Siria. Reajuste de coordenadas políticas

Siria se ha convertido en un campo de batalla donde diversos actores políticos se disputan poder e intereses. Oriente y Occidente, izquierda y derecha, “buenos y malos”, los conceptos con los que analizábamos el siglo XX se agotaron. Permean el caos, la confusión y la propaganda.

| Internacional

Un caos está sacudiendo a Siria. Desde aquella calurosa primavera del lejano 2011. El régimen de los Assad, la población civil organizada, el Estado Islámico, el Frente al Nusra, al-Qaeda, el FSA, los YPG/YJP, EEUU, Rusia, Turquía, Francia, Australia… la lista de los actores involucrados en la lucha por la hegemonía en aquel país del mundo árabe es bastante larga. Y no es sorprendente que por facilitar la explicación se recurra a viejos esquemas de análisis de tiempos empolvados. Facilita, pero no sirve.

Aunque el siglo XX ya pasó, se mantiene y sobrevive necio en las categorías de interpretación, en la diferenciación clásica entre el bueno y el malo. Las posturas ante la guerra en Siria marcan el caso más reñido del conflicto entre las categorías del siglo XX y la realidad del XXI. Se trata ahora de repensar las viejas amistades políticas y, en algunos casos, deshacerse de ellas, quizá es el caso de Assad, Putin, de la Venezuela poschavista y del gobierno cubano cuando hablamos del conflicto sirio, para voltear la mirada hacia la izquierda siria en lucha, y dejar de prestar tanta atención a una vieja izquierda europea y latinoamericana.


Ascenso del Estado Islámico y el nuevo internacionalismo

No, el Estado Islámico (en adelante EI) no es producto de Estados Unidos ni mucho menos de Israel. Es una escisión de al-Qaeda que a su vez expulsó a su brazo regional en Irak por ser demasiado radical y por haber intentado (y después logrado sustancialmente) combatir y minimizar el poder de otro brazo regional de al-Qaeda en Siria: el Frente al-Nusra. Desde aquella ruptura en 2013 ha empezado la pugna por la hegemonía en torno al yihadismo global. Claro, ahora no hace falta quien grite: ‘¡Pero al-Qaeda es producto de los gringos en la lucha por Afganistan ahí por los años ochenta!’. Efectivamente, sin su apoyo inicial ciertos procesos y acontecimientos habrían sucedido de otro modo, pero hay que quitarse esa lógica de una verticalidad y dependencia unidireccionales. Además, se suele negar que solo gracias a la tolerancia de los gobiernos de Pakistán al-Qaeda pudo consolidarse en este país, acompañado con la protección y tolerancia de algunos países islamistas en el Oriente Medio y en el Este de África (Reinares, 2015, p. 8).

Más bien existe algo que se llama autonomía relativa, que incluso se puede convertir en una autonomía cuasi absoluta dentro de la relación entre dos grupos de poder. Ya que si aplicáramos tal lógica a otros escenarios, habría que responsabilizar también a los colonizadores españoles por el narcotráfico y los feminicidios en México. O a la Universidad Panamericana por la Reforma Educativa presentada por el gobierno de Enrique Peña Nieto. Suena absurdo. Con razón.

El Yihad prometido por el EI ofrece valores de igualdad entre las diferentes etnias, mismas oportunidades para todos, fraternidad y una vida estable, de plenas certezas. Desde luego, reivindica la antigua lucha del underdog contra el gran opresor, como lo demuestra un video de propaganda del EI del 2015.[1] Al mismo tiempo, por lo menos con respecto a todos aquellos combatientes provenientes de Europa Occidental, la lucha por el yihad representa una ruptura atractiva con la monotonía cotidiana de una vida fragmentada, individualizada y efímera dominante en países como Inglaterra, Australia, Alemania y Francia.

Es bien sabido que el EI se aprovechó tanto del retiro de las tropas estadounidenses de Irak en diciembre del 2011 como de la guerra civil en Siria. Dos vacíos de poder que lograron llenar no para generar enlaces con la otra estructura de poder, sino para levantar algo propio: un califato. Al mismo tiempo supo manejar elocuentemente su discurso en torno al aumento de islamofobia en contra de sectores musulmanes, lo mismo que el aumento de marginalización de sectores sociales dentro de las sociedades del Occidente, como ha explicado en repetidas ocasiones el antropólogo Scott Atran (Atran, 2014; 2015). Hoy el EI simboliza el nuevo internacionalismo al atraer la cantidad más grande de combatientes extranjeros para un conflicto regional desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.


De la insurrección civil a la pesadilla letal

No, Siria tampoco es víctima de un complot imperialista externo. Últimamente, un video en el cual se puede observar a una monja proclamando que fuerzas extranjeras buscaran desestabilizar al país y por lo cual habría que defender a Assad se ha hecho viral en el mundo hispanohablante, con más de catorce millones de clicks desde diciembre del 2016.[2] El afán por alzar el viejo antiimperialismo desemboca en pensar únicamente en viejos esquemas sin considerar las contradicciones que la realidad le presenta a estos esquemas. Más bien en este entonces, en el 2011, muchos sirios se levantaron pacíficamente en contra de la dominación opresora y persistente desde hacía cuarenta años por parte del partido Baath, liderado por la familia Assad. Los Assad han explotado sistemáticamente al país por medio de sus estructuras mafiosas, han establecido una cultura de miedo y han convertido a la población civil en una masa excluida manteniéndola en un estatus de minoría de edad —nada más expresar una crítica ya bastaba para ser levantado por la policía secreta y ser enviado a la cárcel. El movimiento de protesta se alzó justamente en contra de aquella arbitrariedad, sumisión y temor, demandando el fin de la dinastía de Assad. Los mismos pasivos espectadores y subordinados por décadas se lanzaron como ciudadanos libres de vuelta al escenario de la historia siria. El gobierno de Assad ha podido mantenerse tanto tiempo también debido a la lógica patrimonial del Estado que permitió que, por ejemplo, grandes partes del ejército permanezcan leales a la familia de Assad. La pasividad de algunos sectores urbanos de la población representa otro factor; ante la incertidumbre y la angustia de perder privilegios muchos optaron por no rebelarse (Alba Rico, 2015, p. 80).

No obstante, los miembros del dominante partido Baath no se quedaron con los brazos cruzados ante el alzamiento y cubrieron grandes partes del país y de las ciudades con una violencia desmedida. De un plumazo, escuelas enteras y estadios de futbol empezaron a funcionar como centros de tortura y la rebelión, inicialmente no armada, fue empujada hacia una guerra sangrienta. Las líneas de conflicto son más diversas que nunca, la estabilidad social y política no está dada en ningún lado. Contingentes del Ejército Sirio Libre, tropas del ejército oficial bajo órdenes de Assad, grupos menores de varias milicias radical-islamistas, integrantes del EI tanto como unidades de la guerrilla kurda combaten armados en frentes múltiples.


Reajustando las coordenadas políticas

Son, sobre todo, los últimos que en la frontera siria-turca realizan un proyecto de autonomía, el cual, entre otras cosas, significa y representa participación democrática, equidad de género y una convivencia solidaria. Son, sobre todo, los últimos que en su defensa decidida por la ciudad fronteriza Kobanê en contra de los ataques del EI se han ganado fama y reconocimiento mundial. Aquí destaca otro elemento decisivo que marca un cambio dentro de las coordinadas políticas y que es parte crucial “de la historia de liberación de Kobanê: reconocer que sin el apoyo aéreo estadounidense las unidades kurdas no habrían poder vencido al EI, sin olvidar, al mismo tiempo, lo que la política exterior estadounidense ha causado en el Oriente Próximo, como en Irak o a través del apoyo para Arabia Saudita y los países del Golfo. Los combatientes kurdos lo sabían y no se hacían ninguna ilusión sobre el carácter de aquel apoyo aéreo. “A los EEUU les importa el EI y no Rojava” dijo uno de ellos, y agregó: “A Erdogan le importa Rojava, por eso ayuda al EI”. Por ende, no tenían nada en contra de que los EEUU les asistieran, además de que —siendo realista— no había otra alternativa. De hecho, en este entonces así lo expresaban todos […], incluso —en voz baja— militantes de la izquierda radical turca, que habían llegado como internacionalistas a Rojava” (Glasenapp, 2017).

Mirando a través de las categorías del siglo pasado la confusión aumenta exponencialmente si se tiene en cuenta la siguiente constelación de actores: al mismo tiempo que el EI —apoyado puntualmente por el gobierno turco—, lucha contra los kurdos —apoyados por el gobierno estadounidense (los malos en las categorías viejas)—; en defensa de un proyecto emancipatorio en el norte de Siria, el gobierno de Assad recibe ayuda por parte del gobierno ruso y cubano (los buenos en las mismas categorías) en defensa de un régimen sanguinario y autoritario. De ahí al chiste de que el gobierno venezolano otorgó a Vladimir Putin el primer Premio Hugo Chávez a la Paz y Soberanía solamente hay un pasito.[3]

Sami Alkayial, periodista y marxista sirio que tuvo que huir a Berlín, recientemente constató que “la izquierda apoya movimientos dictatoriales, ella está atravesada por un perfil identitario y una concepción dualista del mundo, muchas veces conciliada con un atraso religioso y nacionalista, incapaz de desarrollar aportes intelectuales que explican las nuevas condiciones y circunstancias. Por ende, una buena parte de la izquierda no es ningún actor al que podemos llamar progresista, si no es uno que insiste en la afirmación de la situación actual junto con su permanencia” (Alkayial, 2017).


Propaganda y prejuicios vs. solidaridad y empatía

En el actual conflicto por la hegemonía mediática surgió un matiz nuevo en el campo de batalla: la social propaganda basada en las redes sociales. Contraria a la propaganda vieja, que en el caso de un crimen de guerra simplemente lo negaba, hoy la negación ya no es viable cuando en un lapso de segundos se pueden difundir videos e imágenes sobre un acontecimiento o un lugar. La social propaganda tiene como fin último la lucha por la verdad percibida, que se logra mediante la difusión de explicaciones simplistas, modificando hechos, omitiendo elementos. No se trata de una congruencia inherente. Se trata de provocar una sensación, crear una duda, la de “Ay… sí podría ser cierto”. Como dijo Sascha Lobo, periodista alemán especializado en comunicación cibernética entre otros, el objetivo es menos convencer al público de una cierta verdad y más bien hacerlo dudar constantemente de las versiones ofrecidas por algunos medios. La emisora estatal Russia Today convirtió esta estrategia incluso en su lema: “Question more”: “Cuestiona más” (Lobo, 2017).

Dicha social propaganda se topó con un terreno fértil en América Latina al lograr profundizar en el comprensible rechazo histórico hacia Estados Unidos. No obstante, aquel rechazo se vuelve prejuicio cuando unx se imagina y cree que dicho país sea responsable de cualquier atrocidad cometida sobre la faz de la tierra. Sólo una visión acrítica se rehúsa a creer que con la evolución de la historia también deben evolucionar los criterios de análisis. Si la crítica no se reajusta de vez en cuando, se convierte en simple positivismo. Rechazo vuelto prejuicio que sustituye no solamente un análisis minucioso, sino incluso un valor esencial de cualquier postura crítica: la empatía con los oprimidos y la solidaridad con los que luchan.


[1] Véase http://videos.videopress.com/uidShgul/no-respite-english_hd.mp4.

[2] Véase https://www.facebook.com/1852851874990253/videos/1852870501655057/.

[3] Véase http://www.telesurtv.net/news/Cuba-envia-a-Siria-cargamento-de-vacunas–20160830-0049.html & http://time.com/4729168/russia-vladimir-putin-syria-support/ & http://www.telesurtv.net/news/Vladimir-Putin-recibira-Premio-Hugo-Chavez-a-la-Paz-y-Soberania-20170118-0071.html.

 


Referencias

Alba Rico, Santiago (2015). “Siria y el retorno de los zombis. ¿De la «primavera árabe» al invierno islamista?”, Nueva Sociedad (257), pp. 78-89.

Alkayial, Sami (2017). Der Krieg in Syrien und die Krise der linken Traditionen, disponible en https://www.rosalux.de/news/id/14388/der-krieg-in-syrien-und-die-krise-der-linken-traditionen/.

Atran, Scott (2014). “Jihad’s fatal attraction”, disponible en: https://www.theguardian.com/commentisfree/2014/sep/04/jihad-fatal-attraction-challenge-democracies-isis-barbarism

—– (2015). “Mindless Terrorists? The truth about Isis is much worse”, disponible en: https://www.theguardian.com/commentisfree/2015/nov/15/terrorists-isis

Glasenapp, Martin (2017). “Kobanê mon Amour”, en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=222302&titular=%3Ci%3Ekoban%EA-mon-amour%3C%2Fi%3E- [traducción por Timo Dorsch].

Lobo, Sascha (2017). “Propaganda zum Giftgasangriff in Syrien Realität ist nur noch eine Meinung”, disponible en: http://www.spiegel.de/netzwelt/netzpolitik/propaganda-beim-giftgasangriff-in-syrienkonflikt-kolumne-von-sascha-lobo-a-1141980.html.

Reinares, Fernando (2015). “Yihadismo global y amenaza terrorista: de al-Qaeda al Estado Islámico”, Revista Elcano (9), pp. 7-15.

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