Jóvenes, precarización y represión: los rostros del sexenio

A los problemas sociales que aquejan a los jóvenes mexicanos hay que agregar hoy el de la criminalización de la que han sido víctimas durante la administración de Enrique Peña Nieto.

| Sociedad Civil

En México, según datos oficiales, viven alrededor de 36.2 millones de jóvenes (considerando el rango amplio que va de los 12 a los 29 años de edad) o 27.9 millones, en el rango que rige la perspectiva oficial en el país, que considera jóvenes a las personas de 15 a 29 años. Como se vea o se contabilice, se trata de un segmento de población muy grande. Pese a ello, no hay políticas públicas, planes o programas que asuman y atiendan el desafío que representa construir opciones dignas para las y los jóvenes.

Los datos son escalofriantes. Si consideramos el rango oficial (15-29 años), 50% de los 27.9 millones de jóvenes vive en condiciones de pobreza, 70% carece de acceso a la educación superior y 20% no tiene acceso ni a la educación ni a un empleo. Aunado a este panorama de precarización y exclusión hay que señalar con insistencia la espiral de violencias que afecta a los universos juveniles. En 2012, por ejemplo, con motivo del Día Internacional de la Juventud, el INEGI publicó un reporte estadístico de la situación de los jóvenes en el país con datos de 2011. El reporte señalaba que, de los 37,724 jóvenes fallecidos en México, el 55.8% había muerto por causas violentas, lo que incluye muerte por agresión –es decir, homicidios (33%)–, accidentes de tránsito (16.2) y lesiones autoinflingidas y suicidios (6.6%). “No son cifras”, “no son números”, señalan con insistencia diversos colectivos y organizaciones que trabajan –con todo en contra– a favor de las juventudes en el país. Pero estos datos indican que la situación no podía ser más grave y eran una señal de alarma para la administración de Enrique Peña Nieto que comenzaba a finales de ese año. A tres años de gestión, las cosas no mejoran.


El desinterés oficial

Peña Nieto asumió la presidencia tras haber sido fuertemente cuestionado por el movimiento #YoSoy132, conformado principalmente por jóvenes estudiantes de todo el país. Esto significaba un enorme problema de gobernanza pero, también, una posibilidad para enfocar los esfuerzos de su administración en crear condiciones para programas y políticas públicas urgentes en torno a los graves problemas que enfrentan los jóvenes.

No fue así. El peñanietismo decidió ignorar la ola de protestas y reclamos de millones de jóvenes en el país. La primera muestra de que este era un tema irrelevante o secundario para su administración se dio con la decisión –fuertemente cuestionada por académicos y organizaciones civiles– de resectorizar al Instituto Mexicano de la Juventud (Imjuve), trasladándolo de la Secretaría de Educación Pública (SEP) a la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), mediante un decreto del 2 de enero de 2013. Este no es un problema menor, puesto que obstaculiza las medidas y acciones multisectoriales que las juventudes en este país requieren. Descentralizar al Imjuve hubiera abierto la posibilidad de tratar a las y los jóvenes como sujetos de derechos y no como una población a ser “tutelada” y representada por una instancia (además fuertemente cuestionada).

La segunda muestra del desinterés de la administración peñanietista se expresó en su tardanza para nombrar al titular del Imjuve –cinco meses tardó en llegar el nombramiento. Cuando se cumplieron los primeros cien días de su mandato, un fuerte movimiento a nivel nacional empezó a presionar y a cuestionar la demora en este importante nombramiento. A través de Twitter, y con el hashtag #VacanteImjuve, activistas, académicas y académicos, periodistas, e incluso diputadas y diputados, exigieron este nombramiento y cuestionaron fuertemente al presidente por el poco interés mostrado en las juventudes. Fue hasta el 13 de mayo de 2013 que finalmente se dio posesión como titular a José Manuel Romero Coello. Las críticas no se hicieron esperar.

Pero vamos por partes. El día que se hizo público el nombramiento de Romero Coello, la diputada federal perredista Crystal Tovar Aragón, secretaria de la Comisión de Juventud de la Cámara de Diputados, expresó en su propio sitio de internet: “Si bien es cierto que el tiempo perdido para la atención de más de 36 millones de jóvenes en todo el país ya no se puede recuperar, se espera que el licenciado José Manuel Romero Coello se coloque a la altura de los retos y exigencias que en materia de juventud se deben resolver, principalmente en materia de acceso a la salud, educación, empleo, derechos humanos y, en general, el mejoramiento de las condiciones de vida de las y los jóvenes de México.”

Fue el agudo periodista Roberto Zamarripa, ese mismo 13 de mayo, el que arrojó un balde de agua fría a propósito del nombramiento de Romero Coello. En su columna “Tolvanera”, del diario Reforma, Zamarripa afirmaba que Peña Nieto había designado a un “mirrey” en el Imjuve y daba información para probarlo. Proveniente de Colima, apopado “el Papichulo” y exdiputado y extitular del Instituto Colimense de la Juventud en ese estado, Romero Coello “tiene en su contra la demanda número 332/2012 radicada en la mesa quinta del Ministerio Público, de la Procuraduría de Justicia del Estado de Colima, por un fraude de un millón de pesos, pues es acusado de malversar ese dinero para remodelar el restaurante donde se cocina el mejor borrego al pastor de la región”. Pero quizás lo más relevante de la columna de Zamarripa se sintetiza así:

Nacido en octubre de 1981, Romero Coello simboliza el extravío del gobierno federal en materia de política para jóvenes. Su nombramiento puede parecer una broma a un año justo de la irrupción del movimiento juvenil #YoSoy132. Dicho movimiento irrumpió condensando el descontento de muchachos contra las viejas formas de hacer política, el dominio de los poderes fácticos, además de cuestionar los abusos del poder. Es decir, la antítesis de lo que simboliza el ahora titular del Instituto y quien se supone va a delinear políticas de Estado para la joven generación.

Así se fue haciendo evidente que la resectorización del Imjuve y el nombramiento de Romero Coello vaticinaban lo que finalmente ha terminado siendo la política de la administración peñanietista en materia de juventudes: una política extraviada, sí y, además, autoritaria.


La pedagogía de la macana

Avanzó el sexenio, y a casi tres años de su inicio las cosas para las y los jóvenes no han mejorado; incluso han empeorado, porque a las desventajas ya acumuladas se han sumado la creciente criminalización por el delito de portación de rostro joven y la represión, que en algunos lugares del país ha sido brutal.

Pero veamos algunos datos relevantes para calibrar de mejor manera el paisaje en el que se criminaliza y reprime a las y los jóvenes.

Los datos sobre desocupación e informalidad entre los jóvenes son alarmantes. Por ejemplo, la informalidad como condición laboral afecta al 59.1% de las y los mexicanos, mientras que en el sector juvenil alcanza al 63.8% –y en el grupo que va de los 15 a 17 años esta cifra sube a 89.9%, según datos del INEGI.[1] Se trata de jóvenes que no tienen contratos ni prestaciones ni seguridad y que viven, como he señalado en numerosos ensayos y análisis, en la precariedad objetiva y, especialmente, subjetiva, aquella que les impide asumir con certezas su propia vida y los obliga a vivir en un presente perpetuo, sin posibilidad de imaginar futuros.

En este rubro, los datos sobre las mujeres son aún más preocupantes, en tanto que hablan de severas restricciones para las jóvenes. Se dice en el informe del INEGI ya citado: “las mujeres significan (sic) el 83.5% de quienes se dedican a quehaceres del hogar pero con disponibilidad de incorporación al mercado de trabajo; 95.1% de quienes son encomendadas al cuidado de tiempo completo de terceros y/o en su familia se les niega la opción laboral y 90.5% del grupo en tareas del hogar que no manifiesta interés por lo pronto de incorporarse a un empleo y que, en números absolutos, son prácticamente dos millones de mujeres.”

Algo está fallando muy seriamente en términos de equidad y no están a la vista las acciones que, desde el gobierno federal y desde los estatales, deberían estarse emprendiendo para combatir un problema que no es solamente estructural sino cultural (algo que el peñanietismo no ha logrado comprender).

Desempleo, informalidad y –sobre todo en el caso de las mujeres– coacción que les impide obtener la independencia que significa un trabajo remunerado marcan el destino de millones de jóvenes en este país. El panorama no podría ser más desalentador.

El 22 de mayo de 2013 me vi forzada, lamentablemente, a inventar (que significa in venire, hacer venir) una nueva categoría analítica: la pedagogía de la macana. Y es que días antes el alcalde en funciones de Zapopan, en el estado de Jalisco, había dicho:

Yo les puedo decir que, en los operativos anti-pandillas, todas las noches agarramos a macanazos a más de setenta jóvenes; y de esos más de setenta jóvenes, a lo mejor dos o tres tienen orden de aprensión, a lo mejor uno, dos o diez tienen drogas y son consignados. Pero los otros sesenta son soltados, porque son faltas administrativas y van a seguir generando problemas de vandalismo y van a seguir generando problemas de drogadicción y van a seguir generando problemas de inseguridad.[2]

No se trata de un error discursivo ni de un caso aislado; a lo largo de estos años los operativos contra los jóvenes siguen gozando de cabal salud. La violencia policiaca dirigida contra ellos sigue arrojando saldos negativos y preocupantes. A esto hay que añadir, por supuesto, la represión por motivos políticos, aquella que escapa de la lógica barrial o callejera pero que está inscrita en la misma “pedagogía de la macana”.

Ahí están los saldos de la represión del 1 de diciembre de 2012, durante la toma de posesión de Peña Nieto, con heridos y detenidos en varias partes del país, el Distrito Federal principalmente. Y es que con esta pedagogía simpatizan los gobiernos de centro, derecha e izquierda, como lo ha probado en reiteradas ocasiones el señor Miguel Ángel Mancera en la ciudad de México. Lo que me interesa señalar aquí es que la labor de criminalización de las juventudes no es monopolio del peñanietismo y que no es con macanas ni con la amenaza constante a la libertad de manifestación de la protesta como se van a resolver los severos problemas que enfrentan las y los jóvenes.


Los retos

En el documento de 63 páginas llamado “Líneas estratégicas 2015-2018”, del Programa Nacional de Juventud (Projuventud) del Imjuve, se esboza un conjunto de planes y estrategias para los próximos tres años.[3] Ahí se declara, a partir de la pregunta “¿Qué problemas públicos atiende o buscará atender el Imjuve los próximos años?”, lo siguiente:

De acuerdo con el diagnóstico sobre la situación de la juventud en México, que sirvió de base al Projuventud, “el principal problema que enfrenta la juventud es su incorporación al desarrollo del país en condiciones desfavorables” (sic), mientras que como causas o problemas específicos se determinaron los siguientes: (1) dificultades para la inserción laboral de la población joven; (2) desvinculación de las y los jóvenes con su entorno; (3) deficiente formación y desarrollo de habilidades que permitan el desarrollo personal; y (4) escasa educación sexual y reproductiva.

Por su parte, los efectos o problemas derivados de los anteriores fueron: (1) pobreza en la población de jóvenes; (2) desaprovechamiento del bono demográfico; y (3) aumento de la violencia juvenil.

Sorprende que en este diagnóstico se siga hablando del “bono demográfico” que, además de ser un concepto altamente cuestionado por su concepción utilitaria, ya no es real: México ha empezado a envejecer. Sorprende aún más que se hable de violencia juvenil y no de violencias contra los propios jóvenes. Y escasea en esas páginas una concepción de las y los jóvenes como sujetos de derecho. No hay perspectiva política; no se revisa el tema de los derechos humanos; nada de alfabetización tecnológica y acceso libre a internet; y no se menciona el serio asunto de las desapariciones, como si no fuera un problema sobre el que hubiera que intervenir. Hay desde luego algunos asuntos interesantes, pero lamentablemente se pierden en el lenguaje de la burocracia.

Me parece que con matrices lógicas de planeación, sin dialogar y confrontar el terreno, resulta muy difícil, si no imposible, diseñar y sobre todo implementar las políticas públicas que se requieren: una mejor policía formada en derechos humanos; garantías y seguridad laboral; educación de calidad y no capacitación para el emprendurismo informal; una educación sexual que no parta de cartillas y anuncios… La lista es enorme, porque el reto es gigantesco, pero enumero de manera ilustrativa, no exhaustiva, para enfatizar que lo que es posible ver y analizar en materia de jóvenes en el sexenio es una ausencia de interlocución y políticas públicas para afrontar esos problemas.

Ayotzinapa fue, desde luego, otro acontecimiento marcante y definitorio que significó una posibilidad, pero el peñanietismo se empeñó en negar su centralidad, y de nueva cuenta, como en 2012, millones de jóvenes (y millones de ciudadanos) salieron a las calles y a las redes, y de nueva cuenta la respuesta ha sido la pedagogía de la macana.

Los problemas son muy serios y apremiantes. Lo hemos visto en dos casos recientes: el de los jovencitos casi niños que “jugaban al secuestro” en Chihuahua, lo que derivó en el asesinato de un pequeño de seis años, y el de los niños que “jugaban a la violación” en Tamaulipas. Esto no se resuelve con becas ni capacitación. Intervenir es aún posible, pero el tiempo se agota.


Notas

[1] El informe completo se puede consultar aquí:http://www.inegi.org.mx/prod_serv/contenidos/espanol/bvinegi/productos/estudios/sociodemografico/panora_joven/DoctoJovenes.pdf

[2] Las notas de prensa han desaparecido, cosa extraña porque fueron declaraciones muy polémicas. Ahora la liga a la nota que coloqué en mi blog (http://viaductosur.blogspot.mx/2013/05/doctor-robles-renuncie-por-favor.html) remite a una página del Infonativ. Pero el asunto quedó consignado en mi blog y en el sitio Desmesura:http://desmesura.org/firmas/el-gentleman-de-zapopan

[3] El documento completo (se descarga como documento Word) está aquí:http://www.imjuventud.gob.mx/archivos/Lineas_Estrategicas_IMJUVE2015-2018.docx

 

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