Descorrer los velos: sobre “Convivencia” de Óscar Sánchez Gómez

En una sociedad de múltiples estigmas, la fotografía de Óscar Sánchez Gómez propone una reflexión personal sobre los difíciles y sutiles efectos del VIH.

| Arte

 

In memoriam Samuel Mata

En el arranque de la década de los noventa surgieron varias iniciativas de agentes culturales y organizaciones civiles para sensibilizar al público sobre la importancia del sexo protegido (particularmente el uso del condón masculino), el diagnóstico oportuno de enfermedades de transmisión sexual y la atención a enfermos terminales; para socializar su mensaje, estos promotores hicieron mancuerna con las diferentes comunidades del arte en México .

Así surgieron las “Jornadas de Lucha contra el SIDA”, que tuvieron su sede principal en el actual Museo Universitario del Chopo y se realizaron de manera sostenida desde 1991 hasta el final de la década; o el “Gran festival cultural 100 artistas contra el SIDA”, promovido por el artista plástico Juan Rumoroso, cuyas dos emisiones contaron con participaciones notables de miembros de los gremios del teatro, la danza y la música, así como de las artes plásticas; o las “Veladas por los muertos del SIDA”, realizadas en la plaza Río de Janeiro y el Parque México entre 1994 y 1999, que también contaron con la participación de varios artistas en la realización de las ofrendas.

Muchas de estas iniciativas dejaron de realizarse cuando sus promotores fallecieron o las propias dinámicas de organización desgastaron a sus participantes. Después de tan brillante episodio, tanto para la fotografía mexicana como para la escena del arte contemporáneo local, la reflexión desde el arte sobre el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) se interrumpió. Dejó de ser un tema trascendente, las iniciativas de la década pasada no se renovaron y un quiebre generacional ahondado por el impacto de la epidemia en México hizo el resto.

Es cierto, hay nuevas iniciativas lideradas por miembros de generaciones más recientes y el enfoque también ha cambiado, toda vez que el discurso público se ha centrado en el reconocimiento jurídico de los ciudadanos diversamente sexuales y el respeto a esa identidades gracias a un marco legal, además de considerar que la atención a las personas que viven con VIH es parte ya de los esquemas de salud pública, por lo que pareciera ya no necesitar de una permanente campaña de sensibilización, lo cual es en verdad un gran error.

La serie Convivencia de Óscar Sánchez Gómez, actualmente montada en el Centro Cultural Casa Talavera y bajo la curaduría de Armando Cristeto Patiño, resulta bastante excepcional ante lo ya descrito. Su obra se ha sustentado en hacer visible aquello que se desprecia por intolerancia o se demoniza porque se desconoce en absoluto: el universo afectivo de aquellos designados por su otredad respecto a la norma. Al inicio de su trayectoria se ocupó de la actualización homoerótica del desnudo, un género severamente normalizado en cualquier lectura regional de la historia del arte. Luego se decantó por el proceso documental, siempre con la fotografía como sustento, que le permitió darle un rostro entrañable a las parejas diversamente sexuales en México, en un primer ciclo, y a sus familias. La segunda fase de aquel proyecto, Familias mexicanas, se prolongó por más de una década, ofreciendo una ventana desprejuiciada y respetuosa hacia su intimidad, opuesta por completo a las imágenes sensacionalistas construidas por los grupos conservadores en función de su rígido código de estructuración social.

05 (2)

Sin título (2003).

Convivencia (1998 – 2016) insiste en descorrer velos, aunque esta vez sobre una condición de vida aún considerada fatal que ya no lo es más: la vida con el VIH. Treinta y cinco millones de personas viven actualmente con ese virus en todo el mundo. De ese total, 12.9 millones reciben tratamiento antirretroviral y su esperanza de vida, de mantener la adherencia a los medicamentos, aumenta de 36 a 55 años en función de la edad y el avance del virus en su sistema inmune al momento del diagnóstico. Lo anterior significa que, desde el inicio de la epidemia hasta la fecha, más de una generación de pacientes con VIH rebasará el umbral de los 50 años de edad e incluso llegará a vivir el mismo periodo estimado que una persona sin el virus y con una salud no mermada por enfermedades crónico-degenerativas (77 años para el territorio mexicano).

Por supuesto, ese trayecto no ocurre sin altibajos, dudas y cambios en el cuerpo. Convivencia nos ofrece una bitácora en la cual el autor deja constancia de su relación con el tratamiento, las variaciones corporales que ha producido y la huella natural del paso del tiempo. En la muestra se pueden identificar tres aproximaciones a esta experiencia vital.

08 (2)

Sin título (2001).

La primera recurre a la puesta en escena y alegoriza el periodo de asimilación de la toma del medicamento como parte de la actividad cotidiana. Cápsulas y pastillas son utilizadas cual recurso plástico e integradas a escultura efímeras que sólo se produjeron para la cámara. El cuerpo del autor irrumpe en varias de las tomas; tanto el cabello como el vello corporal son utilizados como indicadores del cambio, así como de la variabilidad de la constitución física.

El envejecimiento es el otro gran subtexto del proyecto. Esto queda claro en dos imágenes realizadas en 1998, Ajustada cárcel que me cubre y Sin título, en las cuales fotografías de Oscar en momentos previos de su vida se utilizan en la escenificación. La necesidad de establecer comparaciones sobre el mismo cuerpo a través de lapsos se hace evidente en la segunda aproximación. Collages a partir de autorretratos se ofrecen al espectador como evidencia de una reconfiguración del sujeto, una tarea constante, una batalla que, al decir de Ernst Van Alphen, se da entre la artificialidad de la representación y la resistencia del modelo a reconocerse en ella, la cual no puede armonizar la percepción de por sí fragmentada de una determinada subjetividad.

02 (2)

Ajustada cárcel que me cubre (1998).

En la tercera aproximación a la escenificación y a los cortes temporales se añaden textos. Estos polípticos son más explícitos respecto a los efectos del medicamento antirretroviral en el cuerpo y su ordenación cronológica, que empatan con las frases que pueden ser interpretadas como resultado de una profunda aceptación, aunque también cual anotaciones de los efectos secundarios que los pacientes con tratamientos prolongados sufren.

aaa

Sin título (2016).

Falta mucho para reducir el impacto mundial del VIH: hoy tres de cada cinco personas diagnosticadas no acceden a tratamientos antirretrovirales. En México los decesos relacionados a VIH/SIDA han oscilado entre los tres mil y cuatro mil fallecidos durante el periodo 1995 a 2015, a pesar de los avances en acceso al tratamiento antirretroviral. Queda mucho por hacer pero también muchas historias por escuchar, por ver y comprender. Convivir con el VIH es una deuda pendiente de nuestra sociedad, no solo de quienes viven con el virus y las instituciones que los atienden.


Referencias

Proceso“No apoya CONASIDA el Segundo Gran Festival Cultural 100 Artistas Contra el Sida”, 29 de octubre de 1995.

–Velada por los muertos por el SIDA, consultado aquí.

–Joint United Nations Programme on HIV/AIDS – UNAIDS, Gap Report, 2014. Descargable aquí.

–Ernst Van Alphen, “La dispersión del retrato: los conceptos de representación y subjetividad en el retrato contemporáneo”, en Gerardo Mosquera (editor), Interfaces: retrato y comunicación (Editorial La Fábrica, 2011).

–Juan Eduardo Lozano, Cuadros comparativos de muertes por VIH/SIDA en hombres que tienen sexo con hombre (HSH) y homicidios por homofobia, México 1995 – 2015, tomado del grupo de Facebook.

–Obituario LGBTTTI Mexicano, publicado del 26 de junio del 2016.


Convivencia

Artista: Óscar Sánchez Gómez

Curaduría: Armando Cristeto Patiño

Centro Cultural Casa Talavera

Talavera 20, Centro, Ciudad de México.

Hasta el 12 de agosto de 2016.


En este blog se pueden encontrar los textos críticos y la documentación de curadurías de Irving Domínguez.

Artículos relacionados