Sobre la desigualdad: ¿qué sigue después de Piketty?

Controversial y accesible, el último libro del economista Anthony Atkinson propone una agenda concreta para combatir la desigualdad.

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Inequality

Anthony Atkinson, Desigualdad: ¿qué podemos hacer?,

México, Fondo de Cultura Económica, 2015.


En mi opinión, el libro sobre economía más importante publicado en 2015 es el de Anthony Atkinson: Desigualdad: ¿qué podemos hacer?, el cual fue publicado originalmente en inglés por Harvard University Press y que acaba de ser publicado en español por el Fondo de Cultura Económica (FCE). El libro de Atkinson, un reconocido profesor de la Universidad de Oxford y de la London School of Economics, es en buena medida un excelente complemento del magistral trabajo de Thomas Piketty, El capital en el siglo XXI, publicado en 2014 también por el FCE y que ha empezado a cambiar la forma de analizar y entender el problema de la desigualdad en todo el mundo. A diferencia de Piketty, que se dedica mucho más al análisis histórico y a la medición de la desigualdad, el trabajo de Atkinson se concentra en preguntarse qué es lo que se puede hacer para reducir la desigualdad al interior de las economías.

Para aquellos que nunca habían oído hablar del autor, quizá valga la pena recordarles que Atkinson es el padre de los estudios sobre pobreza y desigualdad en el Reino Unido. En 1969 escribió sobre pobreza y la seguridad social en Gran Bretaña; posteriormente, en 1971, escribió otro libro sobre la distribución de la riqueza en el Reino Unido. A partir de entonces, Atkinson ha escrito innumerables obras académicas sobre la desigualdad y la pobreza en el Reino Unido y en otras partes en el mundo. Atkinson, como lo reconoció el propio Thomas Piketty en los agradecimientos de su obra, fue un modelo para él en sus años de formación y lo apoyó entusiastamente en el desarrollo de su obra. De hecho, juntos coeditaron dos obras monumentales que han sido cruciales en el renovado interés sobre el estudio de la desigualdad a nivel mundial: Top Incomes Over the Twentieth Century: A Contrast Between Continental European and English-Speaking Countries y Top Incomes: A Global Perspective, ambos publicados por Oxford University Press.

La razón por la que Atkinson (a pesar de la importancia de sus contribuciones teóricas, analíticas y empíricas) es relativamente poco conocido fuera del ámbito de los economistas académicos (al menos fuera del Reino Unido) es que hasta ahora la mayor parte de su obra estaba dirigida precisamente a ese sector. Su lenguaje y forma de diseminación de su trabajo eran fundamentalmente académicos; es decir, con incontables publicaciones en revistas especializadas y con libros con abundantes referencias a aspectos técnicos y cargados de jerga economicista. Sin embargo, el nuevo libro de Atkinson es todo lo contrario a lo que había escrito hasta ahora. Con un lenguaje mucho más llano y accesible, y con énfasis en aspectos de política pública, lo que pretende Atkinson con este libro es precisamente discutir y dialogar con un sector mucho más amplio: con los estudiosos y con los hacedores de política por supuesto, pero también con la población en general que se interesa en temas de política pública. Siguiendo la máxima de Stephen Hawkins, Atkinson evita por completo el uso de ecuaciones y utiliza cuadros y gráficas de manera dosificada a lo largo del texto.

El libro de Atkinson se divide en tres grandes secciones: en la primera se plantea el diagnóstico sobre la desigualdad; en la segunda parte se describen y analizan quince propuestas concretas que pueden implementar los gobiernos nacionales para reducir la desigualdad; finalmente, la tercera parte se dedica a comentar las posibles objeciones a sus propuestas.

La primera sección se dedica a plantear los temas relevantes: ¿cuál es la desigualdad que nos importa: la de oportunidades o la de resultados? ¿Desigualdad entre quiénes? ¿Deberíamos preocuparnos sólo por la pobreza o también por la desigualdad? ¿Qué lecciones se pueden aprender de la evolución de la desigualdad en el pasado? El capítulo tres resulta particularmente iluminador. Se titula “La economía de la desigualdad” y se dedica a analizar el rol de la globalización y del cambio tecnológico. A diferencia del enfoque tradicional que supone a estos dos aspectos como dados, Atkinson parte de la premisa analítica de que estos temas corresponden a decisiones deliberadas de tipo económico y social. Es por ello que en este capítulo Atkinson plantea un análisis de economía política que va más allá de lo tradicional. En particular, analiza el mercado laboral como una institución social en la que se destaca el papel de los sindicatos como instrumento clave de negociación y de balance de poder entre el trabajo y el capital. En lo que respecta al capital, Atkinson enfatiza la diferencia entre riqueza y capital (conceptos que Piketty trata en buena medida como sinónimos) y apunta al tema del creciente poder de mercado y de influencia de parte de algunas empresas (especialmente las multinacionales), así como al hecho de que el capital ha tendido a acrecentar su participación en el ingreso en muchos países en el mundo en detrimento de lo que le corresponde al factor trabajo.

La segunda sección corresponde a las propuestas para reducir la desigualdad y es aquí donde reside lo que sin duda es la parte más controversial del libro. No voy a mencionar las propuestas en detalle, pero baste mencionar que muchas de ellas son muy innovadoras. De hecho, Atkinson ni siquiera le dedica tiempo a propuestas relativamente obvias como aumentar la inversión en educación y en la adquisición de habilidades. En cambio, Atkinson se dedica a plantear propuestas que él sabe que causarán controversia, pero que parten de su diagnóstico desarrollado a lo largo de los primeros tres capítulos del libro. Entre otras propuestas, Atkinson plantea tres que son particularmente interesantes: 1) ofrecer y garantizar un empleo público a todo aquel que lo necesite a un nivel de salario que le provea un nivel mínimo de bienestar (“a living wage”); 2) que el gobierno ofrezca bonos del ahorro nacional accesibles de manera universal y que garanticen una tasa de interés real positiva; y 3) la provisión de una herencia universal mínima a toda persona que alcance la mayoría de edad.

Estas propuestas, junto con otras más tradicionales (impuestos progresivos, salario mínimo decente, expansión en la cobertura de la seguridad social, etc.), forman parte del paquete de 15 propuestas que Atkinson considera que podrían implementarse a nivel nacional y que contribuirían a reducir la desigualdad. Además de sus 15 propuestas concretas, Atkinson también plantea otras 5 propuestas que ameritan una mayor reflexión y análisis pero que eventualmente también podrían implementarse (impuesto anual a la riqueza, un impuesto mínimo a las empresas, etc.).

Finalmente, en la tercera parte del libro Atkinson se dedica a analizar potenciales objeciones a sus propuestas. Las respuestas que anticipa Atkinson se dan a lo largo de tres dimensiones: en el capítulo nueve del libro discute el viejo dilema entre eficiencia y equidad, es decir, trata de responder a aquellos que plantearán, de manera muy previsible, el viejo argumento de que al redistribuir podría achicarse el pastel. El capítulo 10 analiza el argumento de que la globalización hace imposible pensar en la viabilidad de estas propuestas. Finalmente, el capítulo 11 presenta cálculos específicos para el caso del Reino Unido que ilustran la viabilidad, al menos en ese contexto, de algunas de sus propuestas concretas.

En resumen, se trata de un libro que aborda un tema de mucho interés en la actualidad y que va más allá de lo que se ha logrado avanzar a partir de contribuciones como las de Piketty y sus coautores. Aquí hay toda una agenda de políticas públicas que podrían ayudar a combatir la desigualdad económica. El lenguaje utilizado en el libro intenta ser persuasivo y provocador. Atkinson no rehúye al debate. Por el contrario, enfrenta directamente a sus adversarios y trata de atender por anticipado las potenciales críticas a sus planteamientos. Estamos ante un libro que podría dar lugar a debates muy interesantes. Podemos estar de acuerdo o no con las propuestas del autor, pero será difícil mantenerse indiferente frente a ellas.

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