Cuando el precio del maíz cae, la producción de drogas aumenta

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En temporada de lluvias las laderas y barrancas de la sierra de Guerrero se cubren de rojo. En esta región se produce aproximadamente 60% de la amapola del país, según datos de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA). El cultivo de maíz había sido históricamente la principal actividad económica en la sierra guerrerense, pero en años recientes la extracción de goma de opio se ha convertido en la base del ingreso familiar en estos poblados. De cada hectárea de amapola se extraen alrededor de 11 kilos de goma de opio, que eventualmente se transforman en unas 7 mil dosis de heroína, valuadas en no menos de 70 mil dólares en las calles de Nueva York.

Como en Guerrero, el cultivo de drogas ilícitas se ha extendido profusamente por las cadenas montañosas del noroeste y sur de México. Orillada por necesidad económica, o forzada por el crimen organizado, buena parte de la fuerza de trabajo rural se ha incorporado a la producción de drogas. Los pequeños agricultores –es decir: aquellos que cosechan poco más de lo necesario para el autoconsumo– han sido los más vulnerados. El caso de los maiceros merece especial atención: frente a los embates del mercado y las fluctuaciones en el precio del maíz, miles de campesinos han resuelto sembrar cultivos ilícitos mejor cotizados, como marihuana o amapola. Y esto no ha ocurrido sin la dosis de violencia que el mundo del narcotráfico trae consigo. El crimen organizado y la violencia se han adentrado en lo más profundo del campo mexicano.


La crisis del maíz

El maíz es símbolo de México. Fue elemento central en la cosmogonía de los pueblos prehispánicos, en la aculturación de indios y españoles, y en el desarrollo agrícola novohispano, como bien documentó Enrique Florescano en Precios del maíz y crisis agrícolas en México. Además, el maíz es la base de la alimentación de los mexicanos y, por mucho, el producto agrícola que más hectáreas ocupa en el país. De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, casi un tercio de los agricultores se dedica a la producción de maíz.

Durante décadas, el producto agrícola más importante de México estuvo protegido por aranceles que obstaculizaban la entrada de importaciones. Por ser considerado un producto sensible a la liberalización, el maíz tuvo trato preferencial en las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Los gobiernos de México, Estados Unidos y Canadá pactaron eliminar gradualmente las barreras a las importaciones de maíz mediante un sistema de arancel-cuota. Bajo este sistema, las importaciones por encima de la cuota establecida debían pagar una tarifa arancelaria. La idea era aumentar año con año la cuota límite a las importaciones de maíz y reducir el arancel. Siguiendo este proceso de desgravación, en enero de 2008 sería posible importar maíz libre de arancel y sin límite de cuota. En la práctica, sin embargo, la liberalización fue mucho más abrupta de lo planeado y México se inundó de maíz estadounidense desde los primeros años del tratado. En varias ocasiones se rebasó las cuotas de importación sin que se pagara el arancel pactado.

Tras la puesta en marcha del TLCAN en enero de 1994, el precio interno del maíz se desplomó. De acuerdo con cifras reportadas por la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, de un año al otro, el precio medio rural (PMR) –es decir, el que reciben los productores– registró una caída de 20% en términos reales. Como se muestra en el gráfico de abajo, salvo un ligero repunte entre 1995 y 1996, y otro en 2003, el PMR continuó cayendo año tras año hasta 2005. Aunque la crisis alimentaria mundial de 2007 provocó un alza en los precios de varios cereales, el maíz en México siguió, y sigue, cotizando muy por debajo de los niveles previos a la liberalización del sector agrícola.

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Del maíz a las drogas

En años recientes, el papel de México en el mundo del narcotráfico se ha caracterizado no solo por distribuir drogas provenientes de Sudamérica, sino también por producir y distribuir drogas de cosecha propia. México se ha posicionado como uno de los principales productores de drogas en el ámbito internacional. Según el International Narcotics Control Strategy Report, México es el principal productor de marihuana en el mundo y ocupa el tercer lugar en producción de goma de opio. Las zonas de producción más importantes están enclavadas en las principales cordilleras del país, donde los narcotraficantes aprovechan los caprichos de la geografía para esconder sus cultivos. El llamado “triángulo dorado” del narcotráfico, que se ubica donde convergen los estados de Sinaloa, Chihuahua y Durango, es una de las regiones más codiciadas por los carteles de la droga, pues las condiciones climatológicas y geográficas de esta zona inhóspita facilitan el cultivo de marihuana y amapola.

Aunque la mayor parte de la violencia asociada al narcotráfico suele concentrarse en zonas urbanas, donde los grupos del crimen organizado se disputan el control de las plazas o de las rutas de tráfico hacia Estados Unidos, las comunidades rurales también han sido víctimas del crimen organizado. Sin embargo, este es un tema del que aún sabemos poco. En «From Maize to Haze: Agricultural Shocks and the Growth of the Mexican Drug Sector», un estudio que elaboré en coautoría con Oeindrila Dube y Kevin Thom de la Universidad de Nueva York (y que está por publicarse en el Journal of the European Economic Association), nos preguntamos en qué medida las fluctuaciones en el precio del maíz han impactado la producción de drogas y las dinámicas del narcotráfico en los municipios de México.

En este estudio partimos del supuesto de que la producción de drogas está sujeta a las mismas fuerzas del mercado que impulsan la producción en otros sectores. Nuestra hipótesis central es que existe una relación negativa entre el precio del maíz y la producción de drogas. En otras palabras, cuando el precio del maíz cae, la producción de drogas aumenta.

Dado que las regiones maiceras son las más susceptibles a los vaivenes en el precio de dicho cereal, el primer paso en nuestra investigación fue construir una medida objetiva de la capacidad de producción de maíz para cada municipio. Para ello calculamos el potencial agroclimático de cada municipio para producir maíz, con base en datos de alta resolución disponibles en el portal de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. El mapa de abajo muestra la distribución geográfica del potencial de producción de maíz.

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El segundo paso fue estimar el impacto de las fluctuaciones en el precio del grano sobre el ingreso de los agricultores. Para ello usamos varias olas de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), abarcando el periodo 1992-2010. Los resultados del análisis econométrico muestran que, como resultado de la caída de 59% en el precio del maíz entre 1990 y 2005, el ingreso promedio de los hogares rurales disminuyó 21% en los municipios climáticamente más aptos para el cultivo de maíz (aquellos municipios por encima del percentil 90), en comparación con los municipios cuyo potencial de producción es casi nulo (aquellos por debajo del percentil 10).

Tras corroborar que las fluctuaciones en el precio del maíz afectan significativamente los ingresos de los agricultores, el siguiente paso en el análisis fue diseñar un modelo econométrico que nos permitiera aislar de manera confiable el efecto causal de los cambios en el precio del maíz sobre la producción de drogas (y otras variables asociadas al narcotráfico). Con base en el método de variables instrumentales, estimamos un modelo que predice los cambios anuales en el precio interno del maíz en función de factores climatológicos y cambios en las exportaciones de maíz de otros países. El precio estimado se usa a su vez para predecir los niveles de producción de drogas. El análisis incluye más de 2,200 municipios y abarca el periodo 1990-2010.

Desafortunadamente, no existen cifras sobre producción de drogas a nivel municipal. Como indicador de producción usamos datos sobre erradicación de marihuana y amapola. Estos y otros datos sobre decomisos de drogas fueron obtenidos por medio de una solicitud de información enviada a la SEDENA. Los mapas de abajo muestran los niveles promedio de erradicación de drogas en cada municipio entre 1990 y 2010. Nótese que algunas de las regiones más adecuadas para el cultivo del maíz se traslapan con las zonas más importantes de producción de marihuana y amapola.

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El modelo econométrico arrojó, así, los resultados siguientes. Como consecuencia directa de la caída de 59% en el precio del maíz entre 1990 y 2005, la erradicación de marihuana y amapola aumentó 12% y 5%, respectivamente, en los municipios con mayor potencial para producir maíz. De igual forma, los decomisos de marihuana en greña (es decir aquella que aún no ha sido procesada) aumentaron 10%. Estos efectos son de mucho mayor magnitud en las zonas idóneas para el cultivo de estupefacientes. Es decir que la probabilidad de que un agricultor decida cultivar marihuana o amapola para hacer frente a la caída del precio del maíz aumenta significativamente si las condiciones geográficas y climatológicas favorecen el cultivo de drogas. También encontramos que la presencia de carteles operando en los municipios más aptos para la siembra del maíz aumentó entre dos y tres veces como resultado de la caída de 59% en el precio del maíz.

Ahora bien, siguiendo la misma lógica, tras un aumento en el precio del maíz, la producción de drogas y la violencia asociada al narcotráfico debería de disminuir en los municipios maiceros. Sabemos, por ejemplo, que el precio del maíz subió 8% de 2007 a 2008, y que la tasa nacional de homicidios en México aumentó de 8 a 13 por cada 100 mil habitantes durante el mismo periodo. ¿Qué pasó en los municipios maiceros? Los resultados de nuestro análisis econométrico son consistentes con los reportados antes, pues muestran que durante el mismo periodo, y como resultado del alza en el precio, las muertes asociadas al narcotráfico disminuyeron 11% en los municipios con alto potencial de producción maicera (en comparación con aquellos de bajo potencial). [1]

En conclusión, la evidencia empírica muestra que existe una relación estrecha entre la situación económica de las comunidades rurales y el desarrollo del narcotráfico. O dicho de otro modo: el empobrecimiento del campo ha abierto las puertas al crimen organizado en México.


Nota

[1] Cabe destacar que, como se muestra en el apéndice del estudio, todos estos hallazgos son robustos a diversas pruebas estadísticas y a la inclusión de un gran número de variables de control, incluyendo características climatológicas, socioeconómicas y políticas de los municipios, entre otras.

Una primera versión de este artículo apareció en Politikon.

(Foto: cortesía de PresidenciaRD.)

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