Sexo, millennials y Carlos Fuentes: entrevista con Alberto Fuguet

En su última novela Alberto Fuguet estudia las implicaciones sociales del sexo, la tecnología y la construcción de la belleza en el mundo contemporáneo.

| Literatura

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Alberto Fuguet (1964) es uno de los autores más célebres de la literatura actual en Chile. Convencido de que literatura se trata de crear emociones, en sus dos más recientes libros, No Ficción (Random House, 2015) y Sudor (Random House, 2016), Fuguet explora el relato sexual sin tapujos de una forma que llena al lector de deseos.

Sudor es un libro que evoca a La Región más Transparente (1958), la obra clave de Carlos Fuentes, pues la ciudad de Santiago del 2010, como la Ciudad de México de los cincuenta de Fuentes, es una de las protagonistas de la historia. Al leer Sudor dan ganas de recorrer las calles de Santiago –y de tener sexo en Santiago.

La ciudad no es el único puente que vincula la última novela de Fuguet con el escritor mexicano: el relato mismo se centra en la relación que el protagonista, Alf, tiene al momento de conocer a Rafita Restrepo, hijo hemofílico, poeta y gay de un gran escritor del Boom latinoamericano de nacionalidad mexicana-colombiana, una suerte de Carlos Fuentes novelado.

En el texto, Fuguet desentraña el mundillo literario de las giras de prensa, los manejos internos de las grandes editoriales, el Boom de Donoso, Vargas Llosa, García Márquez y Fuentes; y el choque de mundos entre un editor gay a quien le cuesta desprenderse de todo lo que sabe y los millennials y su fluidez, sobre todo en temas como el sexo y el amor.

Después de presentar su libro en Chile, Argentina y España, canceló la presentación en México, país importante para Sudor por la aparente inspiración que tuvieron Carlos Fuentes y su hijo en la creación de los personajes Rafael Restrepo y Rafita Restrepo.

Hable con Fuguet sobre los registros de su última novela.


AV: Me interesa tu visión de los millennials en Sudor. ¿Qué imagen tienes de esta generación, que ha generado tanto amor y odio?    

AF: ¿Habrá generado tanto odio o amor? No sé: creo que es una generación con la que yo tengo que dialogar y tomar una posición y claramente interactuar. No creo que genere tensión o ruido como la generación hippie de los sesenta que sí provocaron un rechazo importante de sus mayores –tanto que se armaron guerras y golpes de Estado por el cisma entre esas dos generaciones que se rozaron y repelieron tanto que todo estalló.

Me intriga, me fascina, y soy capaz de tomar distancian también. No todo lo joven es mejor que lo que está. Yo me siento un tipo curioso y conectado y es obvio que me enganche o tenga lazos con aquellos que están conectados y son curiosos.

Los millennials o, como les dice Alf en Sudor, los milenios. Creo que claramente son distintos y eso ya es material literario. Esto de ser globales, conectados, con otros valores, criados digitalmente, es sin duda algo que merece explorarse. Ahora capto en todo caso que la generación post-millennials o iGen es quizás aún más rupturista en cuanto a temas claves como la monogamia, la fluidez sexual, el sentido de pertenencia.

Siempre he tratado de escribir de manera pop sobre el presente. Lo he hecho siempre. Mi única novela histórica, digamos, es Mala onda (1991) que fue publicada el año 91 y era acerca de colegiales de prepa bajo Pinochet y la era disco en los ochenta. Y Las películas de mi vida (2003) que es como un intento de hacer una autobiografía a partir de listados de films de los sesenta y setenta. Todo el resto ha sido acerca del presente.

Con Sudor quise hacer muchas cosas, entre ellas, estudiar las conexiones emocionales y laborales y sexuales de Alf con tipos mayores (un ex profesor que tenía una hija) hasta tipos de su edad, pasando por milenios de todo tipo: resueltos, putos, geeks gays, etcétera. Claramente los millennials como el colombiano-mexicano Rafa Restrepo o El Factor Julián lo fascinan por ser distintos, por ser libres y por ser guapos y jóvenes. Eso siempre atrae aunque sea un error pero “ni modo”, como dicen ustedes.

No ficción (2015), la novela hermana de Sudor, es anti-milenio, en el sentido de que el conflicto es acerca de dos tipos de la Generación X que se amaron pero no concretaron por trancas o lentitudes ligadas a sus prejuicios y miedos.

No ficción en versión millennial tendría una página: follan y luego se duchan y siguen amigos.

¿Crees que los millennials somos unos egoístas que no quieren engancharse con nadie? ¿No será que Alf no entiende las nuevas formas de concebir el mundo sin aprehensiones?

Algo. O quizás es una libertad exacerbada. Va por lo que dices: es una nueva forma de concebir el mundo. No hay que generalizar. Hay aquellos que no tienen aprehensiones pero también veo a muchos aterrados de clóset, chicos fisurados por los ejemplos de sus padres o por un terror intenso de no sufrir.

Las aplicaciones como Grindr y también la sensación de que todo lo gay es más aceptado y menos peligroso ayuda al confort de poder tener sexo o encuentros esporádicos sin tener que comprometerse.

Es altamente probable que Alf debería haber aceptado un no-lazo con El Factor Julián y celebrar que el chico lo tome en cuenta cada tanto y hasta que sea transparente en sus encuentros o tríos esporádicos pero eso es pedirle mucho a Alf: es casi forzarlo a destrozar todos sus valores. ¿Pero acaso no es un drama? ¿Derrumbar tus certezas y ver la cosa de un modo nuevo?

¿Te gustan los millenials? ¿Te gustan sexualmente?

Sí, claro. Mi pololo es uno. Me gustan, aunque ahora los post-milenios son los más guapos. Me gusta follar con aquellos que follan bien y no tienen trancas y están dispuestos a imitar el porno bueno si hace falta. A veces me he topado con millennials que no quieren hacer cosas o que les hagan. Chicos pudorosos. Hay de todo. Lo importante es pasarlo bien y conectar. Creo que la novela tiene muchas escenas de sexo porque soy un convencido que en la cama la gente revela mucho cómo son. Dime como culeas y te diré quién eres. Me interesan los tipos generosos.

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¿Te han criticado las escenas de sexo gay de Sudor?

Algo. Pero no tanto. A algunos les parece asqueroso o que hay demasiado o que me refocilo en los detalles, pero la idea del libro es usar el porno como filtro.

He recibido más felicitaciones e invitaciones por este libro que críticas. Me encanta la idea que un lector hetero lea esas escenas y ojalá entienda que no solo es artificio erótico, sino que se al final todos nos parecemos a todos.

Haces referencias en toda tu novela a redes y páginas que por la tecnología se han vuelto populares en el mundo sexual de cualquiera, que abren perspectivas sobre lo que es el sexo en el mundo contemporáneo, sobre el amor e, incluso, sobre las concepciones sociales de belleza. ¿Qué piensas de aplicaciones como Grindr?

Sirve para lo que se inventó: conectar. Uno ahí ve qué desea o qué quiere. Y sí, creo que te abre un abanico. Te abre posibilidades y diversidad. Tampoco creo que sea el mayor invento del mundo. Y puede ser tóxico. Todo lo que se abusa puede ser destructivo. Pero es una herramienta válida, sin duda. Sobre todo si no conoces un sitio o a nadie. A pesar de la ansiedad, está la posibilidad de conversar, conectar…

¿Crees que escribir específicamente más sobre sexo gay pueda ayudar a visibilizar a las personas no-heterosexuales?               

Sin duda. Pero es clave que la novela no parezca del gueto o escrita para un nicho. Sudor es para todos pero, de paso, te obliga a empatizar con Alf y, luego, con Rafa y terminas viviendo emociones que, por cierto, son gay pero sobre todo humanas. Si empatizas, te cuesta rechazar a aquel que siente parecido a ti y esa es la apuesta de la novela. Conectar. He visto que la novela conecta bien con aquellos que son gay pero también con el resto de los lectores. Muchas mujeres me han dicho que les parece horny.

¿Hasta qué edad uno es “mino”? Es decir: deseable, “follable”. Esa pregunta se la hace Puga a Alf. La edad es otro de los temas centrales en Sudor.

La edad es un tema en Sudor y en el mundo gay y en el mundo hetero. Y qué decir del mundo femenino, que es el que ha sido más abatido con ideas y falsas certezas acerca de la edad.

Se sabe que para un gran sector, un sector de menor edad, el límite es 25, algo que me parece insólito y mal y que está ligado a códigos de la hetenormatividad. Creo que es importante ir quebrando ciertas vallas ahora que el mundo gay ha conquistado más espacios y derechos. Y ahí va el tema de la edad, los cuerpos, lo natural.

Yo creo que la idea de mino puede acercarse a los 50 y puede seguir, sin duda. Existe el concepto de daddy o “maduros” y silver foxes. George Clooney en Grindr mataría, lo mismo que en una fiesta HotSpot. La vida de un gay resuelto y libre de setenta puede ser en extremo entretenida y sexualmente activa sin tener que recurrir a dinero u operaciones. Los hombres tienden a ser más abiertos con el tema de la edad, o eso me gustaría creer. Conozco mayores que salen con tipos la mitad de su edad y viceversa y es por opción.

Mino es una forma de enfrentarse el mundo y a sí mismo. ¿Si yo soy mino? No te voy a responder pero no me va tan mal… Yo no me siento para nada de salida o a punto de jubilar. Y una cosa curiosa: escribiendo o filmando uno no tiene edad o se siente como quiere. Es ultra erótico escribir horny. Lo recomiendo.

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¿Tuviste miedo de desclasificar las prácticas del gay del siglo XXI?

No son secretos: son prácticas y códigos y formas de relacionarse. Sudor no es un exposure o una denuncia. Es una mirada a un mundillo. No creo que nadie tenga por qué enojarse. Ni por el lado gay ni por el lado del mundillo literario.

Que puede haber algo así como un reconocimiento colectivo y no solo de los dos targets principales sino de todos que se sientan urbanos. Sí fue deliberado el captar “la era del Twitter o de Grindr” –o no sé cómo se llame. Quizás se le llama la era digital, pero me niego: es más poética la era del jazz. Por eso, lo escribí: para intentar plasmarla. Había algo urbano de ciudad grande latinoamericana que merecía un trasfondo o, mejor, una novela. Santiago se la merecía. El Santiago de comienzos del siglo XXI. Pensé en muchas referencias pero, sin duda, dos me ayudaron: como se enfrentó Fitzgerald a Manhattan en los veinte y Tom Wolfe a la misma ciudad en los ochenta.

Sudor es un drama al final. Es un aprendizaje pero tiene mucho de superficie. Parece por momentos superficial y ligero.

Obvio. Me interesan las superficies. Y en la superficie es dónde uno se muestra. No puedes mostrarte entero siempre o dejar que te dañen. Me interesan las superficies pero mis personajes no lo son. Sudor va de eso.

Una vez se llamó Dura es la noche como tierna es la noche. El mundo vano y superficial de F. Scott Fitzgerald me interesó. De ahí va la portada: una fiesta gay de jóvenes privilegiados donde parecen estar en ácido. Pero eso no implica que sean superficiales. Para nada. Respecto a las críticas: importan, claro. Uno aprende a que no te molesten tanto o que es sólo una opinión más. Ya que escribo o filmo deseo que mis textos o películas generen algo.

El mundo literario es súper macho y tildando a todos de maracos o desprecian a los gays que escriben. También son ultra chismosos. Una vez alguien muy conectado quería saber si era versátil o pasivo. Otro destrozaba a todos los autores por gays hasta que me levanté y me fui. Que me tilden de superficial no me afecta porque no lo soy. No he escrito seiscientas páginas porque sí. Es acerca de un mundo algo embriagado en la noche, en marcas, en sexo rápido, en la belleza; y es acerca de lo superficial del mundo literario y los egos y los divos. Pero no me parece superficial. Es acerca de los afectos colectivos e íntimos. De otra forma de relacionarse. De las hermandades y amistades gay como reemplazo de las familias.

En Sudor hay mucho juego de mezclar ficción con no-ficción. De hecho, recuerdo haber leído una entrevista tuya en la que dices que No ficción surgió de un encuentro real y que, poco a poco, en el papel, mutó en novela. ¿Sucedió lo mismo con Sudor? ¿Hay algo de hechos reales en esta novela?

Sí. Obvio. Si no, no la hubiera escrito, no hubiera podido. Es ultra personal en varios frentes. Ahora que me lo preguntas capto cuán cercana es. En España insistieron si era un ajuste de cuentas con el Boom pero ahora ya han pasado un tiempo suficiente y feedback y entrevistas para entender que fue un ajuste de cuentas conmigo mismo. Es una suerte de despedida a ese mundillo del que no deseo participar. Todos esos escritores que parecen funcionarios, todos esos aburridos que solo desean ser “parte” de la élite. Mi meta urgente es dejar y dejarme claro que no soy como ellos.

Ser públicamente gay ayuda porque uno puede ser malo o escribir torpe pero ser joto ya es extremar la cosa. Gay público, digo. Porque obvio que hay demasiados gays que prefieren callar. Allá ellos.

Invierno, mi película de cinco horas, con Alejo Cortés al centro, fue acerca del mundillo literario local; Sudor lo amplía al Boom, a América Latina, a una cierta manera de plantarse en el mundo y hacer las cosas que me es ajeno.

Los escritores del Boom, mal que mal, fueron mis padres y he tenido lazos con todos, ya sean personales o literarios. La meta siempre es escribir algo nuevo y seguir siendo uno. De otra forma no entiendo el arte.

Creo que Sudor tiene de autobiográfico el lugar desde donde fue escrito. Eso es lo netamente autobiográfico. Es un sitio que conecta con mis deseos, mis intereses, acaso mis fetiches. Sí, me gusta el aroma a hombre o los pelos, he tropezado con milenios, la mezcla de lo oral con lo escrito.

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¿Tienes algún inconveniente con Carlos Fuentes?

¿Por qué me lo preguntas? No es mi autor de cabecera. No soy un fan o groupie. Creo que mi autor mexicano favorito es Luis Zapata: El vampiro de la colonia Roma debe ser mucho más celebrado. Me gustan más Monsivais, Tryno Maldonado y Yuri Herrera. Mis autores favoritos del Boom son Manuel Puig y Vargas Llosa pero respeto a Fuentes.

Mucho más de lo que la gente cree. Uno puede ser crítico y a la vez sentir cercanía. La vida política puede ser binaria pero la ficción no. Uno tiene lazos variados con los autores. A veces uno se aburre de ellos. Ahora odio quizás a Murakami. Pero estar obsesionado tantos años, dos décadas con alguien, no viene del odio. Me fascinan muchas cosas de él y me parece un personaje trágico. Me intriga más la idea de él que la suma de sus libros. Leí atento Diana o la cazadora solitaria (1994) que me parece que es su mejor novela de la segunda etapa. Leí en el colegio Las buenas conciencias (1959) y me encantó y creo que mi novela se hace cargo del central de esa novela acerca de los Ceballos de Guanajuato: ser libre y ser un paria o venderse y claudicar y ser parte de las buenas consciencias. Sudor conversa, por cierto, desde la ficción, con alguna de sus obras y con él. Dialoga con Marcelo Chiriboga, el ficticio autor ecuatoriano, un invento de Fuentes con Donoso. Sudor sale de El jardín de al lado de Donoso y por eso, por ejemplo, Carmen Balcells se llama Nuria Monclús. Fuentes creo que fue punk una vez e hizo literatura de verdad al principio. Creo que después se extravió. La región más transparente es, de alguna manera, la inspiración Sudor: la vida secreta y nocturna de una gran metrópolis y mezclar ficción y no ficción y crónica y chismes y usar gente real levemente disfrazada.

Me parece que Zona sagrada parte bien pero me gusta el gesto: apropiarse del mito de María Félix y el cotilleo de su lazo con su hijo. Ella se enojó con esa novela y con la obra Orquídeas a la luz de la luna. Pero Fuentes le dijo algo notable: ella no se pertenecía a sí misma sino que era de México y del mundo. Ella se hizo pública y un mito. Sin duda que ese gesto de no pensar en las consecuencias de herir a gente viva sino dejarse llevar por la inspiración que esa realidad convierte en ficción es algo que me apropié de Fuentes. Parte de su materia prima es la verdad, las personalidades públicas. Fuentes estaba ultra interesado en lo pop y los medios y, en ese sentido, creo que Sudor le hubiera gustado: lo coloca en el centro una vez más, lo rejuvenece, mitifica sus lazos, lo hace actual. Fuentes se inspiró siempre en lo real. Mira a Aquiles recién publicada o mira a Diana: ese libro claramente no se preocupó por el legado o los parientes de Romain Gary o Jean Seberg.

Cuéntame un poco de la inspiración de Carlos Fuentes y su hijo en la preparación de esta historia. ¿Los conociste? ¿Por qué te parecen buenos personajes de ficción?

Son grandes personajes. Son poco creíbles, incluso. Cuesta creer que todo sea verdad. Como chileno todo me parece inverosímil. Hay en ellos algo de tragedia griega pero latinoamericana. Me fascinó. Son esas cosas literarias que suceden: ¿el tema me eligió o me eligieron? Sudor en ese sentido es personal porque está escrito desde una obsesión personal por la idea del escritor o el poeta maldito, el chico guapo que se pierde, aquel que huye y se escapa y se refugia en el arte.

Los vi juntos firmando ese libro que inspira mi novela durante esa gira del 97 o 98 y quedé prendado. A veces sueño que si yo hubiera podido invitar a caminar o comer o algo al hijo yo hubiera podido hacer algo. Por eso quizás se me ocurrió que Rafa Jr. fuera gay, para así acercarlo más a mi mundo. Mi desafío fue alejarme lo más de ellos porque podía parecer poco verosímil. Hay mucho ADN mezclado, sin dudas.

Hay algo de Vargas Llosa en su lazo con el poder, aunque muy poco; hay un resto de Gabo (un colombiano viviendo en México); de presidentes y ex-presidentes. Estuve fascinado por el hijo de De la Rua y Shakira. Me inspiré en los llamados “mirreyes” de México y sus videos. En rockeros, por cierto, y la vibra de una gira de rock. Y en Carlos Fuentes, del que nunca me dejaron de contar historias, sobre todo en México y por mexicanos. Como te dije: algo aprendí de él fue apropiarse de gente real y transformarlos en ficción. Me parece que es su mayor aporte y de ahí salen sus mejores libros. Cuando inventaba mucho, se venía abajo. Fuentes jugó con el tema de la no-ficción y la ficción tanto con vivos y muertos. Pavimentó un camino por el que ahora muchos transitamos.

¿Por qué los usé? No sé: conexión. Conecté con la idea de tener un padre poderoso, con la idea de un hijo que nunca pudo crecer como hombre o artista. El tema padre-hijo recorre muchas de mis obras y la génesis nació hace más de veinte años y fue creciendo. El libro de ambos, Retratos en el tiempo fue, más que nada, la inspiración, mucho más que ellos. Ahí está todo: tanto lo que está y lo que no está. Me parece un intento de un padre por intentar conectar y salvar a un hijo. Eso lo respeto pero al final fue todo una tragedia. Yo personalmente creo que eso se hace en privado, pero como me dice mi novio: “Yo nunca he sido famoso o he tenido poder de verdad”. Mi apuesta es que ambos sean buenos personajes literarios y que Rafa Jr. sea entrañable y no se olvide tan rápido después de cerrar la última página.

¿Sudor te ha representado problemas?

No. Quizás algunos han tenido problemas con el libro. Pero yo no. Solo me ha dado placer y me ha dado nuevos lectores. Creo que, a diferencia de los algunos creen, la novela conecta con unos lectores urbanos, de nichos, tanto gay como gente abierta, y no por el supuesto chisme. Todos me hablan de los personajes inventados por mí; nadie por aquellos de los que supuestamente me inspiré. Los que saben entienden que, uno, todo es invento y que hay muy poco de verdad. Esto no es biografía. Esto no ocurrió. Me dejé llevar por un par de sucesos y los uní, revolví, remixié y lo pasé por el cedazo de la ficción. Como es una historia excesiva, los guiños a la verdad están para anclar la narración a la realidad. Le debo mucho a una cantidad de escritores que siempre me contaban historias alucinantes sobre las figuras del Boom.

¿Por qué cancelaste tu viaje a México para presentar Sudor?

No quiero hablar mucho de eso. Creo que ya se ha hablado mucho. Capaz que muchos sean verdad. No sé, ya ando intentando entrar a mi nuevo libro. La novela ha funcionada increíble en Chile, Argentina y España y ahora toca Colombia y Perú. Quizás México, por los lazos que tiene Sudor con el mundo literario mexicano (en todos los sentidos), debe ser el sitio donde cerrar el tour. Sería padre. Yo prefiero apoyar el libro desde acá por ahora. Iré quizás más adelante, a Querétaro o a la FIL. Ahora lo clave es posicionar el libro. Salió a las librerías mexicanas hace tres meses pero recién ahora está encontrado lectores y el interés de la prensa.

(Fotos: cortesía de Alberto Fuguet; última foto: Casa de América.)

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