El futuro de Cuba: tres reflexiones

Se fue Castro, un ícono del imaginario latinoamericano, y nos quedamos con más retos políticos que certezas en el mundo de Donald Trump.

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Como nos recuerda Sergio Silva, la Revolución cubana liderada por Fidel Castro significó un parteaguas para Cuba (y fue también una de las grandes historias románticas del siglo XX). No solo permitió que Cuba se liberara de una dictadura, sino que le permitió convertirse en un país independiente; fue, al mismo tiempo, una revolución anti-colonialista y socialista, que convirtió a Cuba en participe del concierto de las naciones, en especial en América Latina. En medio siglo hubo grandes logros para el pueblo cubano y grandes desaciertos de los cuales la izquierda contemporánea debería de aprender.

Dado este contexto, la muerte de Fidel Castro ha desatado reacciones de toda índole en todos los espectros políticos de México y el mundo. La muerte del icónico líder revolucionario generó críticas virulentas en la derecha y una sensación de luto en la izquierda. Ante ello, es necesario que la izquierda de corte democrático se posicione, pues Castro y su Revolución son tremendamente importantes en el imaginario latinoamericano de las izquierdas.

  1. México no es Suecia.[1]

La principal crítica de la derecha mexicana (y la de otros países) fue la de que el régimen cubano llevó a la miseria al pueblo cubano; que expulsó a parte de su población; que no respeta los derechos humanos; que es un país atrasado en muchos temas, etc. (En este relato, por cierto, nunca se menciona el papel del bloqueo económico de Estados Unidos.) Vale la pena notar desde donde escriben estos críticos. Suelen ser los mismos que se han negado a reprobar la muerte y desaparición de miles en México debido a la guerra contra el narco de los presidentes Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, que ha venido acompañada de una enorme violación de derechos humanos en el país. También suelen ser los mismos que evitan criticar el modelo económico que ha generado millones de pobres en México y una desigualdad extrema; los que se resisten a subir el salario mínimo y a aceptar y actuar contra la violencia de género, un problema endémico; los que están en contra del matrimonio igualitario; los que escriben en medios cooptados por diferentes gobiernos. Cuba supera a México en diversos indicadores, como alfabetización, salud e incluso en el Índice de Desarrollo Humano (Cuba es el lugar 67; México, el 74) y el PIB per cápita[2]. Subrayando solamente los errores del régimen cubano, esta crítica tiene el fin de invisibilizar el México desigual y marginado –también sin derechos humanos y sin oportunidades económicas– que sostiene, y ha sostenido, sus privilegios.

  1. De la falta de democracia y la violación de derechos humanos en Cuba.

La Revolución cubana permitió crear un Estado socialista en un mundo polarizado por la Guerra Fría. El surgimiento de una Cuba socialista, alineada al bloque soviético, significó una afrenta a los Estados Unidos, que trató, en más de una ocasión, de derrocar al régimen cubano financiando invasiones directas y hasta intentos de asesinatos a Fidel Castro. Esto provocó que el régimen se cerrara para protegerse, imposibilitando la creación de una democracia directa e incitó la persecución de cualquiera que considerase enemigo del régimen (por temor a que la disidencia fuera la punta de lanza de una intervención de Estados Unidos). De esta forma se garantizaba la continuidad del régimen, pensaban los gobernantes cubanos, ante la intervención directa de los Estados Unidos en las elecciones o en otro tipo de movimientos sociales. Existía –bastante cerca– el ejemplo de Chile: un régimen socialista que surgió del voto popular y fue depuesto mediante un golpe militar apoyado por los Estados Unidos, que dio paso a  una dictadura militar represiva. La persecución de la disidencia en Cuba es un capítulo negro, pero el tema es complejo: las élites del régimen de Fidel Castro no quisieron tener una política más democrática porque pensaban que, teniendo como vecino a la nación más poderosa y las más intervencionista, no existía otra manera actuar para sobrevivir.

Ahora bien, en Cuba se realizan elecciones bajo un sistema parlamentario, que impide a los ciudadanos elegir directamente a su presidente. Este método de elección acotada (calificado como una farsa por sus críticos), podría compararse en cierto sentido con el de Irán, donde los candidatos son sancionados por una Asamblea de Expertos. No obstante la falta de democracia en Cuba, este ha sido un régimen sui generis. Difícilmente se le puede comparar con distintos tipos de dictaduras que han enriquecido únicamente al gobernante y sus familias (como las existentes en África y Medio Oriente) o calificarlo de ser un régimen dictatorial que cometió, sistemáticamente, crímenes de Estado (como lo fueron las diversas dictaduras afines a Estados Unidos en América Latina, como la chilena). Cuba es más un Estado autoritario y paternalista que una dictadura antidemocrática y represiva como la quieren pintar.

Cabe señalar el papel de un segmento de la izquierda que ha estado centrado en criticar justo las faltas derechos humanos y democracia, obviando cualquier critica al papel del bloqueo económico de Estados Unidos, que ha causada enormes problemáticas dentro de Cuba. Justo una situación que tanto ha permitido al interior de Cuba sostener una posición autoritaria, como a su vez ha incentivado la migración de la población cubana. Una posición simplista que ha resultado perjudicial para la misma izquierda.

  1. Cuba puede emprender una nueva Revolución de izquierda.

Ante el ascenso de la derecha radical en el mundo (Trump, Le Pen, etc.), Cuba podría jugar un papel como un faro importante para la izquierda si emprende cambios que antes no había podido hacer por razones (geo)políticas. Por ejemplo, no sería difícil avanzar aún más en los derechos LGTB de lo que se ha hecho, permitiendo el matrimonio igualitario, mayores protecciones sociales y la adopción entre parejas del mismo sexo. También debería de avanzar en la legalización del uso de drogas y su producción desde el autoconsumo y la autoproducción. Igualmente, tendría que emprender una agenda de mayor democratización. Esto podría suceder de distintas maneras, pero un primer paso podría ser que el parlamento elegido tenga más poder de decisión sobre la vida política y económica del país. De tal forma que comience a existir una fragmentación del poder que permita a todo ciudadano participar activamente en la construcción del futuro de Cuba.

Es claro que, viéndolo desde la tradición de la izquierda democrática, no es deseable que el régimen cubano se convierta en Corea del Norte, en un dictadura con mercado como China, en un régimen oligárquico capitalista como el ruso o en un Estado intervenido políticamente por Estados Unidos. Cuba puede emprender una nueva Revolución de izquierda que demuestre que es posible construir un socialismo con respecto a la diversidad, la libertad individual y con una democracia suficiente para crear una sociedad distinta y más incluyente. No por nada Slavoj Žižek ha mencionado que “hay que olvidar a Castro lo antes posible”, para impulsar cambios radicales desde la izquierda en Cuba. Bien vale la pena el intento en estos momentos de la historia en que los movimientos xenófobos de la derecha radical cobran poder y relevancia en el mundo.

(Foto: cortesía de Mídia NINJA.)


Notas

[1] Parafraseando a José Merino.

[2] Aquí se puede leer una crítica al Índice de Desarrollo Humano y del PIB de Cuba.

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