Mundos del trabajo: ¿Cómo combatir la alienación? La propuesta de André Gorz

Para luchar contra la comoditización del tiempo y contra la alienación inminente, los trabajadores, escribió Gorz, deben poner sus propios límites. Emprender una disputa interminable por la reducción de las horas de trabajo.

| Mundos del trabajo

Con esta nota dedicada a las propuestas de André Gorz, concluimos nuestra serie sobre las tensiones y dinámicas del mundo laboral contemporáneo.

Exceso de trabajo libre de derechos laborales. Precarización y alienación. Obreros, oficinistas y trabajadores desorganizados. El panorama laboral que presenció en los ochenta el filósofo André Gorz (1923-2007) no es tan diferente del que encontramos, madurado, con el cambio de siglo. En Metamorfosis del trabajo (1988), sin embargo, advirtiendo la crisis que generarían las diversas transformaciones del mundo laboral, el filósofo austriaco nos dejó un programa alternativo.

Para Gorz, la “sociedad del trabajo” era una creación de la modernidad y la industrialización, es decir, un fenómeno político reciente. Si este sistema se ha minado de errores y contradicciones, escribió, hay que buscar no el abandono de los principales supuestos de la modernidad o de la Razón sino la autocrítica racional de estos. Su crítica pretende una racionalización de la razón y una modernización de la modernidad para influir en el curso histórico de la “sociedad del trabajo”.

Gorz notaba dos cualidades generales del mundo laboral contemporáneo. Primero, que la característica principal del trabajo

[…] es la de ser una actividad en la esfera pública, demandada, definida, reconocida como útil por otros y, como tal, remunerada por ellos. Por el trabajo remunerado (y más particularmente por el trabajo asalariado) es por lo que pertenecemos a la esfera pública, conseguimos una existencia y una identidad sociales (es decir, una “profesión”), estamos insertos en una red de relaciones e intercambios en la que nos medimos con los otros y se nos confieren derechos sobre ellos a cambio de nuestros deberes hacia los mismos.

Y, segundo, que:

La extensión del campo de la racionalidad económica, hecha posible por las economías de tiempo de trabajo, conduce a economías de tiempo incluso en unas actividades que, hasta entonces, no eran consideradas como trabajo.

En el presente, el trabajo es una necesidad pública que nos define: la empresa, mediante el trabajo, configura la identidad personal. Y la racionalidad económica –un tipo de racionalidad que exige que las cosas, las cualidades y los hechos sean medibles y comparables– ha invadido todas las esferas de la sociedad: la racionalidad de la empresa ha impuesto, por ejemplo, un nuevo tipo de tiempo que configura toda la concepción de tiempo del trabajador. Trabajo, luego existo. El trabajador contemporáneo se encuentra confundido, fragmentado, argumentaba Gorz, por este “divorcio de racionalidades”:

Esta escisión del sistema social y este divorcio entre racionalidades diferentes engendran la fragmentación de la vida de los propios individuos: [porque] la vida profesional y la vida privada están dominadas por unas normas y unos valores radicalmente distintos.

Ante este contexto, Gorz propuso un programa específico. Es posible corregir esta crisis y escapar de la cárcel de la alienación si se defienden dos propuestas.

1. Reducir el tiempo de trabajo de todos, en toda la economía:

Por primera vez en la historia moderna, el trabajo pagado podrá, pues, dejar de ocupar la mayor parte de nuestro tiempo y de nuestra vida. La liberación del trabajo llega a ser por vez primera una perspectiva tangible. Pero no hay que subestimar lo que esto implica para cada uno de nosotros. La lucha por una reducción continua y sustancial del tiempo del trabajo pagado supone que éste deja progresivamente de ser la única o incluso la principal ocupación de nuestra vida. Deberá dejar de ser nuestra principal fuente de identidad y de inserción sociales. Unos valores distintos de los valores económicos, unas actividades distintas de las que –funcionales, instrumentales, asalariadas– nos imponen los aparatos e instituciones sociales, deberán llegar a ser dominantes en la vida de cada uno.

Esta mutación de la sociedad y de la cultura exige de cada persona un trabajo sobre sí misma al cual puede ser incitada pero que ningún Estado, gobierno, partido o sindicato puede hacer por ella. Exige que nosotros encontremos a la vida otro sentido que el trabajo pagado, la ética profesional, el rendimiento, y también que cobren importancia unas luchas distintas de las que tienen como contenido la relación salarial. El conjunto de estos cambios culturales es de una tal magnitud que sería vano proponerlos si no fueran en el sentido de una mutación ya en curso.

2. Establecer un ingreso mínimo individual:

Cuando la economía requiere cada vez menos trabajo y, para un volumen de producción creciente, distribuye cada vez menos salarios, el poder adquisitivo de los ciudadanos y su derecho a unos ingresos no pueden depender ya de la cantidad de trabajo que lleven a cabo. El poder adquisitivo distribuido debe ir en aumento, aunque la cantidad de trabajo requerida vaya disminuyendo. La importancia de la renta real distribuida y la importancia del trabajo efectuado deben llegar a ser independientes el uno de la otra, sin lo cual la producción no encuentra suficientes compradores y se agrava la depresión económica. La cuestión que se plantea a todos los Estados industriales no tiene por objeto el principio sino las condiciones de una distribución de ingresos independiente de la evolución de la cantidad de trabajo requerido en la economía.

Reducir el tiempo de trabajo para autodefinirse. Redefinir la soberanía de la racionalidad económica para recuperar cada espacio vital: el tiempo, la identidad, nuestra propia moral. Despedir a la empresa de la vida misma:

El tiempo consagrado a la música, al amor, a la educación, al intercambio de ideas, a la reconfortación de un enfermo, a la creación, etc., es el tiempo de la vida misma, no tiene un precio al que pueda ser vendido o comprado. La expansión del tiempo de la vida y la reducción del tiempo dedicado a los trabajos necesarios o con finalidad económica han constituido una meta constante de la humanidad.


Selección: Jorge Cano.

Foto: How To Dress Well – “Lover’s Start”.

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