Cuba: las barras y las estrellas

Una crónica fotográfica de la vida cotidiana en la Cuba contemporánea —de la mano de las relaciones de la isla y sus habitantes con los símbolos norteamericanos.

| Internacional

1. ¿Una vieja aspiración se renueva? El venezolano Narciso López diseñó la bandera cubana inspirado en la bandera de Estados Unidos. Narciso era un oscuro agente sudista y esclavista, partidario de la anexión cubana a Estados Unidos. Esta foto fue tomada en la Plaza de Armas. A la derecha puede verse el Templete, un hermoso edificio neoclásico que conmemora la primera misa y el primer cabildo en La Habana. Dicen que la ceiba al frente tiene poderes mágicos: cada 16 de noviembre hay que pedir un deseo antes de darle una vuelta y enterrar una moneda entre sus raíces. Por ahora la moneda está en el aire. Al centro, en un puesto de libros y carteles de la Revolución, las banderitas de Cuba y Estados Unidos lucen entrelazadas.

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2. También los cubanos que dejaron la isla se enfrentan a múltiples contradicciones. Muchos padres exiliados prefieren mandar a sus hijos a vacacionar a Cuba, porque con muchos menos dólares encuentran allá uno de los índices de violencia más bajos del mundo. Una amiga cubana que vive en México me dice: “Decidí mandar a mi hijo a estudiar a Cuba porque aquí en el DF se la pasaría encerrado en el departamento jugando X-box. Allá, en cambio, después de la escuela sale a jugar a la calle todo el día con los amigos. Nunca me preocupo.” Este adolescente toma un descanso a orillas de la autopista nacional.

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3. En una escena de la película cubana Juan de los Muertos (Alejandro Brugués, 2011), los protagonistas se enfrentan a una multitud de zombies que, hambrientos, vagan en busca de cerebros por el malecón habanero, con el fotogénico fondo de la Tribuna Anti-imperialista y la Oficina de Intereses de los Estados Unidos, que hoy es la recién estrenada embajada. En medio de la persecución, montados en una balsa, uno de ellos le pregunta al otro: “¿Nadamos a Miami o luchamos contra los zombies?” La respuesta es jocosa: “¿A Miami? Ahí tendríamos que trabajar. ¡Mejor enfrentemos a los zombies!” La palabra lucha es una de las más escuchadas en Cuba: se lucha por todo. En la foto, un boxeador toma un descanso a la mitad de su entrenamiento en una arena pública.

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4. Hay tantos turistas por estos días que la cerveza Cristal escasea y la Bucanero –ambas cubanas– nunca logra enfriarse en las hieleras de los bares. La dictadura de la cerveza local ha terminado; ahora pueden conseguirse en casi todas partes marcas de cerveza belgas, mexicanas o dominicanas. Los sedientos turistas quieren vivir la Cuba vintage de las postales, subirse a un Cadillac descapotable de color rojo brillante y tomarse la foto frente a los edificios ruinosos del malecón. En la foto, un cubano logra hacerse de una Bucanero bien fría. Me dice: “Los cambios habrán llegado cuando la mayoría pueda pagar en los lugares nuevos que se abren en La Habana”.

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5. Hace un año, al recorrer la isla a bordo de un Geely Emgrand que bautizamos como nuestro pequeño Cadillac chino, noté que la bandera norteamericana se encontraba muy ceñida al cuerpo de la población, a todo lo largo de la isla, desde la capital hasta Baracoa, en el extremo oriental de la isla. Los cubanos habían tomado la bandera de las barras y las estrellas para cubrir sus cuerpos. ¿Revisionismo ideológico o moda fugaz? Mi pasajera vecina posa con un trago de ron en La Habana Vieja.

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6. El Capitolio Nacional, uno de los edificios más emblemáticos de La Habana, construido durante la dictadura de Gerardo Machado, fue diseñado por Eugenio Rainieri en 1929, inspirado en el Capitolio de Estados Unidos. Actualmente se encuentra en restauración. Algunos cubanos piensan que pronto sesionarán ahí de nuevo sus representantes populares, algo que difícilmente sucederá porque hoy el atildado edificio alberga un museo. En la foto, un niño cubano con la playera del Capitán América sonríe.

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7. Hace quince años, en uno de mis primeros viajes a Cuba, un ex policía que trabajaba de taxista me recogió en el aeropuerto y fue mi guía por varios días. Se llamaba Yuniel y llevaba una gorra con la bandera estadounidense y las siglas del FBI al centro en fulgurante color dorado. Causaba sensación por donde quiera que íbamos y todo mundo elogiaba su gorra. Hasta que un policía en funciones lo paró y le ordenó que se quitara “eso”. Yuniel obedeció y no pasó a mayores. Años atrás tal vez hubiera terminado en la cárcel. Pero las cosas han cambiado y tienen nombre. Uno de los últimos rescoldos de la Guerra Fría se deshiela. En la foto, un muchacho se desviste para entrar al mar, en Playas del Este.

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8. En 1958, un año antes de que estallara la Revolución cubana, el estadounidense Forrest Johnson rompió el récord de velocidad con una embarcación que tripuló entre Cayo Hueso y La Habana. Pasarían 57 años para que otro extranjero realizara una hazaña similar. El pasado 1 de agosto el alemán Roger Klüh hizo el mismo recorrido a bordo del Apache Star y rompió el récord anterior con un tiempo de una hora 45 minutos. En la imagen, cubanos en el malecón esperan la llegada de la intrépida y espaciada embarcación.

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9. Es mediodía y el sol cae a plomo en La Habana. De un día a otro la propaganda oficial ha envejecido repentinamente, y los murales de tema revolucionario parecen calas de otra época. Todos hablan ahora de los gringos que ya vienen y no acaban de llegar. Se ha reparado el viejo muelle para recibir a los cruceros que vuelven. La esperada “invasión” es vista con esperanza por algunos y con desconfianza por otros. En la foto, jóvenes cubanos pasan frente a la efigie ecuestre de Máximo Gómez, héroe cubano nacido en la República Dominicana. Cuba es, junto con Uruguay, el país con menos jóvenes del continente.

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10. Llega la noche, y en el malecón habanero se escuchan los grandes éxitos del reguetón. Es curioso que Cuba, creadora de tantos ritmos, no haya generado ninguno luego de la revolución capaz de mover a los jóvenes de todo el continente. En un recorrido por el malecón, uno puede oír canciones de José José, Juan Gabriel, José Alfredo y el Buki, acompañadas de viejas guitarras. En la foto, un grupo de jóvenes se divierte en el malecón, frente al Hotel Nacional.

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11. El almendrón es el auto norteamericano anterior a 1959 que en Cuba sirve de taxi colectivo. No es el despampanante auto que adoran los turistas, ni el descapotable que cuesta 30 dólares la hora, ni el proletario y soviético Lada. El conductor de un almendrón te señala al pasar la ruta con la mano: sigue recto, vira a la derecha o a la izquierda, aunque ya en el camino puede improvisar el rumbo. Acepta pesos cubanos, moneda convertible y fracciones de cualquier otra divisa, pero el precio es significativamente menor que el de los vehículos destinados al turismo. En la imagen, el copiloto de un almendrón posa con la bandera de Estados Unidos.

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12.

Bajo la lluvia, bajo el olor, bajo todo lo que es una realidad,

un pueblo se hace y se deshace dejando los testimonios:

un velorio, un guateque, una mano, un crimen,

revueltos, confundidos, fundidos en la resaca perpetua,

haciendo leves saludos, enseñando los dientes, golpeando sus riñones,

un pueblo desciende resuelto en enormes postas de abono,

sintiendo cómo el agua lo rodea por todas partes,

más abajo, más abajo, y el mar picando en sus espaldas;

un pueblo permanece junto a su bestia en la hora de partir,

aullando en el mar, devorando frutas, sacrificando animales,

siempre más abajo, hasta saber el peso de su isla;

el peso de una isla en el amor de un pueblo.

(Virgilio Piñera, La isla en peso [fragmento])


Posdata: en el siglo XIX México también soñó con anexarse a Cuba. En la foto, una cubana en leggins luce la bandera mexicana.

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