Elecciones USA: el planeta en juego

Los ojos están puestos en Washington: las elecciones estadounidenses –para bien o para mal– tendrán implicaciones serias en el combate internacional contra el cambio climático.

| Medio ambiente

El cambio climático es otro tema en que los candidatos a la presidencia de Estados Unidos, Hillary Clinton y Donald Trump, tienen grandes diferencias. Esta divergencia refleja una disputa aún no resuelta, tanto en la opinión pública así como entre los importantes intereses económicos existentes frente a los emergentes. Asimismo, la capacidad de Estados Unidos para hacer una reconversión energética tendrá importantes repercusiones en las negociaciones internacionales, que hasta diciembre de 2015 se desarrollaban en un ambiente triunfalista. Por lo tanto, el debate climático entre los candidatos no solo importa a los estadounidenses sino, en buena medida, a todos, porque su desarrollo tendrá impactos en el futuro de las negociaciones climáticas internacionales, así como en el desarrollo de tecnologías y procesos ambientalmente amigables en otras regiones como China o América Latina.

En las últimas negociaciones climáticas llevadas a cabo en París durante la Conferencia de las Partes número 21 (COP21) se anunció con mucho entusiasmo que se había pactado un acuerdo histórico para lograr la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en todo el planeta. Sin embargo, la mayoría de las organizaciones ambientalistas expresaron sus reservas frente al acuerdo, en parte por la falta de obligaciones en él y también porque no establece sanciones en caso de incumplimiento. Por su parte, Estados Unidos y al menos 13 grandes empresas transnacionales de ese país apoyaron el acuerdo, declarando que invertirían hasta 140 mil millones de dólares para reducir las emisiones de GEI.

Un factor adicional: en Estados Unidos el debate del cambio climático sigue siendo un tema pendiente de resolución. La Suprema Corte de ese país ha anulado el Plan de cambio climático del presidente Obama que pretendía limitar las emisiones de GEI de las plantas eléctricas por violar derechos constitucionales de las entidades federativas. Esta iniciativa del ejecutivo se sometió a votación en el Congreso el mismo día que Obama presentó su discurso ante la COP21 y prometió frente al mundo que Estados Unidos reduciría sus emisiones; los republicanos, era de esperarse, votaron en contra.

Estas diferencias sobre el tema del cambio climático siguen vigentes, trascenderán a la actual administración y se están expresando, ya, en la actual campaña electoral. Al ser Estados Unidos la economía más grande del planeta y la segunda en emisión de contaminantes en bruto pero la mayor economía en emisiones per cápita, la anulación de medidas internas para disminuir sus GEI limita mucho el alcance de los acuerdos internacionales. Por tal motivo, la política climática estadounidense es un tema internacional. Los ojos del mundo están en las plataformas climáticas de Hillary Clinton y Donald Trump.


23574266194_b01d11478b_k (2)

Clinton y el cambio climático

La candidata demócrata tiene como misión dar continuidad a lo que Barak Obama ha comenzado. Y cuenta con un contexto partidista propicio: desde hace años los grupos ambientalistas se identifican con el Partido Demócrata, debido a que han podido incluir con cierta regularidad su agenda en la plataforma de los candidatos demócratas –aunque recientemente se han mostrado escépticos respecto a la capacidad o la voluntad política de la actual administración para impulsar las políticas correctas y tocar los intereses opositores.

Hillary Clinton ha señalado: “Creo en la ciencia, creo que el cambio climático es real […] Estoy orgullosa de que impulsemos un acuerdo climático global”. Estas declaraciones tienen la intención de marcar el posicionamiento y la orientación que tomará su administración en caso de llegar a la Casa Blanca. Se puede notar en el discurso que hace énfasis en que ella sí “cree” que existe el cambio climático, como si éste tema fuera un asunto de fe, lo cual resulta explicable cuando vemos las posiciones de los republicanos, representadas por su actual candidato. Como complemento a su discurso científico, la demócrata pretende impulsar un plan de reconversión energética (que cambie las energías fósiles por energías renovables), que incluye una fuerte inversión en energías limpias, pero no ha expresado su postura en cuanto a imponer medidas obligatorias y sanciones a las empresas que no inicien la reconversión en el corto plazo.

Los demócratas ven en el cambio climático una posibilidad para crear empleos, afianzar la recuperación económica y, sobre todo, para estar a la vanguardia del combate al cambio climático en la escena internacional.


29036599533_e77633e2ed_h (2)

Trump y el cambio climático

El candidato republicano, en cambio y en su clásica retórica, ha señalado que “a veces se dice que nos estamos enfriando, y otras veces que nos estamos calentando, pero en realidad nadie sabe qué sucede”; y en su discurso de aceptación de la candidatura, señaló: de ganar, “denunciaré el Acuerdo de París, no dejaremos que las burocracias internacionales controlen la manera en que América utiliza su energía”. En breve, Donald Trump ha optado por descalificar las conclusiones científicas que señalan que el cambio climático es producido por la actividad humana.

Fiel a sus contradicciones, el Club de Golf Trump solicitó recientemente permiso a las autoridades locales para levantar un muro de piedra por el incremento del nivel del mar. Desde esta nota ha cambiado su posición, pero ha mantenido una ambigüedad que le deja defender los mismos intereses: ahora ha dicho que cree que el cambio climático existe pero que no es el resultado de las actividades humanas; que el cambio climático es un invento para aumentar los impuestos; que es una narrativa creada por China para hacer a Estados Unidos menos competitivo o que la quema de carbón puede ser considerada energía limpia, etcétera. Cabe recordar que el asesor para asuntos energéticos del candidato republicano es el representante de Kevin Cramer de Dakota del Norte que se declara “escéptico climático”, es decir, que no cree que el cambio climático sea causado por la actividad humana.

El debate sobre el cambio climático –como otros– se aleja aún más de un posible consenso bipartidista y los opositores han colocado la discusión en un punto casi religioso, en el que a pesar de las pruebas ofrecidas queda un espacio en el que no se puede demostrar determinantemente que el cambio climático sea creado por el hombre y que no es simplemente un acto cíclico del planeta, aunque tampoco se pueda demostrar lo contrario. Puesto así, se convierte en un acto de fe que entrampa las posibilidades de un amplio y aceptable acuerdo.


Los actores interesados

En el tema del cambio climático se ha revelado recientemente una fuerte contradicción de las grandes empresas como Pepsi, Dupont e inclusive Google, que declararon su apoyo al presidente Obama durante la COP 21 de París pero que, al mismo tiempo, invierten en cabildeo o financian candidatos al poder legislativo que son abiertamente opositores a las iniciativas climáticas del presidente.

Detrás de este debate hay dos grupos en disputa con gran poder: los actores económicos interesados en la promoción de inversiones en energía limpia o los beneficiarios del modelo actual de consumo de energía. Entre los principales actores que gastaron en cabildeo en 2009 encontramos, entre los primeros 20, a Exxon, Chevron y British Petroleum; pero, en cambio, en 2015, ya no vemos a estas compañías entre las principales que gastan en cabildeo. ¿A qué se debe ese cambio?

Lo podríamos explicar por el hecho de que la mayoría de estas empresas retrasaron lo suficiente el paso de las leyes climáticas o de energía limpia hasta que lograron desarrollar su propia división que invierte o produce energías limpias. Es evidente que los llamados de Clinton a recortar los subsidios a las energías fósiles e invertir más en las energías renovables pueden no gustarle a las compañías que aún tienen un gran negocio en la venta de energías fósiles como los que apoyan el oleoducto Keystone XL. Por otro lado, tenemos a empresarios como Tom Seytter que gastó 74 millones en apoyos a candidatos demócratas en las elecciones de 2014. Más que las posiciones ideológicas, el cabildeo de las empresas interesadas explica determinante el tono y los tiempos del debate del cambio climático en Estados Unidos.

Los apoyos por parte de las empresas de energías sucias como carbón y petróleo a los representantes que se declaran contra el cambio climático ascienden a más de setenta y tres millones de dólares al año, por lo que algunos representantes del poder legislativo estadounidense han adoptado una postura incluso en contra de la opinión pública.


8636059169_2cd160642b_k (2)

¿Qué dice la opinión pública?

En una encuesta realizada por la Universidad de Standford y el Resources for the Future Institute, se encontró que la población que toma más en serio el cambio climático son los hispanos. Lo que significa que la suma del discurso antiinmigrante y el discurso anti-cambio climático alejan a Donald Trump aún más del voto hispano.

Asimismo, en los resultados de esta encuesta se puede ver que la mayoría de los estadounidenses se declaran a favor de que el gobierno imponga pagos fiscales para incentivar a las empresas a tomar acciones para reducir sus emisiones de GEI; además, hay una mayoría que piensan que el cambio climático es algo importante o muy importante. Pero también encontramos que cerca del cuarenta por ciento opina que el cambio climático no es tan importante o que el gobierno no debe hacer nada al respecto. Esta última cifra coincide con la proporción de votantes que en las últimas encuestas se inclinan por cada uno de los candidatos y resulta coherente con la identificación con cada uno de ellos.

Asimismo, la encuesta del Center for American Progress Action revela que el 59% del grupo parlamentario en la Casa de Representantes y el 70% en el Senado niegan que el cambio climático sea producido por el hombre; esto quiere decir que cerca de doscientos millones de estadounidenses (63% de la población actual) son representados por legisladores anti-cambio climático. Este mismo estudio revela que al menos 76% de la población de este país acepta que el cambio climático existe, qué es provocado por el hombre y que apoyan las acciones del presidente.

El cambio climático no es una de las principales razones por las que el votante estadounidense decide su voto, pues antes están temas como la economía, el empleo, la confianza que le transmiten los candidatos y la seguridad, entre otros. Esto quiere decir que la efectividad de las negociaciones climáticas –internas e internacionales– depende de un electorado que elegirá a sus representantes por otros motivos.

Es de destacar que los estados en que la opinión pública es más proclive a que el gobierno imponga regulaciones climáticas son los estados demócratas. Este dato resulta relevante en la medida en que Hillary y los demócratas están cerca de ganar ciertos estados como Arizona, que son tradicionalmente republicanos, y sobre todo porque necesitan arrancar del partido opositor ciertos distritos de esos estados para garantizar la mayoría en ambas cámaras. Puede ser que los votantes republicanos estén muy inconformes con Donald Trump y sus expresiones racistas, pero también es posible que el discurso demócrata no termine de convencerlos en temas como el cambio climático.


En resumen

Por el momento, los actores opositores a una mayor inversión en energías renovables están contentos con el hecho de que la Suprema Corte haya frenado el plan del presidente Obama para impulsar las energías limpias. Para llevar a cabo este programa, el ejecutivo se saltó el proceso legislativo y utilizó la acción ejecutiva para hacer efectiva esta política a través de la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés), pues nunca logró el apoyo suficiente en el Congreso ya que los republicanos tienen el control tanto de la Cámara de Representantes como la del Senado. Por lo tanto, es necesario que Hillary asegure una mayoría en el Congreso para dar continuidad y afianzar la política climática y de energías limpias que ha impulsado Obama.

Para lograr esa mayoría, los demócratas deben convencer algunos condados republicanos, pero si lo hacen a través de otros temas sin comprometerse a apoyar el tema del cambio climático, podrían entramparse sin poder ofrecer el apoyo contundente a las iniciativas climáticas o arriesgarse a perder la reelección en las primeras intermedias. Sin embargo, el tema climático podría hacer una importante diferencia debido a que muchos representantes están tomando posturas en defensa de los intereses de las grandes empresas, en contra de lo que les indican sus votantes. Asimismo, los hispanos tienen una opinión sobre el tema que se espera se haga presente en las urnas, debido a que ya se empiezan a sentir los efectos del cambio del clima y los sectores más pobres siempre son los más afectados y los que tienen menos posibilidades de adaptarse.

La decisión de la Suprema Corte de Estados Unidos pone en evidencia la necesidad de encontrar mecanismos para hacer del cambio climático una iniciativa bipartidista e involucrar a los estados. La suspensión de la iniciativa del ejecutivo puso de relieve los límites del poder del ejecutivo de ese país y de la federación, lo que a su vez lo evidencia como una contraparte que debe tomarse con cautela en las negociaciones internacionales y que las voces triunfalistas del Acuerdo de París cantaron victoria demasiado pronto. Esta decisión pone en riesgo la viabilidad de los acuerdos alcanzados en la reciente cumbre climática, pues a pesar de los esfuerzos del ejecutivo y del supuesto apoyo de las principales empresas, el grupo legislativo estadounidense que niega la existencia del cambio climático es grande –y las repercusiones de su cerrazón, globales.

(Fotos: cortesía de Jonas BengtssonMatt Johnsoniprimages y CIFOR.)

Artículos relacionados