De las redes sociales a las redes (tecno)políticas: redes de tercera generación para la democracia del siglo XXI*

Ante el capitalismo informacional, se proponen redes sociales 3.0, «refractarias a las diversas formas del capitalismo de datos, y orientadas por principios como autonomía tecnopolítica y social, autocomunicación libre, comunes digitales y democracia radical».

, y | Tecnología

La sociedad deviene (en) red. Impulsadas por multitud de actores, las redes han venido a permear cada vez más facetas de nuestras vidas personales y colectivas en las últimas tres décadas. Esto puede apreciarse en fenómenos que van de las elecciones que hicieron a Trump presidente (claramente influenciadas por Facebook y Twitter) a los precios de la vivienda en Barcelona (afectados por Airbnb), de las relaciones laborales (desarrolladas en LinkedIn) a las afectivas (en juego en Tinder). Pero hay diferentes tipos de redes, promovidas por diferentes tipos de actores. El argumento teórico clave esbozado en nuestro artículo «Decidim: redes políticas y tecnopolíticas para la democracia participativa», publicado en la revista Recerca hace unos días, sugiere la necesidad de diferenciar entre tipos de redes así como de entender Decidim, una plataforma digital de democracia participativa desarrollada por el Ajuntament de Barcelona, como un espacio de construcción de dos nuevos tipos de red.

En los 90, la World Wide Web, la primera red digital en tener un alcance de masas, encarnó un modelo de red de primera generación, el de las redes informacionales. La WWW se caracterizaba por permitir la publicación de información y contenidos en páginas accesibles desde cualquier terminal conectado a Internet. Aunque las páginas web ofrecían múltiples posibilidades de interacción, su arquitectura imponían a menudo diversos límites a la misma. El modelo típico era el de una página con contenidos preparados y poco modificables por parte de las personas que la visitaban. Estos límites a la interacción limitaban también la cantidad de información que dichas webs podían obtener de sus usuarias. Esto no impidió que floreciesen nuevas formas económicas apoyadas en los medios digitales: en los 90 Internet y la web fueron asociadas a la emergencia de lo que Castells denominó el «capitalismo informacional», un nuevo estadio del capitalismo en el que la producción y apropiación de información pasaban a ser clave en la producción de valor económico. En torno al cambio de siglo, proyectos como Indymedia, una red participativa de información política y social alimentada por activistas y periodistas independientes, supusieron un estadio intermedio hacia lo que luego se vino a denominar «web 2.0».

Ya en la segunda mitad de la década de los 2000 comenzó la proliferación de las redes digitales de segunda generación, las denominadas «redes sociales». De acuerdo con autores como Tim O’Reilly, plataformas como Facebook o Twitter hacían de la interacción de las personas usuarias entre sí y con los contenidos (en lugar de la mera información) el núcleo de su construcción. Esto, unido al incremento progresivo de las técnicas de extracción, almacenamiento y procesamiento de grandes datos (big data) permitió la emergencia de una forma específica de capitalismo informacional: el capitalismo de datos. Según un extendido adagio, «los datos son el nuevo petróleo». En los últimos diez años, plataformas corporativas como Facebook han crecido al ritmo de una economía basada en el estudio y el gobierno de la atención y el comportamiento digital de las personas, convirtiéndose así en mediatizadoras de la vida y la comunicación social, todo ello, con una capilaridad mucho mayor que la de medios tradicionales como la televisión o el periódico. De este modo, las redes sociales, que des-intermedian ciertos aspectos de la comunicación social (p.ej.: la necesidad de pasar por el filtro editorial de un periódico o cadena televisiva) vuelven a mediarla. Lo que Castells definió como «autocomunicación de masas» (la comunicación multicanal de persona a persona, de una a muchas, y de muchas a muchas) tiene como correlato lo que podríamos definir como una «captura de masas», captura de masas de datos, comunicaciones, afectos y actividades humanas. Por decirlo con otro conocido lema: en internet, si algo es gratis, significa que el producto eres tú.  Uno de los efectos más visibles en el plano político ha sido la centralidad de las redes sociales en la estrategia y la victoria de Trump en las últimas elecciones estadounidenses. Corporaciones como Google o Facebook acumulan más información y capacidad de orientación y acción sobre la vida de cada persona que cualquier medio de comunicación o Estado hasta la fecha. Esto nos aboca a una suerte de heteronomía tecnopolítica y social y ha hecho que autoras como Shoshana Zuboff adviertan de la emergencia de un capitalismo de la vigilancia. Este alimenta y se alimenta de un refuerzo de la sociedad de la hipervisibilidad y la exhibición (acaso una modulación de la sociedad del espectáculo anunciada por Débord) al calor de estas plataformas. Como alternativa a las plataformas comerciales surgieron, también en la segunda mitad de los 2000, redes sociales alternativas, de Diáspora (con más de 1 millón de personas usuarias) a n-1, plataforma muy usada durante el movimiento 15M .

Decidim es ejemplo de un modelo emergente de redes de tercera generación, que denominamos «redes políticas». El  proyecto se incardina en múltiples procesos de largo recorrido1. El software de Decidim, que empezó como una plataforma de participación diseñada para cubrir necesidades del ayuntamiento de Barcelona en lo que respecta a participación ciudadana, es usada actualmente por más de una docena de ciudades y, lo que es más importante, en los próximos meses será utilizado por cooperativas y otras organizaciones sociales. Esto permite albergar la esperanza de beneficiarse de la Ley de Metcalfe, por la que el valor de una red de comunicación es el cuadrado del número de nodos: dicho de otro modo, una red es más valiosa si tiene mucha gente con la que realizar actividades (p.ej.: comunicarse). El horizonte es permear un espectro amplio de circuitos y esferas sociales.

En todo caso, la clave diferencial de las redes políticas reside en lo que puede hacerse en ellas y con ellas. Redes digitales como Decidim tienen tres características fundamentales: en primer lugar, reducen la centralidad de la figura del prosumidor en  red (alquien que produce y consume contenidos digitales) y la sustituyen por la de un actor decididamente político; en segundo lugar, lo hacen articulando espacios que permiten la construcción de identidades, voluntades e inteligencias colectivas más allá de la mera expresión, agregación o circulación de gustos y preferencias individuales; en tercer lugar, conectan éstas con decisiones que afectan al plano de lo colectivo en tanto que colectivo. En este sentido, las diferencias de nomenclatura son indicativas: en lugar de un Facebook (traducible como «libro de caras»), Decidim («decidimos», en castellano) sitúa en el centro de su construcción el vínculo político. No interpela a individuos en red sino a un  «nosotros y nosotras», un «nosotros y nosotras» decisivo. En casos como el de Decidim, las redes políticas permiten intervenir en las instituciones y la construcción de políticas públicas. Más allá, su principio regulativo es el de que las personas participantes tomen parte como pares (nuestra interpretación de latino pars capere de la participación) en los procesos políticos, sean del Estado o cualquier organización social. Si bien todas ellas se basan en principios como la interconexión o la compartición, en las redes informacionales la clave es la información, en las sociales, la interacción, y en las políticas, la decisión. Cada generación recoge y modula características de las anteriores. Del mismo modo que las redes sociales construyeron sobre y, al tiempo, cuestionaron el modelo de las redes informacionales (conforme a la habitual reconstrucción del tránsito de la web 1.0 a la web 2.0), las redes políticas construyen sobre, enlazan con y divergen de la lógica de las redes sociales. Las formas de información y comunicación que permiten redes políticas como Decidim están pensadas en términos de calidad democrática (igualdad, calidad de la información, potenciamiento de la deliberación, etc.).  Potenciar una autocomunicación multitudinaria (ya no «de masas») libre, evitar su captura, es clave para la salud de la democracia del siglo XXI.

Más allá de su condición de red política, Decidim es una plataforma radicalmente participativa, esto es, permite el control y la intervención de las personas participantes en todas las capas de su estructura tecnológica, de su código interno (su back end) a sus interfaces y experiencia de participante (front end). Esto la distancia aún más del modelo habitual de red social comercial, en el que las personas usuarias no tienen capacidad de decisión sobre aspectos como el código, las normas de uso o las políticas de datos. En este sentido, podríamos sugerir que la red MetaDecidim 2, sobre la que se apoya una comunidad abierta y ciudadana que decide sobre todos los aspectos del proyecto Decidim, constituye una red ya no solo política sino «tecnopolítica», esto es, una red que sitúa la construcción de una tecnología y la comunidad en torno a ella en el centro de su diseño (y acción) política. Frente al modelo corporativo de red digital de Facebook o Twitter, en el que tanto el código como los datos generados suelen ser privativos y cerrados, Decidim es un modelo de red con financiación pública y control ciudadano, un ejemplo de lo que podría definirse como una infraestructura público-común (financiada con dinero público, diseñada con, y gobernada por la ciudadanía), una infraestructura que aumenta la autonomía tecnopolítica de quienes la utilizan. Metadecidim hace de Decidim un procomún digital.  Los datos y contenidos generados en ella también lo son, es decir, permanecen bajo el control de las personas participantes (en todo lo que respecta a su privacidad) y en el dominio público (en todas sus facetas públicas; p.ej.: comentarios en hilos). Esto también implica que las diversas formas y reglas en torno a la información, la comunicación y la relación en Decidim están abiertas a la modificación por la comunidad, haciendo de la autonomía y la autocomunicación libre un fenómeno recursivo.

Las redes políticas también se enfrentan a retos y límites evidentes: alcanzar amplios sectores poblacionalese, promover su inclusión empoderada, conectar de manera efectiva con decisiones colectivas (especialmente, en el ámbito de la política pública), desarrollar los sistemas tecnológicos necesarios para cubrir todas sus necesidades de desarrollo (del manejo de la identidad digital a su conexión con el territorio), garantizar su sostenibilidad económica en el tiempo, etc. En todo caso, redes políticas como Decidim y redes tecnopolíticas como Metadecidim plantean un horizonte de redes de tercera generación no corporativas, refractarias a las diversas formas del capitalismo de datos, y orientadas por principios como los de autonomía tecnopolítica y social, autocomunicación libre, comunes digitales y democracia radical. En definitiva, el proyecto Decidim aspira a servir como dispositivo y modelo para la transformación política en un periodo de crisis de la representación y de la hegemonía neoliberal misma, hacia una democracia real y en red.


1. Entre ellos la transición digital de las tradicionales instituciones políticas (cuyos procesos de participación aún no han sido copados por plataformas corporativas y cuyo avance se ha visto ralentizado por los retos y recelos que genera la participación en las instituciones y las dinámicas representativas tradicionales); 2-los procesos de transformación democrática abiertos desde el 15M; 3-la tradición del software libre y el hacktivismo; 4-la toma de conciencia de las amenazas a la privacidad y la seguridad personal, e incluso la soberanía tecnológica, reveladas por las filtraciones de Wikileaks y Snowden.

2. Metadecidim es una instancia del propio Decidim, esto es, una plataforma basada en su código.

 

*Publicado originalmente en Tecnopolítica.net, el 18 de octubre de 2017. Reproducimos aquí según su licencia Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 4.0 Internacional. Disponible en: http://tecnopolitica.net/content/de-las-redes-sociales-las-redes-tecnopol%C3%ADticas-redes-de-tercera-generaci%C3%B3n-para-la  

 

 

Artículos relacionados