¿Nos debemos preocupar por la depreciación del peso?

¿La depreciación del peso es una señal de que la economía mexicana empeora? ¿Puede el gobierno hacer algo al respecto? ¿Es posible predecir el tipo de cambio?

| Contexto

Durante los últimos meses, el peso mexicano ha sufrido una fuerte depreciación frente al dólar estadounidense, cercana al 25 por ciento. Esto ha generado cierta preocupación. Para entender qué tanto nos debemos preocupar se deben responder varias preguntas.

¿La depreciación es una señal de que la economía empeora?

No siempre. Una economía sana no necesariamente implica tener una moneda cara. Hay otros muchos factores más importantes para evaluar el buen manejo económico; por ejemplo, la tasa de crecimiento, el nivel de inflación, la generación de empleos o la pobreza y la desigualdad. El tipo de cambio es una variable pobre para estos fines, particularmente en un país como México, que tiene un régimen de tipo de cambio flexible.

En casos de libre flotación como el nuestro, el valor de una moneda la define la oferta y demanda de la misma, por lo que su valor depende en buena medida de las transacciones que se hagan con ella en el mercado. Así, una depreciación no es más que la pérdida de valor de una moneda porque se le demanda menos en relación a otra. En este caso se podría afirmar que la debilidad del peso se explica por la fortaleza enorme que ha ido ganando el dólar, globalmente, en los últimos meses. En ese sentido la depreciación no es indicativa de que la economía mexicana ande particularmente mal (o más aletargada de lo que ya sabíamos que estaba).

Entonces, ¿por qué se está apreciando el dólar?

Existe un conjunto de factores globales que se han combinado y que explican por qué el dólar se ha fortalecido y el peso ha tenido una depreciación tan pronunciada. Por un lado, el precio del petróleo ha caído y es normal que, cuando la principal exportación de una economía cae, su moneda se debilite. Adicionalmente nos encontramos en un periodo de volatilidad por el próximo final de la expansión cuantitativa realizada por la Reserva Federal de Estados Unidos y su inminente subida de tasas. La expectativa de dicho suceso hace que, en buena parte del mundo, los flujos de capitales prefieran moverse a bonos del tesoro, aumentando así la demanda de dólares y por lo tanto encareciéndolo contra las monedas de donde salen esos flujos.

Otros factores en la economía mundial están presionando a las monedas de países emergentes: la crisis del euro en Grecia, la desaceleración de China y los problemas internos de su sistema financiero. Así, la apreciación global del dólar también tiene que ver con la salida de capitales extranjeros de varias economías emergentes. Miles de millones de inversiones en yuanes, reales y rublos están siendo retiradas y reconvertidas en dólares (la principal moneda de la economía mundial). Y si las tasas de interés suben en Estados Unidos, pues quizá su moneda continúe fortaleciéndose un poco más antes de establecerse.

Por último, otra de las razones menos citadas que sirven para explicar la depreciación es una suerte de profecía autocumplida. Los mismos inversionistas mexicanos pueden estar vendiendo pesos y comprando dólares siguiendo una lógica similar a la que ocurre en otros mercados, moviéndose en un comportamiento de rebaño, que sigue a otros actores que realizan este tipo de movimientos.

¿La depreciación es mala?

Las depreciaciones pueden tener impactos positivos o negativos. Enfoquémonos en los más relevantes para nuestro caso. Una depreciación puede hacer más competitivas las exportaciones de un país pues las abarata a los compradores que pagan con dólares; por lo tanto, bajo circunstancias correctas, puede llegar a ser una fuente de crecimiento. Por otro lado, como la moneda también es una mercancía y el cambio en su valor puede transmitirse a los precios en la economía, también podría llegar a causar inflación por medio de un efecto que los economistas llamamos el pass through.

Para el caso mexicano, la actual depreciación del peso quizá sea una de las pocas razones debido a las cuales la economía crezca un poco. De forma fortuita, las mediciones recientes del pass through a los precios han encontrado que el efecto es marginal; es decir, en esta ocasión parece que solo estamos disfrutando de los efectos positivos de un peso débil y que tomará una depreciación mayor para que empiece a tener un efecto inflacionario.

¿Puede el gobierno o el Banco de México hacer algo al respecto?

Sí, pero poco. De hecho, Banxico ya ha comenzado a subastar dólares baratos buscando contener marginalmente la depreciación del peso. Pero la cantidad de dólares es menor y el efecto de contención es muy marginal.

Quizá el factor más olvidado, y que también sirve para explicar una parte de la perdida de valor de nuestra moneda, es el hecho de que el peso mexicano tiene movimientos diarios equivalentes a 135 mil millones de dólares, siendo la moneda que más circula entre países emergentes (y la octava en mayor circulación en el mundo), incluso más que el yuan chino (alrededor de 120 mil millones). Ahora se preguntarán: ¿y esto qué tiene que ver? La explicación es simple: dado que el peso es muy líquido y, a diferencia de muchas monedas, se comercia las 24 horas del día los cinco días de la semana, los inversionistas en el mundo suelen utilizarla para especular –se le compra y vende rápidamente con la esperanza de recomprar a un precio menor en el futuro. Esto hace del peso una moneda que muy fácilmente refleja los impactos de los sucesos en el exterior, sea una crisis en Grecia o Argentina.

Frente a todo esto no existen muchas cosas que pueda hacer el gobierno. Como ya se dijo antes, nuestra moneda flota más o menos libremente y por lo tanto ni el gobierno ni el Banco de México pueden intervenir de forma significativa para evitar su caída (no sin invitar ataques especulativos). Más importante aún: por lo que sabemos ahora, hay razones para considerar que no necesariamente sería deseable una mayor intervención.

¿Es posible predecir el tipo de cambio?

Hay muchos analistas que han hecho pronósticos sobre el tipo de cambio. Algunos creen que, a fin de año, el precio del dólar se reestablecerá por debajo de los 16 pesos. Sin embargo, es recomendable que no se les preste demasiada atención. Los tipos de cambio son demasiado complejos para poder pronosticarlos con precisión. Siguen un comportamiento semejante al de un ruido blanco: podemos pronosticar con más o menos precisión la dirección de sus cambios (depreciación o apreciación) pero no su valor puntual .

A quienes no tienen deudas en dólares, o un negocio que dependa completamente de la importación de materias primas o bienes intermedios, la depreciación de la moneda no debería causarles ningún problema. Existen muchos otros asuntos económicos en el país que merecen mucha mayor atención y que sí tienen repercusión en la calidad de vida de todos. La depreciación actual del peso aún no es uno de ellos.

(Foto: Flickr de J.P. C.)

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