La derecha alemana visita México

A partir de la crisis migratoria, hemos visto en Europa el ascenso electoral de la derecha radical. Su auge se debe a factores coyunturales y estructurales: las consecuencias negativas del neoliberalismo y el regreso de la xenofobia.

| Internacional

En el marco del actual año dual México-Alemania un diputado alemán del parlamento de Sajonia, Detlef S., visitó el país contraparte. Desde un hotel de lujo en la Ciudad de México, el representante del nuevo partido de la extrema derecha Alternative für Deutschland (AfD) expresó su incomprensión por la canciller Merkel y los migrantes en el mundo. Su base argumentativo refleja una estrategia retórica sumamente popular en estos tiempos modernos: el discurso posfáctico, o, dicho en términos viejos, la mentira.

Cuatro años después de su fundación, el AfD está presente en diez de los 16 parlamentos estatales. Su entrada al parlamento federal después de las próximas elecciones que tendrán lugar este otoño está, de hecho, asegurada. Podría ganar la quinta parte de los votos. O más. Su auge se debe a una mezcla de factores coyunturales y estructurales, pero destacan mayormente dos de ellos: las consecuencias negativas de un proyecto neoliberal implementado con mayor rigor a partir del gobierno de los socialdemócratas y los verdes entre 1998 y 2005, así como un fuerte y profundo racismo y rechazo-odio ante todo y todos lo que no cuadra en el imaginario clasificado como “alemán” o “cristiano-europeo-occidental”.

La receta de éxito: sabe hablar en nombre de un sujeto colectivo denominado “pueblo alemán”. Un ente sumamente contradictorio en sí mismo pero unido en su real o supuesto malestar socioeconómico y en su declarado miedo de perder su propia identidad alemana. Un ente que quiere expresar su descontento con la situación actual. Su intención central: determinar lo maligno tanto de los refugiados que han llegado a Alemania en los últimos dos años (su cifra superó el millón solo en 2015) como de la política de la canciller Angela Merkel. A contrario de otros países europeos, Merkel optó por una política abierta y un discurso humanista, pero pronto dio un vuelco a reformas migratorias más represivas. No obstante, lo cierto es también que el régimen migratorio no tuvo otra posibilidad que abrirse. Literalmente, el movimiento de migrantes, desde Siria, Afghanistan e Irak –tan solo de estos tres países llegaron 704,000 personas en 2015–, derrumbó las vallas de la fortaleza europea en el caliento verano de aquel año.

A pesar de duras luchas internas por el liderazgo, el partido de la derecha extrema más fuerte desde el fin de la segunda guerra mundial se ha colocado como un actor político que está marcando la pauta. Debido a su fama en la población alemana, el partido de los socialdemócratas (SPD), de los democristianos de Merkel (CDU) e incluso el de la izquierda (Die Linke) se han acercado a este sector de la población mediante la reproducción de los discursos del AfD. Es un juego peligroso en que se han metido. Un argumento muy simple pero acertado dice: si las diferencias desvanecen, favoreciendo a un partido político en particular, la gente se queda con el original y no con la copia. El primer gran éxito ya se logró: con el auge del AfD se normalizó en todas las esferas de la sociedad el pensar y hablar en un modo racista.

Alarmante, mientras tanto, es la evolución de los ataques motivados políticamente contra refugiados y solicitantes de asilo (desde golpes e insultos hasta lanzar bombas molotov a las casas de refugiados y disparos): en 2014 fueron registrados 199 hechos,;en 2015, 1029 y, en 2016, en los primeros ocho meses y medio las autoridades contaron 1800 delitos. Y aunque el AfD oficialmente tome distancia y exprese su rechazo ante estas agresiones, un contexto en que las representaciones políticas han caído en la misma retórica populista-derechista, aquellos quienes ejecutan los incendios provocados se sienten cada vez más legitimados. Hace unos días salió a la luz que treinta neonazis en Thüringen, un estado federado del este de Alemania, desaparecieron del escenario público. Fueron a la clandestinidad. La última vez que pasó algo similar en el mismo estado, una red de neonazis mató a diez migrantes en un lapso de una década.

Detlef S. es uno de los políticos que está beneficiando del contexto actual que él mismo ayudo a crear.


Detlef Spangenberg parecía un poco estrafalario y peculiar. Tal vez, esto se deba a su cabello ralo hasta los hombros y a su vestimenta, rasgos que le conceden un toque original a los 72 años de edad. Por el contrario al grupo que lo acompañó un par de días en la Ciudad de México en otoño del año pasado, los integrantes vestían pantalones, camisas y sacos elegantes, pero él mantuvo su gusto personal. En cualquier caso, no cabía al cien por ciento en este grupo. Y este hecho lo volvió simpático –superficialmente.


Detlef Spangenberg es un personaje de interés, no precisamente por su originalidad física; más bien, porque en 2013 se hizo miembro del nuevo partido Alternative für Deutschland, la Alternativa para Alemania. Desde 2014, tiene un puesto en el parlamento estatal de Sajonia –uno de los cinco Estados del Este, que después de la caída del muro de Berlín fue integrado en la actual República Federal de Alemania. Como representante de este partido (que, por cierto, el cual en casa ha sido muy criticado en los medios de comunicación por sus polémicas percepciones acerca de la política migratoria y que al mismo tiempo recibe una gran aprobación por parte de amplios sectores de la población) el diputado parlamentario viajó a este país con una delegación de Sajonia en el marco del año dual Alemania-México.

En una plática larga en la capital mexicana le fue importante enfatizar, como respuesta a la crisis de legitimidad del gobierno alemán, que “al tomar grandes decisiones políticas tenemos que tomar de la mano a la población.”

Con la mirada hacia los numerosos refugiados llegando a Alemania y la reacción violenta, con rechazo de sus connacionales; Detlef Spangenberg no se reservó y opinaba:

–Ahí tiene que comprender a la gente que se siente malentendida.

Y con respecto a la responsabilidad alemana sobre la guerra en Siria, sabe asumir una posición que también comparten muchos izquierdistas:

–Tenemos que procurar no enviar armas a estos países.

Durante el siguiente discurso mencionó puntos –como el descenso económico y social de ciertas partes de la población alemana o la crónica falta de presupuesto para los municipios, temas que efectivamente merecen su crítica. No obstante, una cosa es nombrar los síntomas y otra las causas; en vez de tomar en la mira el sucesivo desmantelamiento del Estado benefactor, la Alternative für Deutschland y sus seguidores voltean hacia aquellos que apenas han pisado tierra alemana:

–El alojamiento y la alimentación de los refugiados nos costaron el año pasado 30 mil millones de euros, según estimaciones oficiales. Un millón tiene mil millones. Uno solo. El apoyo para los desempleados, en cambio, solo ha crecido cinco euros; el de los niños, solo dos. Esta es la diferencia.

Juegos de números inconexos y lugares comunes; no cuesta mucho ver que el AfD apuesta a una simplificación de problemas a nivel de sociedad y a un discurso político contradictorio en sí mismo. Dos factores, pues, que les han facilitado fundamentalmente su abrupto ascenso.


Gracias al candidato a la presidencia estadounidense Donald Trump, el tema de la migración volvió a ser tema importante en la agenda política de México. El político alemán del Este sabe cómo interpretar las soluciones de su colega del otro lado del océano:

–Vaya, levantar un muro. ¡Pero eso es una tontería!

Dice de modo coloquial durante la plática, para expresar inmediatamente después su incomprensión por la migración:

–La cuestión central es totalmente distinta: ¿por qué los mexicanos quieren ir forzosamente a los Estados Unidos? Yo no quisiera vivir allá. Nunca he estado ahí y no quiero vivir ahí.

El mensaje es claro: dado que Detlef Spangenberg no lo quiere, nadie más debe de tener el derecho de quererlo. En tiempos de la globalización existen relaciones de dependencia que no benefician a todo el mundo y según la OCDE en México se trabaja casi el doble de las horas que en Alemania, no obstante, los 55 millones de pobres (según datos oficiales) no le causaban mucho ruido:

–A fin de cuentas cada país es responsable de sí mismo. Primero tienen que levantar las estructuras en su propio país; la población en México tiene que votar por el gobierno que va a llevar a cabo estas estructuras. Es un proceso democrático.

No tiene que ser irritante, el contraste entre la postura política de su partido y la realidad mexicana desnuda y ruda. Cada año cientos de miles de inmigrantes indocumentados, mayormente centroamericanos, atraviesan este país como tránsito para llegar al sueño americano. Y cada año desaparecen aproximadamente 20 mil de ellos en México, según cifras del Movimiento Migrante Mesoamericano. Del mismo modo, también muchos mexicanos emprenden sus pasos para allá: en 2014, unos 11.4 millones y adicionalmente los 22.3 millones nacidos en el país vecino vivían en los Estados Unidos. Con ello representan un 11% de la población en total.


Por el amplio vestíbulo del tercer piso del Hotel St. Regis, el lugar de la entrevista, se mueve un olor a perfume. Para llegar a ese lugar, hay que superar primero tres pequeños obstáculos: 1) ignorar los pajes en la entrada de abajo; 2) pasar por alto al personal de seguridad, no muy visible pero vestido bastante elegante, después de subir las escaleras eléctricas al primer piso, y finalmente 3) llegar a un elevador que no se maneja manualmente. Hay música de fondo. La vista a la Avenida Paseo de Reforma es fantástica. En la recepción se ofrece champaña para los que esperan. Aquí la noche por persona empieza desde 470 euros. Sin desayuno por cierto.

Bienvenidos al hogar de la delegación política Sajona.

Detlef S. habló sobre el modelo educativo dual de Alemania, el cual se convirtió un éxito en el extranjero y en que el país socio está altamente interesado. No cabe duda, que también fue el tema durante la reunión entre el presidente del gobierno regional Stanislav Tillich, quien lideró la delegación con el secretario de educación Aurelio Nuño.

En cambio, Detlef S. no mencionó el conflicto interno durante el pasado verano entre el gobierno federal mexicano y las decenas de miles de maestros en huelga que no exigieron más que ser incluidos en la discusión y el diseño de la nueva reforma educativa. El gobierno mexicano reaccionó con violencia, así que en varios lugares el 19 de junio casi una docena de civiles fueron asesinados por parte de elementos policiacos. La falta de perspectiva y un escenario de violencia, son también las causas que muchas veces obligan migrar a las personas.

Lo crucial no es que el Sr. Spangenberg no supiera del conflicto –no sería justo reclamárselo– sino que a pesar de su falta de conocimiento, él cree saber por qué la gente actúa como actúa. Al contrario, la incomprensión existente ante las dinámicas de la política internacional y la migración masiva simplemente es una parte fundamental de ella, es una postura sumamente cínica por un político de un partido en auge.


El éxito vertiginoso del partido de Detlef S. se debió gracias al rechazo del euro, la sensación injusta de que Alemania aporta demasiado dinero a la Unión Europea y a la actual política migratoria. Enfatizó el diputado regional:

–La receta exitosa es el hecho de que el AfD es la vieja Unión Demócrata Cristiana, el CDU en siglas alemanes, de Angela Merkel. Dónde los valores siguen siendo los mismos.

Se podría decir que fue su primer pequeño logro político con demandas originalmente genuinas de la AfD y que hoy en día se convirtieron en la línea oficial –algo que también parece sorprender al político–:

–Curiosamente, los grandes partidos giran hacia nuestro rumbo. Que ahora aprueban leyes de asilo más rígidas, que ahora deportamos más rápido. Nosotros lo dijimos hace más o menos un año. Y en aquella época estaban insultando al partido, declarándonos como racistas, como enemigos de extranjeros, como populistas. Ahora el mismo CDU y CSU, el partido hermano del CDU en Bavaria, hacen lo mismo; las mismas frases.

No todas las explicaciones que da el político de la AfD son tan claras como su evaluación sobre los logros electorales: entre más se prolonga la entrevista, más y más se contradice a sí mismo. Anda con cuidado al no revelar una postura derechista muy obvia –en tanto nombra “delincuentes” a aquellos quienes atentan con incendios los alojamientos para refugiados; o dice: “Por supuesto queremos acoger gente que viene con nosotros”, al tiempo que comentaba de las estadísticas sobre delitos cometidos por extranjeros:“Ya es demasiado con ellos.”

Lo mismo con la migración centroamericana hacia Estados Unidos, el Sr. Spangenberg dejó manifiesto de su incomprensión ante la huida siria por el mar Mediterráneo:

–En nuestros ojos, los padres mandan a sus niños en rueznos por el Mediterráneo a pesar del riesgo que los niños tiendan a morir. Yo no mandaría a mi niño por el mar. Sobre todo si ellos pueden acudir fácilmente a una representación. Porque sí se les da cabida, si encuentran la posibilidad de acudir con una representación alemana…

De nuevo, una postura política es disfrazada como opinión personal para darle un peso emocional a la lucha por los votos. Un pequeño vistazo en la página de internet de la embajada alemana en Damasco demuestra rápido lo que de por sí ya era obvio:

–En la Embajada Alemana no se puede tramitar solicitudes de asilo. Hasta nuevo aviso la embajada Damasco queda cerrada para el público común.

Y acerca del servicio telefónico se lee: “No se habla en árabe.” Pero como es sabido, la realidad percibida del partido AfD no se deja engañar por los hechos; a final de cuentas, las opiniones no siempre corresponden a la verdad.


El enemigo político del AfD es “principalmente la CDU y la CSU, no los extranjeros”, aclaró Detlef S. Sin embargo, aparte de la política migratoria de la canciller Angela Merkel fueron justamente los refugiados, quienes ocupan la mayor parte de sus explicaciones. Son ellos los que se quieren aprovechar descaradamente de la riqueza alemana:

“¡Ay! Es como una vaca que se mata en vez de ordeñarla”, daba a entender el diputado, para luego pasar a la posguerra alemana y el propio milagro económico. Gracias a las llamadas mujeres de escombro (“Ahí estaban las mujeres golpeando los ladrillos; ahí estaban reconstruyendo todo sólo con sus manos”) y a la “disciplina prusiana y la diligencia sajona”, el país pudo volver a su bienestar. No estaba equivocado al cien por ciento, aunque no fueron tanto las virtudes alemanas que hicieron de la nada un algo. Ya en el 1988 el politólogo Elmar Altvater y el economista Kurt Hübner escribieron en un ensayo académico, que el volumen del capital del año 1945 superaba por una quinta parte el del año 1936. Las destrucciones mintieron acerca del existente potencial económico. Y en el documental Mythos Trümmerfrau (2016), de Judith Voelker y Julia Meyer, emitido por la televisión pública ARD, se demuestra que no solamente fueron los mismos nacionalsocialistas quienes crearon tal imagen, sino que incluso contrataron actrices para ocupar el rol de las mujeres que trabajan duro pero que se ven contentas.

Partiendo de los esfuerzos de cada quien, a los que se refirió el Sr. Spangenberg, le corresponde entonces también a la misma población decidir “si lo pueden aguantar”, cuando tanta gente entra en un país. Y si se debe ayudar económicamente a los recién llegados.

Detlef Spangenberg sabe cómo se siente ser nuevo en otro lugar: él mismo escapó una vez de la RDA en la Alemania Occidental. Eso fue en 1980.

–Estaba sorprendido que incluso recibí dinero al principio. Yo pensaba: “¿Pero si no he trabajado ahí?”

No obstante, en el Occidente, nunca hubo un voto popular sobre tales políticas. Según el diputado, no se puede comparar su huída con la de los refugiados hoy en día:

–Porque yo no reconocía la frontera –se justifica.


En el vestíbulo del St. Regis se reunieron más y más políticos. Llegado el momento de la salida, la agenda de la delegación dicta una cena con el embajador alemán. Lo que quedó al final son unos tantos disparates, unas contradicciones y simplificaciones por parte de la Alternative für Deutschland y solamente un par de preguntas simples. Preguntas que Detlef Spangenberg lanzó por el espacio perfumado:

–Y los hombres, ellos tampoco llegan pobres, todos ellos tienen los más nuevos celulares. ¿Quién paga todos estos chips? Allá donde vivo, la gente se pregunta eso. Sabe usted, solo son preguntas. Nada más lo quiero poner en tela de juicio.

(Fotos: cortesía de Metropolico.orgChris Goldberg y (vincent desjardins).)

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