Baja California: periodismo a pesar de todo

He tenido suerte de aprender en ZETA, que es sinónimo de investigación y denuncia, aunque también de peligro. En otros medios los periodistas luchan, además, contra la censura y la precariedad laboral

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Cuando decidí dedicarme al periodismo, supe que tenía que hacerlo en ZETA. Su periodismo libre y de investigación, su carácter para denunciar al narcotráfico y a los gobiernos corruptos me atrajeron.

La primera en desaprobar la decisión fue mi madre. En Baja California, el semanario es, además, un referente de peligro. Las muertes del cofundador Héctor Félix Miranda (1988) y del editor, Francisco Javier Ortiz Franco (2004), así como el atentado al que sobrevivió Don Jesús Blancornelas (1997), pero en donde murió su escolta, Luis Valero, convirtieron al periódico en un símbolo de riesgo antes de que la situación de inseguridad para quienes ejercemos este oficio se generalizara en todo México.

Fue así como mi primer trabajo al salir de la universidad se convirtió en la mejor de las escuelas. Me ha permitido escribir de temas que no encontrarían espacio en otros medios, me ha dado al mejor de los mentores, Isaí Lara, y he podido trabajar bajo el liderazgo de Adela Navarro y Rosario Mosso, dos de las mujeres más valientes que conozco.

Con el tiempo he aprendido que desde otras plataformas en las que no existe el espíritu inquebrantable de ZETA, también se puede hacer buen periodismo. Pero requiere de un enorme esfuerzo y una gran cantidad de amor a la profesión. Al riesgo se le suma la censura, los intereses económicos y políticos y la precariedad.

Lorena García es muestra de ello. Desde hace 20 años escribe para el diario El Mexicano, un medio de comunicación que durante años se mantuvo en las manos de un líder sindical afín al Partido Revolucionario Institucional (PRI) y, por lo tanto, con una línea editorial oficialista.

“He intentado no autocensurarme y he entregado notas sabiendo que es probable que no las vea publicadas”, dice. Ha aprendido a usar sus habilidades periodísticas para “que el tema no se entierre, sino de algún modo buscar el giro a la información para que cruce esa línea editorial”.

Lorena destaca en conferencias de prensa y hasta en banquetazos. Sin importar el número de reporteros o la mala gana de los políticos, encuentra la oportunidad para hacer preguntas certeras.

“Los reporteros no siempre vamos a ser bien vistos por estas personas, algunas no me han tratado bien, son groseras u omisas, pero me tengo que arriesgar a preguntar. No puedo intimidarme, aunque sé que me voy a enfrentar a personas que no les gusta que haga preguntas o se sientan lastimadas por mi trabajo”, dice.

Lorena no solo ha vivido la censura y la inquina de los políticos. Desde hace dos años, El Mexicano ha sido inconsistente en el pago de salarios. En su caso, ha transcurrido hasta un mes sin recibir un peso.

“Te golpea en todos los sentidos porque te topas con una situación en la que tienes que seguir produciendo, salir a la calle y aun así seguir trabajando con la misma calidad, con la misma entrega, con el mismo profesionalismo”, dice.

Lo peor es que el caso de Lorena no es una excepción.

La doctora Diana Merchant, investigadora y catedrática de la Universidad Autónoma de Baja California, explica que la violencia económica que viven los periodistas es un síntoma común entre medios de comunicación: “Los sueldos no son los adecuados al trabajo que realizan y muchas veces sus prestaciones sociales ni siquiera son las de la ley”.

Merchant ha especializado sus estudios en las condiciones laborales de los periodistas, así como en la censura y las agresiones que sufren en la región. Otras situaciones de riesgo que observa son las desacreditaciones, exclusiones, así como los obstáculos impuestos desde gobierno para no permitir el acceso a cierta información.

“Algunos periodistas lo invisibilizan o lo ven como algo normal o inherente al periodismo. Me dicen ‘es que como soy periodista, es parte de mi trabajo, son gajes de mi oficio’, cuando no debería ser así”, dice. “Los periodistas que están trabajando a contracorriente, contra todos estos constreñimientos, están haciendo un gran esfuerzo de voluntad para tener un periodismo que aporte a la opinión pública”.

Para la presidenta de la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH), Melba Olvera, Baja California aún tiene la labor pendiente de fortalecer el Estado de Derecho y para ello resulta esencial la figura del periodista.

“Nos ha faltado dimensionar la función social de los periodistas”, expresa.

Entre los peligros para periodistas en Baja California que la ombudsperson identifica, están las amenazas y las agresiones físicas, pero también otro tipo violencia menos notoria, pero no por ello menos peligrosa.

“Lastimar la dignidad de la persona que ejerce el periodismo con la intención de inhibir su trabajo que representa una función social primordial para la construcción de un Estado de Derecho, priva a la sociedad del derecho a saber lo que está sucediendo y a saber cómo están actuando las instituciones públicas”.

En Baja California vivimos desde hace 30 años bajo gobiernos emanados del Partido Acción Nacional (PAN). El actual gobernador, Francisco Vega de Lamadrid, ha llevado al estado a un quebranto financiero con adeudos millonarios a dependencias y organismos autónomos.

Los desvíos de dinero, el crecimiento de su patrimonio en bienes raíces y el crecimiento de la inseguridad ha sido documentado desde las páginas de ZETA y otros medios locales.  Esta labor le costó al semanario el retiro de la publicidad gubernamental. Varios compañeros hemos recibido llamadas de encargados de Comunicación Social para desacreditar nuestro trabajo.

Al final, por distintos que sean los medios en que trabajamos, Lorena me habla de una sensación compartida: “Es un trabajo poco valorado”. Pero también da la misma explicación que me he formado para explicar por qué ante este panorama tan en contra, sigo en esto.

“Es una carrera de resistencia, me doy cuenta cuando los nuevos no aguantan. Entre la carga de trabajo, que no tenemos condiciones laborales idóneas y los riesgos que corremos, pero la pasión por lo que hago es lo que me ha mantenido, a pesar de las circunstancias”.

 

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