De la Mara de realidad a la Frida de ficción: ocho días de cobertura trágica sobre mujeres por la prensa mexicana

El saldo de personas fallecidas por el sismo muestra la preeminencia de mujeres, en particular trabajadoras. Pero la vulnerabilidad de las mujeres en México no es la excepción sino la norma. Patrick Timmons repasa lo que la cobertura del sismo nos enseña al respecto.

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¿Recuerda alguien a Mara Castilla? ¿La mujer de diecinueve años que fue violada y asesinada presuntamente por un chofer de la app Cabify en Puebla? El viernes 8 de septiembre por la madrugada la universitaria subió a un coche para regresar a su casa. Nunca llegó. Una semana después, el 15 de septiembre, encontraron su cadáver envuelto en una sábana de motel, por la autopista México-Puebla. Autoridades arrestaron al chofer por el asesinato. Usuarios de redes sociales se sintieron agredidos por lo que le hicieron a Mara y su falta de protección, y se convirtió en nota nacional.

Mara es la mujer número cincuenta y nueve asesinada en Puebla este año. Su violación y asesinato ‒los cuales se tipificaron casi de inmediato como feminicidio‒ fueron crímenes que pusieron de pie a la sociedad civil y convocaron a indignados por todo el país a marchas el 17 de septiembre. Cabify cometió un gran error cuando encontraron a Mara: en un tuit llamaron «fallecimiento» a lo que le hicieron. En un contexto de rabia hacia las autoridades y a Cabify, se manifestaron miles de personas en Puebla, en la Ciudad de México, en Cancún, en Michoacán, entre otros lugares. Los manifestantes demandaron al gobierno una mejor protección para las mujeres.

Para la prensa mexicana la cobertura del crimen de Mara ‒de su desaparición, violación y asesinato‒ duró poco más que una semana. De hecho, después de las protestas dominicales, el lunes 18 de septiembre, Cabify recibió la noticia de que la empresa sería expulsada de Puebla, cesando el servicio precisamente por el riesgo que representa para sus usuarios. Pero al siguiente día, el 19 de septiembre llegó el temblor, y con esto terminó la cobertura nacional sobre Mara.

No tomó ni un respiro para que la prensa nacional encontrara a otra mujer para narrar una tragedia. Esta vez se trató de Frida Sofía, una pequeña estudiante del Colegio Enrique Rébsamen en el sur de la Ciudad de México. Allí el sismo tomó las vidas de diecinueve estudiantes y seis maestros, con un saldo también de once alumnos rescatados.

Pero Frida Sofía no se encuentra en ninguna de estas listas: ni la rescataron ni se murió. En realidad, Frida Sofía nunca existió, lo que no significa que no haya habido cobertura del intento de rescatarla. En las noticias, las televisoras y los periódicos son indispensables las buenas historias de fácil comprensión ‒no necesariamente los hechos‒ y a todo el mundo le gusta un buen drama. Atrapada bajo los escombros y aún viva, «Frida Sofía» reunió estas dos características y se convirtió en un símbolo de esperanza.

La historia de Frida Sofía, ya mejor catalogada como ficción, empezó el miércoles por la mañana, alrededor de quince horas después del sismo del martes. Televisa inició la cobertura de «datos» de un mando de la Marina diciendo que quedaba una niña de doce años bajo los escombros de la escuela.

De acuerdo con la versión del mando de la Marina, los rescatistas vieron su manita, que se movió. Los rescatistas escucharon que dijo su nombre: «Frida… Frida Sofía». Y también los rescatistas dijeron que habían logrado pasarle una manguera por la que le suministraron agua. Todo esto dijo el mando de la Marina.

Televisa, la cadena oficial de facto del gobierno mexicano, difundió esta nota en toda su magnífica plenitud dramática. Después llegaron los demás medios nacionales e internacionales con sus antenas parabólicas y sus cámaras apuntadas a la salida de la escuela. Y en aquel momento empezó la espera, una espera alentada por la esperanza. Yo fui uno de los reporteros freelance enviados a la escuela por editores de medios internacionales. «Queremos saber de la niña Frida», me dijeron desde lejos por el teléfono. «¿Podrías entrevistar a la familia?», «De la familia no hay rastro», les dije, pero no me hicieron caso. Luego empezamos a esperar y esperar y esperar. Llegamos con una taza llena de esperanza al inicio del miércoles, que se fue derramando poco a poco. La mañana del jueves aún estábamos esperando buenas noticias acerca del rescate de la pobre Frida Sofía. Nunca llegaron.

Mejor dicho, nunca pudieron haber llegado noticias buenas o malas de Frida Sofía. ¿Por qué? Porque nunca existió. Muy temprano llegó la noticia de que no había una Frida Sofía en la lista del registro de los estudiantes de la escuela. Pero nadie hizo caso. Seguimos esperando su rescate. En vano.

Su existencia en la ficción del fake news a la mexicana fue impulsada por varias razones. Quizá histeria colectiva, o manipulación del gobierno federal usando su cadena privilegiada Televisa, o falta de profesionalismo de los medios de comunicación que escucharon la versión de Televisa y no corroboraron fuentes, o una falla total de las autoridades para establecer líneas claras de información actualizada y coordinada de todos los sitios de desastre, incluso en otro caso trágico: la fábrica textil de la Colonia Obrera.

Pero hay otra razón para la cobertura de Frida Sofía. Esta razón queda clara si pensamos en  la historia verdadera de Mara y las comparamos. Las similitudes en sus casos revelan cómo se puede llamar la atención de los medios de comunicación y de la sociedad civil en México sobre los grandes problemas que enfrentan. Uno de los conflictos más severos del país es la explotación y el abuso de mujeres y la desigualdad de género en todas las dimensiones.  México tiene la infamante reputación de no proteger a sus mujeres de cualquier edad y de cualquier clase social.

En el caso de Mara se trata de una estudiante. En el caso de Frida Sofía se trata de una estudiante. En el caso de Mara es una mujer abusada por una compañía supuestamente de confianza, Cabify. En el caso de Frida Sofía es una niña abusada por una escuela privada en el sur de la Ciudad de México, también supuestamente de confianza. Los casos llaman la atención ‒uno verídico y otro de ficción, sí– porque muestran que cualquier mujer mexicana, en el trayecto de su vida, está en peligro.

Los dos casos se tratan de mujeres vulnerables en un país donde se dice que todas las mujeres son vulnerables. Y la historia ficticia de Frida Sofía –obviamente sí hubo estudiantes femeninas que murieron en esa escuela, pero que no se llamaron así– no  debe impedirnos ver las similitudes de los casos de mujeres ultrajadas en México. Por esto tenemos que recordar a Mara.

No solamente a Mara. Alrededor de las víctimas del temblor que pertenecían a la clase trabajadora mexicana hay un silencio que estorba. Mientras rescatistas vieron la manita de «Frida Sofía» (que, ya sabemos, es toda una invención) moviéndose bajo los escombros de su escuela particular en una zona residencial de Villa Coapa, el edificio de una fábrica textil en Bolívar y Chimalpopoca en la Colonia Obrera del centro de la ciudad se convirtió en una tumba de personas y también de información.

De Chimalpopoca las autoridades mexicanas no dieron listas sobre personas rescatadas con o sin vida, ni hay un dato preciso sobre quién es el dueño actual del edificio de cuatro pisos, con sus columnas y escaleras demasiado estrechas, como narró la periodista Marcela Turati en un artículo de investigación para Proceso. Turati identificó que en el pasado reciente el gobierno federal ocupó el edificio, y por razones de inseguridad estructural lo abandonaron a usos comerciales, incluso de fábrica textil. Terminaron el rescate de personas el viernes 22 después del sismo y en pocas horas no quedó sino un terreno baldío. Preguntas surgieron acerca de la rapidez al remover los escombros y la falta de información sobre el edificio. Lo que es sumamente probable es que de las más de veinte personas fallecidas en ese edificio, la mayoría fueron empleadas en la fábrica textil. Y hay que enfatizar: de ellas el gobierno no ha dicho casi nada.

La mayoría de los fallecidos en el sismo del 19 de septiembre en la Ciudad de México son mujeres, y probablemente, como supone El País, eran mujeres de la clase trabajadora, empleadas domésticas limpiando hogares a la 1.14pm, cuando empezó el temblor. Entonces, en vez de culpar a los medios de comunicación por difundir la paparrucha de «Frida Sofía» debemos reflexionar más sobre un contexto ya generalizado que mata a mujeres mexicanas de la clase trabajadora y de la clase media. La historia ficticia de «Frida Sofía» en una escuela particular donde murieron diecinueve de «sus compañeros», los crímenes reales en contra de Mara Castilla en un estado que ya sufre una ola de feminicidios, y la falta de información en torno a las víctimas de Chimalpopoca necesitan ser comprendidos pensando, otra vez, qué tan vulnerables son las mujeres en la vida de México. Con sismo o sin él. Con Frida o sin Frida.

 

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