Aliados no solo para sobrevivir: el futuro de las colaboraciones en el periodismo mexicano

Ilustración @donmarcial
Ilustración @donmarcial

Es fácil entender la esperanza puesta en lo “colaborativo” del periodismo de unos diez años a la fecha. Se trata, en parte, de la búsqueda de un horizonte de futuro para el gremio – de ahí el entusiasmo (a veces desbordado) con que se ha anunciado más de una vez la llegada de una “nueva era” colaborativa o un nuevo modelo de “intercambio radical” inspirado en megaproyectos periodísticos como los Papeles de Panamá o Lava Jato. Y, al mismo tiempo, es una historia antigua, tal vez la más antigua de todas: para sobrevivir en tiempos aciagos hay que trabajar juntos. Como suele suceder, la idea de un futuro más colaborativo es una forma de hablar del crudo presente del periodismo: la crisis financiera que arrancó en 2008, los desafíos de la revolución digital, los recortes, los despidos, la precarización laboral, la desconfianza, las agresiones.

No deja de sorprender que los periodistas en México y en otras latitudes hablen de lo colaborativo, a la vez, con el lenguaje futurista de las bases de datos encriptadas, pero también con analogías primigenias de lobos a veces cazando en solitario y a veces en manadas.

Más difícil y más útil es mirar cómo la esperanza puesta en lo colaborativo, que de algunos años para acá se ha materializado en premios, becas, convocatorias o talleres, se ha topado en la práctica con las duras realidades que enfrentan los periodistas. Algo que en el fondo todos sabemos desde que somos chicos: trabajar en equipo se dice fácil, pero es un arte bastante complicado.

Lo que hemos visto en México no es una “nueva era” de colaboración, sino, como sucede en el resto del mundo, una gran diversidad de intentos, combinaciones, adaptaciones, prueba y error. El intercambio no ha sido radical, sino poco a poco, puntual, mesurado, cauteloso. Y creo que esa seguirá siendo la actitud más sensata por varias razones.

Primero, porque el pasado del periodismo ha sido más cooperativo de lo que estamos acostumbrados a creer hoy en día. Por lo menos desde inicios del siglo XX, hay evidencia de periodistas que comparten insumos y contactos; comparan apuntes y ángulos; consultan y piden favores a colegas y a otros expertos; se alían, unen sus recursos y desarrollan amistades con periodistas de otros medios, incluso a contracorriente de sus editores. Y desde siempre el intercambio y la colaboración han sido así: cosa cuidadosa, gradual, en confianza, negociada, y casi nunca un impulso de altruismo radical.

Segundo, esto ha sido así porque cada nota y cada periodista tienen riesgos y circunstancias distintas. Como me decía una experimentada reportera michoacana “llegó un momento en 2011 y 2012, que en Michoacán uno nunca sabía con quién estaba hablando, aunque fuera compañero de gremio, compañeros con chalecos de prensa… nunca sabías hasta dónde el gremio en los estados estaba atravesado por el crimen organizado”. Así, para ella trabajar en solitario en su estado y, al mismo tiempo, colaborar con colegas y medios nacionales era una forma de protegerse. Por eso no tiene mucho sentido discutir si trabajar como un lobo solitario es mejor o peor que colaborar. A veces también más vale solitario y a salvo, que mal acompañado. Lo importante es la necesidad de tomar en cuenta estas desigualdades entre reporteros y encontrar formas de reducir el riesgo al momento de formar alianzas y proyectos colaborativos.

Tercero. La colaboración no excluye ni requiere sacrificar la competencia. Mientras el periodismo siga siendo una profesión y las noticias, un negocio, seguirá habiendo una competencia legítima por las audiencias, el reconocimiento, las oportunidades de ascenso entre periodistas, y diferencias, también legítimas, entre la línea editorial, modos de trabajo y tiempos de los medios. De hecho, parte del éxito de plataformas como MéxicoLeaks es que desarrollaron reglas flexibles para reconocer como válidas esas diferencias y dar la opción a cada uno de sus miembros de elegir el grado de colaboración que más convenga a sus intereses. Como lo muestra la diversidad dentro de iniciativas como Connectas, no todas las colaboraciones pueden o tienen que empezar con reporteo conjunto, redacción integrada o publicando un mismo producto noticioso.

Cuarto. La clave para seguir colaborando de manera más duradera es construir relaciones de confianza. Y eso se logra de varias maneras: ganándose el respeto de los demás con tu trabajo y nivel de compromiso, negociado reglas claras, conciliando y respetando lo acordado. Una lección de las experiencias colaborativas en México es que los periodistas poco a poco empiezan a valorar esas relaciones con colegas que no solo son buenos en lo que hacen, sino que son gente de fiar, de palabra – yo sé que la expresión suena anticuada, pero así es: se valora el honor. De ahí que la colaboración sea una cosa de reporteros, de la tropa, y no tanto de medios y directivos.

Quinto. Los proyectos colaborativos pueden concluir, pero las herramientas y las metodologías permanecen. Las bases de datos, los buscadores, las metodologías para verificar y reportear que se desarrollan sobre la marcha de la colaboración son más que materia prima para notas. De hecho, son mecanismos muy efectivos para incluir a más actores, diferentes tipos de expertise y expandir las redes de colaboración, incluso más allá del periodismo. La experiencia de Verificado 19S y Verificado 2018 muestra como metodologías y plataformas colaborativas no son solo logros periodísticos, sino la suma de contribuciones de otras disciplinas y sectores de la sociedad. Por ejemplo, las categorías y la base de datos de la “Estafa Maestra” de Animal Político y MCCI no solo fue el resultado de la colaboración entre periodistas, sino entre diseñadores de información, programadores, abogados fiscalistas y funcionarios fiscalizadores. Después de la publicación del reportaje, los periodistas de “La Estafa” ya sabían que la fuerza de su base de datos está en su capacidad para replicarse en los estados y ya estaba en la mesa la posibilidad de convertirla en una herramienta abierta para que más colegas pudieran cruzar y buscar datos en el día a día, o bien alimentar una suerte de gran repositorio de empresas y contratos públicos. Eso sería un gran avance.

Ejemplos como estos ponen de manifiesto que colaborar desde el periodismo no es exclusivo de megaproyectos trasnacionales, sino que los periodistas están encontrando, a veces incluso por accidente o ante la necesidad, diversas maneras de sentarse en la misma mesa y dar su palabra. No sólo para sobrevivir, en el corto plazo, el invierno del sistema de medios, sino para recuperar una idea de futuro, de lo colectivo, un sentido de pertenencia a un gremio.

Esta publicación/plataforma ha sido posible gracias al apoyo del pueblo de los Estados Unidos a través de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). Su contenido es responsabilidad de los autores y no refleja necesariamente el punto de vista de USAID o del Gobierno de los Estados Unidos de América.

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