Figuras clave en el conflicto turco: ¿Quién es Fethullah Gülen?

En la biografía del intelectual Fethullah Gülen y en la trayectoria del movimiento islámico que lidera se puede leer el trasfondo político del reciente golpe de Estado turco.

| Internacional

Como ya es noticia, el pasado viernes 15 de julio un golpe de Estado fallido a cargo de un sector de las fuerzas armadas turcas desencadenó serias tensiones no solo al interior de Turquía sino también en el entorno internacional. El conflicto no terminó con los enfrentamientos callejeros entre los golpistas y los partidarios del presidente Recep Tayyip Erdoğan, ni con las declaraciones públicas del régimen para dar la impresión de que el orden se ha restablecido. Se avecinan tiempos difíciles para la sociedad turca. Este suceso no es sino la muestra de conflictos políticos e ideológicos más profundos. No me refiero solamente a la cantidad de intereses económicos y geográficos que suelen determinar muchas de las decisiones y acciones del gobierno turco, sino también a la confrontación entre dos visiones político-religiosas, a saber, la de Erdoğan y la del clérigo Fethullah Gülen, un polémico personaje considerado, según la BBC, como el “segundo hombre más poderoso de Turquía”.

En 2008 Gülen encabezó la lista de los 100 intelectuales más influyentes de nuestro tiempo según la revista Foreign Policy. En ese entonces, casi nadie sabía quién era exactamente Gülen. En 2013, la revista Time incluyó su nombre en la lista de las 100 personas más influyentes. Ese mismo año el periódico turco Zaman, propiedad del movimiento que Gülen encabeza, fue uno de los medios más interesados en investigar los casos de corrupción en el gobierno turco. Así comenzaron las enemistades entre Gülen y Erdoğan. Los dos personajes habían representado poco tiempo atrás a la facción partidaria de la instauración de un régimen islámico moderado dispuesta a ejercer un contrapeso frente a los sectores kemalistas, los partidarios del secularismo.

La buena relación entre estas dos figuras clave, Gülen y Erdogan, comenzó a debilitarse entre 2010 y 2011. Las razones no son del todo claras. Todo indica que las facciones gülenistas ocupaban puestos importantes en la administración gubernamental, principalmente en el sistema judicial, y Erdoğan habría preferido recuperar de manera absoluta el control sobre todos los poderes políticos. Así las cosas, los dos líderes con formación religiosa comenzaron a distanciarse. Erdoğan aseguró que detrás el escándalo de corrupción de 2013 estaban los seguidores de Gülen, infiltrados en distintas esferas de poder, con el objetivo de desestabilizar al gobierno. Ahora, Erdoğan le adjudica a Gülen la autoría intelectual del golpe de Estado del 15 de julio. No es extraño que Gülen esté de nuevo en el ojo del huracán. Pero ¿por qué Gülen? ¿Quién es y qué piensa esta figura clave en el conflicto turco?


Gülen como líder religioso

En abril de 2005, asistí al Congreso Internacional del Islam, un encuentro académico en el que suelen reunirse los grupos más representativos de la comunidad islámica de los Estados Unidos y de algunos otros países. Este congreso fue en cierta manera revelador para mí. En esa ocasión, se discutieron en varias sesiones las ventajas y desventajas del secularismo en Turquía. Se habló también de la necesidad de construir un islam más dialógico; en ese mismo contexto, varios de los asistentes hablaron sobre la visión musulmana de las otras religiones aludiendo a la promoción del diálogo interreligioso. La mayor parte de los participantes lucía expectante ante la presencia de una figura de la que ya se había hablado en varias de las ponencias y que hasta entonces yo desconocía: Fethullah Gülen (n. 1941).

Hacia el final del congreso, los organizadores anunciaron que darían lectura a una carta enviada por el propio Gülen. En esta carta Gülen invitaba a los musulmanes dentro y fuera de los Estados Unidos a trabajar en favor de los valores democráticos, de la paz, la tolerancia y el diálogo interreligioso. A lo largo de su discurso condenaba repetidamente los actos terroristas. El mensaje de Gülen era elocuente y esperanzador, muy bien estructurado, con un estilo sencillo y directo. Al salir, adquirí uno de sus libros más representativos: Toward a Global Civilization of Love and Tolerance (2004).

Me entusiasmó encontrarme con un clérigo musulmán que en cierto modo revivía, a mi juicio, la tradición islámica clásica y su interés por armonizar la ciencia y la religión. Leí el libro con especial interés. Gülen sostiene que si bien la tradición profética no habla de “tolerancia”, sí abunda en actitudes morales indispensables para promoverla, a saber, el perdón y la compasión, y que todo musulmán debería vivir conforme a estos valores. Es de destacarse también su insistencia en la necesidad de la buena educación y del cultivo de las ciencias. El esfuerzo de este clérigo sunita es similar a los intentos de Averroes en el siglo XII, cuando en Al-Andalus trataba de armonizar la religión y la filosofía. Formado en el estilo moderado de la escuela hanafita y marcado por el sufismo de Rumī, Gülen construye una exégesis de las fuentes islámicas muy llamativa y en varios aspectos fuertemente influida por Said Nursī (m. 1960), un teólogo turco promotor de la integración de la ciencia al pensamiento religioso y del pensamiento religioso a la ciencia.

En 2008, cuando Gülen apareció en la lista de Foreign Policy, desempolvé las notas que había tomado en 2005 y publiqué una nota en Letras Libres al respecto. Me preguntaba ahí cuál sería el destino de Gülen. Quizá la pregunta correcta habría sido cuál sería el destino de sus ideas.


Gülen, el pensador incómodo

Erdoğan ha insinuado que detrás de los golpistas podría estar el gobierno norteamericano. El secretario de Estado John Kerry ha rechazado enérgicamente ese tipo de pronunciamientos. Además de acusar la supuesta complicidad entre los Estados Unidos y los militares rebeldes, Erdoğan ha solicitado a través de los medios de comunicación (y, por lo pronto, no por vías oficiales) la extradición de su enemigo, antes aliado y hasta mentor, Fethullah Gülen. Desde 1999, Gülen decidió exiliarse en Pennsylvania: su perfil religioso nunca ha sido bien visto por los secularistas y muchos tienen la sospecha de que su movimiento pretende islamizar Turquía disimulando sus intenciones políticas bajo la máscara de un islam moderado y modernizado. No es la primera vez, insisto, que Gülen y sus seguidores son acusados desde las esferas gubernamentales de interferir en los asuntos políticos. Se sabe, además, que muchos de sus simpatizantes son actores políticos y empresariales bien posicionados. Si efectivamente es cierto que el movimiento de Gülen desea acabar con el gobierno turco, sus presuntas acciones han sido efectivas: tras los escándalos de corrupción de 2013 en el gobierno de Erdoğan, prácticamente la mitad de los funcionarios del gobierno fueron destituidos y algunos encarcelados. Gülen se ha vuelto cada vez más peligroso para el gobierno turco, aun cuando sus seguidores, varias figuras públicas y académicos de distintas partes del mundo, sostienen que no es sino un hombre religioso, un empresario y un pensador interesado en abonar a favor de la paz mundial y el diálogo interconfesional.

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Fethullah Gülen y Juan Pablo II en 1998.

Desde muy joven, y de forma paralela a su prédica de una visión del islam centrada en la tolerancia,[1] Gülen fue creando una comunidad de seguidores conocida como Hizmet (“Servicio”, en turco), extendida ahora en distintos países. Para la década de los noventa, Hizmet ya era dueña y promotora de varias residencias para estudiantes, universidades e incluso empresas (principalmente relacionadas con los medios de comunicación). Sus escuelas y universidades son reconocidas por su buen nivel académico y por su interés en proporcionar, además de educación religiosa, una formación científica y tecnológica. Se cree que su movimiento tiene entre 3 y 6 millones de seguidores en distintas partes del mundo. Para algunos, Hizmet es una agrupación poco transparente, sospechosa y con un modus operandi prácticamente sectario.


Gülen y sus ideales islámicos

Desde 1928, Mustafa Kemal Atatürk estableció en Turquía la laicidad del Estado. Los kemalistas son así, desde entonces, firmes partidarios de un Estado democrático y secular. En consecuencia, miran con reservas las tendencias que pretenden islamizar Turquía. En este sentido, Erdoğan representa un grave peligro para un sector representativo de la población turca. En un reciente artículo publicado en The New Yorker, “Atatürk versus Erdoğan: Turkey’s Long Struggle”, Elliot Ackerman ha descrito de manera precisa la batalla entre el secularismo kemalista y la religiosidad de Erdoğan. En medio de este debate aparece un tercer personaje enfrentado con el gobierno, pero que es también un representante de los ideales islámicos: Gülen. El conflicto entre Gülen y Erdoğan puede ser entendido así como el choque de dos facciones islámicas, una moderada y otra autoritaria.

¿Por qué es interesante Gülen? Su discurso es el de un humanista islámico que defiende la dignidad de todos los seres humanos y que además no cree que el islam y la democracia sean incompatibles. Sostiene, incluso, que su religión promueve una serie de valores que podrían perfeccionar la cultura democrática. Piensa, también, que algunas democracias modernas han descuidado la dimensión espiritual de la existencia humana. El valor inherente de la dignidad moral de todos los seres humanos se entiende únicamente, según Gülen, si se asume que la felicidad, la justicia, la igualdad y la tolerancia son valores trascendentes y, en ese sentido, religiosos. Vistos de otro modo, afirma, se transforman en valores relativos que tarde o temprano sirven para imponer modos de pensar y dan pie a la perpetración de atrocidades en su nombre.

Gülen defiende en numerosos artículos y conferencias la libertad de pensamiento y la necesidad de debatir las ideas. De nuevo, por extraño que pueda parecer, piensa que ninguna religión tendría que coartar la libertad de expresión. Al centro de sus ideales se encuentra el fomento de la educación científica e intelectual. Todo indicaría, entonces, que el humanismo de Gülen es pacífico y constructivo. Aun así, sus críticos opinan que su discurso no es sino la fachada de un islam que, si bien moderado, al final está dispuesto a debilitar paulatinamente el secularismo turco.

Desde su residencia en Pennsylvania, Gülen se ha defendido y se ha declarado inocente de las acusaciones en su contra. El gobierno turco ha declarado que cuenta ya con las pruebas necesarias para solicitar al gobierno estadounidense su extradición. ¿Qué puede suceder? De ser extraditado, el destino personal de Gülen será seguramente la ejecución. Pero, de suceder esto, sus seguidores no cesarán de ser actores políticos importantes. Vivo o muerto, las ideas de Gülen seguirán conformando una fuerza intelectual, política y religiosa determinante en la Turquía contemporánea.

(Foto: cortesía de William John Gauthier.)


Nota

[1] Si uno se informa en el sitio web oficial de Gülen, enseguida saltan a la vista cantidad de detalles: en los distintos textos, mensajes y entrevistas, se promueve una visión del islam compatible con valores éticos y sociales habitualmente identificados con el así llamado “mundo occidental”, principalmente el diálogo y la tolerancia. Pueden encontrarse informes sobre las actividades que llevan a cabo Gülen y su movimiento. Destacan, por ejemplo, un encuentro con Juan Pablo II y otro con el patriarca Bartolomeo de la Iglesia ortodoxa. También pueden descargarse en distintos idiomas sus escritos místicos, religiosos, y aquellos en los que presenta lo que de alguna forma podríamos considerar su filosofía. Gülen es promotor de lo que cabría denominar “humanismo islámico”.

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