Citizenfour: el Leviatán y el informante

Share on facebook
Share on twitter
Share on email
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email

Cuando esto se escribe, Edward Snowden –el célebre programador, ex empleado de Booz Allen Hamilton y ex contratista de la CIA, la DIA (Defense Intelligence Agency) y la NSA (National Security Agency)– ha declarado que consideraría volver a los Estados Unidos si se le pudiera asegurar un juicio imparcial y legal. Es claro que esto no sucederá debido a la naturaleza de los cargos que se le han levantado. Como es bien sabido, Snowden filtró alrededor de 1.77 millones de documentos secretos a la prensa sobre los programas de espionaje de la NSA, exponiendo, entre otras cosas, las mentiras del director general de inteligencia James Clapper y del director de la NSA Keith Alexander, así como de otros políticos, incluyendo el propio presidente Barack Obama (quienes afirmaban que nadie estaba escuchando ni grabando las comunicaciones de millones de personas), y de numerosos ejecutivos de empresas privadas, cómplices de las operaciones ilícitas del espionaje del gobierno estadounidense.

El 21 de junio de 2013 el gobierno de los Estados Unidos levantó cargos en contra de Snowden por tres crímenes, dos de ellos bajo una ley de espionaje que data de la Primera Guerra Mundial y estaba destinada a castigar espías que trabajaban para potencias extranjeras. Esta es una ley extremadamente amplia que no distingue entre filtraciones de información a la prensa en beneficio de la ciudadanía y la venta de secretos a gobiernos enemigos. Esto sucedió durante el régimen de Obama, quien ha perseguido ferozmente a los informantes y confesó que no consideraba a Snowden un patriota. Obama, además, declaró en una conferencia de prensa que él ya había pedido una revisión de los procedimientos de inteligencia y sugerido un debate sobre el espionaje doméstico antes de las revelaciones. A estas alturas uno se pregunta: ¿dónde quedó ese debate que Obama quería para “llegar a un mejor lugar”?

En 2013 Snowden, usando el alias Citizenfour, contactó a la documentalista Laura Poitras para ofrecerle información secreta que él consideraba debía hacerse pública debido a las inmensas consecuencias que tenía el espionaje masivo en las libertades civiles. Por su parte, Poitras conocía de primera mano los métodos de las agencias de inteligencia, ya que desde 2006 había sido puesta en una lista de observación secreta, por haber realizado My Country, My Country, un documental sobre un médico iraquí, Riyadh al-Adhadh, viviendo bajo la ocupación. En 2010 Poitras realizó otro documental,La promesa, sobre el conductor de taxi yemenita, reclutador jihadista y guardaespaldas de Osama Bin Laden de 1997 a 2000, Abu Jandal, cuñado de Salim Ahmed Hamdan, a su vez chofer de Bin Laden y enviado a Guantánamo por cinco años. El resultado de los encuentros de Poitras con Snowden dio lugar a la cinta que es la tercera parte de su trilogía sobre los Estados Unidos post 9-11: Citizenfour (2014), la cual ha sido premiada en una variedad de festivales y recibió el Oscar al mejor documental en febrero.

Snowden le advirtió a Poitras que si ella publicaba la información que le ofrecía, él resultaría implicado inmediatamente, y aun así debía hacerlo. De esa forma comienza una extraña y tensa colaboración que lleva a la cineasta a una habitación de hotel en Hong Kong, junto con los periodistas de The Guardian Glen Greenwald (quien también es abogado y activista) y Ewen MacAskill. El estilo de Poitras es austero: evita el uso de temblorosas cámaras en mano, o de voces en off, y en cambio opta por tomas largas con cámara fija y tan solo emplea la lectura de algunos correos electrónicos, ciertos comentarios y sesiones de chat para presentar la narrativa. Gran parte del documental se desarrolla en la habitación de Snowden en los ocho días en que la cineasta filma mientras los periodistas lo entrevistan. El encierro y la paranoia crean un ambiente claustrofóbico y de ansiedad digno de un thriller.

Desde los primeros videos que aparecieron de Snowden en la página web deThe Guardian, filmados por Poitras, podíamos intuir la calidad moral de un hombre que había sacrificado una provechosa carrera, una vida de comodidad y privilegio por sus ideales. Sin embargo, los ataques en su contra fueron violentos y numerosos medios trataron de crear una imagen del informante como un traidor sicótico, ingenuo, terrorista y ególatra obsesionado por teorías conspiratorias. Snowden sabía lo que podía esperarle: había visto cómo Chelsea Manning e incluso Julian Assange habían sido destruidos en los medios con la complicidad de las redes sociales y los idiotas útiles que se encargaron de diseminar desinformación gubernamental.

En los diálogos y entrevistas de la habitación de hotel vemos que Snowden no es un técnico obsesivo ni un propagandista; de hecho, es un individuo muy reservado que evita compartir sus creencias políticas. Es una persona extremadamente articulada, un autodidacta brillante, apasionado por la defensa de la privacidad como un derecho elemental de todo ciudadano. “Estoy más dispuesto a arriesgar ser enviado a prisión, o cualquier otro resultado negativo, de lo que estoy dispuesto a arriesgar la limitación de mi libertad intelectual y la de quienes me rodean. Esto no quiere decir que me esté sacrificando, ya que me siento bien al saber que puedo contribuir al bien de los demás”, dice Snowden.

Por supuesto que la visión que ofrece Poitras de Snowden es muy positiva y que hay numerosas omisiones en la historia que quizás revelarían elementos no tan fácilmente asimilables, especialmente para el público estadounidense, como el misterio sobre sus actividades en los once días previos a su llegada al hotel en Hong Kong, de los cuales no se sabe gran cosa y en los que algunos sospechan que habría entregado información clasificada al gobierno chino. Tampoco se sabe qué clase de intercambio hizo con el régimen de Vladimir Putin a cambio de que le ofrecieran un permiso de residente. Muchos afirman que, si no quería traicionar a su país, no debió haber tomado información internacional y limitado su enfoque a los abusos domésticos. Sin embargo, eso hubiera sido una estrategia hipócrita y perversa: la intención era revelar abusos a nivel mundial de la NSA. Asimismo, se le ha criticado por declarar que entregó la información a periodistas puesto que confiaba en el juicio de estos profesionales para no poner en riesgo la seguridad nacional ni la vida de agentes secretos en varios países. Pero si él hubiera decidido qué publicar también se le habría criticado por adjudicarse el papel de editor. En cualquier caso siempre habrá quienes afirmen que cualquier informante pone en riesgo a la nación.

La relación de Snowden con Poitras y Greenwald va más allá de la de un filtrador y unos periodistas; se trata de una colaboración estrecha con objetivos comunes. Esto ha sido considerado por algunos como un conflicto de intereses. Pero eso nunca fue un secreto. Si Snowden quería denunciar patrones patológicos de conducta de las instituciones de espionaje para ponerlas en evidencia o para destruirlas, eso es ahora una cuestión irrelevante. Lo que muestran los documentos filtrados es una agencia fuera de control, enloquecida por el poder que ofrece la tecnología, incapaz de respetar la privacidad o los derechos de propios o extraños. Una institución semejante requiere ser desmantelada y reconstruida sobre bases sólidas.

Snowden se presenta como un individuo controlado, y apacible, que, si bien tiene miedo de que alguien derribe la puerta a patadas para arrestarlo, vive esos momentos con calma pragmática, revelando lo que sabe de los descomunales sistemas de vigilancia, captura y almacenamiento de información. Su actitud denota un cierto fatalismo (“Es más fácil planear cuando no tienes muchas variables disponibles“) y resignación pero también un ardor por su compromiso. Uno de los momentos en que parece dudar es cuando lo vemos angustiarse al descubrir que su novia, Lindsay Mills, ha comenzado a ser acosada por agentes del gobierno. Poco después de la revelación de la identidad de Snowden, la prensa se enfocó en vilificar a Mills al presentarla como una pole dancer frívola y promiscua.

Uno de los elementos más brillantes del filme es que muestra los debates en torno a si Snowden debía mantenerse en las sombras, para impedir que el gobierno lo transformara en el centro de atención, o presentarse al mundo. Finalmente él decide presentarse, explicar sus motivos y ofrecer sus evidencias, aunque esto sea, para Greenwald, una manera de simplificar el trabajo del gobierno y declararse culpable. Poitras pone en evidencia que, si bien el filme trata sobre Snowden, en realidad concierne a una clase de individuos de valor extraordinario que intenta hacer lo correcto al denunciar abusos gubernamentales a riesgo de su libertad e incluso su vida, como William Binney, quizás el padre de los sistemas de espionaje de la NSA, que renunció por razones éticas, y el ex agente de la NSA, Thomas Drake, quien fue también acusado de espionaje por oponerse a programas de vigilancia masiva ciudadana.

Aunque las revelaciones de Snowden pronto cumplirán dos años y sus repercusiones se sienten aún en numerosos ámbitos de la política y la cultura, parecería que la mayoría de la gente nunca entendió la importancia de lo que está sucediendo. Tenemos al gobierno estadounidense pidiendo a las telefónicas y empresas de comunicaciones que entreguen toda la información relativa a prácticamente todos sus usuarios; la NSA ha penetrado clandestinamente en las principales corporaciones del ciberespacio, incluyendo Facebook, Amazon, Google y Wikipedia; la fabulosa cantidad de información personal, profesional, médica, política, religiosa y demás que se tiene de millones de personas en el mundo se emplea para crear bases cruzadas de datos, y se “pesca” información directamente de los cables ópticos transoceánicos, entre otras muchas cosas.

Una de las últimas tomas del filme muestra a Snowden reunido con su novia en Moscú. Muy significativamente están filmados a través de las ventanas de su departamento, desde la calle, como si estuvieran siendo espiados. La situación de Snowden aún está en el aire, e incluso en su exilio en Moscú corre el riesgo de ser deportado, usado como moneda de cambio, o incluso de eliminado en cualquier momento. Esperemos que la relevancia que ha ganado esta película sirva para insistir en la importancia de sus filtraciones de información y para protegerlo de la maquinaria del Estado.

Share on facebook
Share on twitter
Share on email
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email

ARCHIVO

Shopping Basket