el arte como cuerpos muertos transformados en joyas.
  6. Nos remitimos a lo inmediato, a lo obvio; así reparamos que es íntimo porque escribe cartas a mano. Ahora en pleno siglo XXI nadie escribe cartas a mano. Si te tomas el tiempo de redactar con pluma y tinta es porque te importa que el remitente lo sepa: es un rito especial, un proceso nostálgico implícito, como en los viejos tiempos. Pero las cartas para Magid son las herramientas de una transacción, del negocio del afecto, de un admirable ejercicio de economía libidinal. Magid se enamora de una femme fatale llamada Luis Barragán Morfín, mediante lo que ella conoce de su legado: no puede poseer a Barragán porque está muerto y probablemente era gay; llega al punto de profanar la urna funeraria. Su método aquí es fetichista. Una carta siempre llega a su destino: a las manos de aquel que colecciona con sagacidad.

6) El resultado de la investigación, considerando el proceso, ¿es cuál?

  1. El resultado de la investigación son los objetos y videos ahora expuestos en las salas del Museo Universitario de Arte Contemporáneo: muebles de la Casa Barragán cubiertos con telas grises, fotografías de las «novias» de Barragán, interpretaciones de las pinturas de Josef Albers, una silla-butaca, cuatro videos, cuatro exvotos: milagro, cuatro videos sensibles al arquitecto. Estos objetos permiten, haciendo uso del clásico sospechosismo mexicano, atisbar un lado perverso en las intenciones de la detective Magid con respecto a los archivos Barragán. Esta perversidad reside en el hecho de que, a pesar de lo que diga la detective, su búsqueda implica encontrar una forma de hacer lo que ella quería desde un principio: tener acceso a la obra de Barragán para trabajar con ella. Si devuelven el archivo a México, ella puede acceder a él, como pudo hacerlo con sus cenizas. Como dijo Brenda Lozano en su texto sobre el caso en Letras Libres: «en México otro arte es posible», un arte que se alimenta de vacíos legales y de poder presentes en la vida social de nuestro país. Aquí, para la artista-detective, el territorio del Estado-nación funciona como los cheques blancos para los grandes evasores de impuestos: así como la soberanía de los paraísos fiscales hace posible ocultar dinero, a Magid la laxa soberanía mexicana le permite exhumar cenizas de prohombres. Por eso, la restitución del orden keynesiano puede verse como una ficción desde el principio. De todo lo implicado en el proyecto, el anillo es el único objeto que se preocupa por la supuesta «repatriación». Es como Bogart en el Halcón malté: al final entrega a la femme fatale asesina de su socio a pesar de estar enamorado de ella. Solo que Bogart sí restituye un orden keynesiano mientras Magid restituye el orden neoliberal después de aparentar una especie de lucha keynesiana.
  2. Los archivos Barragán, como diría Piglia de la novela negra, son un despliegue de fetiches de inteligencia pura. Una omnipotencia de pensamiento y lógica imbatible para defender la vida burguesa. Jill Magid se lanza, ciegamente, al encuentro de los hechos, se deja llevar por los acontecimientos y su investigación produce fatalmente nuevos crímenes; una cadena de acontecimientos cuyo efecto es el descubrimiento, el desciframiento.
  3. Deseo y economía. César Cervantes —que vendió su colección de arte contemporáneo para comprarse una casa de Luis Barragán— acusa a Magid de lucrar con el anillo de cenizas. A esto se puede agregar: pese a su vocación empresarial, Cervantes no acusa debidamente, pues explicar las relaciones económicas que están en juego no es su fuerte. Su denuncia parece débil, insostenible, pues tanto el curador en jefe del MUAC, Cuauhtémoc Medina como Magid aseveran que no hay lucro, ya que el anillo no se vende, será donado a una colección administrada públicamente por un museo. Sin embargo, Cervantes el ex coleccionista, tiene algo de razón: sí hay una ganancia. Misteriosa, pero ganancia, pues el lucro no surge de la venta, sino de la no-venta, de los fines no-lucrativos. Entre más insista Magid con su propuesta y Zanco se niegue a realizar el intercambio del anillo por el archivo, el deseo aumentará. O sea, la transacción en sí misma es un bien escaso, un solo archivo se puede intercambiar por una sola pieza. Uno es la referencia del otro, se genera un proceso circular de creación de valor que incrementa paulatinamente por un deseo de ambas partes. Tanto el anillo, como el archivo, incrementan su escasez y por lo tanto su precio. Son valiosos en tanto hay deseo de por medio, y un deseo que no se puede satisfacer. En el triángulo amoroso de Los archivos Barragán, el anillo actúa como referencia casi absoluta para el resto de los precios de la obra existente y futura de Magid. Es decir, lo que importa del anillo no es el anillo en sí, como piedra, como diamante, como joyería, sino como relación: es un MacGuffin. Podría haber sido cualquier otro objeto producido con las cenizas de Barragán, un LP, un dildo, en tanto no se venda. Lo que sustenta al objeto es el deseo que este desata y las relaciones que genera. Por un lado, en el corto plazo las piezas relacionadas a la exposición en el MUAC aludirán inobjetablemente, para cualquier transacción comercial, al eje central de dicha muestra, o sea, el anillo. Por otro lado, en el mediano plazo las futuras creaciones equiparables de Magid tendrán un valor de transacción mínimo, y en consecuencia una rentabilidad esperada asegurada. Finalmente, en el largo plazo la referencia del anillo servirá paradójicamente para crear otras referencias de valor más elevadas, y que progresivamente vayan estableciendo valores de intercambio no solo más altos sino más rígidos e incuestionables.
  4. Cuauhtémoc Medina habla de la autonomía del campo artístico. No obstante, para alcanzar las condiciones materiales de dicha autonomía es necesario tener aliados. Tales aliados, en específico patrocinadores, pueden ser coleccionistas, empresarios, políticos, galerías, etcétera. Las negociaciones entre museos y galerías son evidentes. Recientemente se ha visto la preferencia en museos públicos, como el Museo Tamayo, de trabajar con artistas de las galerías joségarcía o kurimanzutto, y en el MUAC, con artistas de galerías como Parque o Labor. Esta autonomía relativa también tiene intereses relativos. Por eso ninguno de los involucrados pierde, pues es una alianza estratégica. En este caso es posible esperar que la institución pública que reciba el anillo sea el MUAC. Lo cual será importante para el museo y su colección, ya que aumentará la seguridad de los patrones del museo porque ahí se resguardan piezas históricas e importantes. Tanto el MUAC, la galería Labor, Jill Magid y The Barragan Foundation salen ganando. No creemos que sean ataques a la fundación, no hay tal cosa como la mala publicidad, esta será otra especulación al vapor. Lo cierto es que muchas personas no sabíamos de la existencia de esta fundación, ni esta compañía Vitra, ni nada al respecto. Es admirable la destreza de la artista al realizar las negociaciones y la manera de tratar los asuntos para obtener lo que quiere: inmortalizarse.[VI]

7) ¿El resultado de la investigación resuelve el crimen? ¿Se atrapa al criminal? ¿Se rescata a la víctima? ¿Cuál es la justicia que fomenta la ley?

  1. El crimen sigue impune y es poco probable que Federica Zanco acepte repatriar el archivo. No se rescata a la víctima.
  2. El crimen sigue impune y es muy improbable que Jill Magid decida destruir el anillo. No se rescata a la víctima.
  3. No hay conflicto real. Federica Zanco y Jill Magid están coludidas.
  4. Cuauhtémoc Medina podría ser el verdadero artífice detrás de este crimen y de muchos otros, pero carecemos de pruebas suficientes.
  5. Magid no encontró un apoyo fuerte de la comunidad artística e intelectual en México. La respuesta inmediata fue negativa. Entonces Magid desde un inicio contó con el apoyo de un equipo influyente, pero pequeño en relación con la gran ambición de su empresa. A pesar de ser una artista estratégica olvidó u omitió tener más aliados en México. Muchos académicos, familiares y artistas se ofendieron con la propuesta. Se le echaron encima. No se percató de establecer alianzas locales con más agentes, pues el apoyo de algunos astros del arte contemporáneo (MUAC, labor, etcétera) no fue suficiente.
  6. Revela lo que ya sabemos: México no tiene las condiciones necesarias para mantener el archivo de Barragán en las mismas condiciones que The Barragan Foundation. También logra algo que no sabíamos: que las cenizas de Barragán podían ser convertidas en diamante. Eso sí que no lo sabíamos. Nadie lo sabía.
  7. Ante la realización y permanencia de la exposición en el MUAC, y la preservación del anillo, el bando perdedor, que son evidentemente los opositores al proyecto, guardarán recelo, y regresarán como en una secuela revanchista. Le harán la vida complicada legalmente a los artistas contemporáneos, pues ya vieron que es el camino… para evitar, o al menos amedrentar, la realización de ciertos proyectos de naturaleza que desestabilicen el orden instituido. No es casual que haya habido dos abogados en la mesa de discusión junto con la artista, el curador y los opositores. Esto incluso puede entenderse como una nueva etapa de judicialización en el arte contemporáneo en México. Pero también es más que evidente que atrajo a un nuevo sector a la discusión, un sector cultural crítico que no es el de Avelina, sino personajes con crédito en el sistema financiero de la economía intelectual.
  8. (Se sigue de E) Los denostadores del arte contemporáneo harán lo posible por atacar cualquier proyecto similar o afín, ya que el hecho de que se haya montado la exposición supone un fracaso para los reaccionarios. Y puede que en cualquier momento estén en el poder y eviten mostrar proyectos radicales como el de Magid. Marx y Engels decían que la burguesía era la única clase social revolucionaria en su momento y proyectos como el de Magid nos dan prueba de ello, aunque tenga miras cínicas a restituir el orden neoliberal —que se ve alterado por ella misma.
  9. (Se sigue de E y F) Ante este panorama, los artistas contemporáneos tendrán que asumir una postura de mayor radicalidad donde «profanar tumbas ideológicas» en la clandestinidad será una nueva opción viable, hoy abierta en el ámbito local por Magid y sus detractores. De cierta manera nos están liberando, sin saberlo, de la necesidad de actuar bajo cierto marco instaurado recientemente de la legalidad/ilegalidad en las artes.

8) Viendo esta relación entre ley y justicia, ¿qué hay del sistema, de la economía, de la sociedad, de la historia?

  1. Nos recuerda que hasta entre los muertos hay clases. Hay muertos que «descansan» en rotondas de hombres ilustres, hay muertos que están en un panteón, hay muertos que no aparecen. Hay muertos que se hacen diamantes porque sus cenizas sí significan algo, porque fueron ilustres, lo que significa en México que fueron criollos, hidalgos, etcétera. Esto marca algo interesante en relación con el trabajo de Teresa Margolles, ¿por qué los muertos de Margolles no incomodan tanto? Pues porque esos muertos no importan, son como cualquier otro material. Sin embargo, al convertir en diamante las cenizas de Barragán se revela no solamente una sociedad católica sino también clasista, que sí se preocupa por unos muertos pero no por otros. Las tesis sobre cuerpos «que importan» o que no importan (exclusión social e invisibilidad) es «decolonizada» crudamente por la realidad necrocatólica mexicana en la división entre reliquias y fosas clandestinas (privatización de la muerte y resurrección).
  2. No se disputa que la detective Magid admire la obra de Barragán. Pero como su manejo de la realidad es materialista, el aspecto económico tiene un lugar fundamental en esta narración. Por ello buscamos aclarar que sus intereses no son académicos ni arquitectónicos sino MacGuffianos, pues nos parece que el anillo y su posterior intercambio se buscan fraguar como un proceso artístico que favorece la metodología de investigación —y resolución— de una señora detective partida entre la clásica y la hard-boiled o «dura», que actúa desde la periferia legal (pero nunca fuera, según asegura Magid) a través de una práctica informada por la ciencia y tecnología modernas —la transformación de materia muerta a producto valuado— para restaurar, en la narrativa desplegada por Los archivos Barragán, un orden burgués ya no indicativo de un liberalismo rapaz sino de un keynesianismo de veta nacional y proteccionista. La detective Magid, parece, busca desasociarse de una investigación con fines de lucro privado informada por una racionalidad falocéntrica, propia del modelo policiaco clásico, para en su lugar «proponer» que su involucramiento directo en el crimen se explica mediante una extraña afectividad poética, un enamoramiento MacGuffiano que funciona, como sofisticado ejercicio de economía libidinal burguesa, para desviarnos de una escena criminal que corresponde a un orden social filtrado por un necrocapitalismo. ¿Qué pasaría si a una Miss Marple (de Christie), pero desencantada, se le asigna el misterio de las muertas de Juárez?
  3. Se está articulando un nuevo movimiento narrativo que explora las contradicciones (que ante la mirada extranjera son mágicas o poéticas) del capitalismo en las economías emergentes (países subdesarrollados, jodidos). Se trata de una especie de realismo mágico neoliberal al que Netflix Originals le está sacando el máximo provecho. Con toda la magia del realismo que ya conocemos, pero con un Estado más estetizado (rinoplastia y botox, y más botox y otro poquito más de botox).
  4. Debemos leer este proyecto como recomienda Ricardo Piglia respecto a la novela negra, «el único enigma que proponen —y nunca resuelven— las novelas de la serie negra es el de las relaciones capitalistas: el dinero que legisla la moral y sostiene la ley es la única ‘razón’ de estos relatos donde todo se paga. En este sentido, se puede decir que son novelas capitalistas en el sentido más literal de la palabra: deben ser leídas, pienso, ante todo como síntomas. Relatos llenos de contradicciones, ambiguos, que a menudo fluctúan entre el cinismo y el moralismo».

Sospecha

  1. La certeza de nuestra muerte es fuente de vida.

 


[I] Quizá esto puede ser válido para otras piezas de arte contemporáneo que se basan en una investigación, donde no se muestran ready-mades, sino McGuffins que, al igual que los ready-mades, están vacíos. La diferencia es que los McGuffins son catalizadores de historias.

[II] Al respecto, Hitchcock le comenta a François Truffaut en una de las conversaciones que los cineastas mantuvieron alrededor de 1962: «Es un rodeo, un truco, una complicidad, lo que se llama un ‘gimmick’. […] Usted sabe que Kipling escribía a menudo sobre los indios y los británicos que luchaban contra los indígenas en la frontera de Afganistán. En todas las historias de espionaje escritas en este clima, se trataba de manera invariable del robo de los planes de la fortaleza. Eso era el ‘Mac Guffin’. ‘Mac Guffin’ es, por tanto, el nombre que se da a esta clase de acciones: robar… los papeles, robar… los documentos, robar… un secreto. En realidad, esto no tiene importancia y los lógicos se equivocan al buscar la verdad del ‘Mac Guffin’. En mi caso, siempre he creído que los ‘papeles’, o los ‘documentos’, o los ‘secretos’ de construcción de la fortaleza deben ser de una gran importancia para los personajes de la película, pero nada importantes para mí, el narrador».

[III] Decimos estúpido porque, al equiparar el MacGuffin con el Gimmick, Hitchcock sugiere que el objeto puede ser abiertamente truculento, absurdo, artificioso, superfluo como los accesorios de fantasía, pues Gimmick alude a falsa magia, magia chafa, distracción, y en el arte, kitsch. (Según el diccionario de Oxford, «1. Gimmick: A trick or device intended to attract attention, publicity, or trade. 2. Gimmick: of unknown origin but possibly an approximate anagram of magic, the original sense being ‘a piece of magicians’ apparatus’».)

[IV] La condición narrativa del caso «Los archivos Barragán» se sugiere desde el inicio de la polémica. El texto aparecido en el New Yorker tiene ya un título de pulp fiction: El arquitecto que se convirtió en diamante”. Además, los lugares comunes que la autora ofrece son producto de un intento de parecerse al realismo mágico latinoamericano. Por otro lado, el título de la exposición en el MUAC es una referencia al texto de Lacan sobre «La carta robada» de Poe, obra maestra del género policiaco. Que lo escrito sobre el polémico anillo y la polémica exposición haya reducido la ficción al nivel de telenovela, haciendo caso omiso a estas pistas, es un misterio para nosotros.

[V] La artista comienza a asomar su aspiración por repatriar el archivo de Barragán. Es decir, regresa a las preocupaciones de regulación del libre mercado por parte de los Estados nacionales que tuvo su máxima en el Estado de bienestar que funcionó en una época de oro del desarrollo económico desde finales de la década de 1940 hasta finales de la década de 1970.

[VI] Véase Boris Groys. Políticas de la inmortalidad. Kats, Buenos Aires.

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