¿Qué izquierda? 7. Carlos Bravo Regidor

Para pensar en común el estado y los retos de la izquierda en México, hemos circulado el siguiente cuestionario entre doce personas. Responde aquí Carlos Bravo Regidor, historiador por la Universidad de Chicago, profesor en el CIDE y articulista en El Universal.

| Cuestionario

1. ¿Por qué es funcional todavía la dicotomía izquierda-derecha? ¿Cuáles son los principios que distinguen hoy a la izquierda de la derecha?

La dicotomía izquierda-derecha es funcional porque sirve para nombrar un conjunto de desacuerdos entre persuasiones y alternativas efectivamente distintas. El principal de dichos desacuerdos, desde luego, sigue siendo aquel a propósito del reconocimiento o la negación de que existen diferencias políticamente significativas. Según la mordaz formulación de Alain, “cuando una persona me pregunta si la división entre izquierda y derecha todavía es válida, lo primero que pienso es que la persona que me hace la pregunta no es una persona de izquierda”. En ese sentido, quizás abstracto pero al mismo tiempo muy elemental, la derecha es despolitización y la izquierda esantagonismo.

 2. ¿Se trata de construir una izquierda “moderna” o de volver a la agenda y los principios históricos de la izquierda? ¿Existe en realidad una diferencia?

En términos muy rigurosamente históricos, la izquierda es moderna o no es. No solo porque la modernidad es su origen y la condición indispensable para su existencia –donde no hay modernidad no puede haber izquierda– sino porque la crítica de la modernidad desde la modernidad misma (i.e., por sus costos, sus incongruencias, sus excesos) es a su vez lo que caracteriza a la izquierda como conciencia creativa. La izquierda no puede ser sino moderna, entonces, precisamente por su relación dialéctica de pertenencia y discordia, de compromiso y distanciamiento, con esa historia siempre polémica y siempre inacabada que llamamos “modernidad”.

 3. ¿Cuáles son hoy las batallas fundamentales de la izquierda en México? ¿Quiénes son sus principales adversarios?

La batalla fundamental de la izquierda hoy, y no solo en México, es la batalla contra las desigualdades y su efecto corrosivo sobre lo público. Se trata de una batalla no contra la diferencia sino contra la disparidad, contra viejas y nuevas formas de estratificación, de exclusión y de explotación que conspiran contra la posibilidad de una convivencia democrática. Es una batalla por reconstituir ese proyecto que Pierre Rosanvallon ha llamado “la sociedad de iguales”, por reivindicar el valor de la igualdad como forma de relación social, como el vínculo a partir del cual –sin dejar de afirmar nuestras singularidades— podemos imaginar y habitar un mundo en común.

4. ¿Cuál(es) debería(n) ser la(s) postura(s) de izquierda ante el régimen y su crisis actual?

La izquierda debería empezar por impugnar el vocabulario con que nos hemos acostumbrado a representar la actualidad. Por ejemplo, la noción de “crisis” al uso supone que hay un horizonte de normalidad, de expectativas más o menos estables, bajo riesgo. Pero si algo define nuestro presente es, de hecho, la erosión de los horizontes, la inestabilidad de las expectativas. Así, no es que el régimen esté en crisis; es, más bien, que la crisis se ha vuelto régimen… La izquierda debería empezar, pues, por redescribir la actualidad con un vocabulario más incisivo y desafiante que no se preste a transigir con el statu quo ni a admitir sus eufemismos.

5. ¿Cuál es el estado actual de la izquierda partidista en México?

La izquierda partidista en México hoy es una desgracia en tres actos. El primero es el caciquismo del PRD, un partido consumido por las disputas entre sus facciones y la administración de sus redes clientelares, sin liderazgos atractivos ni programa propio ni ambición de victoria. El segundo es el caudillismo de Morena, un movimiento que hasta ahora ha servido más para liberar a Andrés Manuel López Obrador de los límites y costos que le implicaba estar en el PRD que para renovar su proyecto, su discurso o su liderazgo. Y el tercero es el oportunismo del PT y el MC, dos organizaciones que se agotan en la pequeña política de las alianzas coyunturales y los reciclajes de personal.

6. ¿Cuáles tendrían que ser las políticas públicas primordiales de un gobierno de izquierda en México?

En México, como en el resto de América Latina, hay un tema paralelo al de las prioridades en cuestión de política pública: el de las capacidadesinstitucionales. Al preguntarnos por las prioridades tendríamos que preguntarnos también por las capacidades con que contamos para intervenir eficazmente y producir resultados con respecto a esas prioridades: para identificar y diagnosticar los problemas, para diseñar e implementar las soluciones, para contar con los recursos suficientes para financiarlas, para fiscalizarlas y evaluar su impacto, para combatir prácticas corruptas o negligentes, etcétera. Ilustro este argumento remitiendo a tres gráficos. El primero, de un estudio de mi colega en el CIDE John Scott Andretta, sobre los ingresos tributarios como porcentaje del PIB en países de América Latina y el Caribe:

Graficas_cuestionariofebrero2015-01

(tomado de http://bit.ly/1ueaRsL)

El segundo, del mismo estudio de John Scott, sobre la regresividad del gasto público en México:

Graficas_cuestionariofebrero2015-02

(tomado de http://bit.ly/1ueaRsL)

Y el tercero, de un documento de la OCDE, sobre la diferencia que en términos de desigualdad hacen las transferencias y los impuestos en varios países entre los que se cuenta México:

Graficas_cuestionariofebrero2015-03

(tomada de http://j.mp/1agjDYx)

Recaudamos poco, gastamos mal y nuestros principales instrumentos redistributivos no hacen mella en la desigualdad. Así, para un gobierno de izquierda en México no debería bastar con darle prioridad a una muy evidente y necesaria agenda redistributiva; haría falta, además, dedicarse a la construcción de capacidades institucionales para poder hacer efectiva dicha agenda.

 7. Más allá del sistema de partidos, ¿cuál es el papel de los movimientos sociales en la construcción de una alternativa de izquierda en México?

La importancia de los movimientos sociales para la causa de la izquierda en México es múltiple. Primero, por su papel como actores colectivos que interpelan a la clase política desde “la calle”, que exhiben la cerrazón y las inequidades estructurales que reproducen las instituciones formales de representación, deliberación y decisión. Segundo, por su papel como plataformas que pueden dar voz pública a los que no la tienen, como vehículos para plantear demandas, ejercer presión y lograr influencia. Y tercero, por su papel como instancias para promover y practicar la participación ciudadana, para socializar información, para forjar vínculos y mover a la acción. En resumen, los movimientos sociales pueden fungir como una tremenda fuente de ideas, de cuadros, de vitalidad para la causa de la izquierda en México… pero a condición de que esta deje de concebirlos como mero semillero clientelar y de utilizarlos a partir de una lógica puramente corporativa.

8. ¿Cuál es el estado actual de los medios de izquierda en México?

Me concentro en tres casos: La Jornada, Aristegui Noticias y Proceso. Cada uno tiene distintas virtudes. El primero, su reporteo de noticias locales y movimientos sociales. El segundo, el trabajo de su unidad de investigaciones especiales. El tercero, su arrojo contestatario y su sección internacional. Los tres, sin embargo, padecen los mismos defectos. Una propensión a dar saltos poco justificables entre los hallazgos y las conclusiones de sus pesquisas informativas. Una vocación muy de capillas: atrincherados, sectarios, dogmáticos. Y un estilito por demás dado a cargar las tintas, a suplir el rigor con estridencia, la precisión con efectismo, los datos duros con la voz alzada.

 9. ¿Es posible, y de qué manera, reivindicar las recientes experiencias de gobierno de la izquierda en América Latina (Venezuela, Bolivia, Ecuador, Uruguay, Argentina)?

Me rehúso a agrupar esas experiencias –y al mismo tiempo excluir otras como las de Costa Rica con los verdiblancos, Chile con la Concertación o Brasil con el Partido de los Trabajadores– bajo el rubro “gobierno de la izquierda en América Latina” sin hacer mayores distinciones. Hay muchas diferencias entre lo que representan, y las agendas concretas que han implementado, todas esas izquierdas. Asimismo, es necesario cuestionar si son realmente susceptibles de ser consideradas de izquierda, por ejemplo, la política bolivariana con respecto a la oposición en Venezuela, la regulación en materia de medios de comunicación y libertad de expresión del gobierno de Rafael Correa en Ecuador, la corrupción rampante a la que se ha entregado el kirchnerismo en Argentina, etcétera. Finalmente, considero crucial reflexionar no solo sobre las experiencias de los gobiernos sino, más aún, sobre las estrategias de lasoposiciones de izquierda como tentativas de las que se puede aprender –sean o no dignas de ser emuladas.

 10. ¿Qué otras tradiciones de izquierda deberían atenderse hoy?

Históricamente, la izquierda mexicana se ha preocupado mucho por la justicia pero poco por el derecho. Y eso es un problema, porque aunque en una sociedad moderna pueda haber derecho sin justicia no hay, no puede haber, justicia sin derecho. Entiendo que la historia del “estado de derecho” en México ha sido, en buena medida, la historia de un discurso de clase y de una legalidad fundamentalmente oligárquica. Pero entiendo también que sin el imperio de la ley no es posible darle institucionalidad, darle continuidad y autonomía en el largo plazo, a ningún proyecto de transformación democrática radical. El derecho puede ser un instrumento de la clase dominante o un instrumento de cambio social: la izquierda debe confrontarlo cuando sea lo primero pero defenderlo cuando sea lo segundo. En ese sentido, tenemos que habérnoslas con la tradición del liberalismo, con la necesidad de una izquierda liberal.

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