#VivasNosQueremos: denuncia y organización feminista

Contra la intolerable violencia de género en México, nuevas formas de organización y denuncia se están gestando. La marcha del 24 de abril representa un evento trascendental para las agendas feministas.

| Feminismo

La solidaridad abarca las redes. Este domingo 24 de abril marchamos. En un país tan violento y polarizado como México, todas sabemos lo que es el acoso sexual. Entendemos la violencia de género como una experiencia cotidiana. Sin embargo, lo callamos: sabemos que la denuncia sale muy cara.

Todo empezó en internet. Cuatro casos fueron amplificados por las redes sociales y el patrón de silencio se rompió: el de Andrea Noel, la periodista a quien le bajaron los calzones en la Condesa; el de Daphne Hernández, la chica de Veracruz que fue violada por Los Porkys; el de Gabriela Nava, a quien grabaron debajo de la falda en el transporte público; y el de Yakiri Rubio, quien terminó en la cárcel por defenderse de su violador.

Estos casos son paradigmáticos de un problema de impunidad más grande. En México solamente se denuncian ante las autoridades siete de cada 100 delitos. Las razones principales son la pérdida de tiempo y la desconfianza en las instituciones de justicia. En los casos de violencia sexual es aún peor: se suele estigmatizar a las víctimas por cómo visten, dónde estaban y cómo se comportan. La consecuencia es el silencio.

Hemos aprendido a minimizar las situaciones que nos hacen sentir incómodas: es decir, hemos normalizado la violencia. Aprendimos a evitar a hombres cuando caminamos solas por la calle. A no responder a los comentarios lascivos en el trabajo. A soportar si nos ven las tetas. A buscar a aquel que nos agarró la nalga en el metro a la hora pico sin hacer escándalo. A decir que tenemos novio porque es más fácil que simplemente decir “no”. A callar. A apretar los dientes. A no movernos y no hacerlos enojar.

La violencia es generalizada, pero la situación empeora conforme los privilegios se diluyen.

Los feminicidios son la realidad más cruda en este país. Siete mujeres al día son asesinadas por existir como mujeres. Se convierten en cuerpos sin nombre ni apellido. Cuerpos abusados sexualmente. Torturados. Destruidos. Cuerpos que sufren golpes antes y después de su muerte. En Ecatepec son cuerpos que se tiran como basura. Que no valen nada. Que nunca encuentran, nunca encontraron, justicia.

Nos han enseñado y repetido hasta el cansancio que es culpa nuestra –por vestirnos con falda, por caminar solas en la calle, por “meternos” con tipos peligrosos.

Cuando los casos se llegan a denunciar, la impunidad es la regla. Según ONU Mujeres, al año se reciben cerca de quince mil denuncias por violación. Sin contar la cifra negra –aquellos que no denuncian–, cuarenta mujeres al día salen del silencio, pero solo el dos por ciento de los casos son resueltos.

Este patrón empieza a romperse. Desde hace unos días circula en redes sociales un video con el siguiente mensaje dirigido a las mujeres: “Si te violentan en las calles, si te amenazan y agreden en las redes, si los policías te culpan y los medios de comunicación te criminalizan, no importa: Denúncialos. No te calles.”

En el contexto de un país donde denunciar no sirve de nada, las redes sociales se han convertido en un nuevo espacio de justicia. Para aquellas que gozamos el privilegio de la conectividad, si una habla, contagia e invita a las demás a hacer lo mismo. En las voces colectivas reconocemos que no, no es normal: a todas nos ha pasado y hay que denunciarlo.

Por eso marchamos este domingo 24 de abril. De Ecatepec al Ángel: en todos los casos la violencia sexual siempre es culpa del agresor. Porque si el acoso es “normal” e invisible, protestar es denunciarlo. Marchar juntas es reclamar el espacio público que hoy solo es seguro para los hombres.

Esta organización espontánea no hubiera sido posible sin la infraestructura y las conexiones que nos permite internet. Estamos viviendo un cambio cultural en nuestra forma de entender y procesar las denuncias por violencia. Seguramente esto no resolverá los problemas de fondo, pero nuevas formas de solidaridad se están produciendo. Hablar colectivamente del problema es el primer paso; organizarnos, el segundo.

Este domingo marchamos por las muertas invisibles y las violadas sin voz. Marchamos juntas porque si nos unimos todas, entonces estamos más seguras. La violencia de género no puede seguir impune. El mensaje es claro: no se van a salir con la suya. Ahora estamos organizadas. ¿Estaremos frente a los inicios de un movimiento feminista? El reto será que perdure.

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