«No me parece que la prensa sea un partido de oposición»: Roberta Jacobson

A la embajadora de Estados Unidos en México le preocupan las agresiones contra periodistas y la protección de la libertad de expresión mucho más que los comicios del próximo año. En entrevista, Jacobson afirma que su país confía en la democracia mexicana y que trabajarán con quien gane en 2018.

| Entrevista

Las agresiones contra periodistas en México inquietan seriamente a la misión diplomática estadounidense. En entrevista con Horizontal, la embajadora Roberta Jacobson reitera que la libertad de expresión es una de sus prioridades en este momento y explica por qué.

En contraste, no le preocupan las elecciones presidenciales del 2018, ni siquiera el escenario de un eventual triunfo de Andrés Manuel López Obrador. Advierte que en Estados Unidos confían en el proceso democrático y que trabajarán con quien los mexicanos elijan.

Sobre el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) muestra un cauto optimismo y subraya que los términos de la discusión han cambiado en los últimos meses. En su lectura, las renegociaciones en marcha son una señal de que el objetivo ya no es revocar el TLCAN sino renovarlo.

No evade los rumores respecto a un posible relevo al frente de la misión diplomática estadounidense. De hecho, cuando se le pregunta acerca del perfil que debe cumplir un embajador, señala que no importa el ámbito del que provenga: los negocios, la academia o el gobierno. Tampoco si simpatiza con el Partido Demócrata o el Republicano. «Lo único, lo fundamental, es entender la importancia de la relación bilateral y tener pasión por México», afirma.


La entrevista ocurre en el edificio de la propia embajada, el pasado viernes 11 de agosto por la tarde. Dos personas de nacionalidad mexicana que trabajan en su equipo de prensa me reciben con algunos minutos de anticipación. Intercambiamos cortesías, comentamos las últimas noticias provenientes de Estados Unidos, mientras esperamos en las escaleras de la entrada a una fotógrafa que nunca llega. Les pregunto cómo es trabajar en la embajada de Estados Unidos en México durante la era Trump. Sonríen discretamente, entrecierran los ojos, arquean las cejas. Sus gestos insinúan que les han hecho esa pregunta ya demasiadas veces. «Aburridos no estamos», me responde uno de ellos, entre resignado y lacónico.

Subimos a una sala de juntas donde nos esperan otros integrantes del equipo de prensa —de nacionalidad estadounidense—, quienes nos informan que la embajadora vendrá en cualquier momento. En un extremo de la habitación hay dos banderas, una mexicana y otra de Estados Unidos, que alguien intenta acomodar protocolariamente frente a un fondo azul. «Es para las fotos», me explica.

Roberta Jacobson entra en la sala, saluda y toma asiento en la cabecera de la mesa. Relajada, pero siempre alerta, indica que está lista para la entrevista. Entramos en materia.

***

Carlos Bravo Regidor (CBR): ¿A qué se debe la prioridad que usted, embajadora, ha dado durante los últimos meses al tema de la libertad de expresión y las agresiones contra periodistas en México?

Roberta Jacobson (RJ): Nuestra misión diplomática ha tenido como prioridad la libertad de expresión por bastante tiempo. Eso no empezó conmigo. Es algo que ha preocupado desde antes a la embajada. Para nosotros en Estados Unidos se trata de un tema muy importante, desde nuestra Constitución; algo sagrado: que haya toda la información, que se expresen múltiples voces, que pueda haber distintas perspectivas, un debate robusto.

Es algo muy básico en nuestra política exterior, aunque claro, cada misión, cada embajada, tiene su toque particular en cómo implementarlo. Yo tengo la suerte de tener un equipo impresionante, y no solamente estoy hablando de los estadounidenses que están aquí, sino también de los mexicanos que trabajan en nuestra sección de prensa, de información, que saben mucho sobre cómo está el ambiente, sobre cómo podemos trabajar en equipo aquí para realmente tocar a los jóvenes, a las poblaciones, a los grupos que quizá no escuchan mucho de la embajada de Estados Unidos. Estamos investigando nuevas maneras de comunicar, de implementar esa prioridad. Pero lo ha sido por muchos años, en muchas partes del mundo, bajo muchas administraciones. Yo he trabajado para el gobierno de Estados Unidos desde Reagan, así que tengo mucha experiencia con eso.

Quizá yo tuve la oportunidad de ponerle un perfil más alto cuando llegué a México porque en los últimos años, y sobre todo en los últimos quince meses que yo he estado aquí como embajadora, lamentablemente hemos visto cómo han crecido las amenazas, los ataques y hasta los asesinatos contra periodistas, además de sus efectos en términos de censura y autocensura. Es algo muy preocupante. Porque el problema afecta no nada más al gremio de los periodistas sino a todo el espectro de la libertad de prensa, al derecho a informarse, al derecho a saber, del pueblo mexicano.

CBR: ¿Cómo se ha visto reflejado ese cambio en sus actividades, en su visibilidad (me refiero a un editorial en la Jornada, a una entrevista con Carmen Aristegui, a su cuenta de Twitter), en la relevancia que su voz como embajadora ha adquirido en este tema?

RJ: Bueno, yo no quiero compararme con otros embajadores. Pero sí, es un tema importante para la misión diplomática de Estados Unidos en México. Hemos ofrecido programas, cursos, intercambios y apoyos para periodistas en temas de autoprotección, de cómo reportear desde lugares peligrosos, de protocolos de seguridad, de perspectiva de género. Hemos traído a periodistas de Estados Unidos con experiencia en Medio Oriente o en otros lugares arriesgados por razones de crimen, de pandillas, fenómenos no tan ajenos a lo que pasa en México, para que hablen con periodistas mexicanos. Y mantenemos conversaciones con muchos grupos de periodistas, algo que me parece muy importante, en especial con periodistas que están en los estados, que no tienen los recursos que hay en la capital.

Por ejemplo, hace unos meses viajé a Veracruz y pude hablar con periodistas valiosísimos, que siguen tratando de informar al público de su estado y del país. Si tengo la oportunidad de escucharlos, de conocer su situación, y veo que podemos apoyar sus esfuerzos, pues tratamos de hacerlo. Y eso tal vez levante un poquito el perfil de la embajada en ese tema.

También es algo personalmente importante para mí. Tal vez porque mi hijo mayor está muy interesado en el periodismo. No es periodista, todavía estudia en la universidad, pero este semestre va a trabajar como editor del diario de su universidad. Y, bueno, cuando pienso en los jóvenes como él, pues eso también me motiva para tratar de ayudar y hacer lo máximo posible.

Finalmente, hemos visto que el gobierno mexicano ha lanzado nuevas medidas ante los últimos acontecimientos, como el asesinato de Javier Valdez o de Miroslava Breach. Y esas cosas llaman la atención del pueblo mexicano y de nosotros como diplomáticos, que tratamos igual de responder.

CBR: ¿Qué tan sensible nota usted al gobierno mexicano respecto a esa preocupación? ¿La comparte? ¿La admite como una preocupación legítima de la misión diplomática estadounidense en México? ¿La ignoran o la rechazan por considerar que no deben involucrarse?

RJ: No, no, yo creo que hemos visto una apertura del gobierno mexicano para que trabajemos juntos, un área de cooperación. Por ejemplo, hubo una reunión con gobernadores en Los Pinos a la que fuimos invitados muchos representantes del cuerpo diplomático en México. Y no fue solo para mostrarnos que están atentos y emprendiendo nuevas medidas, coordinándose entre los estados y el gobierno federal, sino también fue para decirnos que tenemos que trabajar juntos en eso. Quizá en otros periodos de la historia de México no fue así, pero ahora yo sí creo que el gobierno mexicano está muy interesado en cooperar.

No olvidemos tampoco que la defensa de la libertad de expresión forma parte de una agenda más amplia que es la defensa de los derechos humanos, porque estamos muy preocupados por eso también. No solo están amenazando a los periodistas, también los defensores de derechos humanos enfrentan retos muy grandes. Hay medidas de protección, oficinas encargadas de eso, fiscalías especiales en los dos ámbitos. Y en ambos debe haber recursos humanos y financieros suficientes que les ayuden a implementar sus mandatos. Nosotros queremos apoyar en todo lo que podamos esos esfuerzos.

CBR: En los casos de Miroslava Breach y de Javier Valdez, por remitir apenas a un par, ¿no hubo un claro contraste entre la reacción inmediata de la misión estadounidense en México y el silencio inicial del gobierno mexicano?

RJ: Bueno, yo no puedo hablar por el gobierno de México. La única cosa que puedo decir es que ellos entienden muy bien que tenemos interés en este tema. Y que ellos mismos también han manifestado bastante interés en atenderlo, tal vez más que antes. Reconozco las dificultades que implica, por razones de crimen organizado, de grupos armados, de grupos corruptos vinculados con gobiernos locales. Es muy difícil enfrentar todo eso.

Pero también es cierto que hay oportunidades. Por ejemplo, en la reunión en Los Pinos que mencioné antes, se habló de cómo los estados dicen que la responsabilidad es federal, y la Federación dice que no, que la responsabilidad es de los estados, y al final eso abre una brecha de impunidad que los criminales aprovechan. Nosotros lo que queremos es que se cierre esa brecha. Y creo que el gobierno mexicano reconoce el problema y está dispuesto a hacer más.

En fin, a veces es difícil, pero yo no he visto que el gobierno se sienta agraviado o que reciba con frialdad nuestro interés en el tema. Al contrario, creo que hemos tenido acercamientos y conversaciones muy fructíferas al respecto.

CBR: Pero ¿qué esperan lograr ustedes?, ¿cuál es el impacto que aspiran tener al darle esa prioridad al tema de la libertad de expresión y las agresiones contra periodistas?

RJ: Bueno, para nosotros el tema de la libertad de expresión y la violencia contra periodistas forma parte de una agenda más amplia de derechos humanos, de imperio de la ley, de democracia. Es un tema central en todo ello. Porque si no tenemos en México una prensa que pueda hacer su trabajo, que informe sobre la corrupción, sobre el crimen, sobre la situación de derechos humanos, sobre la impunidad, ¿cómo se va a enterar el público?, ¿cómo va a demandar respuestas?, ¿cómo van a fortalecerse sus instituciones? México es una democracia vibrante, pero sus instituciones tienen que escuchar las voces de los ciudadanos y nutrirse de sus demandas. Como en todos los países —también Estados Unidos—, las instituciones no pueden funcionar bien si no hay una prensa libre y fuerte, si la información no circula, si se esconde todo.

CBR: La cuestión de la hostilidad contra la prensa y del amedrentamiento contra periodistas no es exclusivamente mexicana. Ocurre en varios países, si bien en distintas modalidades o con diferentes intensidades. Para no ir más lejos, hoy mismo en Estados Unidos también se ha generado un clima de hostilidad contra ciertos medios de comunicación, contra ciertas coberturas periodísticas críticas del presidente Trump. Si este tema le importa en México, si la libertad de expresión es una prioridad en la medida en que forma parte de su tradición política, ¿no le preocupa también lo que está pasando en Estados Unidos?

RJ: Bueno, yo creo que siempre es importante que haya debate. No el debate en que quizá alguien dice que yo odio a toda la prensa, porque hay gente que está en contra de la prensa, como si fuera algo monolítico. Es un poco ridículo decir eso. Incluso estar en contra de un medio porque representa una corriente de opinión opuesta a la mía, creer que por eso no debería existir, va en contra de nuestra tradición en Estados Unidos.

La tradición es que haya todas las corrientes, todas las perspectivas y no solamente aquellas que coinciden con la nuestra. Aunque, claro, sin llegar a la violencia. Porque cuando se cruza la línea de la violencia ya no estamos hablando de libertad de expresión. Tenemos que admitir que las noticias reflejen a todo el país, no solamente a nuestra parte. Que haya muchas voces es lo saludable, incluso voces que a veces no nos gusten o nos parezcan negativas.

CBR: Sí, justo a lo que me refería es a eso, al lugar que ocupa la prensa libre en la tradición política de Estados Unidos: como un espacio de debate e intercambio, como un campo de batalla entre distintas ideas o perspectivas, no como ha dicho el presidente Trump, que la prensa representa el partido de oposición…

RJ: Bueno, yo no puedo comentar mucho sobre eso, pero a mí no me parece que la prensa sea un partido de oposición.

CBR: Hablando de oposiciones, recientemente se han escuchado varias voces en medios de comunicación estadounidense expresando preocupación en torno a la posibilidad de que Andrés Manuel López Obrador a quien algunos incluso han caracterizado como «una figura estilo Chávez»— pudiera ser electo presidente de México en el 2018. ¿Cuál es la posición del gobierno estadounidense y de la embajada al respecto?

RJ: La posición es que no tenemos ninguna preocupación, que los mexicanos escogerán libremente a quien quieran que sea su presidente. Tenemos mucha confianza en el proceso, no tenemos miedo de los resultados, trabajaremos con quien gane. La posición es que estamos listos para trabajar con quien los mexicanos escojan para suceder al presidente Peña Nieto.

CBR: Algunas de esas voces que mencionaba en la pregunta anterior señalan que les preocupa la posibilidad de que en México llegue al poder un candidato de izquierda por lo disruptivo que podría ser para la relación bilateral. Aunque, a decir verdad, es muy difícil imaginar que cualquier resultado del 2018 en México pueda ser aún más disruptivo para la relación entre México y Estados Unidos de lo que ya fue el resultado de la elección presidencial en Estados Unidos en 2016, la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca…

RJ: Yo creo que cada elección, sea en México o en Estados Unidos, es un poco disruptiva para la relación. Lo digo en serio. Yo he visto muchas campañas. Desde luego, tengo que admitir que la última campaña en Estados Unidos fue, bueno, como se dice, de mucha zozobra. Y sí, es un reto para la relación, eso no lo podemos negar. Pero lo que hemos visto después de enero son visitas de integrantes del gabinete: del secretario Perry de Energía, del secretario Perdue de Agricultura, que quizá no son las que aparecen en las primeras planas, pero que son de áreas en las que estamos avanzando mucho, muy importantes económicamente y para el futuro de la relación. Hemos visto que no hay las deportaciones masivas que mucha gente temía antes de la toma de posesión. Hemos visto cooperación en temas de seguridad muy importantes, muy profundos, que no se ha detenido durante este periodo. Hemos visto cooperación en el tema de Centroamérica, de los migrantes centroamericanos, algo muy preocupante para nuestros dos países, a lo que tenemos que prestar más atención para atacar realmente las raíces del problema, no solamente la salida de personas, lo que francamente solo es un síntoma, la gente no querría salir de sus países si las cosas marcharan bien.

Así que yo creo que en vez de enfocarnos en lo negativo, que sí, lo hay, tenemos que ver más allá de las campañas políticas. Son intensas, lo sé, pero después hay que gobernar. Y con el secretario de Estado Tillerson, con el Chieff of Staff Kelly, con el secretario Mnuchin, del Tesoro, con sus homólogos aquí, esas son las relaciones que todavía están avanzando. Y estamos empezando las negociaciones sobre el TLCAN. Yo creo que esas son las cosas en las que tenemos que enfocarnos ahora y, como siempre ha dicho mi mamá, no tomar prestados los problemas del futuro.

Sí, tal vez la campaña mexicana también será un poco difícil para la relación, puede ser, pero hay que enfocarnos en lo que podemos avanzar ahora.

CBR: ¿Y no tiene usted ninguna preocupación respecto a la integridad del proceso electoral mexicano en 2018?

RJ: No, no, eso es algo para que los mexicanos debatan, para que los mexicanos decidan. No soy ingenua, estoy al tanto de la discusión y leo en los periódicos sobre los partidos, las estructuras, etcétera. Yo creo que, como en muchos lugares, el proceso tendrá sus altibajos, pero creo que al final el sistema electoral va a funcionar bastante bien.

CBR: El tema de la renegociación del TLCAN ha creado mucha incertidumbre, además de poner en entredicho uno de los pilares de la relación entre Estados Unidos y México. Por un lado, durante la campaña presidencial del 2016 en Estados Unidos, el TLCAN se convirtió en un tema envenenado, no hubo nadie que lo defendiera, y pues eso desde luego que ha sido disruptivo para la relación bilateral. Pero, por el otro lado, en la elección presidencial del 2012 en México no hubo ningún candidato que hablara en contra del TLCAN o que propusiera abolirlo. Y nada indica que la elección presidencial del 2018 vaya a ser muy diferente en ese sentido. En México ha habido críticos de algunos aspectos o impactos del tratado, pero nadie se ha planteado seriamente echarlo abajo…   

RJ: No, eso es interesante. Pero es interesante también hacia dónde ha evolucionado la discusión después de la elección en los Estados Unidos. A mi parecer, hacia enfocarnos con seriedad en lo que podemos mejorar del tratado, es decir, a ya no querer eliminarlo. Temas como energía, como comercio digital, todas esas cosas que no estaban en el escenario hace veintitrés años. En Estados Unidos hemos escuchado también muchísimo de los gobernadores de los estados, y no solo de los del suroeste del país, de demócratas y especialmente de republicanos, ellos han sido muy abiertos en decir que no, que quizá hay que modernizar, quizá añadir temas de trabajo o medioambiente, pero no tirarlo, no. Así es que sí, es interesante como está cambiando el debate.

CBR: ¿Puede Norteamérica sobrevivir como región si no sobrevive nuestro Tratado de Libre Comercio?

RJ: Bueno, esa respuesta sería una especulación y yo no quiero especular. Pero tengo la expectativa firme de que después de las negociaciones, tan pronto como sea posible, lleguemos a un acuerdo.


Fotografía tomada de la web oficial de la Embajada de Estados Unidos en México.

La entrevista termina en punto, justo al cumplirse el tiempo pactado. La embajadora se despide con cordialidad y abandona la sala. Una de las personas del área de prensa me escolta de nuevo a la puerta por donde ingresé. En el camino me pregunta qué tal la entrevista. Repaso mentalmente los temas que tocamos y las respuestas de la embajadora.

Sobre las agresiones contra periodistas me llevo la impresión de que Roberta Jacobson ha querido mandar un mensaje fuerte y claro: ‘nos importa, aquí estamos, no están solos’. También me llama la atención la esperanza que ha querido transmitir al hablar de la agenda bilateral como algo de todos los días, que mantiene su curso, que puede seguir avanzando y fortalecerse a pesar de la disrupción de las campañas políticas, más allá del ruido y la furia de los últimos meses. Y de los que vendrán.

Pienso entonces en lo delicado de la coyuntura, en las enormes dificultades que debe entrañar la relación entre el país de Trump y el país de Peña Nieto… Y caigo en la cuenta de que la embajadora no mencionó ni una sola vez el nombre de Donald Trump. Que ni siquiera aludió indirectamente a él como «el presidente de Estados Unidos» o algo por el estilo. Cero, nada. Ese silencio es quizás el dato más significativo de toda la entrevista.

 

*En imagen de portada: Roberta Jacobson, embajadora de Estados Unidos en México.

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