En México la gasolina está alimentando las llamas de la revuelta

¿Los disturbios por el gasolinazo y las protestas en las redes sociales desembocarán en un cambio real, en una “primavera mexicana” que siga a este invierno de descontento?

| República

Ya está claro que el 2017 será un año difícil para México –y no solo porque tendrá (o no) que pagar por un “gran y hermoso muro”.

En el día de año nuevo los precios de la gasolina subieron de un 14% a un 20% después de la decisión del gobierno mexicano de eliminar los subsidios estatales al petróleo.

La política de Estados Unidos también desató lo que el presidente del Banco de México ha descrito como un “huracán” económico. Inmediatamente después de la elección de Donald Trump, el peso mexicano se depreció 12% frente al dólar, un signo de incertidumbre sobre el futuro de las exportaciones mexicanas, tales como los automóviles y el petróleo.

La semana pasada la moneda cayó otro 2.5% mientras los inversionistas lidiaban con los cambios potenciales en la política comercial. La empresa automotriz Ford, por ejemplo, ha cedido a las amenazas proteccionistas de Trump, cancelando proyectos en el territorio mexicano valuados en millones de dólares. Fiat Chrysler también está considerando cerrar sus fábricas mexicanas.

La subida en los precios de los combustibles, el gasolinazo, y el debilitamiento de la moneda han despertado el descontento alrededor del país. El enojo de los mexicanos ha llegado a las calles en al menos 25 estados, bloqueando carreteras, estaciones de gasolina e instalaciones de combustibles. Los saqueos han provocado cientos de arrestos.

Usando el término de Slavoj Žižek para las acciones violentas que demandan nada, ¿es esta solo una “protesta de grado cero”? O, como Carmen Aristegui sugirió, ¿estamos atestiguando una “primavera mexicana”, un movimiento de protesta que podría florecer en una fuerza organizada para el cambio político?


La gasolina es inflamable

Conforme a la reforma energética de 2013, el año pasado México permitió que el sector privado importara gasolina y abriera estaciones de servicio, ámbitos antes monopolizados por la empresa estatal Petróleos Mexicanos. Los controles de precios serán levantados gradualmente durante el 2017.

La intención de estos cambios es mejorar la competitividad de la economía mexicana. Pero hoy los mexicanos pagan por la gasolina casi tanto como los australianos y los canadienses –en un país donde el salario mínimo diario es de 80 pesos ($3.60 dólares).

El gobierno mexicano afirma que este proceso de privatización doméstica coincidió, simple y desafortunadamente, con el incremento en el precio internacional del petróleo.

En un mensaje televisivo, el presidente Enrique Peña Nieto pidió comprensión, diciendo que si el gobierno no hubiera subido los precios del petróleo, hubiera estado forzado a cortar servicios sociales.

“Yo les pregunto”, dijo Peña Nieto, “¿qué hubieran hecho ustedes?”


#QuéHubieranHechoUstedes

Su pregunta se volvió rápidamente en un meme, con miles de mexicanos tuiteando soluciones alternativas como “disminuir el salario del presidente” y “Make Mexico great again”.

Entre las respuestas serias, combatir a la corrupción es una de las propuestas preferidas. Peña Nieto recientemente se disculpó por el conflicto de interés que rodea a la compra de su esposa de una casa de siete millones de dólares a un contratista del gobierno. Y muchos de los miembros de alto rango del Partido Revolucionario Institucional están enfrentando cargos criminales, incluyendo Javier Duarte, el exgobernador de Veracruz, que desapareció después de ser acusado de malversación de fondos.

Cortar el gasto del gobierno, parte que es gastada en beneficios exorbitantes para servidores públicos, fue otra de las propuestas populares.

Aunque Peña Nieto declaró que el gobierno ya ha recortado el gasto público en 190 billones de pesos antes de subir los precios de la gasolina, esta información es falsa: en 2015, el gobierno tuvo un sobrepresupuesto de 186 millones.

El déficit no es necesariamente debido al gasto en programas sociales. En un país donde el ingreso familiar promedio es de $12,806 dólares al año, el gobierno de Peña Nieto paga “bonificaciones de Navidad” de $11,000 dólares por Senador y $6,500 por diputado.

Mientras que las manifestaciones que piden su renuncia se multiplican, Peña Nieto tardíamente determinó medidas que, dice, ayudarán a que estas mitiguen el impacto por el incremento de los precios del petróleo. Él prometió, por ejemplo, vigilar el alza en los precios de los bienes básicos e invertir en modernizar el transporte público.

Los mexicanos, sin embargo, no serán apaciguados de manera sencilla esta vez. Una reciente encuesta de opinión pública alrededor del país reveló que el 87% de los encuestados creía que las medidas no compensarían el oportunista incremento del 20% en el precio de la gasolina.

Aumentar el precio de la gasolina, entonces, parece haber sido la última gota que derramó el vaso. Durante la última semana, la gasolina alimentó las llamas de la revuelta: los mexicanos profundamente descontentos se revelaron en contra de una cultura de la corrupción, estancamiento político y una década de incesante violencia.


El aprendiz

Es un momento sorprendente para anunciar cambios en el gabinete, y es especialmente desconcertante que Peña Nieto hubiera, el 4 de enero, nombrado al exsecretario de Hacienda Luis Videgaray como secretario de Relaciones Exteriores de México.

No solo los mexicanos culpan a Videgaray de muchos de los problemas económicos del país (cuando fue ministro de finanzas, prometió que el precio de la gasolina no aumentaría), sino que fue el promotor de la visita de Trump, entonces candidato, a México en agosto del 2016.

Este error estratégico –una vergüenza de relaciones públicas para Peña Nieto y un impulsador de la legitimidad de Trump– forzó a Videgaray a dejar su puesto como ministro de finanzas.

Videgaray ha reconocido que él no es un diplomático, diciendo –con aparente humildad– que él llegó “para aprender”. Después de esta declaración también llegó rápidamente una reacción en las redes sociales.

México tiene un buen número de diplomáticos de carrera y embajadores. Pero Videgaray está vinculado a Jared Kushner, el yerno de Donald Trump. Peña Nieto podrá creer que tener un amigo en la Casa Blanca lo ayudará a atenuar las relaciones entre México y Estados Unidos bajo Trump.

De cualquier manera, Peña Nieto le ha mandado un aprendiz a Trump (¡broma intencionada!) en una coyuntura política muy delicada para México, y la ingenuidad y la docilidad aparentes del gobierno frente a las agresiones de Trump han enardecido a los mexicanos.


Donald Trump, revolucionario

El año pasado Slavoj Žižek infamemente declaró que él preferiría que Donald Trump ganara las elecciones de Estados Unidos porque sus políticas descaradamente discriminatorias y opresivas podrían motivar la resistencia global y estimular el cambio.

¿Es esto lo que está sucediendo en México?

Con cada tuit, Trump ha destruido todo lo que los mexicanos pensaban que sabían sobre la relación de su nación con Estados Unidos. Nunca desde que Woodrow Wilson invadió Veracruz en 1914 los Estados Unidos habían mostrado tanto interés en desestabilizar abierta y ampliamente a México.

Esto es básicamente un tema de prudencia: si tu incendias la casa de vecino, te arriesgas a reducir a cenizas la tuya.

Pero el nuevo presidente de Estados Unidos parece bastante satisfecho con los infortunios que está causando en el sur. “Este es solo el comienzo –falta mucho más”, ha alardeado a propósito de la decisión de Ford de revocar sus inversiones mexicanas.

Como la burguesía revolucionaria de Karl Marx, para México Trump ha hecho que todo lo que parecía sólido se evapore y que todo lo que parecía divino se profane.

La inhabilidad que ha demostrado el gobierno mexicano para manejar las repercusiones sociales y económicas de la elección de Trump –sin mencionar lo que sea que pase una vez que tome el poder– ha obligado a sus ciudadanos, que no desconocen la revolución, a la revuelta. Marx se decepcionaría si no lo hicieran.

Los saqueos no reconfigurarán la sociedad, por supuesto. Como el sociólogo polaco Zygmunt Bauman dijo, es simplemente una expresión de los “defectuosos y descalificados consumidores” asumida por las fallas del capitalismo global.

¿Los disturbios por el gasolinazo y las protestas en las redes sociales desembocarán en un cambio real político y social, en una “primavera mexicana” que siga a este invierno de descontento? Eso depende de los mexicanos.


Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.

Traducción del inglés: Jorge Cano.

Foto: Carlos Jasso/Reuters.

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