Por el derecho al sexting

En la última campaña en contra del sexting se puede leer la normalización de los prejuicios sexuales y los estereotipos de género más comunes.

| Derecho digital

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Tenemos derecho a sextear. A tomar fotos o videos íntimos, explorar nuestros cuerpos con la cámara de teléfono que nos acompaña a todos lados; a descubrir nuestro mejor ángulo y elegir a quién mandárselo. En la era digital, el sexo es más que un mero intercambio de fluidos. No tenemos que seguir los estándares “eróticos” o “pornográficos.” Si son nuestros desnudos, son nuestras reglas. Y, entonces, el sexting es un ejercicio de autodeterminación que forma parte de nuestros derechos sexuales: el conjunto de derechos humanos que reconocen la capacidad de expresar nuestra sexualidad sin discriminación.

Ignorando este derecho, el colectivo Pantallas Amigas de la mano del Instituto Nacional de Acceso a la Información (INAI), Google México e, inclusive, Presidencia de la República lanzaron una campaña para “prevenir” el sexting listando diez razones para no hacerlo. El tono de esta campaña es alarmista, exagerado y confuso. Además es un mecanismo de censura indirecta, prohibida por la Constitución y los tratados internacionales.

Hay que “pensar antes de sextear, nos dicen, pues tomarse una fotografía o video íntimo y enviarlo a otra persona es una actividad de riesgo “con graves consecuencias para quienes la practican que han provocado incluso el suicidio”. Además –según ellos–, sextear puede causar daños al honor y la propia imagen, la pérdida de intimidad y privacidad, el chantaje vía esas imágenes, ciberbullying o implicación de delitos de pornografía infantil “si eres menor de edad”. Para colmo, exaltando el conservadurismo de la sexualidad y el deseo, afirman que “si alguien te quiere bien, ¿crees que puede pedirte que hagas SEXTING?”

La campaña –a pesar de usar colores rosas y morados destinados “al género femenino”– parece querer dirigirse a hombres y mujeres por igual. El video es un fracaso, pues ni siquiera se entiende de qué consecuencias están hablando y además da entender que el alcohol y la marihuana son cosas malas que te pueden llevar a sextear (¿?).

Y no. Si te tomas una selfie desnuda, no te dejarán de querer ni terminarás suicidándote o involucrada en delitos de pornografía infantil. El sexting no es malo, al contrario. Como en toda actividad sexual, hay ciertos riesgos implicados. Eso es cierto. Pero estos tienen que ver –más que con el acto en sí– con la difusión de la imagen sin el consentimiento de la persona que se la tomó y la connotación negativa que tienen los desnudos, sobre todo femeninos, en la sociedad.

Siguiendo los patrones de desigualdad y violencia de género que operan en el mundo offline, las víctimas de la difusión no consentida son en su mayoría mujeres. Pueden ser hackeadas o algún ex novio puede subir las fotografías y videos que en su momento fueron compartidas. A esto se le conoce comúnmente como “pornovenganza”, aunque el término es equivocado. No es pornografía porque no hay un consentimiento contractual en el marco de una industria para excitar a terceros; y tampoco es venganza sexual. Es una forma específica de violencia sexual que viola la intimidad y privacidad de las mujeres en internet.

La campaña confunde una y otra cosa. No explica que el riesgo está en la difusión no consentida, sino que se concentra en el sexting en sí. Entonces se demoniza y se llama a no hacerlo. Es como decir que si el sexo implica el riesgo de embarazos y enfermedades de transmisión sexual, lo mejor es la abstinencia. Esta aproximación es, por lo menos, ingenua. Al concentrarse en el prohibicionismo, deja de informar sobre el uso del condón, los anticonceptivos, o cualquier otro método para tener sexo seguro. En el caso del sexting es lo mismo.

Por si fuera poco, se pone la carga del lado de las víctimas. Entre líneas, lo que dice es que si una imagen se difunde, es tu culpa por haberlas enviado y por eso es mejor no hacerlo. Es la continuación de una mentalidad machista que también vemos en los casos de violación: le pasó por “puta”, por “usar minifalda”, por ser sexy, caminar sola por la calle o “meterse con tipos raros”. Que quede claro: no es culpa de las mujeres. Tenemos derecho a vestirnos como se nos pegue la gana, a caminar seguras por las calles y a ejercer nuestra sexualidad de forma libre y sin fines reproductivos o monógamos. Quienes deberían ser sancionados son quienes violentan nuestra autonomía sexual. Tenemos derecho a sextear, solo hay que informarnos de la forma segura para hacerlo.

Una de las 10 razones con las que la campaña busca disuadir el sexting dice que “la protección de la información digital es complicada”. Esto es falso y además muestra el poco conocimiento que los implicados en la campaña tienen sobre internet. Proteger nuestra información digital es el equivalente a usar un condón, y es tan fácil como bajar ciertas apps y utilizarlas.

Como ejemplo: la guía de Coding Rights para mandar desnudos seguros recomienda no usar SMS, iMessage, Telegram, Facebook o Tinder. Aplicaciones como Confide, Wickr o Signal son mejor idea, pues están cifradas de punta-a-punta y disminuyen los riesgos de ser hackeadas. Además, podemos usar Obscuracam para difuminar nuestra cara o tatuajes. Y por último, recordado la filtración de imágenes íntimas de celebridades en 2014, hay que tener cuidado con los respaldos que hacemos en iCloud o Dropbox.

“Pensar antes de hacer sexting” es el ejemplo perfecto de una política pública fallida, moralista y desigualitaria. En vez de buscar condiciones de igualdad y sancionar a los que nos agreden sexualmente (sea en casos de violación o por difusión de nuestras imágenes íntimas) reproduce los mismos estereotipos de género. Culpar, castigar o censurar a las mujeres que se salen de los roles, espacios y atributos “apropiados” en función de su sexo; a aquellas que no son “recatadas, sumisas y buenas esposas”, valida la violencia.

No está mal tomarnos fotos y videos sexuales, y tampoco está mal enviarlos o inclusive difundirlos si así lo deseamos. Desde los derechos sexuales se deben incluso promover estas expresiones para tener una internet cada vez más libre, abierta y plural. Ojalá los implicados en la campaña recapaciten.

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