Sodoma y Pink: integrismo, derechos fundamentales y tolerancia

La polémica película Pink es una invitación para reflexionar sobre los lugares comunes que rondan la adopción entre personas del mismo sexo.

| Discriminación

Un llamado

En 1996 el saltillense Carlos Pacheco tenía treinta años, un matrimonio fracasado y la espalda molida por dormir en el sofá. Contaba tres intentos de suicidio y a últimas fechas cedía al alcoholismo social. Un amigo le dijo que su infelicidad se debía a la falta de Cristo, así que Carlos se imbuyó en textos de inspiración evangélica y tuvo una revelación cuando leyó Clamor en el barrio (1991) de Freddie y Ninfa García. “Yo no era un adicto, pero me identifiqué con él por el mismo corazón y mi matrimonio destruido”.[1]

Empezó a recorrer los barrios de Saltillo para rescatar pandilleros con un programa de disciplina y oración, y en 1999 convirtió su casa en el primer centro de rehabilitación Cristo Vive. Su ministerio se ha extendido (en 2014 ya contaba con diecisiete centros en México y uno en El Salvador), pero la Guerra Contra el Narco le impuso la enemistad entre carteles. Abel, interno, cuenta a Punto de partida: “Al principio yo decía: ʻequis persona de tal organización pertenece a esa organización y esa organización secuestró a mi familia, secuestró a mi madre, secuestró a mis familiares.’ No era fácil al principio asimilarlo para mí, pero aquí se nos ha enseñado a perdonar.”[2]

Quizás el 11 de febrero de 2014 (cuando el Congreso del Estado de Coahuila legalizó la adopción homoparental) Carlos presintió un nuevo apostolado. O tal vez el 8 de agosto (cuando se decretó la igualdad matrimonial en el estado) Carlos y su primo, Eduardo Pacheco, decidieron que debían hacer público su rechazo a las nuevas leyes. En cualquier caso, el 28 de septiembre alrededor de diez mil adeptos y simpatizantes marcharon en Saltillo en defensa de la familia tradicional, Carlos integró un programa de terapias de conversión en sus centros y Eduardo se convirtió en vocero de Rescatando a la Familia, el lobby antigay de Cristo Vive.

En marzo del año pasado Eduardo expuso las supuestas razones secretas detrás de la nueva política de adopción: “los homosexuales del estado y con sus líderes se ha negociado darles lo que quieren, ¿y qué es lo que quieren?, niños, con un interés y una pretensión cien por ciento sexual: sodomizarlos”.[3] En abril aceptó la invitación del Partido Encuentro Social (PES) para ser candidato a diputado federal y aclaró que por sodomizar se refería “a que los adoctrinaran por esa forma de vida promovida por el estado de libertad sexual, en actos sexuales entre hombres, mujeres, niños, en grupo”.[4]


…y Dios entró en el set

Los primos Pacheco le propusieron al cineasta cristiano Paco del Toro hacer una película sobre la adopción gay. Durante 2015 y 2016 se promocionó el rodaje de Pink: el rosa no es como lo pintan, se celebró una premiere en Saltillo y fue recalendarizado el estreno nacional, pero la mejor campaña publicitaria ha sido la incitación a la guerra de las orientaciones sexuales del elenco. Empezó Roberto Palazuelos:

Uno, sí se exponen a un bullyng muy fuerte los niños en las escuelas, porque los niños y la sociedad mexicana no están preparados para ver una cosa así, es decir, a dos papás de la mano llegar a dejar a la escuela al hijo, ¡eso es carrilla fuerte! La número dos, dentro de un matrimonio gay, por más decente que sea la pareja, siempre va a haber el contacto sexual y cosas que no es correcto que los niños vean, porque los confunde. A esa esa edad es muy peligroso.[5]

Invocar al bullyng como destino y disfrazarse de realista, pero temer que los niños vean shows de sexo. Culpar a la inmadurez de los mexicanos y sus hijos: si el país fuese distinto hasta tendría niñeras lesbianas, pero los carrilludos andan tras el albur.

Carlos Bonavides describió a su personaje como jotito, y cuando recibió reclamos al respecto, arremetió contra la Marcha LGTBI de la Ciudad de México:

Verdaderamente hemos visto cosas escandalosas que no tienen por qué ver los niños, que no tiene por qué ver mucha gente que todavía no comprende esa libertad. La marcha gay a mí se me hace, en muy buena parte, exhibir todo el cuerpo y exhibir todas las cosas. Primero ellos pedían respeto, y ahora son los que no respetan.[6]

Pablo Cheng, coprotagonista y único homosexual reconocible de Pink, calificó “de ciencia ficción” que al final de la película su personaje se vuelva heterosexual, pero se opuso a la adopción gay con un lenguaje que alarmaría al CONAPRED:

Los jotos se hicieron para jotear, para ser jotos entre hombre y hombre o mujer y mujer, pero la mujer se hizo para tener hijos y el hombre también, los jotos, no, los jotos no debemos hacer eso, pero también voy de acuerdo con el matrimonio por los derechos”.[7]

Debutó en Vivo por Elena (1998) con un personaje ultrafemenino y nervioso que a la menor provocación se ponía las manos en la cara y gritaba “¡oh, cielos!”, y con distintos nombres ha repetido aspavientos y tics en otras telenovelas. No señalo los límites de su arte (nadie reclama a Isiah Whitlock Jr. decir “sheeeeeeeee-it” en The Wire y las películas de Spike Lee), sino la condición intrínseca a su mediatización: la ansiedad calenturienta gay es lícita si es pícara, heterófila y aporta al imaginario del prejuicio.

Cuando indigna la opinión tío-Tom-queer de Cheng, la revancha es una mentada racista, como la del videoblogger Paco del Mazo: “la primera jota horrenda, oxigenada, que trabaja en una estética (…) y la otra que parece entrenadora de gym de pobres”.[8] O, por lo alto, una crítica del mal homosexual al modo del García Lorca más homófobo:

Por eso no me ensaño en Reddit, viejo Activismo LGTB,
contra el tailandés gay
que tiene novio alemán.
Pero sí contra ustedes, putitos de peluquería,
de perfume de imitación y sauna inmundo,
hipsters del hambre, ninis, mensajeros sin sueño
del Grindr que rompen nuestra fantasía.

Darles donde les duele: en el Levítico

Carlos Llamas, presidente de Jóvenes Prevenidos, es la piedrita en la bota homófoba de extracción toxicómana de Saltillo. Cuando marchó Rescatando a la Familia, Llamas fue a la Dirección para Promover la Igualdad y Prevenir la Discriminación a interponer una denuncia que devino en la sanción de seiscientos salarios mínimos contra Cristo Vive y los primos Pacheco. Cuando Eduardo anunció su candidatura por el PES, Llamas pidió al Instituto Nacional Electoral que se la quitaran por ser ministro religioso. Esto dijo del estreno de Pink:

La película está llena de pensamientos retrógrados, es un material que fomenta el odio y la discriminación e, indiscutiblemente, afecta a las familias homoparentales. Lejos de dar un mensaje de amor, un mensaje de Dios, yo creo que da un mensaje de odio.[9]

En otras partes de la entrevista Llamas vuelve a desestimar la teología de Cristo Vive (dice del creador de Pink que “tiene odio en su corazón” y pide “tomen en práctica la palabra de Dios y (…) que no se cieguen ante la religiosidad”), y así no aporta a la legitimidad de sus denuncias y se expone a enfrentarse a un fanático inteligente y conocedor del dogma, como Shirley Phelps-Roper, leyenda del activismo cristiano antigay. No es el caso, y como muestra la versión de Carlos Pacheco del origen divino de Pink y de la prohibición del matrimonio gay:

Paco del Toro (…) ha tenido la sencilla revelación (…) de hacer la película Pink. Esta visión (…) no tiene dos días ni tres días, hace aproximadamente siete años que Dios le reveló el guión. Todavía ni siquiera iban avanzando las leyes que ahorita estamos, desafortunadamente, abrazando en México. (…) Como dijo Jesús en San Marcos 10, verso 6:

pero al principio de la creación Dios creo varón y hembra.

Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer[10]

Si leyera dos versículos más, el pasaje criticaría el divorcio. Propongo otro para el credo de Cristo Vive, este sobre el crack: Dijo Jesús: Quitad la piedra (Jn 11:39).


Un paseo alrededor de Del Toro

  1. Milenio: el principio del fin (2000) ★

(Dirección y guión: Paco del Toro. Elenco: Julio Alemán, César Beas, Arleth Terán, Leonor Bonilla.. Producción: Armagedon Producciones)

Román (Julio Alemán), líder nacional de un culto new age, tiene razones para estar contento: su organización le ha prometido ascenderlo y el arribo de uno de los suyos a la Secretaría de Educación facilitará la promoción de sus creencias. Su hija Maritza (Arleth Terán) convence a su primo Felipe (César Beas) de unirse al culto. Los padres de Felipe, cristianos fervientes, además de lidiar con las herejías de su hijo, son testigos del resquebrajamiento de una familia cristiana por la laxitud de su compromiso religioso que deviene en la práctica del esoterismo y la brujería. El fervor de Laura (Leonor Bonilla), una compañera de trabajo cristiana, hace que Maritza cuestione sus propias creencias.

  1. Punto y aparte (2002) ★★

(Dirección y guión: Paco del Toro. Elenco: Mauricio Islas, Evangelina Sosa. Producción: Armagedon Producciones)

Miroslava (Evangelina Sosa) accede a tener sexo prematrimonial con Sergio (Mauricio Islas), su novio. Cuando su madre descubre que está embarazada, la arrastra de los pelos y la entrega a Sergio. Él la golpea, le es infiel y conjura un plan para vender al niño que trae en el vientre. Tras una golpiza, la corre de la casa. Miroslava entra a un mercado y le pide a la yerbera una pócima abortiva, pero el remordimiento la hace continuar el embarazo.

En una escena Miroslava entra a su casa y su hermana le reclama que no la ayude al quehacer; su madre le dice que pobre de ella si se anda revolcando con el infeliz vago del Sergio; su padre le da un trago largo a su caguama y dice: “Clara, dile a esta escuincla que si vuelve a llegar tarde le voy a partir el hocico” “¡Nos lo partimos, dijo el otro!”, responde Miroslava y va a su cuarto.

La pobreza no es de peltre y paredes desnudas como en las telenovelas, sino sucia y abigarrada; la borrachera de su padre es de un pesimismo solo imaginable en el laberinto de casitas de un terreno irregular cercado por la delincuencia; y la violencia de género exuda un asco ausente en los moretones maquillados de las superestrellas en campañas de concientización.

  1. Cicatrices (2005) ★★★★

(Dirección y guión: Paco del Toro. Elenco: Rodrigo Abed, Nora Salinas, Bryan Rangel, Evangelina Sosa. Producción: Armagedon Producciones)

Julián (Rodrigo Abed) y Clara (Nora Salinas) son el epítome del matrimonio disfuncional. Cuando pasan de los gritos a los golpes se separan y tramitan el divorcio. Los abogados los utilizan en una batalla en pos de los bienes materiales como no se había visto desde La guerra de los Roses, y una tarde, mientras sus padres conspiran, Juliancito (Bryan Rangel) se cae de una azotea y muere. Clara se encierra en la depresión y Julián se acerca a la Biblia e intenta salvar su matrimonio. Tras muchos desaires, Clara recapacita y vuelve con Julián. No han dejado de ser violentos y abusivos, pero aprendieron a contar hasta diez.

Abed consiguió la Diosa de Plata por la actuación, que no desmerece ante el Stanley Kowalski de Marlon Brando. La comparación no es gratuita: Del Toro rinde homenaje a Un tranvía llamado deseo con la visita de Thelma (Evangelina Sosa), hermana de Clara, que encarna esa feminidad a là Blanche DuBois que tanto impacienta a los misóginos.

  1. La Santa Muerte (2007) ★

(Dirección: Paco del Toro. Guión: Verónica Maldonado y Paco del Toro. Elenco: Karla Álvarez, Ana Sofía Camacho, Julio Casado, Amaranta Ruiz. Producción: Armagedon Producciones)

En su única participación en cine, la malograda Karla Álvarez da vida a Rubí, mamá de Perlita (Ana Sofía Camacho), una niña con cáncer terminal. Rubí lleva a Perlita a terapias alternativas y esotéricas sin obtener resultados. Pero un día, al salir de una farmacia, una señora hincada frente a un altar de la Santa Muerte le asegura que la Blanca curó el cáncer de su marido. Rubí le pide que salve a Perlita y la Niña le cumple de inmediato, pero vuelve a enfermarla porque Rubí no le puso un altar, y tras la recaída, además del altar, Perlita debe portar una medalla de la Madrecita o se quedará sin protección.

Hay dos contrapuntos: la historia de Gustavo (Julio Casado), quien, desempleado y abandonado por su novia, se hace pistolero de la mafia al amparo de la Huesuda; y el matrimonio de Mauricio (Ramiro Huerta), que sufre una fractura que parecía reparable hasta que su amante invoca a la Calaca para que le haga un amarre a Mauricio.

  1. Secretos de familia (2009)

(Dirección y guión: Paco del Toro. Elenco: Vanessa Ciangherotti. Producción: Armagedon Producciones)

Cuando Paulinita (Alondra Guadarrama) ronda los seis años, su madre, Paulina (Vanessa Ciangherotti) empieza a sufrir crisis nerviosas, ataques de ansiedad y episodios psicóticos derivados del Síndrome de Estrés Postraumático originado en el abuso sexual sistemático al que la sometió su tío a la edad que tiene su hija. Busca vengarse de su agresor, y cuando ya lo tiene encañonado una visión de su familia la hace brindarle perdón cristiano.


Qué cosas suceden, qué cosas suceden en la manifestación

La reacción cibernética ha sido algo tibia. El viernes del estreno la campaña en Change.org apenas registraba siete mil quinientos firmantes contra la exhibición de Pink, y en mis redes sociales aparecían algunas propuestas de boicot a Cinemex (Cinépolis decidió no proyectar la película). Según vislumbré en los comentarios de la cobertura, Pink pronto se convirtió en un tópico para fundamentalistas de ambos bandos. Ya no están los tiempos para dividirnos entre los que ven El crimen del padre Amaro porque critica a la Iglesia y los que no porque está prohibida. Y el internauta promedio todavía se desconcierta con el pase de estafeta censora del clero católico a los colectivos de minorías sexuales.

Solo Yuri capitalizó la polvareda mediática de Pink. Twitteó el cartel con el mensaje “Estreno 4 de marzo… ¡Tienes que verla!” y los cuadros gays de su fandom se rebelaron. Rechazó ser homófoba sin desdecirse de la recomendación (comparte la fe evangélica con Del Toro, quien dirigió el biopic Yuri: mi verdadera historia, 1997), e invitó a sus seguidores a su próximo concierto en el Auditorio Nacional.

Un minúsculo grupo de inconformes (nutrido por curiosos con boleto) se manifestó en la escalinata del auditorio con memes impresos que rezaban:

-“Yuri: Soy gay y soy INVENCIBLE ante tus ataques HOMOFÓBICOS”

-“Solo me interesa el dinero gay pero no sus derechos”

-“El dinero de mis fans gays lo uso para quitar derechos a los gays… Yuri, qué lista soy”.

Un vocero de la manifestación utilizó títulos de canciones de Yuri para arengar con el megáfono:

Queremos que nos pida perdón, porque no queremos que le llegue el apagón. Si le llega el apagón va a ser porque no pide perdón. También no queremos que le llegue la maldita primavera, y si le llega la maldita primavera que se prepare para el maldito otoño de su carrera.[11]

No están solos en el boicot ideológico contra Yuri: miembros de su iglesia la acusaron de illuminati por vestirse de Cleopatra en el videoclip “Presa”.

Cómo me han tirado los de la iglesia… ʻNo, es que eres cristianaʼ… La onda egipcia es la simbología de algunas cosas, tiene trasfondo espiritual… Ellos dicen que el “666”, o sea, ¿ya se droga la gente?[12]


El evangelio según las sectas

Sin haberlas visto, esto opina Paula Klein Jara de las películas de Paco del Toro:

Muy “curiosas” por la manera tan maniquea de tratar los temas, al más meritito estilo telenovelesco de la televisión mexicana (véase Mujer: casos de la vida real, La rosa de Guadalupe, Cada quien su santo) y claro, de qué otra manera se pretendía llegar a los corazones del pueblo mexicano, educarlo, seguirlo evangelizando y funcionando como instrumento inquisidor.[13]

Lo que salta a la vista es su pésima opinión de los corazones mexicanos, pero me interesan más ciertos errores (además de los gramaticales): los programas mencionados no son telenovelas, las películas de Del Toro no (siempre) son maniqueas, el maniqueísmo no es la mejor herramienta educativa y el apelativo de inquisidor es, por lo menos, injusto para hablar de películas de orientación evangélica.

En el catolicismo cultural mexicano (que engloba creyentes y no creyentes) no es extraña la burla a los demás cristianos: testigos de Jehová que se aparecen un domingo en la puerta cuando uno ya volvió de misa o del súper, niños autoexcluídos de la primaria que niegan a la Virgen y a la Bandera, cineastas que pretenden ese acto excéntrico y sin precedentes en la historia del arte de involucrar sus creencias en la trama de sus obras con el único fin de lavarle el cerebro a las masas (no a nosotros, que somos más listos y nos damos cuenta) e instigar a los políticos a quitarnos derechos civiles.


HD para filmarla y libertad para disfrutarla

Carlos Monsiváis distinguía cinco generaciones protestantes en México: la primera se dedica a defender la legitimidad de su creencia; la segunda, durante la Revolución, es profundamente anticlerical; la tercera se retira de la vida pública y está dispuesta a callar atropellos; la cuarta, más pequeña, se alía a la izquierda latinoamericana de los setenta a pesar de ser vistos como enemigos del proyecto patrio (guadalupanismo comodín de la teología de la liberación); en la quinta nace el interés por incidir en la vida nacional y “hay interés por la historia, por hablar desde una corriente, desde una actitud cuya validación es su persistencia”.[14]

Aunque las películas de Del Toro que he visto carecen de valor estadístico para definir una tendencia generacional protestante, a partir de lo expuesto por Monsiváis (y cierto abuso del método inductivo) puede preverse que en sus intervenciones culturales futuras continúe el énfasis en la experiencia de la fe, y que ante los ataques contra sus expresiones se retrotraigan a la defensa de la primera generación; incluso en los lindes de la intolerancia, como Del Toro en una entrevista el viernes de estreno (conspiranoia cromática de los taxis de la Ciudad de México incluida):

Cuando a lo bueno se le llama malo y a lo malo bueno, cuando en un país se trata de normalizar lo anómalo, me parece que algo anda mal, algo anda mal en la esencia. Ya tenemos los taxis rosas, ahí la llevamos. (…) Un niño absorbe como una esponja los usos y costumbres, el modelo que absorbe en el hogar, y si alguien no cree esto pues que me explique por qué hay familias que durante generaciones son secuestradores y asaltabancos. (…) El matrimonio es de creación divina, Dios tiene la patente, cuando, por cierto, unió a la primer pareja que fue Adán y Eva, no Adán y Esteban. (…) Los niños no deben ser trofeos de la militancia gay. (…) Sacan películas gays y nadie protesta: La chica danesa, Cuatro lunas, Secreto en la montaña, y sacan algo que es diferente, no en contra, diferente, ¡ay! y todo el mundo se alarma. Qué chistoso es este país.[15]

“Si estás a favor de la libertad de expresión, significa que estás a favor de la libertad de expresión de las opiniones que precisamente desprecias, si no, no estás a favor de la libertad de expresión”[16], le dice Noam Chomsky a un estudiante que lo cuestiona por haber defendido el derecho de Robert Faurisson a publicar ensayos negacionistas del Holocausto.

Y no hace falta ser Chomsky, Voltaire, Jacques Vergès, vocero del multiculturalismo o abogado del diablo para simpatizar con la libertad creativa de Del Toro y entender que la diversidad escapa a las creencias de avanzada de nuestra parroquia. Lo que sí exige lo mejor de nosotros es aceptar la plausible regularidad de ese cine en la cartelera comercial, y no entendida como una moda pasajera o el sacrificio que exige un futuro sin religiones organizadas, sino como un subgénero en busca de una voz negada; desear que, a diferencia del de ahora, el cine evangélico que viene descubra “cosas extrañas, insondables, repulsivas, deliciosas; nosotros las recogeremos, las comprenderemos”.[17]


Pink… el rosa no es como lo pintan (2016) ★

(Dirección y guión: Paco del Toro. Elenco: Pablo Cheng, Charly López, Carlos Meza, Diego Lune, Pepe Magaña, Roberto Escudero, Roberto Palazuelos, Ana Ciocchetti, Carlos Bonavides, Isabel Martínez “La Tarabilla”, Himmel. Producción: Armagedon Producciones)

El panorámico de un suburbio muestra la llegada a casa de Iván (Pablo Cheng) y Rubén (Charly López) con Andrés (Carlos Meza), el pubescente que adoptaron. En la escuela un grupito de bullies que ve a los papás irse tomados de la mano se propone hacer imposible la vida de Andrés: se burlan de sus padres adoptivos, le dicen que él también es gay, lo tiran vestido a la alberca olímpica y lo marginan.

Reciben la visita de los mejores amigos de la pareja. Abi (Pepe Magaña), gay festivo de manita caída, expone a Andrés a conversaciones inapropiadas, mientras que Daniel (Roberto Escudero), su esposo, se perfila como amenaza pedófila. Luego van a casa de Martha (Isabel Martínez “La Tarabilla”), mamá de Rubén, y cuando le exige a su nieto adoptivo que se coma las verduras, Iván defiende el derecho de su hijo a no comer lo que no quiera, y entre gritos se lo lleva. Edith (Ana Ciocchetti), hermana de Iván, ofrece un espacio familiar menos conflictivo. Luigi (Roberto Palazuelos), su esposo, no es homófobo y Tomy (Diego Lune), su hijo, es el único niño que no está prejuiciado contra Andrés.

La amistad de los primos se trastoca con la confusión identitaria. Ven una película con Rubén e Iván, y cuando sus papás se quedan dormidos Andrés aprovecha para seducir a Tomy, pero es rechazado. Sin embargo el ambiente propicia esos comportamientos, así que una tarde Rubén maquilla a Tomy. Otro día los primos fisgonean en la habitación paterna y encuentran lencería y un DVD de porno gay, lo meten al reproductor y se echan a verlo. En una piyamada en casa de Tomy, Andrés se sale de su saco de dormir y se mete a la cama con su primo; se escuchan risas infantiles y un plano cenital se aleja a un compás lúgubre. Efecto búmeran de la historia: puede hacerse una lectura maliciosa de la relación entre los primos donde su despertar sexual no se deba a la influencia del entorno.

Iván visita a su esposo en la oficina durante un convivio para confirmar que se avergüenza de él; Rubén lo ignora y habla de futbol (quintaesencia heterosexual) con sus compañeros de oficina. Antes de irse, Iván le aclarara a unas empleadas la sexualidad de Rubén: Él es mi marido, es homosexual, ¿les quedó claro?

Rubén lleva strippers a la fiesta de cumpleaños de Iván, quien les restriega el mameluco de látex rosa que viste; distraído por los strippers, no se da cuenta de que Rubén sube a una habitación con un transexual (Himmel). A la mañana siguiente Andrés entra al baño y encuentra una peluca. Se la pone, se pinta los labios y modela. Iván lo descubre y se pone otra peluca y enseña a Andrés a decir ¡oh cielos! El miedo al travestimo intrafamiliar y la educación homosexual bien pudo ser aportación de Cheng al guión:

Yo la verdad no tengo los huevos para adoptar. No, educar a un chamaquito, no, lo voy a enseñar a jotear. Lo más seguro es que lo enseñe yo a jotear, y creo que el niño tiene que aprender valores (…) crecer y ya él que decida. Pero no yo (…), por eso soy puto: no tengo huevos.[18]

En la inauguración de la expo de Roger (Carlos Bonavides), pintor y amigo de la pareja, Rubén seduce a un joven, y cuando Iván lo descubre se acerca a ellos y tira su copa de vino en la cara del seducido. Iván sale y se sube al carro sin escuchar a Rubén, quien lo sigue a la casa en taxi. Cuando Iván entra Rubén ya tiene un cerro de sus camisas destruidas, y como no se detiene, Iván le cae a golpes.

Rubén regresa a casa de su madre e Iván se entrega al vicio del sexo ocasional, hasta que un ligue resulta ser un criminal que los asalta a punta de pistola y amenaza con matar a Andrés. Iván, ofuscado, intenta suicidarse. Rubén le lleva serenata y los mariachis se ríen nerviosos al descubrir que se trata de una serenata entre hombres. Iván vuelve a casa y Rubén intenta confiar en él, pero a los días lo escucha hablar por teléfono con un amante.

Contrata a un detective que le entrega fotos de Rubén con otro hombre, y va a los bajos fondos a comprar una pistola y se dirige al hogar del amante de su marido. Una mujer abre la puerta e Iván descubre que el amante de Rubén bisexual; entrega las fotos a la esposa y saca el arma, pero no se atreve a disparar.

Iván regresa a casa en un taxi e intenta seducir al taxista, quien se ríe y le aclara que es cristiano. Iván es receptivo a su mensaje, así que el taxista le regala una Biblia con un separador puesto en las partes relativas al amor de Dios. Iván se tira en un sofá y empieza a leer la Biblia hasta quedarse dormido. Sueña estampas biográficas que explican su homosexualidad: cuando niño su padre lo golpeaba y su madre lo tenía a cargo del quehacer; en la adolescencia se dedicaba a planchar y un día un cliente lo violó; le agarró gusto a la homosexualidad, y eso facilitó que lo secuestraran, con el objetivo aparente de violación tumultuaria; y, finalmente, proyecta un futuro heterosexual con una esposa.

Cuando volvemos a verlo, Iván se ha desteñido el pelo y usa ropa heteronormada. Todavía siente impulsos gays, pero a través de un grupo cristiano ha conseguido modificar su comportamiento. Un día llega a casa y encuentra a Rubén llorando en la sala. Le pregunta qué le sucede y Rubén le dice que tiene SIDA y teme morir; cuando Rubén se va, Iván se hinca y le pide al Señor no estar contagiado.

Pero la historia periférica de Luigi es la que más atañe al espectador con posibilidades de redención cristiana. Un día en el club, discute con un amigo que se opone al matrimonio gay, porque, a diferencia del tradicional, no lo inventó Dios (sic). Para apoyar su argumento, el amigo de Luigi le dice el célebre dictum de la homofobia: Dios hizo a Adán y Eva, no Adán y Esteban, y después se rió, y después de él se rio toda la sala de cine; todos salvo Luigi y yo. Sospeché que era el único que no había sido alentado a ver Pink en un templo.

Una tarde sus padres visitan a la familia de Luigi, y cuando las mujeres se levantan a preparar los alimentos, aparece Tomy. Su abuelo le dice que vaya a lavarse las manos porque la comida está lista. Para vergonzosa sorpresa de Luigi, su hijo, amaneradísimo, responde que no quiere comer porque está cuidando su figura, y la mirada reprobatoria de su padre hace mella en Luigi. La gota que derrama el vaso de su tolerancia es ver a Tomy juguetear con Andrés tomados de la mano y acercarse al escaparate de una zapatería para discutir cuáles tacones les quedarían mejor.

En la escena final Luigi le dice a Edith que no le gustan los comportamientos afeminados de Tomy y que lo más prudente sería que ya no visitara a su tío. Edith se indigna y lo acusa de tener una posición discriminatoria, pero Luigi no parece dispuesto a recapacitar. Despega un plano aéreo que puede interpretarse como la soledad de la homofobia o la continuidad del debate nacional en torno a la cuestión homosexual. El cine evangélico llegó tarde a fijar postura y lo único que cabe esperar de Pink es que, sin habérselo propuesto, promueva esa discusión al interior de sus organizaciones.


Referencias

[1] Leticia Espinoza, “Lo que no sabía de Carlos Pacheco”, Revista Saltillo, 5 de diciembre de 2011.

[2] “Adictos a Cristo”, Punto de partida, Televisa, 24 de enero de 2014.

[3] Elisa Hernández, “Gays quieren hijos para sodomizarlos: Pacheco”, Vanguardia, 26 de marzo de 2015.

[4] Ana Ponce, “Queja por discriminación tiene fines ʻelectorerosʼ”, Milenio Laguna, 8 de abril de 2015.

[5] “¡Roberto Palazuelos está en contra de que las parejas del mismo sexo tengan hijos!”, Ventaneando, Televisión Azteca, 31 de marzo de 2015.

[6] “Carlos Bonavides: La marcha gay es irrespetuosa porque salen semidesnudos”, Infraganti Magazine, 17 de junio de 2015.

[7] María Montoya, “Pablo Cheng en contra de que los gays adopten, ¡le teme al bullyng!”, TvNotas, 29 de octubre de 2015.

[8] “Muerte a Yuri por homofóbica”, 3 de marzo de 2016.

[9] Roxana Romero, “ʻPinkʼ promueve el odio y la discriminación, dice comunidad gay de Saltillo”, Vanguardia, 13 de febrero de 2016.

[10] “Mensaje Pastor Carlos Pacheco acerca de la película Pink, 29 de febrero de 2016.

[11] “Tratan de boicotear concierto de Yuri en México”, Suelta la sopa, Telemundo, 29 de febrero de 2016.

[12] “Acusan a Yuri de ser satánica”, Entravisión, 10 de noviembre de 2015.

[13] Paula Klein Jara, “El cine mojigato del otro Del Toro. Películas cristianas y aleccionadoras”, Revista Replicante, 10 de marzo de 2012.

[14] Carlos Monsiváis, “ʻSi creen distinto, no son mexicanosʼ Cultura y minorías religiosas”, Protestantismo, diversidad y tolerancia, Comisión Nacional de los Derechos Humanos, México, 2002, p. 33.

[15] “Entrevista a Francisco del Toro”, Ciro Gómez Leyva por la mañana, Radio Fórmula, 4 de marzo de 2016.

[16] Mark Achbar y Peter Wintonick (dir.), Manufacturing consent: Noam Chomsky and the media, Humanist Broadcasting Foundation, Canadá, 1992.

[17] Arthur Rimbaud, “Carta del vidente” (1871), Ramón Buenaventura (trad.), Poéticas.

[18]  “Conferencia de prensa de la película Pink”, 1 de marzo de 2016.

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