La neutralidad de la red y sus enemigos

El internet también es vulnerable a las inercias del mercado. En México y el mundo las organizaciones y los activistas libran una intensa batalla por el control de la red.

| Derecho digital

El pasado 14 de Junio, una corte federal del distrito de Columbia de los Estados Unidos defendió la decisión de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, por sus siglas en inglés) de catalogar a internet como una infraestructura que provee un servicio público (utility). La resolución es un capítulo más de la larga historia de la neutralidad de la red que se comenzó a escribir a principios de la década pasada.

Lo primero que hay que establecer es que en internet la información está segmentada en paquetes. Acuñado por el profesor Tim Wu, de la Universidad de Columbia, el término neutralidad de la red se refiere al tratamiento equitativo que deben recibir todos los paquetes que cruzan red. Esto implica que ningún paquete que cruce internet debe de ser discriminado en su calidad o velocidad de entrega.

El primer capítulo de esta saga legal se escribió en el 2005, cuando la FCC, liderada por el entonces comisionado presidente Julius Genachowski, promulgó las reglas de internet, que en la práctica prohibían a los operadores de telecomunicaciones discriminar entre el tráfico que corría en sus redes. En ese entonces, la Comisión ya reconocía la creciente importancia de internet en ámbitos como la libertad de expresión y el desarrollo de otros derechos como el del acceso a la cultura.

Las reglas de internet de ese entonces no prosperaron debido a diversas acciones legales que los operadores de telecomunicaciones emprendieron en contra de la resolución del ente regulador. En el ámbito legal, la FCC trató de enmendar las reglas en el 2010, sin embargo, tampoco sobrevivió el examen de las cortes.

Podemos describir internet como un ecosistema que para existir requiere de dos condiciones fundamentales: los proveedores de infraestructura (ISPs) y los proveedores de contenido. El mercado ha estado segmentado verticalmente a través de estas dos dimensiones. Es decir, los proveedores de infraestructura no han incursionando fuertemente en el mercado de generación de contenido. De manera análoga y global, los proveedores de contenido no han incursionado agresivamente en el mercado de infraestructura.

Lo anterior tiene mucho que ver con la conceptualización teórica de la red. La explicación más aceptada sobre el funcionamiento de internet descansa sobre el modelo OSI. Un modelo de 7 capas que separa las diferentes funciones de comunicación que un sistema digital debe de tener para interactuar y conectarse con otro sistema de comunicaciones. En este modelo, la capa de las aplicaciones (proveedores de contenido) es antípoda a la capa la física (ISPs), lo que puede llevar a explicar la verticalidad vista en los mercados de infraestructura y contenido.

El debate sobre la neutralidad de la red surgió hace más de 10 años ante la sugerencia de los ISPs de cobrarle a los generadores de contenido por entregar sus paquetes a los usuarios finales. Una parte del argumento de los ISPs se centraba en la necesidad de encontrar modelos de financiamiento para expandir la capacidad de las redes de telecomunicaciones.

El argumento de los ISPs tiene cierta validez visto desde un punto de vista económico. Desplegar una red de infraestructura de alcance nacional es sumamente costoso. Adicionalmente, las aplicaciones que usan internet demandan cada vez más ancho de banda, por lo que los ISPs tienen que invertir fuertes cantidades de dinero para incrementar la capacidad de sus redes.

Además de esto, existe una corriente de pensamiento, cuyo exponente principal es el profesor Cristopher Yoo, que afirma que las restricciones comerciales que los operadores de telecomunicaciones intentan imponer no son tan restrictivas. Lo anterior debido a que el criterio propuesto por el regulador, que estipulaba que los ISPs podían ejercer criterios razonablemente comerciales, no equivalía a una luz verde para que estos discriminaran el tráfico de datos que cursaba por sus redes.

Un dato curioso es que el debate más feroz sobre la neutralidad de la red se ha dado en Estados Unidos. Esto probablemente tenga que ver con las condiciones de competencia del mercado estadounidense. De acuerdo con algunos autores,[1] la competencia en el mercado de banda ancha parece jugar un papel más importante en la expansión de redes de banda ancha que la ausencia de reglas sobre neutralidad de red. Este argumento tiene mucho sentido si miramos a la experiencia internacional. En Japón, uno de los mercados de banda ancha más competitivos (medido por el índice de Herfindahl-Hirschman), el debate sobre neutralidad de la red ha sido casi inexistente. Mientras tanto, un informe de la FCC,[2] encontró que la mitad de los hogares en Estados Unidos sólo tenían dos opciones de operadores de banda ancha a elegir.

Un ecosistema altamente concentrado en el lado de la oferta, le otorga a los proveedores de banda ancha un peso desmesurado en su poder de negociación, ya que fácilmente pueden forzar a los proveedores de contenido a aceptar condiciones unilaterales.

Sin embargo, internet ha cobrado una importancia que tal vez ni sus creadores imaginaron. Hoy internet es esencial para el comercio en línea, para las transacciones bursátiles, para acceder a información, para comunicarnos, para solicitar servicios públicos, para ejercer derechos como la libertad de expresión, entre otros.

Por lo tanto, la posibilidad de discriminar entre tráfico levanta un prospecto escalofriante. Si los ISPs pudieran ejercer un tratamiento discriminatorio estarían, en efecto, ejerciendo el papel de curadores de la información que transita la red. Esto les daría el poder de asignar arbitrariamente un valor determinado a diferentes tipos de información. Las consecuencias pueden ser enormes, ya que muy seguramente los inversionistas de un ISP le asignarán un menor valor a contenidos de grupos marginados que al de otros grupos de contenidos que pueden pagar para que su contenido cruce internet sin discriminación.

En México, el debate sobre la neutralidad de la red no ha tenido la magnitud que en Estados Unidos. Esto se debe probablemente a que el mercado mexicano no tiene un cisma que corre tan profundo entre ISPs y proveedores de contenido. Por dar un ejemplo, Facebook y Google, dos de los mayores proveedores de contenido, alojan sus datos fuera de territorio mexicano.

Esto no ha eximido el hecho que el debate haya emergido en la arena pública. Durante la discusión de las leyes secundarias de telecomunicaciones en el 2014, el Congreso de la Unión incorporó un capítulo relativo a la neutralidad de la red. En él se mantienen algunos de los principios generales de la neutralidad. Adicionalmente, la reforma constitucional en telecomunicaciones, promulgada en junio del 2013, consagró al acceso a internet como uno de los derechos fundamentales de los que gozan los mexicanos y el Instituto Federal de Telecomunicaciones tiene prevista una consulta pública sobre neutralidad. Es aquí en donde converge la reciente decisión de la corte federal en Estados Unidos. Posiblemente, el mensaje más importante es que distintas instituciones alrededor del mundo occidental están reconociendo, de diversas formas, el carácter fundamental de internet como habilitador de derechos.

Dado el estancamiento del debate de la neutralidad de la red en las cortes, los operadores de telecomunicaciones y proveedores de contenido han buscado soluciones alternativas que no violen los principios generales de la neutralidad. Una de estas alternativas es la conocida como zero-rating que consiste en el cobro cero, por parte de los operadores, del tráfico generado al usar ciertas aplicaciones. Por ejemplo, un proveedor de contenido de video puede firmar un contrato con un operador de telecomunicaciones para que el operador no les cobre a los usuarios cada vez que estos accedan al servicio de video de aquel.

Esto ya está sucediendo en ecosistemas como el mexicano. Por ejemplo, hoy los operadores de telecomunicaciones no cobran por el uso de aplicaciones como WhatsApp. Sin embargo, uno de los grandes problemas con el zero-rating radica en la externalidad negativa que construyen los operadores al incentivar el uso de ciertas aplicaciones. Si el uso de WhatsApp es gratuito, entonces el incentivo por utilizar aplicaciones que compitan con WhatsApp se reduce para los usuarios. Por lo tanto, incluso cuando teóricamente exista una aplicación mejor que WhatsApp, los usuarios no migrarán a ella dado que los incentivos que se han construido en la alianza operadores-proveedores crean barreras que obstaculizan la entrada de nuevos competidores.

Uno de los efectos colaterales del zero-rating puede entenderse desde la corporativización de la red. Las alianzas entre operadores y proveedores de servicios alientan el desarrollo de aplicaciones comerciales que tienen como último objetivo la monetización de la red. Esta es una discrepancia cognitiva con las múltiples externalidades positivas que la red puede tener. internet es un medio de transporte de información que es valioso para el acceso a la cultura, al conocimiento, para el ejercicio de derechos fundamentales, entre otros. Por lo tanto, el zero-rating puede transformar internet en un medio de maximización del valor económico y no necesariamente del valor social.

El zero-rating está definitivamente en las etapas más tempranas de desarrollo y no está cerca de tener el alcance y afectación que tiene la neutralidad de la red. Sin embargo, el hecho de que operadores y proveedores estén entrando en estos acuerdos es muestra del creciente interés de parte de ambos de encontrar modelos de alianza que sean provechosos para ambos. Hoy en día la práctica de zero-rating es singular en los mercados de contenidos. Sin embargo, de usarse más, podría tener implicaciones tan serias que pondrían en riesgo la neutralidad de la red.

En México, el mayor reto que tiene el Instituto Federal de Telecomunicaciones es el de salvaguardar los derechos digitales consagrados en la constitución y al mismo tiempo habilitar el crecimiento orgánico de la conectividad de banda ancha a lo largo y ancho del territorio nacional preservando los valores fundamentales de la red. Esto no es tarea fácil, ya que la geografía mexicana crea desafíos profundos en los modelos de negocios de los operadores de telecomunicaciones. Por otro lado, México no es un país que se encuentre en la frontera del despliegue de infraestructura de última generación. Existe todavía una discrepancia entre las capacidades de datos que ofrecen las redes de datos móviles y las fijas. El Instituto deberá de considerar estas particularidades en sus políticas públicas para así cumplir con el mandato constitucional.

La batalla en Estados Unidos no ha sido ganada todavía por los proponentes de la neutralidad. Los ISPs ya han anunciado que apelará la decisión en las siguientes instancias judiciales. Sin embargo, si la historia nos puede servir como referencia, al mundo está convergiendo hacia una concepción de internet que blinda a la red de los vaivenes del mercado. El tratamiento igualitario de cualquier información que cruza internet llegó para quedarse.

(Foto: cortesía de Lourdes Muñoz Santamaria.)


Referencias

[1] Hsing Kenneth Cheng, Subhajyoti Bandyopadhyay, Hong Guo. “The Debate on Net Neutrality: A Policy Perspective.” Information Systems Research  22, no 1 (marzo 2011): 60-82.

[2] FCC. “Internet Access Services: Status as of December 31”.  Disponible aquí.

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