OROXXO: entre la iconoclasia y el privilegio

La última obra de Gabriel Orozco, instalada en la galería kurimanzutto, plantea una crítica arriesgada y devastadora a las dinámicas comerciales del mercado del arte y al consumismo que caracteriza a nuestras sociedades –¿o no?

| Arte

En 1994 Oxxo dejó de pertenecer a Cervecería Cuauhtémoc Moctezuma y pasó a ser una empresa independiente dentro del grupo FEMSA. Asimismo, el primero de enero de ese año entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) se levantó en armas en el estado de Chiapas. El EZLN y el OXXO nacen, desde 1994, en paralelo como organizaciones que defienden modelos opuestos, y son hoy en día el termómetro del desarrollo del capitalismo y la izquierda en el contexto neoliberal mexicano.

Más de veinte años después, en el verano de 2016, los artistas Gabriel Orozco y Damián Ortega viajaron a Chiapas para asistir al festival zapatista CompArte, en el cual se desarrollaron actividades creativas bajo la interrogante lanzada por el subcomandante Galeano: “¿Y tú qué?”. Los artistas, refugiados del sol en una palapa, se diferenciaban jerárquicamente del resto de los asistentes y participantes del festival, mientras se preguntaban “¿Y yo qué?”. Juan Villoro, que acompañó a los artistas en el encuentro, escribió en un artículo reciente: “Después de inventar insectos vegetales en las comunidades que luchan contra ‘la hidra del capitalismo’, Gabriel Orozco regresó a Tokio, y comenzó a pensar en su siguiente pieza.”

Estos son algunos antecedentes del OXXO de Gabriel Orozco instalado en la galería kurimanzutto hace unas semanas. Con trabajadores de sucursales, caja registradora y tres mil artículos, la pieza, antes que como tienda de conveniencia, funciona como la cuadrícula de un Monopoly que convierte al espectador en jugador y cuya narrativa presenta al artista como marca y bien mercantil dentro de una simulación de 30 días. Al entrar a la galería, el asistente recibe un vale de despensa parecido a un billete (cuyo anverso es mitad peso, mitad dólar y en el reverso dice OROXXO), que se puede intercambiar por cualquier producto, a excepción de las bebidas alcohólicas, los cigarros, los electrónicos y los artículos intervenidos por el artista con calcomanías que multiplican sus obras de círculos. La segunda sala transparenta un mecanismo de venta de obra, ideado como una suerte de mano invisible reguladora del mercado, y es que atrás del OXXO se puede acceder a una galería en donde se encuentran piezas de arte coleccionables, que son las envolturas de los productos que están intervenidas, que se venden conforme a un tabulador que esquematiza cómo los 300 productos se ofrecerán en series de 10 piezas individuales por día, con precios que van disminuyendo exponencialmente a lo largo del mismo, comenzando en 30,000 USD, precio promedio del artista en el mercado. Así, los primeros compradores “subsidian” a los que les suceden, pero, si ningún coleccionista adquiere el primer producto, nadie tiene acceso a precios más bajos.

Tabulador de venta de obra. Foto: Cortesía de Mario García Rico.

Como antecedente de este proyecto figura Economía de mercado, la primera exhibición de la galería kurimanzutto en 1999, que consistió en una venta en el Mercado de Medellín en la colonia Roma: se rentaron dos puestos y se vendieron obras de arte contemporáneo elaboradas con materiales del propio lugar, con precios de entre $25 y $500. Las reflexiones sobre las diferencias y similitudes entre el mercado del arte y el mercado-tianguis/arte-supermercado y las estrategias de producción basadas en contraponer y/o fusionar dichos campos fueron evidentes en 1999, así como lo son en 2017. Con la diferencia de que en 1999 la galería se “insertó” dentro de un espacio popular, en una suerte de apropiacionismo cultural, mientras que con el OROXXO la fachada del corporativo que amenaza con desaparecer a la tiendita se insertó dentro de la galería kurimanzutto, la cual es al OXXO lo que Orozco es a Coca-Cola.

En la izquierda, Economía de mercado (1999); en la derecha, OROXXO (2017).

Con el OROXXO el joven vanguardista que presentó una caja de zapatos vacía en la Bienal de Venecia en los noventa se exhibe, dos décadas después, como un artista consolidado y desgastado por el capitalismo, buscando actualizar el carácter provocador que en su momento lo legitimó. Y aunque en el OROXXO la ironía y la autocrítica son un aparente inesperado, también son un escudo frente a la crítica que le blinda de los cuestionamientos hacia la coherencia de la pieza, debido a que su rol dentro del mercado del arte se asume como argumento de la obra: “Sí, soy un producto y puedo poner un OROXXO. ¿Y?” Sin embargo, al mismo tiempo que la pieza transparenta su papel dentro del modo de producción, también evidencia una cómoda manera de operar, donde, lejos de haber gran riesgo o de replantear su modo de producción, lo que se pondera es la hibridación de la autocrítica con la preservación del privilegio, ello basado en un ejercicio de simulación enmarcado en la lógica de que, al ser el artista mexicano más exitoso en el mercado y uno de los principales íconos del arte contemporáneo mexicano, puede darse el lujo de cabulear el papel de su obra y en consecuencia hacer “un comentario sobre el mercado del arte, en donde los artistas más exitosos –aquellos que logran que su trabajo sea exhibido, comprado y coleccionado– son también los engranes del branding, tanto como creadores consumados de imágenes como administradores de su propia marca.”

Por la provocación a los puristas que implica esta puesta en escena, los memes, las burlas y críticas (incluyendo este artículo) sirven a su causa. Sin embargo, a pesar de que las notas sesgadas e impresiones rápidas robustecen el mito de que Gabriel Orozco puso un Oxxo, conviene insistir en que la tienda no opera como tal, pues no se generó el proceso administrativo para que así fuera, ni los productos están en venta. La única tienda en activo es la propia galería kurimanzutto, que es articulada como OROXXO para dar un giro juguetón a su dinámica comercial de acuerdo con un simulacro en el que los productos como los cigarros, los electrónicos y las bebidas alcohólicas son ubicados en los estantes como ornato, refirmando un fake en el que la tienda es rellenada por FEMSA cada que se desabasta, además de que fue montada por el corporativo para emular una estética idéntica a las del establecimiento. Aunque esta colaboración FEMSA-Orozco tiene antecedente en el Mural del sol (2000) que el artista reprodujo en el Museo Tamayo con los rotulistas que los hacían en la época, encuentra desemejanza con la misma en el sentido de que el OROXXO, más que el emplazamiento de un modo de producción preexistente en el espacio de exhibición, implica la manufactura de una simulación y una serie de metáforas abigarradas más cercanas a un juego de mesa. Asimismo, a pesar de que el artista señala que la empresa no le cobró un centavo, sino que es un intercambio completamente cultural, cabe recalcar que dicho intercambio implica un negocio ganar-ganar para todos los participantes: mientras que la empresa pasa a la historia del arte representada como ícono de la identidad mexicana, la galería refuerza su visibilidad en la semana del arte con un proyecto de alto impacto y el artista ironiza el rol del productor cultural dentro del mercado del arte y vuelve a dar de qué hablar con su obra; asimismo, el espectador promedio recibe un monchis gratis o el billete souvenir para la posteridad, los coleccionistas pequeños son protegidos por los más acaudalados y los que compran más de una obra son premiados con un “descuento”. Así, se proponen distintas variables que se activan con el libre albedrío de los participantes en un juego de la oca neoliberal-autoconsciente, con un barniz proteccionista o de economía responsable que es presentado en medios como el producto de una reflexión detonada por un encuentro anticapitalista.

Con la aplaudida recepción de esta pieza como agente crítico de su propia condición, las clases dominantes mexicanas reconocen la irreverencia, la iconoclasia y el innovacionismo como rasgos depuradores cuya función es actualizar y reforzar al statu quo, un estado de las cosas que sabe reírse de sí mismo. ¿Y tú qué? ¿Y yo qué?¿Y entre la autocrítica y el capitalizar el privilegio qué? ¿Y entre el arte como industria y la ironía que expía culpas qué? ¿Y en la apropiación de una élite de la realidad popular qué? ¿Y entre lo iconoclasta y el esbozo de un capitalismo responsable qué? ¿Y kurimanzutto qué?


OROXXO

Artista: Gabriel Orozco

kurimanzutto

Gobernador Rafael Rebollar 94, San Miguel Chapultepec I Secc, 11850 Ciudad de México, CDMX

8 de febrero del 2017 – 16 de marzo del 2017


Foto principal: kurimanzutto.

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