Por un periodismo no macho

Los medios de comunicación deben asumir su rol en la lucha contra la misoginia y la desigualdad de género

El pasado 10 de mayo, el Heraldo de México publicó un post con el siguiente texto: “Este #FelizDíaDeLasMadres aplaudimos a estas jóvenes que optan por tener un hijo a pesar del riesgo que representa la maternidad en la adolescencia”. El texto acompañaba la nota titulada: “Las madres más jóvenes de México tienen entre 10 y 12 años de edad”.

Días después, el 24 de mayo, el Diario de Juárez publicó la columna “El ‘inocente perreo’ con final trágico”, en la que el autor se lamentaba el “infortunio que le cambió radicalmente la vida” a 4 doctores y una catedrática de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez durante una noche de alcohol. Escrito así podría parecer un accidente automovilístico o de otra índole. Pero no, no lo fue. En realidad, se trató de una violación tumultuaria perpetrada por 4 sujetos contra una mujer.

¿Por qué festejar embarazos que son producto de violaciones? ¿Por qué hablar de un “inocente perreo” y no de una violación tumultuaria? ¿Por qué varios medios de comunicación que dicen hacer Periodismo siguen hablando de “crimen pasional” o de “mujeres que pierden la vida” y no de feminicidios? ¿De feminicidas? ¿Por qué no se habla del asesinato, la discriminación y la violencia que sufrimos las mujeres en la casa, la calle, el trabajo, las escuelas, y, en general, en nuestra vida cotidiana, como lo que es? ¡Como una pandemia a nivel global!

Quienes hemos trabajado como periodistas defendemos varios ideales. Entre ellos, que el periodismo es uno de los instrumentos clave de la democracia y de la lucha por los derechos humanos para denunciar las injusticias, las violencias, la corrupción, las desigualdades, los excesos del poder y los sistemas opresivos y totalitarios. Su papel es fundamental en el camino para lograr un Estado de derecho libre y democrático, plural e incluyente. Lo que no se nos enseñó a muchos en la escuela o en las redacciones en las que trabajamos es que, para alcanzar los objetivos de ese Periodismo ético e ideal que algunos queremos ejercer, las mujeres también contamos, también pensamos y también somos necesarias.

Excluir a las mujeres de los puestos directivos y de las juntas editoriales, relegarnos a la cobertura de noticias “soft news” o de “sociales”, invalidarnos como reporteras de notas deportivas o de “nota roja”, acosarnos sexualmente en las redacciones y fuera de ellas, minimizar la violencia hacia la mujer en sus contenidos, cosificar nuestros cuerpos, revictimizarnos en sus encabezados amarillistas, promover estereotipos de género, pagarnos menos, negar el machismo y “festejarnos” en sus páginas cada 8 de marzo o 10 de mayo con sus diseños color rosa es —señores que se dicen periodistas— no sólo violento y humillante, es retrógrada, discriminatorio, antiético y pueril. Eso ya no es periodismo. Nunca lo ha sido en realidad.

El presente texto sólo pretende ser un llamado a la reflexión por la defensa de un periodismo con perspectiva de género, de una sociedad con perspectiva de género. Porque sabemos muy bien que lo que publicamos en los medios masivos de comunicación se replica mil veces “allá afuera”, en la sociedad. Porque sabemos muy bien cuáles son nuestros alcances y nuestra responsabilidad cuando hacemos pública la información. Porque sabemos muy bien que ejercer periodismo en México no es tarea fácil y, ser mujer, tampoco. Porque sabemos muy bien, entonces, que ser mujer periodista en este país requiere el doble de esfuerzo, el doble de coraje y el doble de batallas para mantenerte en el oficio.

Observemos lo que vienen haciendo plataformas digitales de jóvenes en México o los medios tradicionales de otros países. Veamos lo factible y fructífero que puede llegar a ser para un diario, un sitio web de noticias o una televisora, abrir “Unidades de Género” o secciones con temáticas sobre “Feminismo”, “Equidad” o “Violencia de género”, en pro de contenidos a favor de los derechos humanos y de la mujer, de textos y trabajos que buscan visibilizar la violencia tan normalizada en nuestra cotidianidad. O, exploremos nuevas formas, pero tengamos en mente que las nuevas generaciones de periodistas en México necesitan tener una mirada completa de la realidad que van a reportear. Necesitan observar el mundo con ambos ojos. Sin misoginia.

La pandemia citada párrafos arriba no va a parar sola y los 9 feminicidios al día en México no van a disminuir si los medios masivos de comunicación y el periodismo no asumen su rol y participan en este proceso de deconstrucción global profundo, autocrítico y esperanzador. Un proceso que lo único que busca es igualdad, transversalidad, justicia social y democracia para todxs. Recordemos que el sistema patriarcal es de privilegios, pero también de violencias y sometimientos no sólo para las mujeres.

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