El capitalismo como ecología: materialismo histórico y las resistencias mexicanas

Para comprender a fondo la complejidad de los problemas ecológicos contemporáneos, hay que entender primero las dinámicas del capitalismo sobre la naturaleza.

| Campo

Ciudad Serdán, Puebla.

El capitalismo no tiene una dimensión ecológica: el capitalismo es una ecología: una forma de crear el mundo. Este es el argumento central del más reciente libro de Jason W. Moore, Capitalism in the Web of Life (Verso, 2015). La premisa es simple: la naturaleza no es un objeto o un factor sino una matriz. El capitalismo se desarrolla a través de la naturaleza y, al mismo tiempo, la naturaleza actúa dentro del capitalismo y lo moldea.

El libro argumenta que la apropiación de la naturaleza es central al proyecto y al proceso del capitalismo. Esto tiene profundas implicaciones teóricas y prácticas. La principal es que las crisis que aparecen como límites externos al capitalismo, específicamente el cambio climático, son en realidad límites internos. Esto quiere decir que el capitalismo no se enfrenta a una naturaleza pura, sino que va creando una naturaleza histórica que utiliza para seguir moviendo el proceso de acumulación. El pensar en la naturaleza como un proceso histórico, coproducido por procesos geológicos, climáticos y humanos, permite pensar en nuevas relaciones, evitando la narrativa catastrofista alrededor del cambio climático, y dando lugar a nuevas formas de estar en la naturaleza. Esta novedad teórica es una guía indispensable para entender estos procesos en México y particularmente los conflictos en el sur del país.


El capitalismo y su ley del valor

Para Moore, el capitalismo es una “forma de organizar la naturaleza”.[1] Esta definición significa que el capitalismo es más que un proceso económico definido por la relación entre el obrero, el capitalista y los medios de producción. Este punto es crucial. Pensar en el capitalismo como una ecología implica integrar la producción de la naturaleza al análisis. Para ello, Moore cuestiona una división fundamental en el pensamiento moderno: la que define Naturaleza y Sociedad como dos cosas distintas, que se mezclan en distintos grados.[2] Moore reconoce que este argumento ha sido hecho antes, pero dice que es necesario darle una dimensión histórica[3] y dialéctica para elaborar un análisis más riguroso, profundo y radical.

Cuestionar esta división es crucial porque de ella depende el capitalismo como proyecto. La Naturaleza como una frontera que está esperando ser apropiada y que, además, da sus “regalos” de forma gratuita. Esta división permanece también en algunas posturas críticas, que siguen mirando a la Naturaleza como algo externo, pero que esta vez vuelve para vengarse de la humanidad en su conjunto. Esto, para Moore, oculta la forma en el capitalismo; como proceso, “es una historia desigual del poder, el capital y la naturaleza, dialécticamente unidas”.[4] En el centro de esta historia desigual está una Ley del Valor que guía su desarrollo.


La Ley del Valor como una ley de Naturaleza Barata

Moore nos propone repensar la Ley del Valor clásica de Marx,[5] que plantea que el valor que es creado en el capitalismo proviene del trabajo de los obreros explotados por la clase capitalista. Pero el capitalismo no solo depende de ese trabajo –desarrolla Moore–, sino también del que la naturaleza hace sin recibir ningún pago. Este proceso se denomina “apropiación”. De él depende el flujo de materias primas, energía, trabajo y alimentos que son usados en la elaboración de mercancías. Estos cuatro factores deben ser hechos gratuitos o baratos para el capitalista si quiere mantener una tasa de ganancia creciente. Es por ello que Moore llama a la Ley del Valor del capitalismo una de Naturaleza Barata.

Mantener a la naturaleza como un objeto es central al desarrollo histórico de esta Ley del Valor. Pensarlo como algo externo permite realizar una serie de operaciones que normalizan su apropiación, a menudo violenta. La forma en la cual el trabajo de las mujeres en el hogar ha sido hecho gratuito es una expresión de esta Ley. Esta labor es esencial para la reproducción de la fuerza de trabajo, pero su costo nunca se hace explícito. Al contrario, se ha afirmado que es natural para las mujeres hacer este trabajo –e igualmente natural apropiarlo y mantenerlo así.

Existen otras violencias dentro de la esfera de la apropiación. Una de ellas es la acumulación por despojo.[6] Pensemos, por ejemplo, en la minería a cielo abierto. Este despojo produce energía barata para el proceso de acumulación por un precio cercano a cero;[7] desplaza comunidades enteras que se convierten en fuerza de trabajo de reserva; permite la absorción de capitales financieros en el entorno construido y traslada los costos ambientales a la sociedad sin pagar por ello.

Este proceso de apropiación no cesa con el despojo, ni comienza ahí. Para ello, es necesario hacer de la naturaleza un objeto casi gratuito. Estas condiciones deben ser, además, naturalizadas. Las formas de dominación de género y raza son formas en las cuales el capitalismo denomina a colectivos e individuos como inferiores y a su trabajo como intrínsecamente menos valioso: una naturaleza humana. Así, la Ley del Valor no es solo económica, sino que tiene componentes éticos y políticos que le son centrales.[8]

Moore añade que esta Ley del Valor “actúa como un campo gravitacional, moldeando patrones generales, al tiempo que permite contingencias significativas”.[9] Esto permite analizar contextos distintos, sin reducir sus diferencias, pero manteniendo el hecho central que el capitalismo se apropia de la naturaleza barata para sostener la acumulación. Al mismo tiempo, mantiene una visión abierta sobre la historia como algo contingente, pero con lógica, rechazando cualquier idea de un fin inevitable.


La frontera en la lógica del capital

Una de estas lógicas es la de la frontera. Más allá de la frontera, la naturaleza está en un supuesto estado puro. El imperialismo y su discurso civilizatorio es un ejemplo de conquista de fronteras, a través del cual el trabajo de esclavos, nuevos obreros y de ríos, campos y tierras ha sido apropiado. Cada proceso de expansión capitalista ha tenido nuevas fronteras: América durante el siglo XVI y XVII; África y Asia durante el XVIII y XIX y las grandes llanuras de Estados Unidos durante el XIX y XX.[10] Estas fronteras están agotándose. El cambio climático muestra, por ejemplo, los límites de utilizar a la naturaleza como grifo y basurero supuestamente infinito, pero históricamente limitado.[11]

El argumento del agotamiento de las fronteras a nivel global es convincente. Moore aporta una gran cantidad de pruebas para mostrar cómo la naturaleza es cada vez menos barata y, por lo tanto, el proceso de acumulación cada vez más costoso. Sin embargo, la lógica de explotar las fronteras sigue andando. Incluso cuando estas nuevas fronteras sean incapaces de lanzar al capitalismo en una nueva época de expansión, son suficientes para sostener dinámicas de acumulación por más tiempo. En los siguientes párrafos, argumentaré que el sureste mexicano es una de estas fronteras, la cual, además, es territorio de resistencias que cuestionan en la práctica la Ley del Valor del capitalismo.


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El sur-sureste mexicano como frontera interna

Antes, he explorado cómo el concepto de “acumulación por despojo” puede ser útil para explicar la crisis por la que atraviesa México como entidad político-territorial. La lectura de Capitalism in the Web of Life es una oportunidad para repensar este argumento. En particular, es útil la idea de la frontera como un espacio en el cual la naturaleza es producida como algo externo, que está esperando ser apropiado. Además, es relevante pensar en esta apropiación como un proceso que va más allá del despojo violento y que requiere de procesos de valorización éticos y políticos. Un ejemplo puede aclarar esto.

Mucho se ha dicho ya de cómo la “reforma educativa” del gobierno actual es, en el centro, una reforma laboral. El mecanismo de evaluación y castigo de docentes parece apuntar en dos sentidos. El primero, disciplinar a la fuerza de trabajo bajo esquemas de calidad, comunes a otros mercados laborales contemporáneos, desplazando la responsabilidad del éxito o del fracaso al individuo y ocultando las causas estructurales del problema. El segundo, que depende del fracaso del docente, es liberar a grandes cantidades de individuos al mercado laboral, convirtiéndolos en parte de aquello que Marx llamó el ejército industrial de reserva. Proletarios potenciales, cuya condición de desempleo garantiza bajos salarios para quienes ya trabajan, ante la amenaza de la competencia. Individuos que forman parte de la fuerza de trabajo, pero que no dependen directamente del salario para su supervivencia.

La reforma ha sido combatida fuertemente por los maestros de base. El centro de la resistencia es el sur-sureste de México, específicamente Oaxaca. Las razones de esto son muchas. No pretendo conocerlas todas o poder agotarlas aquí. Sin embargo, destaco algo: la lucha por conservar el ámbito docente como algo cercano a la esfera familiar. La reforma educativa se ha encargado de mostrar esta práctica como algo negativo, propio de corruptos que se niegan a aceptar el progreso encarnado en la evaluación. Sin embargo, la resistencia también puede ser vista como la voluntad de conservar la posibilidad de reproducción social fuera de la esfera del capital, en relaciones medidas por el Estado, pero no por el mercado capitalista. Así, la voluntad de evaluar y castigar sería, por un lado, una forma de romper esta reproducción social fuera del capital y, por otro, una afirmación de la deseabilidad ético-política de la relación capitalista de trabajo. Estos dos procesos, para Moore, van de la mano.[12]

Al mismo tiempo, Oaxaca se convierte en un espacio en el que la naturaleza barata busca ser apropiada. En particular, pienso en la instalación de miles de aerogeneradores de energía en la zona del Istmo de Tehuantepec (aunque la minería a cielo abierto o las hidroeléctricas son también buenos ejemplos). Aquí, la frontera es aún más clara. La energía barata aparece como parte de la naturaleza pura, que puede ser colonizada por el capital, esta vez bajo el valor superior de la energía limpia. El discurso hegemónico oculta la contaminación que se genera a cambio de la energía limpia, así como el desplazamiento de miles de individuos, que podrían verse forzados a sobrevivir mediante la venta de su fuerza de trabajo, a pesar de reproducirse fuera de la zona del trabajo asalariado (uno de los cuatro factores de Naturaleza Barata que Moore señala como centrales).

Finalmente, es importante considerar las Zonas Económicas Especiales (ZEE) como parte de este proceso de conquista de la frontera. Luis Gabriel Rojas ha señalado que las ZEE no traerán consigo una reducción de la pobreza. Ello, debido a su diseño, que sigue dependiendo de una ideología del “goteo hacia abajo”, que da privilegios enormes al capitalista a cambio de un beneficio social que, la evidencia muestra, jamás llegará a los más pobres. Yo añadiría que esta ideología del goteo hacia abajo trae detrás de sí la práctica de la Naturaleza Barata. Aquí, las zonas más pobres de México –incluido el sur-sureste– son fronteras donde recursos, energía y fuerza de trabajo pueden ser apropiados al ser parte de una naturaleza externa y no capitalista.

Este proceso de apropiación incluye otros: el de construir la ley del valor capitalista como algo positivo; el de las cartografías de recursos naturales, que muestran de forma simple dónde es que esa naturaleza barata se puede apropiar; el de codificar en leyes los límites de la naturaleza y la economía, a fin de mantener la primera a bajo costo con el fin de sustentar la segunda, y el de construir arreglos institucionales, de seguridad y gobernanza, que permitan construir esta lógica en espacio.[13] Es decir, la apropiación de recursos no es solo el despojo material y violento, sino la construcción de una forma de ver el mundo que naturaliza –e incluso hace deseable– este proceso, del cual la acumulación capitalista depende.


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Corolario: las resistencias y la ontología

Moore apunta a la centralidad de un nuevo tipo de política: el de la ontología –o las formas en las cuales los seres humanos ven, valoran y producen el mundo.[14] Si bien el libro escasamente desarrolla este punto,[15] el ejemplo mexicano es un buen lugar para comenzar esta labor. En numerosos casos, la resistencia a los proyectos de desarrollo capitalista en el sur-sureste mexicano se ha planteado en términos ontológicos. El Ejército Zapatista (EZLN) es un caso concreto de esta postura. Apelando a una forma particular de ser indígena,[16] el EZLN plantea una ontología distinta: una forma diferente de pensar y producir la naturaleza, la sociedad y el poder y su existencia como procesos siempre relacionados.

Mi intuición es que en el centro de las resistencias (indígenas y no indígenas) ontológicas al capitalismo como proyecto y como proceso, existe una nueva ley del valor. Esta nueva ley tiene, en el centro, una valorización radicalmente distinta de la naturaleza. Contrario a la visión capitalista que Moore explora, estas resistencias piensan en la naturaleza no como algo que es externo, y por ello objeto de conquista y desecho. Aquí no hay una noción de Naturaleza externa, sino de la humanidad-en-la-naturaleza y viceversa, el punto que Moore hace en numerosas ocasiones. Si tomamos en serio los argumentos de Moore, estas resistencias no serían anécdotas en la gran historia del desarrollo capitalista, sino focos cruciales de creación de una nueva forma de producir el mundo. Hablando desde la frontera, y sobrepasando ese límite de forma creativa y subalterna, apuntan a futuros en los que la sustentabilidad no sea un corolario a la palabra desarrollo, sino una manera de estar y mirar el mundo.

(Foto: cortesía de Anwar Vazquez, franziska y Garrett Ziegler.)


Notas y referencias

[1] Jason W. Moore. Capitalism in the Web of Life, 2015, p. 2

[2] Esta crítica ya fue hecha por los “nuevos materialismos”. Dos posturas relevantes se encuentran en: Vivienne Bennett. Vibrant Matter: a Political Ecology of Things (Duke University Press, 2010) y Bruno Latour, Reassembling the Social: an Introduction to Actor-Network Theory (Oxford University Press, 2005).

[3] La reseña de Sara Nelson critica la forma en la cual Moore se aproxima a estas teorías. Lo hace construyendo un hombre de paja, el cual es después fácil de criticar con una noción ambigua de historicidad. Coincido parcialmente con el punto de Nelson. La crítica es demasiado superficial e injusta. Sin embargo, coincido con Moore al pensar que la historicidad puede dar a los enfoques del nuevo materialismo mayor potencia crítica. Esto, sin embargo, es tema para un texto distinto.

[4] Moore, op. cit., p. 8

[5] Karl Marx, Capital: a critique of political economy, 1976.

[6] David Harvey, The New Imperialism, 2005.

[7] John R. Owen y Deanna Kemp, Mining-induced displacement and resettlement: a critical appraisal, 2015.

[8] Moore, op. cit., p. 51

[9]Ídem., p. 52

[10] Ídem., cap. 10

[11] Ídem., cap. 7

[12] Moore, op. cit., p. 51

[13] Timothy Mitchell, Rule of Experts: Egypt, Techno-Politics, Modernity, 2004.

[14] Moore, op. cit., p. 294.

[15] Katie Soper, Capitalocene, 2016.

[16] Marisol de la Cadena, Indigenous Cosmopolitics in the Andes: Conceptual Reflections Beyond Politics, 2010; Eduardo Viveiros de Castro, Perspectival Anthropology and the Method of Controlled Equivocation, 2004.


Trabajos citados

–Anand, N. (2011). “PRESSURE: The PoliTechnics of Water Supply in Mumbai”. Cultural Anthropology, 542-564.

–Benjamin, W. (1999). Illuminations. London: Pimlico.

–Bennett, V. (2010). Vibrant Matter: a political ecology of things. Durham, NC: Duke University Press.

–Bourdieu, P., & Passeron, J.-C. (2001). La reproducción: elementos para una teoría del sistema de enseñanza. Madrid: Editorial Popular.

–De La Cadena, M. (2010). “Indigenous Cosmopolitics in the Andes: Conceptual Reflections beyond ‘Politics’.” Cultural Anthropology, 334-37’0.

–Harvey, D. (2005). The New Imperialism. Oxford: Oxford University Press.

–Harvey, P., & Knox, H. (2015). Roads: an Anthropology of Infrastructure and Expertise. NY: Cornell University Press.

–Latour, B. (2005). Reassembling the social : an introduction to actor-network-theory .

–Marx, K. (1976). Capital: a critique of political economy. London: Penguin Books.

–Mitchell, T. (2002). Rule of Experts: Egypt, Techo-Politics, Modernity. Berkeley, CA: University of California Press.

–Moore, J. W. (2015). Capitalism in the Web of Life: Ecology and the Accumulation of Capital. Nueva York: Verso Books.

–Nelson, S. (09 de Marzo de 2016). Book review essay – Sara Nelson on Jason Moore’s “Capitalism in the Web of Life: Ecology and the Accumulation of Capital”. Obtenido de Antipode Foundation.

–Owen, J. R., & Kemp, D. (2015). “Mining-induced displacement and resettlement: a critical appraisal”. Journal of Cleaner Production, 478-488.

–Soper, K. (Mayo/Junio de 2016). Capitalocene. Obtenido de Radical Philosophy.

–Viveiros de Castro, E. (2004). “Perspectival Anthropology and the Method of Controlled Equivocation”. En: Tipití: Journal of the Society for the Anthropology of Lowland South America i, 3-22.

–Von Schnitzel, A. (2013). “Traveling Technologies: Infrastructure, Ethical Regimes and the Materiality of Politics in South Africa”. En: Cultural Anthropology, 670-693.

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