Siete materiales para repensar la desigualdad

El neoliberalismo ha conectado al mundo pero ha expandido la desigualdad en todos los países. Por sus implicaciones económicas y políticas, estamos hablando de uno de los grandes problemas del siglo.

| Desigualdad

Séptima selección de la serie "Siete".

La desigualdad ha sido una de las principales preocupaciones de las sociedades humanas. Muchas vidas se han perdido luchando por defenderla o desaparecerla. Sin embargo, a pesar de ser un tema tan frecuente e importante, la discusión tiende a dispersarse en generalidades y soluciones inviables.

Al hablar de desigualdad estamos tocando simultáneamente una multitud de dimensiones y potenciales efectos, por lo que es importante delimitar este tema.

Partamos, por un lado, de que la igualdad perfecta es una imposibilidad. Y, por el otro lado, también consideremos que la desigualdad per se no es dañina; hay muchos aspectos en los que somos diferentes –y que, por definición, nos hacen desiguales– pero que no tienen efectos sustantivos, por ejemplo, preferir la nieve de limón o de zapote. O hay desigualdades generadas por cuestiones que son positivas socialmente, como la innovación.

Pero ciertamente existen muchas desigualdades dañinas para individuos y sociedades. Hay desigualdades que son imposibles de modificar en su origen, pero que podrían ser compensadas por el Estado o por algún mecanismo de mercado, como, por ejemplo, discriminaciones que tienen su origen en temas de género o raza, como el sistema del apartheid que existió en Sudáfrica.

Otras desigualdades son creadas por los seres humanos y tienen su origen en cuestiones no totalmente tangibles, como la religión o los sistemas de castas. Estas diferencias inciden en el bienestar de individuos y grupos específicos, lo que las hace indeseables.

Quizá el aspecto más problemático de la desigualdad es cuando el piso es muy bajo para los grupos que menos tienen. Esto es, si los que menos tienen en una sociedad no acceden a los satisfactores necesarios, entonces la brecha entre ricos y pobres es muy problemática, y sospecharíamos de candados en el sistema que distorsionan la redistribución y limitan la movilidad social.

Y también es posible pensar en sociedades en las que la distancia entre quienes más y menos tienen es grande, pero quienes menos tienen no son pobres, en el sentido de que tienen suficientes satisfactores. En este hipotético caso, la desigualdad no necesariamente sería el problema principal.

Así como estos temas específicos de los párrafos anteriores hay una cantidad inmensa de debates con sus correspondientes sesgos ideológicos y opciones de soluciones, algunas más plausibles que otras. Y podemos hablar de discriminación por género, raza, IQ, ideología, etnia, lugar de estudios, riqueza, color de ojos, lugar de residencia, etc…

En los párrafos siguientes enlisto algunas obras que ayudan a comprender mejor las distintas dimensiones del tema de desigualdad y algunas de las posiciones más representativas sobre este problema.


1. Utopía (1516) de Tomás Moro.

Esta obra clásica relata la organización de una comunidad ideal sin desigualdades, o al menos no determinadas por el sistema político y social. Es quizá la mejor versión del sueño añejo de lograr una comunidad igualitaria.

2. Gattaca (1997) de Andrew Niccol.

Esta película nos muestra el extremo opuesto de Utopía: una sociedad desigual por construcción y sin posibilidad de movilidad para sus habitantes. Se trata de discriminación genética llevada al extremo, pero que en esencia se asimila a discriminación racial o de género.

3. El Capital en el Siglo XXI (2014) de Thomas Piketty.

Este libro es uno de los más influyentes de las últimas décadas –independientemente de si uno coincide o no con el argumento y los datos que utiliza el autor. Quizá su principal contribución ha sido enfatizar el tema de desigualdad en las agendas en prácticamente todo el planeta. El argumento principal señala que el retorno al capital es mayor al crecimiento económico, por lo que quienes posean el capital (léase los ricos) amasarán más fortunas que el resto, por lo que Piketty llama a los gobiernos a hacer algo para evitar esta inequidad.

Además del libro de Piketty, existen múltiples reseñas y artículos críticos que dan al lector una buena idea de los argumentos principales de esta obra y las visiones a favor y en contra de dichos argumentos. Aquí hay tres artículos que vale la pena leer:

4. “Desigualdad Extrema en México. Concentración del Poder Económico y Político” (2015), informe de Gerardo Esquivel para Oxfam México.

Este documento es una buena referencia sobre las principales cifras sobre la desigualdad en México y sobre las posiciones de la izquierda sofisticada sobre el tema.

5. Intervención de Margaret Thatcher en la Casa de los Comunes en su última aparición como primera ministra el 22 de noviembre de 1990.

En esta intervención ya clásica de Margaret Thatcher muestra de forma muy simple y enfática la posición conservadora sobre la desigualdad: lo relevante no es la distancia entre ricos y pobres, argumenta, sino que los pobres estén en un piso más alto. La política económica thatcherista, por tanto, implicaba también elevar el nivel de los ricos, que son los que, según esta lógica, crean empleos.

6. “La Desigualdad Social en el Antiguo Nuevo Mundo” (2014) de Kent V. Flannery y Joyce Marcus.

Este artículo discute los orígenes de la desigualdad desde el punto de vista antropológico. Relaciona la estructura actual de desigualdad con la forma en que inicialmente aparece en los grupos humanos a fines del pleistoceno y para el año 2,500 A.C. ya la desigualdad se había establecido como la norma.

Los lectores que se interesen en los argumentos, pueden continuar con el libro de los mismos autores, del que el artículo es un brevísimo resumen: The Creation of Inequality (Harvard University Press, 2012).

7. Political Order and Inequality (Cambridge University Press, 2015) de Carles Boix.

Este libro aborda las bases políticas de la desigualdad y sus efectos para el desarrollo de las sociedades. Esta obra es para el lector más interesado en el tema y dispuesto a entrar al debate académico contemporáneo sobre el mismo.

(Foto: cortesía de Say NO – UNiTE.)

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