Instrucciones para talar el Nevado de Toluca

En uno de los peores desastres ecológicos del sexenio, el gobierno federal talará 17 mil 785 hectáreas de los bosques del Nevado de Toluca.

| Medio ambiente

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De acuerdo con el Programa de Manejo del Nevado de Toluca recientemente publicado por la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), el 32.59% del área protegida será destinada al “aprovechamiento sustentable de los recursos naturales”. Esto significa que 17 mil 785 hectáreas de los bosques mejor conservados de pino y oyamel de toda el área serán talados con fines comerciales, al mismo tiempo que otras zonas se reforestan, desde cero. Según las autoridades, esta operación permitirá aumentar la superficie arbolada. Sin embrago, podemos estar ante la legalización de una de las mayores catástrofes ecológicas del sexenio.

Al permitir la tala en estas tierras, cualquier persona, comunidad o empresa podrá solicitar permisos para el aprovechamiento de estos bosques. El volumen anual de madera que se podrá talar deberá ser igual al volumen de masa forestal que se recuperará, indica el Programa de Manejo. Es decir, por cada metro cúbico de madera que se tale, otro metro cúbico deberá crecer. Esta dinámica promueve que para talar un árbol de 30 metros sea necesario sembrar muchos árboles pequeños, de crecimiento rápido, con el objetivo de alcanzar el volumen equivalente. Así, como lo promete la SEMARNAT, la superficie arbolada podría aumentar.

Sin embargo, en términos ecológicos existe una enorme diferencia entre un bosque y un monocultivo de árboles. El bosque no es únicamente el conjunto de árboles sino todas las interacciones, fortalecidas con el tiempo, que existen entre éstos y el resto de las especies de flora y fauna; en contraste, el monocultivo es simplemente un sistema productivo de filas de árboles. Estos cultivos tienen una gran simplicidad si los comparamos con la dinámica que hay en un bosque maduro. Así, se pierde un ecosistema y se gana una plantación, lo que acarrea severos impactos tanto en la cantidad como en la calidad de los servicios ecosistémicos que brindan los bosques y su biodiversidad. Pensando así, claro que la promesa de aumentar la superficie arbolada se logra, eso sí, a costa de la tala de un bosque maduro.

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Comparación entre un monocultivo y un bosque de pino.

Aunado a lo anterior, cualquier explotación comercial como esta necesita estar respaldada por un estricto plan de manejo en el que se establezca la cantidad de metros cúbicos de madera que se talarán por año y los que serán recuperados. Esto permitiría hacer una evaluación efectiva para saber si la tala corresponde, efectivamente, a un “aprovechamiento sustentable de los recursos naturales”. Dicho lo anterior, la pregunta en este problema es esta: ¿Es posible garantizar que la tala no generará más problemas de deforestación?

Para contestar esta pregunta podemos analizar los resultados de la auditoría de desempeño que realizó en 2012 la Auditoría Superior de la Federación a la Comisión de Áreas Naturales Protegidas (CONANP). Esta auditoría evaluó el cumplimiento de los objetivos y metas de los programas de aprovechamiento sustentable de los recursos naturales en todas las Áreas Naturales Protegidas de competencia federal del país (las ANPs). El dictamen de la auditoría fue negativo y reveló que las políticas públicas para el aprovechamiento sustentable no cuentan con instrumentos de planeación y evaluación de los permisos que se otorgan. Por ejemplo, en el 97% de las ANPs se otorgaron permisos sin contar con los estudios de límites de cambio aceptables o capacidades de carga de los ecosistemas. Asimismo, en el 45% de las ANPs en las que la CONANP brindó apoyos productivos, no había instrumentos de planeación que orientaran la conservación de los ecosistemas y su biodiversidad hacia el desarrollo social y económico del país. Es decir, este tipo de aprovechamiento se realiza a ciegas. En términos prácticos, esto significa que se otorgan permisos en los que es imposible garantizar que haya un aprovechamiento racional y en los que se estimula que las explotaciones terminen siendo simplemente un negocio.

No es nada nuevo ver al gobierno federal navegando con la bandera de la sustentabilidad. Basta recordar que es este mismo gobierno el que considera que un aeropuerto con focos ahorradores y reutilización del agua convierten la devastación del lago de Texcoco en un ejemplo de sustentabilidad a nivel mundial; es el que presume el despojo de tierras y la violación de derechos humanos para la generación de energía eólica en Oaxaca; es el que autoriza la construcción de presas hidroeléctricas sustentables, a costa de los gravísimos impactos ambientales y sociales en la Sierra Norte de Puebla. La palabra sustentabilidad está siendo usada en todo el país para justificar proyectos que están impactando de manera irreversible a los ecosistemas y a las comunidades que de ellos depende.

Si algo ha demostrado la SEMARNAT en los últimos años es que detrás de sus declaraciones y acciones se ocultan muchísimos más perjuicios ambientales y sociales, e intereses extractivos y empresariales que siempre se niega a reconocer. Por ejemplo, es importante tener en cuenta que en el 79% de los conflictos socio-ambientales del país se generaron por las decisiones de actores gubernamentales. Por eso, ante la publicación del Programa de Manejo del Nevado de Toluca es preocupante ver cómo se está abriendo un camino legal para la pérdida de uno de los últimos bosques que provee los servicios ecosistémicos que tanto necesitamos. Ante esta tragedia ecológica: no nos podemos quedar con los brazos cruzados.

(Foto: cortesía de Eric Titcombe.)

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