Renegociar el TLCAN más allá de lo comercial

Desde que asumió la presidencia de Estados Unidos, Trump ha hablado de renegociar el TLCAN. Más allá de los aranceles, ¿qué impacto tendría en otros ámbitos, como el ambiental y el laboral? Ni México ni Estados Unidos son los mismos de hace veinte años.

| Contexto

Desde que llegó a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump ha dicho que desea renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) e imponer nuevos aranceles a las importaciones mexicanas. Esto ha preocupado a muchos actores económicos y políticos, y han surgido propuestas para enfrentar esta posible renegociación protegiendo en lo posible a las cadenas productivas que basan su competitividad en las facilidades que otorga el tratado en materia arancelaria y de inversiones. Sin embargo, poco o nada se ha hablado del impacto que esto va a tener en otros ámbitos, como el ambiental o el laboral, sobre los cuales hay dos acuerdos paralelos que forman parte del TLCAN. De igual manera, esta renegociación es una oportunidad extraordinaria para subir al debate otros temas de la agenda de la sociedad civil como derechos humanos, derechos de los pueblos originarios, relaciones de género, transparencia, entre otros.


Retomar la experiencia

Hay que recordar que durante las negociaciones del TLCAN en la década de los noventa en Estados Unidos los movimientos ambientalista y sindical presionaron al Congreso para forzar al Ejecutivo a incluir un acuerdo relativo a cada tema que garantizara que México no se convertiría en escape para empresas que buscaran eludir la fuerte regulación estadounidense, y evitar que México se convirtiera en un paraíso de contaminación y precariedad.

Por su parte, en México el PRI aún gobernaba y controlaba todos los poderes en todos los niveles; la CTM y otras organizaciones sindicales afines al gobierno aprobaron con sumisión el acuerdo; el incipiente movimiento ambientalista no contaba con la fuerza necesaria, y en general la sociedad civil carecía de suficiente masa crítica debido a su constante represión y cooptación por parte de las instituciones gubernamentales. Si bien desde la sociedad civil y la izquierda partidista hubo algunas expresiones que se oponían al acuerdo, la propia configuración del sistema político mexicano no permitía el acceso de estas a la toma de decisiones, y su capacidad de incidir en la opinión pública era limitada.

En el plano bilateral, las relaciones entre México y Estados Unidos estaban marcadas por tres factores principales. En primer lugar se encontraba la convergencia neoliberal representada por los presidentes George Bush (padre) y Carlos Salinas de Gortari, ambos creyentes en las virtudes de un modelo de desarrollo económico basado en la libre competencia y el libre comercio mundial. En segundo lugar estaba el estancamiento de las negociaciones mundiales del libre comercio en la Ronda de Uruguay, que no alcanzaban acuerdos en materia de comercio de servicios, protección de propiedad intelectual y el sector agrícola. Por último, en tercer lugar, para fines de la década de 1980 el mundo asistió al fin del socialismo con la caída de la Unión Soviética y del muro de Berlín, lo que terminaba con la alternativa del comunismo como antagonista del capitalismo. El TLCAN cumplía así varios propósitos: impulsaba el libre comercio en América pero también a escala global, ya que se enviaba el mensaje de que si no se conseguían acuerdos globales en el marco del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), Estados Unidos los negociaría de forma bilateral. También servía para afianzar y legitimar el triunfo del capitalismo sobre el comunismo como opción político-económica.


Un nuevo contexto

Es evidente que las nuevas negociaciones del TLCAN se dan en un contexto completamente diferente, tanto en el ámbito nacional de ambos países como en el plano internacional. Esto abre una serie de perspectivas que deben explorarse para generar alternativas que abarquen a todos los actores involucrados.

En el plano nacional, México ha experimentado la alternancia del poder y el PRI no es más el partido todopoderoso que era. Actualmente, los poderes Legislativo y Judicial tienen una mayor independencia y ningún partido posee la mayoría necesaria para aprobar un tratado internacional. Asimismo, las centrales sindicales afiliadas al PRI ya no monopolizan la voz de los trabajadores, existen otras como la UNT, entre varias más. Igualmente, el movimiento ambientalista en México tiene una mayor expresión, lo mismo que el de derechos humanos y el feminista. La sociedad civil mexicana tiene ahora más experiencia creando lazos de cooperación con organizaciones internacionales, entre ellas las de Estados Unidos. Por su parte, los estadounidenses ahora viven una presidencia que aboga por una política proteccionista que al mismo tiempo busca reducir el poder de los sindicatos, y que está desmantelando las instituciones de protección al ambiente —como la Agencia de Protección Ambiental—. Si bien allá los republicanos tienen mayoría en ambas cámaras legislativas y el Poder Ejecutivo, las relaciones entre ambos no se rigen por la obediencia, sino que son objeto de intensas y constantes negociaciones.

En el plano internacional México y Estados Unidos no convergen en el tema del libre comercio, ni en la participación en materia de medio ambiente en foros internacionales. La OMC tiene ya más de dos décadas en funcionamiento y Estados Unidos ha suscrito un sinfín de acuerdos bilaterales de libre comercio incluso más ventajosos que el TLCAN. China es el principal proveedor de mano de obra, y las condiciones laborales de muchos trabajadores han ido en picada. Y aunque no hay una contraparte al neoliberalismo, también es cierto que desde la crisis del 2008 este modelo económico está en constante cuestionamiento y se ensayan diversas alternativas, tanto a la izquierda como a la derecha.

A pesar de que el aspecto comercial es muy importante en la renegociación del TLCAN, hay que mirar los otros aspectos y empezar a abordarlos a partir de las organizaciones de la sociedad civil, los sindicatos y hasta los gobiernos locales, pues la manera en que se propongan los términos de la negociación comercial también afectará al medio ambiente, a los trabajadores, los derechos humanos y al resto de los temas. Aun cuando las negociaciones las conducirán los gobiernos, la sociedad civil está llamada a intervenir decididamente en este proceso, y para ello es necesario conocer los mecanismos de participación, así como identificar posibles aliados en Estados Unidos, ya que en ambos lados hay actores con demandas similares.

Foto: Reuters

 

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