La vida secreta de los Peñabots

¿Pueden los “bots” dedicados a reventar los hashtags críticos contra el presidente tener, además de opiniones políticas, algo parecido a las emociones?

| Medios

Para nadie es secreto, queridos lectores, la desafortunada ausencia en esta nuestra república mesoamericana de lo que cierta doctrina de estudiosos denomina “capital social”, esa sutil materia en cuya ausencia una sociedad pierde confianza en el prójimo. Vivimos pobremente iluminados por la penumbra del sospechosismo, esa luz polvosa que nos hace deambular juntos pero no acompañados, como almas errantes en dantesco purgatorio.

Un viejo dicho declara que toda sociedad tiene el gobierno que se merece. En tal cuestión me declaro agnóstico. Pero he de reconocer que también soy supersticioso. ¿Y si estuviéramos condenándonos nosotros mismos a un mal gobierno por nuestro recelo, nuestra falta de empatía hacia propios y extraños? ¿Por qué no empezar por ser uno mismo agente de cambio, transformar la conversación, cultivar valores, llevar nuestro comportamiento to the next level, y empezar a confiar?

¿Por qué no?

Así que hace tiempo, lleno del cometido nacionalista de exorcizar a nuestra república de sus profundos demonios, decidí hacer contacto con algunas de las numerosas cuentas de Twitter que, al haber vomitado descontroladamente hashtags críticos al gobierno, acaban siendo las responsables de la disolución de dichas críticas en el voluble internet…La tuitocracia les llama bots y les acusa de ser espuma virtual, binarios rastreros instalados por un gobierno incapaz de enfrentar críticas incluso en la levedad del mundo virtual. La memoria inmediata tiene como ejemplo de estos personajes las cuentas de Twitter que en febrero, al disparar indiscriminadamente el hashtag #yasequenoaplauden, acabaron por ahogar las molestias hacia el lamento de nuestro presidente sobre la falta de generosidad de los periodistas para con la silla presidencial.

Yo también creía en esta teoría del botismo —hasta que decidí desconfiar de la desconfianza. ¿No sería posible también que estas cuentas hubieran sido utilizadas por sujetos ávidos de ejercitar su ciudadanía, solo que con la torpeza de la inexperiencia? Al fin y al cabo, cosas más dudosas han pasado en nuestro país. ¿Tienen los bots alma? ¿Tienen sombra durante el día y reflejos en el espejo? ¿Buscan su nombre en las latas de Coca Cola? ¿Son deudores de Banamex? ¿Cantan canciones de Timbiriche? ¿Son suspirantes de una Casa Blanca?

A decir de la estremecedora emocionalidad de los tuits emitidos por estas polémicas criaturas, esta alternativa es no menos que probable. (En atención a las buenas costumbres del castellano, me permito hacer este paréntesis para comunicar al lector que los así llamados bots desgraciadamente no parecen tener demasiados modales ortográficos. Primera prueba de su falible humanidad. ¿O usted creería que los programadores serían tan mal educados como para pasar en alto los usos correctos de nuestro idioma?)

Austria Rioja, por ejemplo, es seguidora de Jaime Camil, Adrián Uribe y, responsablemente, del Servicio Sismológico Nacional. Unos cuantos tuits antes del #yasequenoaplaudo, reconoce en un acto de sinceramiento: “Hola mi amor, te amo demasiado”, y declara morir “de amor si mi pequeño principito me dice hola por un audio. Qué ilusión 🙂 <3”. Austria parece ser una madre sin duda abnegada, pero también solitaria: “Adios al amor, hola sexo sin compromiso”. Podemos imaginarla cansada, cínica, marchita.  Y tal vez este cansancio emocional es el lobo que hace que Austria se refugie de buenas a primeras en los profundos escollos de la política: #YaSeQueNoAplauden #YaSeQueNoAplauden. ¿Cuántas veces usted, querido lector, no se ha amparado en los grandes asuntos para huir de los escozores del corazón?

Hilla Campillo, por su parte, es seguidora del Canal de las Estrellas, el programa Hoy y de Alejandro Jodorowsky, y parece también haberse arrojado hacia los infiernos del desamor. Primero ilusionada, clama al cielo su dicha romántica: “Perdoname si al encontrarte te digo hola mi amor es que me cuesta acostumbrarme”. Al siguiente tuit, ese sentimiento se transmuta súbitamente en duda cartesiana: “Hola!! te amo amor de mi vida?” Más tarde sobreviene la locura, la disolución epistemológica —la emperatriz Carlota tomando una taza de chocolate: “Yo Escribí Hola. Pero el autocorrector lo reemplazó por una declaración de amor de catorce Paginas. En Serio.” Después, vencida por sus propios sentimientos, lanza a la tuitósfera exactamente la misma fatídica declaración que Austria Rioja: “Hola mi amor te amo demasiado.” ¿Tal vez Hilla ha intercambiado el desamor por la cordura? Algunos tuits más adelante, reconoce “que el amor se convierta en odio es más fácil que decir un Hola!” Más adelante, derrotada y sin honor, lanzará al viento una lacerante capitulación: “Hola qué tal, con quién tengo el gusto de hablar, sólo llamo pa conversar de un amor que quiero olvidar.” Y tras el desastre amoroso, el refugio en la política: #YaSeQueNoaplauden #YaSeQueNoAplauden.

Continuemos. Cegada por los celos, Bebs Szamora exclama: “Hola mi amor esta noche de cenar hice arroz con quién mierda es ese putito que te favea las fotos bloquéalo o te asfixio mientras dormís.” Ataviada de tacones negros —tacones altos—, Betsabel Cecilia también parece resistir los embates de cupido. Sufre. Solo así podríamos entender sus sanguinarias declaraciones: “Mi amor, si vos estas sana yo te hago mierda”, y: “A mi me decís hola y capaz te escupo en el ojo de rabia y el no, es todo amor de paz jajajajajajaja”. (¿Cuántas amigas argentinas de la Condesa tendrán Bebs y Betsabel?) Sin embargo, su capacidad teórica la separa de los otros así llamados bots. Es capaz de levantarse más allá de su propio dolor y tener una visión más de campo, general. Reconocemos en ella no poca capacidad analítica: “Etapas a como me hablas: 1.- Quién eres? 2.- Qué onda 3.- Hola, amor 4.- Te amo, bebé, 5.- Te odio 6.- Pudrete 7. Muerete 8.- Regresa.” O: “Niveles de ebriedad en Whatsapp: 1.- Hola 2. Hols. 3. HolaAs. 4. HollAso. 5. Holaka. 6. Hoapald. 7. Te echo de menos mi amor, vuelve por favor.”

Hay también quien reflexiona en tesituras más normativas sobre la horrible condición del amor. AvonBeam, seguidora de Aeroméxico, declara: “Un ya llegue vieja jamás se va a comparar con un Hola Amor, ya llegué a casa te quiero. Sépanlo.” Bertha Chaparro pone también en tela de juicio la pasión de los bots mesoamericanos: “Que a usted le dicen ‘Hola’ y ya a se monta en películas de amor eterno? Jajajajjaja”. No sería descabellado ver en estos comentarios una respuesta a declaraciones como las que hace Francia Leon, quien en un acto tan conmovedor como suicida, declara: “Hola ¿Cómo te llamas y a qué te dedicas? Me llamo, soy el amor de tu vida y me quiero dedicar a ti.” O de Cynthia Gissy, quien se contenta con exclamar: “Hola me saque una foto con el amor de mi vida y me saludo y listo chau”.

Enfrentadas a una realidad que se antoja solitaria, no es de sorprender que baste solo un momento para que los intereses de estos personajes se desvíen a los crudos pero más disponibles placeres de la carne. Con unos cuantos tuits de diferencia, Cynthia profiere: “Hola estás bien rica mi amor.” Y Bertha Chaparro (¿prima de Austria Rioja?), enfundada en una imagen de pasión exaltada, exclama: “Hola. Tengo que encontrar amor o dar el braguetazo. En ambas doy todo de mi. Interesados enviar Md.” Cocú Mixco también parece ser más proclive a hacer invitaciones expresas: “Hola mi amor, acabo de rentar unas películas y quería ver si quieres venir a coger.” Pero sin duda Giacinti Franco hace el más peculiar de todos los llamados al deseo. Habiendo exclamado primero que “todos dice que el amor es horrible, después estamos sonriendo como unos boludos por un simple hola en Whatsapp”, regala en seguida: “Hola amor te traje bombones personalizados hechos con el molde de mi ano.”

Así pues, querido lector, a la evidencia me remito. Tanta pasión y fervor teresiano me parecen una prueba irrefutable de que estos seres, envueltos en sus propios infiernos emocionales, son efectivamente almas que aman y carne viva que desea. Aunque es verdad que todos abrieron sus cuentas en Twitter en el mismo mes y que muchos repiten la mismas frases, ¿cuántas cuentas no se crean cada día en la república mesoamericana? ¿No son los sentimientos de amor, deseo y lujuria pasajes universales en el texto de la humanidad?  ¿Qué tipo de perversos programadores podría realmente crear juegos de palabras tan exaltados como los que hemos revisado?

Los bots, queridos lectores, tienen alma. Son apasionados. Requieren paciencia política y terapia emocional intensiva.

(Foto cortesía de Marc Smith.)

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