La vigencia de Vicente Lombardo Toledano

Aunque el lombardismo, dice la historia, es sinónimo de oficialismo, el legado de este personaje complejo es más amplio: las ideas fueron para Lombardo Toledano poderosos instrumentos políticos y la organización un mecanismo indispensable para regenerar la democracia.

| Democracia

Hace un año Emilio Gutiérrez, en un ensayo sobre Vicente Lombardo Toledano que formó parte de una serie de Horizontal sobre la llamada “generación del 15”, describía una imagen desencantada de su bisabuelo que se puede resumir de la siguiente forma: aunque la familia y los partidarios de Lombardo siempre lo han visto como un referente de la izquierda mexicana, la mayoría de los estudiosos de la época y demás actores de la izquierda no comparten la misma opinión. Esto se debió, según Gutiérrez, a que una vez que Lombardo creó el Partido Popular (PP) –que después sería el Partido Popular Socialista (PPS)– se alejó de la oposición y se convirtió en una extensión del PRI. Al final del ensayo el autor concluía que Lombardo hizo poco por abrir el sistema de partidos, que no era un defensor de las causas populares y que su fantasma ronda a la izquierda actual de México –entiéndase al PRD, porque es el único “actor” de la izquierda que menciona– por sus posicionamientos recientes cercanos al poder.

A mi consideración, aunque la ruta que plantea Gutiérrez es parcialmente correcta, es demasiado simplificadora. La relevancia de Lombardo en la historia del país ha sido poco valorada por sus detractores y exagerada por sus partidarios. Lo mismo sucede con su papel en la oposición o como “palero del régimen”:[1] o es visto como el máximo ideólogo de la izquierda mexicana o como el lastre más grande de la misma. En mi opinión, Lombardo es un poco de las dos cosas: fue un gran ideólogo y político que siempre estuvo entre el oficialismo y la oposición –una oposición que terminó siendo comparsa del PRI después de 1952.

Considerando que hoy se debe repensar a la izquierda mexicana y su historia, es necesario examinar a detalle la figura de Lombardo Toledano, ya que fue uno de los grandes ideólogos de la izquierda mexicana –a pesar de sus postulados ciertamente cercanos a los planteamientos dogmáticos del marxismo-leninismo de la época– y un personaje con una relevancia política importante para todo el sistema político mexicano, que, por sus errores “oportunistas”, la historia recuerda, sobre todo, por su subordinación, cuando tuvo otras aportaciones indispensables como la construcción programática. Personaje complejo, de Lombardo debemos conocer las dos caras: la del ideólogo y la del oficialista.


El ideólogo

La generación de ideas fue una constante en la trayectoria de Vicente Lombardo Toledano, aunque al final de sus días tuviera análisis desafortunados propios de la necedad que a veces acompaña a la vejez y del oficialismo recalcitrante que ya lo caracterizaba.[2] Una breve revisión de su trayectoria arroja momentos llenos de lucidez y de trascendencia política: su discurso El camino está a la izquierda, que después provocaría su salida de la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM); el debate con Antonio Caso sobre la educación socialista; su participación en la reforma del artículo tercero constitucional en 1945 –según Torres Bodet fue idea de Lombardo “la de mencionar ‘los resultados del progreso científico’ como base de la enseñanza y la de aludir a la democracia, no solamente como un régimen político, sino como a un sistema de mejoramiento económico, social y cultural” en la reforma–;[3] y la organización de la Mesa Redonda de los Marxistas Mexicanos, entre otros.

Fue precisamente en la Mesa Redonda donde Lombardo Toledano desarrolló el análisis que sería la base de su pensamiento político: según él, en 1947 la Revolución Mexicana estaba llamada a encabezar un cambio de régimen para garantizar la democracia “e imprimir todo el sello popular y de justicia social que necesitaba el país” pero era imposible que esta cumpliera su misión histórica porque la Confederación de Trabajadores de México (CTM) y el PRI se encontraban en crisis. La CTM estaba en crisis debido al sectarismo y al oportunismo de muchos de sus miembros y, por su parte, el partido también se encontraba en crisis por su reciente transformación, con la que las organizaciones de masas perdieron la capacidad de decisión. Para hacer frente a estos problemas era necesario que el proletariado encabezara la nueva etapa de la Revolución, según Lombardo, pero aliado a las diferentes fuerzas progresistas, es decir, utilizando la táctica de la Unidad Nacional.

Para realizar dicha táctica, hacía falta un instrumento político que aglutinara a todas las fuerzas “patriotas y revolucionarias” en un “frente revolucionario independiente del gobierno”. Este instrumento debía ser un partido político que no fuera “ni marxista ni de izquierda”, sino popular. No podía ser marxista porque ya existía el Partido Comunista, y “crear otro semejante equivaldría a inaugurar una lucha infecunda entre partidos marxistas”. Tampoco podía ser únicamente de izquierda porque buscaba incluir, a la par de los sectores obreros y campesinos, “a los ejidatarios, pequeños propietarios, pequeños comerciantes, maestros, profesionistas, intelectuales, burócratas y todos aquellos que aman a México de verdad”. En pocas palabras, había que construir “un partido popular, un partido de masas, de miles y miles de hombres y mujeres, porque frente a los grandes problemas de México, postular la autosuficiencia del proletariado sería un sectarismo ridículo”.[4]

Aunque nunca lo aceptó públicamente, las ideas de Lombardo en la Mesa Redonda dan a pensar que buscaba construir un partido que a la larga pudiera desplazar al PRI y que pudiera concentrar a la CTM como organización central. Decía Lombardo: “creemos que el partido ha de nacer de abajo hacia arriba y no de arriba hacia abajo, como casi todos los partidos políticos han nacido en nuestro país”.[5] Ahora bien, aunque en lo discursivo Lombardo planteaba un partido que no fuese de izquierda, su programa político reivindicaba muchas de las demandas que la izquierda había reclamado en los últimos años, e incluso ponía en el centro el principal cuestionamiento al régimen: la falta de democracia.

En la “Razón Histórica del Partido Popular”, que sirvió como manifiesto base para la elaboración de los estatutos y el programa del partido en 1948, Lombardo planteaba que durante la etapa de consolidación de la Revolución Mexicana, el país no pudo abrirse a la contienda electoral libre, pues habían fuerzas reaccionarias que podían aprovechar el momento para usurpar el gobierno y establecer medidas regresivas para la nación. Sin embargo, con la consolidación de la Revolución se adquirieron valores cívicos que permitieron que la ciudadanía reclamara el derecho de una democracia real en la que pudiera participar el pueblo: si el nuevo régimen quería ser denominado democrático, debía permitir la participación de distintos partidos políticos.

Para ello el lombardismo proponía en su programa una reforma electoral en la que se reconociera la plena existencia de los partidos políticos, “la implementación del sistema de representación proporcional en la integración de las Cámaras del Congreso de la Unión, de las Legislaturas de los estados y de los ayuntamientos” y “el referéndum para consultar a la ciudadanía sobre obras de importancia y para la revocación de mandato de presidentes municipales por mala conducta”. Además, consideraba que si se entendía a la democracia como un sistema de “mejoramiento económico y social”, también debían de contemplarse transformaciones sociales y laborales, por lo que proponía, además del voto de la mujer, “la revisión de las leyes, reglamentos y contratos colectivos de trabajo, en forma que facilite, en igualdad de condiciones, el ingreso de las mujeres en diversos centros de trabajo y actividad social, con la mira de incorporar al mayor número de ellas en la economía del país”.[6]

La transición de Lombardo de líder obrero a líder partidista está lejos de ser el motivo por la que se consolidó como un personaje cercano al régimen. Al contrario: su programa político daba a pensar que el PP podía consolidarse como un partido de oposición con la democracia como su bandera principal. Pero, entonces, ¿qué fue lo que provocó su oficialismo final?


El oficialista

Al igual que la generación de ideas, las sospechas sobre el oficialismo de Lombardo fueron una constante, hasta que no quedó duda alguna después de la elección de 1952. No obstante, a pesar de los rumores y acusaciones, los momentos claves del su oficialismo se dieron en la expulsión de Valentín Campa y Luis Gómez Zepeda de la CTM –cuando pactó con Fidel Velázquez para apoyar dicha expulsión a cambio de que la CTM fuera afiliada al PP, cuestión que nunca ocurrió– en la elección de Sonora de 1949 y en su candidatura presidencial de 1952.

En la elección por la gubernatura de Sonora, había fuerte evidencia de que el PP había ganado la gubernatura con Jacinto López, a pesar del común fraude electoral. Para que se reconociera el triunfo, Lombardo movilizó toda su fuerza política nacional hacia el estado y el partido acordó que nadie aceptaría ningún tipo de triunfo hasta que se le reconocieran todas las victorias. Empero, en medio de manifestaciones y un mitin fuera del Palacio de Gobierno en el que Jacinto López se reconocía como “gobernador legítimo”, Lombardo se reunió con el secretario de Gobernación, Ruíz Cortines, y según Víctor Manuel Villaseñor, pactó que se le reconociera el triunfo a Ignacio Pesqueira a cambio de disminuir la presión hacia el gobierno. Aunque Lombardo reconoció la reunión, siempre negó el acuerdo. Al final, esta situación causó una controversia al interior del partido y la renuncia de Villaseñor y Narciso Bassols.[7]

Mientras tanto, en la elección presidencial de 1952, Lombardo trató de convencer por todos los medios al presidente Miguel Alemán de que su opinión y la de su partido era necesaria para una candidatura revolucionaria. Sin embargo, Alemán rechazó la petición de Lombardo diciéndole que los tiempos habían cambiado, y tenía razón: la mayoría de las organizaciones obreras y campesinas era controladas por el gobierno y no tenían la capacidad de influir en la designación presidencial; la oposición era perseguida, encarcelada o asesinada y las elecciones amañadas para que ganara el candidato del régimen. Su opinión ya no importaba.

A pesar de que Lombardo Toledano se reunió hasta con el ex presidente Lázaro Cárdenas para buscar su apoyo, no logró recuperar ni un poco de la influencia que tenía anteriormente. Ante esto, tenía dos opciones: o se decantaba por la oposición y se unía a Henríquez Guzmán, con todo lo que eso implicaba, o buscaba conservar un lugar secundario o prácticamente marginal, a la sombra del régimen. Lombardo optó por lo segundo: lanzó su candidatura presidencial, fue acusado de dividir a la oposición y mientras el henriquismo desaparecía por la persecución gubernamental, el lombardismo se consolidaba como una fuerza cercana al poder y se presentaría a elecciones siempre junto al PRI, hasta 1988.[8]


La herencia lombardista: pocos ideólogos y muchos “paleros del poder”

A mi consideración, Lombardo se decantó por el oficialismo para no arriesgar la poca influencia que le quedaba. Y es por esta razón que se le recuerda más por su actitud complaciente con el poder que por todas las ideas pertinentes que pudo llegar a tener. Al final, la historia no perdona y juzga a los grandes hombres por sus acciones. Es por esto que Gutiérrez concluye que el fantasma del lombardismo ronda a la izquierda mexicana, sobre todo al PRD.

Lamentablemente, la herencia lombardista en la izquierda mexicana es mucho más cercana a una forma de hacer política –oportunista, con trampas y buscando el beneficio personal– que a las ideas sobre democracia y los valiosos avances programáticos que también son parte de su legado. Aunque en retrospectiva parece una locura que Lombardo se planteara en 1947 desplazar al PRI con un nuevo partido político, es de reconocer su capacidad para analizar la realidad mediante un método que consideraba correcto y para construir una alternativa programática a los problemas nacionales. El problema fue que su capacidad intelectual siempre estuvo acompañada de su servilismo al poder.

Hoy, cuando el PRD está prácticamente en ruinas,  el proyecto lopezobradorista se acerca cada vez más al centro y cuando el zapatismo sigue mostrándose como una fuerza testimonial, es necesario repensar la izquierda, su agenda y su papel en el presente y el futuro. Se necesitan más pensadores, más intelectuales, más ideólogos. Es necesario abandonar las modas teóricas, el análisis ocasional y sin seriedad de la lógica de los medios de comunicación. Es necesario dejar de pensar que el mundo surgió ayer y dejar de simplificar los problemas contemporáneos. ¿Quién en la izquierda puede disputar con rigor los contenidos ideológicos de un nuevo régimen frente a los que defienden los del actual? Esa es la herencia lombardista que debe acabar, de una vez por todas, con su herencia oficialista de “los paleros del poder”: el análisis y las ideas como poderosos instrumentos de la batalla política y la organización como mecanismo indispensable para recuperar la democracia.

(Foto: cortesía de Memoria Política de México.)


Notas y referencias

[1] Cándido Aguilar acusó a Lombardo de ser “un palero del régimen que trató no de unificar a la oposición, sino de destruirla y anularla políticamente”. Al respecto, sugiero revisar: Octavio Rodríguez Araujo, “El Henriquismo”, en Sergio Colmenero (comp), 50 años de oposición en México (Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM, 1979).

[2] En el libro que escribió antes de su muerte, Summa, Lombardo articula varios disparates, sobre cómo los jóvenes, que después se movilizarían en el 68, estaban “confundidos” y solo ayudaban a las fuerzas reaccionarias de la Revolución, o sobre los extraterrestres, la inmortalidad y algunas disertaciones sobre el amor. Al respecto revisar: Roger Bartra, ¿Lombardo o Rrevueltas?; y Vicente Lombardo Toledano, Obra histórico-cronológica, Tomo VI, Volumen 14 (Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales: Vicente Lombardo Toledano, 2004).

[3] Revisar: Gibrán Ramírez Reyes, Izquierdas, democracia y democratización en México (1946-1967). Tesis para obtener el título de Maestro en Ciencia Política (El Colegio de México, 2015).

[4] Vicente Lombardo Toledano, “Intervención Inicial de Vicente Lombardo Toledano”, en Mesa Redonda de los Marxistas Mexicanos (Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales: Vicente Lombardo Toledano, 1982).

[5] Íbid.

[6] Todo esto puede leerse en “La Razón Histórica del Partido Popular” y en el “Programa del Partido Popular”, disponibles en Obra histórico-cronológica, Tomo V, Volumen 4 (Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales: Vicente Lombardo Toledano, 2001) 1-25.

[7] Al respecto revisar: “Segundo Consejo Nacional Ordinario del Partido Popular, sesión del 18 de Octubre”, en Obra histórico-cronológica, Tomo V, Volumen 6 (Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales: Vicente Lombardo Toledano, 2001) y “Segundo Consejo Nacional Ordinario del Partido Popular, sesión del 20 de Octubre”, en Obra histórico-cronológica, Tomo V, Volumen 6 (Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales: Vicente Lombardo Toledano, 2001).

[8] Revisar: Rodríguez, “El Henriquismo”, 1979; Octavio Rodríguez Araujo, “La disidencia política organizada del henriquismo y la imposición de Ruíz Cortínez”, en La sucesión presidencial en México, 1928-1988, cord. Carlos Martínez Assad (Editorial Patria, 1981), 141-142 y la entrevista a Vicente Lombardo Toledano en James Wilkie. “Vicente Lombardo Toledano”, en Frente a la Revolución Mexicana: 17 actores de la etapa constructiva (México, DF: UNAM, 2004).

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