Tercer Informe de Gobierno: el ruido de las palabras al caer

Lo que se dijo y no se dijo en el informe de gobierno, las palabras y omisiones de una administración que, a la mitad del camino, continúa colocando el futuro como el tiempo de la redención.

| Presidencia

“El último año ha sido difícil para México”; extrañísima forma de iniciar el mensaje del Tercer Informe de Gobierno. Extrañísima por honestísima. Por un par de minutos nos detuvimos ante la expectativa de que este sería un mensaje diferente. “Los hechos ocurridos en Iguala o la fuga de un penal de alta seguridad nos recuerdan situaciones de violencia, crimen o debilidad del Estado de Derecho… […] Señalamientos de conflictos de interés ─que incluso involucraron al titular del Ejecutivo─” Sí, sí, sí, por fin el presidente les iba a dar el lugar protagónico que merecen todos los episodios que de este lado del poder definen nuestra percepción del otro lado del poder.

No, no, no… No se les volvió a mencionar en todo el mensaje. Nos quedamos con lo extrañísimo y nos quitaron lo honestísimo.

Nos regresaron al mundo de pasados edulcorados y futuros dibujaditos a mano. Un mundo en el que el poder es coreografía de un solo lado, nunca baile entre los dos lados del poder. “Vamos a enfrentar los desafíos con claridad de rumbo y absoluta determinación.” Nada habla mejor del pasado, de lo hecho, que colocar el futuro como el tiempo de la redención.

El año difícil no admite diagnóstico, ni culpa; es apenas un paréntesis accidental entre el México que Peña Nieto ve antes de 2012 (paralizado y polarizado) y el futuro de planes y decálogos. Sí, un año trágico, un año de abusos, un año de violaciones reiteradas a derechos humanos, un año de conflictos de intereses, un año de escándalos acumulados… pero la gobernabilidad en México se rescató de la mano de un acuerdo no institucional (i.e. sujeto a reglas elementales de incidencia, transparencia y rendición de cuentas) entre élites partidistas.

“México es el mayor reformador de los últimos dos años.” Una proeza si se logra sin modificar un centímetro la asimetría de poder entre quienes gobiernan y quienes son gobernados; sin generar por fin mecanismos básicos de control político y judicial a manos de ciudadanos. El statu quo intocado: adentro, cada quien en su sitio y papel; afuera, también.

El statu quo nada nos dice del año trágico. Por supuesto.


Primer ruido: el aplauso

Fue curioso: los aplausos tardaron en llegar. Es más curioso: llegaron a iniciativa del presidente y dirigidos a terceros. Los primeros dos a las fuerzas armadas y la marina; luego a las mujeres por hacerse de la mitad de las candidaturas; siguieron los maestros; los deportistas que ganaron medallas en Toronto; y al Banco de México por mantener el poder adquisitivo de la moneda nacional.

Pero los aplausos son pegajosos; iniciado el aplauso, el criterio para los aplausos posteriores se desdibuja. Si le aplaudiste a alguien, es natural que le aplaudas a algo: a la evaluación educativa (con aplauso extra a Oaxaca); a la participación de México en misiones de la ONU; a la imagen de México en el mundo; a la promesa del gobierno de “apretarse el cinturón”; al nuevo aeropuerto internacional de la ciudad de México; a cada uno de los puntos del decálogo final; vamos, hasta a la advertencia sobre “el riesgo de creer que la intolerancia, la demagogia o el populismo son verdaderas soluciones”.

No nos pondremos a contar aplausos (cuando podemos contar palabras); pero veinte aplausos suena a entusiasmo que encuentra en la realidad un poco de moderación, que encuentra en terceros (soldados, deportistas, mujeres) una excusa aceptable para hacer tangible la aprobación con el ruido.


Segundo ruido: el silencio

Sí, el mensaje fue esencialmente un spot de dos horas, con videos, imágenes y slides. Pero la curaduría del spot algo debe decirnos sobre las prioridades del presidente a su tercer año de gobierno. Vamos, la selección de palabras no es la misma, y en esa diferencia algo podremos entender.

Una forma de aproximarnos a esto es contabilizar palabras de los tres mensajes de informes de gobierno y contrastarlas. Eso al menos nos permite identificar: 1. de qué se habla mucho; 2. de qué se habla poco; pero sobre todo, 3. de qué se habla peculiarmente en cada caso.

Para sorpresa de nadie, la palabra más común entre los tres mensajes es: “México”. Para sorpresa de algunos, la siguiente es “más”: la acumulación es la clave positiva del desempeño. Se siguen en el top 10: “mexicanos”; “gobierno”; “país”; “millones”; “República”; “reforma”; “mil”; y “todos”. Esa es la parte constante y repetida de la narrativa presidencial: reformas que han implicado miles/millones de cosas en el país (usualmente pesos, no personas).

No se puede hacer un ranking de lo que poco se habla; hay demasiadas palabras mencionadas poquísimas veces. Hay 3,799 palabras que han sido mencionadas menos de diez veces en la suma de los tres mensajes; 2,065 de ellas han sido mencionadas una única vez en los tres episodios. Haciendo una curaduría (es decir, subjetiva), entre las palabras repetidamente omitidas en los mensajes (mencionadas una sola vez) están: “alcanzado”; “amenazas”; “asistencialista”; “burocracia”; “Conacyt”; “congruencia”; “construimos”; “consulta”; “continuar”; “convicciones”; “corresponsabilidad”; “creatividad”; “deficiencias”; “delictivas”; “desaparecidas”; “desencanto”; “digámoslo”; “dividido”; “efectividad”; “entendemos”; “escuché”; “específicamente”; “exigencia”; “federalismo”; “fiscalía”; “ganas”; “honestidad”; “Iguala”; “inaceptable”; “indignación”; “informarles”; “intelectual”; “izquierda”; “jurídico”; “laptops”; “legalidad”; “licitar”; “logro”; “malestar”; “marginadas”; “mejoramiento”; “militar”; “modernizar”; “necesitado”; “obligaciones”; “opinión”; “optimizar”; “paraestatal”; “parálisis”; “pensar”; “periodistas”; “pesimismo”; “planear”; “prioritario”; “pueblo”; “reclama”; “redistributivo”; “reflexión”; “secuestros”; “significó”; “sindicato”; “solidario”; “tecnología”; “tolerancia”; “trascendencia”; “utilidad”; o “volatilidad”.

La de ruido que hacen la palabras en su ausencia.

¿”Corrupción”? Cuatro veces en tres mensajes.


Tercer ruido: las palabras

Hay elecciones de palabras peculiares a cada informe; se trata de palabras que son recurrentes en un mensaje pero que no lo son tanto en los otros dos mensajes (gráficamente, son las palabras ubicadas más cerca de la esquina superior izquierda).

1_20

2_20

3_20

En el primer informe todo era planificación y política: “materia”; “gran”; “política”; “hacer”; “cambios”; “fin”; “hacer”; o “tenemos”. El reflejo de un gobierno en construcción, fijando sus prioridades y los mecanismos políticos para hacerlas viables. Para el segundo informe, las palabras que le fueron más peculiares dibujaban la concreción de planes: “federal”; “nuevo”; “cambio”; “proyectos”; “programa”; “compromiso”; “Estado”; “pesos”; o “hacia”. El tercer mensaje sería lógicamente el de las consecuencias, ¿cierto?

No, el tercer mensaje nos llevó a un malabarismo entre el pasado y el futuro: “hemos”; “personas”; “familias”; “condiciones”; “vamos”; “estamos”; “instituciones”; “pobreza”; “acciones”, o “mitad”. La elección de palabras cuenta la historia simultánea de lo no logrado; de los datos elegidos a mano que justifican la sonrisa y el aplauso; del retorno a los planes: “ahora”; “acciones”; “infraestructura”… Un salto de fe entre el “hemos” y el “vamos”.


Cuarto ruido: la política

“Ya hemos transformado la Constitución y las leyes; ya hemos transformado las instituciones y las políticas. Lo que sigue ahora es transformar positivamente la vida diaria de millones de mexicanos.” Queda casi todo pues: Estado de derecho, justicia, desarrollo ahí donde más falta hace, productividad, calidad educativa, infraestructura y austeridad. No lo digo yo, lo dice su decálogo.

Si uno lista entre sus carencias (Estado de derecho, justicia y desarrollo entre los excluidos), uno lista centralmente el fracaso de los efectos naturalmente esperados de la democracia y sus instituciones. Uno lista razones para el descontento; para el resentimiento; para la búsqueda de alternativas; para… la rebelión.

¿La salida del laberinto? Demonizar al otro: “En este ambiente de incertidumbre, el riesgo es que, en su afán de encontrar salidas rápidas, las sociedades opten por salidas falsas […] Me refiero al riesgo de creer que la intolerancia, la demagogia o el populismo son verdaderas soluciones.”

Hemos fallado, pero por favor no reaccionen, no crean que hay alternativas, no imaginen otras formas de democracia y gobierno, no piensen que el statu quo y las instituciones que lo mantienen son factibles de cambio: “hay que continuar por la ruta que nos hemos trazado”; “la demagogia y el populismo erosionan la confianza de la población; alientan su insatisfacción; y fomentan el odio en contra de instituciones”.

¿Qué queda discursivamente contra el cambio y el legítimo resentimiento? “Muchas ganas y más fuerza.”

49 segundos continuos de aplausos… y el ruido de las palabras al caer.


(Imagen: Presidencia de la República)

 

Artículos relacionados