La caída del precio del petróleo pone en riesgo la economía global

¿Por qué el precio del petróleo está disminuyendo? ¿Cómo puede afectar esta reducción a nuestra economía?

| Industria

El precio del petróleo fue uno de los temas de conversación más recurrentes durante el 2015, y parece ser que este año también lo será. Sobran razones: en un lapso apenas mayor a un año el precio internacional del petróleo se ha desplomado de un valor promedio de $98.95 dólares por barril (2014) a uno de $29.25 dólares (21 de enero de 2016).

Esta dramática caída del precio del petróleo ha generado incertidumbre en los mercados internacionales, causando serios problemas en los países productores, particularmente en aquellos con economías petrolizadas como lo son Rusia, Venezuela, Arabia Saudita y, con menor gravedad, en países como México. Dentro de la teoría macroeconómica este tipo de sucesos se conocen como choques de oferta y tienen diferentes efectos en cada país dependiendo de su relación con la materia prima en cuestión. Un par de ejemplos históricos de este tipo de fenómenos son los sucesos de los años 1973 y 1979.

En 1973, el choque de oferta fue el resultado de una rápida alza de precios por un embargo de la OPEP. Este choque causó una redistribución de riqueza de países importadores de petróleo hacia países productores de petróleo. Los primeros padecieron un aumento en el costo de los energéticos y, por tanto, también un incremento en los precios locales del transporte, electricidad, etc. Enfrentaron grandes déficits en su cuenta corriente y contracciones en sus economías.

El otro caso histórico que sirve de referencia es la crisis de 1979. En esta ocasión se trató de un choque de oferta producido por una fuerte caída de los precios del crudo. En este caso la riqueza se redistribuyó de los países productores de petróleo hacia los países importadores de petróleo. Los primeros sufrieron fuertes depreciaciones de sus monedas o se vieron obligados a devaluar, por lo que vieron incrementadas sus deudas en moneda extranjera –que en ese momento eran cuantiosas– y perdieron recursos fiscales que debilitaron sus economías. Los países importadores se beneficiaron porque sus costos disminuyeron, y por tanto tuvieron una expansión de la oferta agregada, es decir, del total de las oferta de bienes y servicios que las empresas pusieron a la venta. Hubo una expansión monetaria por el camino de mayores salarios reales en sus economías.

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Estos dos casos sirven para ejemplificar el tipo de efectos que se pueden esperar de las circunstancias actuales. Hoy la caída de los precios del petróleo –de igual forma que en el pasado– beneficia a los países importadores, por la reducción de costos en sus economías domésticas, pero causa serios desequilibrios fiscales en los países productores. Sin embargo, estos sucesos provocan preocupaciones adicionales porque el contexto ha cambiado. En la actualidad la economía internacional se encuentra mucho más interconectada que en el pasado y sigue resintiendo los efectos adversos de la crisis financiera de 2008.

La caída del precio del petróleo registrada en el ultimo año obedece a un exceso de oferta. Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), en 2015 la oferta de petróleo se ubicó en los 96.88 millones de barriles diarios (mb/d), mientras que la demanda de petróleo se ubicó en 92.92 mb/d. Este desequilibrio se explica por varias razones. La primera es la desaceleración de la economía en el mundo, particularmente en la Unión Europea y en China, sumada a una lenta recuperación de la economía de Estados Unidos. Adicionalmente, los estadunidenses están sustituyendo el petróleo por fuentes alternas como el gas de lutita bituminosa. La segunda razón es un incremento de producción en los países de la OPEP y el regreso al mercado de productores como Libia, Irán e Iraq.

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Sin embargo, lejos de ser una buena noticia para la economía mundial y en especial para los países importadores, el choque de oferta causado por el petróleo está provocando una mayor inestabilidad en los mercados internacionales, produciendo mayor especulación y amenazando con causar fuertes crisis para las finanzas públicas de los países productores.

Estas crisis están forzando a los países productores a hacer recortes en el gasto público y por tanto están disminuyendo la demanda agregada mundial. Dicho efecto se esta viendo amplificado por un clima económico en el que muchas economías ya se encontraban en procesos de consolidación fiscal (recortes y austeridad) o enfrentando periodos de poco crecimiento. El efecto de todo esto será una disminución en la demanda agregada mundial y por lo tanto en el crecimiento económico del mundo.

Se teme principalmente que este choque produzca un efecto deflacionario en la economía. De presentarse una deflación –una posibilidad latente en algunas economías– el crecimiento económico en el mundo se vería severamente disminuido y la crisis en muchos países prolongada, pues los efectos involucrarían un menor consumo y un exceso de capacidad productiva.

De forma adicional esta caída cercana al 70% en el precio del crudo está causando que las inversiones en el sector se pospongan o se cancelen. Si bien esta clase de resultados son bienvenidos por aquellos que empujan hacia energías limpias, es un serio problema para los países que –como México– buscan atraer inversiones a la industria.

Solo algunos países –como India– han podido disminuir la cantidad de recursos fiscales que destinan a subsidios energéticos y dirigirlos a otras actividades. Por un lado, la mayor parte de las economías avanzadas siguen teniendo un bajo o nulo crecimiento económico por la crisis de 2008; por el otro, algunas economías emergentes enfrentan desaceleraciones económicas, incluso recesiones.

Finalmente, la reducción de los precios de las materias primas que está provocando la reducción de la demanda mundial ­–y la expansión monetaria en Estados Unidos– están causando volatilidad cambiaria. Además, se están revirtiendo los flujos de inversión en el mundo de países emergentes hacia países desarrollados. Por estas razones el desplome de los precios del petróleo está perturbando aún más el difícil momento de la economía internacional, haciendo que incluso los potenciales efectos positivos que podría traer a algunas economías se vean compensados por los efectos negativos.

En México podemos observar algunos de estos efectos negativos. Si bien la economía mexicana ha disminuido su dependencia fiscal de la venta de crudo, ha experimentado una depreciación en su moneda cercana al 40% desde 2013 que en buena medida es producto de la caída en los precios del petróleo durante los últimos dos años. Este efecto, combinado con el alza de tasas de interés en Estados Unidos y la incertidumbre en China y otros mercados emergentes han llevado al peso a niveles de hasta $18.55 pesos por dólar, un nivel históricamente bajo y que si continúa depreciándose podría llegar a tener un impacto inflacionario.

La reducción en el precio del petróleo entonces afecta a la economía mexicana por dos vías: el tipo de cambio y la fiscal. Aproximadamente el 19% del Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) está compuesto por los ingresos petroleros y, aunque para este año se cuente con coberturas a un precio de $49 dólares por barril, para el PEF 2017 no existirán los mismos recursos. Esto obligaría al gobierno federal a realizar mayores recortes en el gasto público, probablemente vía inversión y a plantear la necesidad de incrementar sus fuentes de ingreso fiscales.

Del lado positivo se encuentra que hoy México es importador neto de petrolíferos y que ha disminuido el peso del petróleo en sus exportaciones de más de 20% en 2013 a menos del 10% en la actualidad. Este hecho limita el impacto a mediano y largo plazo que estos sucesos internacionales pueden tener sobre la economía doméstica.

(Foto: cortesía de ·júbilo·haku·.)

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