El muro es lo de menos

Con sus polémicas declaraciones Donald Trump ha logrado despistar sistemáticamente a los medios de los temas pertinentes. En nuestras prioridades la migración y la amenaza comercial deben estar por encima del comentado muro.

| Internacional

LOS ÁNGELES, California.– El 5 de enero de 2016, Donald Trump sostuvo una reunión privada con la junta editorial del diario The New York Times. En un momento, al hablar de sus eventos de campaña, el entonces aspirante a candidato por el Partido Republicano reconoció: “Cuando veo que se empieza a poner un poco aburrido, solo digo ‘¡Let’s build the wall!’, y enloquecen.”

Desde que anunció su intención de buscar la presidencia de Estados Unidos a mediados de 2015 –cómo olvidar la imagen del magnate bajando por una escalera eléctrica de Trump Tower, para luego decir que los mexicanos son violadores y traficantes de drogas–, la mayor parte de la prensa mexicana se centró en tres temas para hablar de Trump: sus acusaciones contra los mexicanos al inicio de la campaña; su amenaza de deportar inmigrantes indocumentados y el muro en la frontera.

De los tres asuntos, posiblemente es el tercero el que más espacio ha ocupado en medios y en redes sociales. Haciendo una búsqueda simple en Google México, la palabra “Trump” combinada con el término “deportaciones” arroja 459 mil resultados; con las palabras “violadores” y “mexicanos” juntas, 283 mil; y con la frase “muro en la frontera”, más de un millón. Con este ejercicio no pretendo hacer una demostración científica, pero sí ilustrar un hecho que ha llamado mi atención desde el inicio de la campaña: ¿por qué en la prensa, e incluso en el discurso político, se le ha dado tanta atención a un asunto que es poco viable, y de consecuencias menos relevantes que otros temas de alto impacto en la agenda binacional –como la cancelación del TPP o del TLCAN?

En su artículo “Cómo logra Trump distraer a la prensa de sus conflictos de interés”, publicado en el diario digital catalán El Nacional, el periodista Toni Piqué explica el ciclo mediante el cual el hoy presidente ha marcado la agenda de redes sociales y medios de comunicación a partir del uso de 140 caracteres.

“Donald Trump hace un tuit controvertido, que genera decenas de titulares y mensajes en las redes sociales y proporciona munición a los tertulianos de los informativos y debates de la televisión. Cuando lo han dejado como un trapo –o como un gran líder, depende de la web y del canal–, Trump o alguien de su equipo vuelve a dejarse caer en Twitter para reprobar a sus críticos, que se revuelven, escandalizados. Eso provoca nuevos titulares… etcétera. El patrón es siempre el mismo”, señala Piqué, para a continuación presentar tres ejemplos que ilustran esta práctica y su uso para desviar la atención de otros asuntos.

Recordé este planteamiento a principios de la semana pasada. El lunes 23 de enero, durante su primer encuentro oficial con congresistas en una cena en la Casa Blanca, Trump sostuvo, sin prueba alguna, que millones de votantes ilegales causaron que perdiera el voto popular en la elección del 8 de noviembre. Aunque ya había hecho esta declaración al menos cuatro veces antes, sorprendió que pasada la toma de posesión volviera al tema. Tal vez por eso, a diferencia de las ocasiones anteriores, esta vez los medios no lo dejaron ir. Al día siguiente diarios y noticieros hablaban del asunto, algunos de ellos utilizando abiertamente la palabra “mentira”. Esto, sumado a la querella por violación a la Constitución presentada en contra del presidente unas horas antes –por recibir pagos de gobiernos extranjeros a través de sus empresas fuera de Estados Unidos–, se convirtió en un golpe a su legitimidad en su primera semana en el cargo. Entonces, esa tarde, la oficina del presidente anunció que a primera hora del día siguiente, miércoles 25, firmaría la orden para construir el muro en la frontera.

Tal vez nunca sabremos si la orden ejecutiva sobre el muro estaba contemplada desde un principio para ser anunciada ese día –entre los borradores filtrados al sitio de noticias Vox aparecían cuatro, y el del muro no estaba entre ellos–; pero, si como él mismo lo dijo, Trump lanza la palabra “muro” cuando quiere manipular la atención de la audiencia, esta vez volvió a funcionar. El miércoles ese fue el tema que dominó la agenda, y la firma de la orden ejecutiva fue seguida por un tuit sobre el mismo asunto que terminó en la cancelación del primer viaje del presidente mexicano Enrique Peña Nieto al Estados Unidos de Trump, a pesar de que el tema más relevante para México en la agenda de esta visita no era el muro, sino la renegociación del TLCAN. Repito: se canceló una visita de Estado no a partir de una comunicación oficial, o de una negociación fallida, sino debido un tuit ­–que además ni siquiera salió de las cuentas oficiales del presidente o de la Casa Blanca.

México es el tercer principal socio comercial de Estados Unidos; este país adquiere el 80% de las exportaciones mexicanas. En 2015, el intercambio de operaciones comerciales transfronterizas entre ambos fue de 583,600 millones de dólares. La cancelación del TLC podría representar para México un inmediato debilitamiento del peso y alzas en los intereses, y a mediano plazo, la caída de exportaciones e inversión estadounidense, con el consiguiente desempleo y la posible migración.

Sobre este último tema, el mismo día que Trump firmó la orden ejecutiva sobre el muro, firmó una más amenazando con cortar fondos para las llamadas “ciudades santuario” de Estados Unidos, aquellas cuyas autoridades se niegan a que sus fuerzas del orden detengan inmigrantes indocumentados por ser esta una competencia federal. De activarse una oleada de arrestos y deportaciones en estas ciudades, el número de deportados de Estados Unidos hacia México, de por sí alto durante la administración Obama –mil mexicanos al día en promedio–, representaría un grupo más de población que atender para el gobierno mexicano, amén de las remesas que las familias dejarían de recibir por cada migrante deportado.

Todo lo anterior representa un impacto mayor para México que cualquier muro en la frontera, un proyecto que atinadamente ha sido calificado por el ex presidente mexicano Ernesto Zedillo como “el elefante blanco” –sí, tan mal las cosas, que ahora hasta citamos ex presidentes como fuente de razón–. Reiteradamente se ha señalado la inviabilidad de construir el tal muro, un proyecto con el que Estados Unidos ha coqueteado por más de veinte años, y que hasta ahora ha sido irrealizable. Para construirlo no basta una firma de Trump; es preciso contar con la aprobación del Congreso, una asignación presupuestal, la convocatoria a una licitación, planeación, e inicio de la construcción: un estimado de 25 mil millones de dólares, a un ritmo de 40 mil hombres trabajando cada año durante cuatro años, para verlo terminado durante la administración Trump.

Quienes están en el gobierno estadounidense saben que el asunto del muro constituye más un posicionamiento político que un proyecto de inmediata ejecución, pero parece que el gobierno mexicano y algunos medios en ese país no lo ven así. La estéril discusión sobre quién pagará el muro de marras terminó siendo el símbolo de un intercambio bilateral en el que la parte mexicana parece no tener claras sus prioridades, ni su estrategia para atenderlas. Trump, en tanto, continúa gritando “¡Hagamos un muro!”, cuando quiere enloquecer a todos. Y ya vimos que sigue funcionando.

(Foto: cortesía de Ian Crowther.)

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