Después de Ayotzinapa 1. Medios y periodismo

El pasado miércoles arrancó, organizado por Horizontal, el ciclo “Después de Ayotzinapa: conversaciones para repensar México”. En el piso 28 de la Torre Latinoamericana Julene Iriarte entrevistó al escritor y periodista Francisco Goldman acerca del periodismo, los medios de comunicación en México y la serie de artículos sobre Ayotzinapa que este publicó recientemente en The New Yorker. Estos son algunos fragmentos de lo dicho por Goldman.

| Periodismo

Aunque en México existen medios en los que mucha gente sabe que no va a encontrar la verdad, aquí están algunos de los periodistas más valientes, brillantes y entregados del mundo. Ellos son mis maestros. En mi libro [The Interior Circuit: A Mexico City Chronicle] digo que todo lo que he aprendido sobre lo que está pasando aquí lo aprendí de ellos. Tengo cuates como Alejandro Almazán y Manuel Larios que arriesgan sus vidas, y no solo eso, porque ser valiente es muy importante, pero igual de importante es ser buen periodista. Esta gente reportea bien y escribe bien.

La tragedia que tenemos aquí es la insólita impunidad. Esa es la gran paradoja de todo ese esfuerzo del gobierno por tratar de convencer al mundo de que este es un país moderno. México no será un país moderno hasta que no proteja a sus periodistas. No hay país moderno que deje que se mate a los periodistas. No hay país moderno que no sepa convivir con la crítica. No hay país moderno que deje impune el asesinato de periodistas.


Miles de testigos

El gobierno pensaba que todo mundo se iba a tragar la versión de Televisa acerca de que las provocaciones [en las marchas en protesta por Ayotzinapa] eran producto de los violentos, que se había llevado presos a los responsables y que la policía había hecho un buen trabajo. Parecía que ellos pensaban que todo iba a quedar así, y ¿qué cambió? El jefe de la policía tuvo que renunciar y Mancera quedó aún más bajo que antes en la estima de la población. No puedo creer que fueran tan ingenuos como para creer que esto no iba a pasar, cuando todo el mundo estaba con sus cámaras tomando fotos y videos. Había mil testigos de que se estaba apresando a cualquiera y de que a los que se llevaron no eran los que estaban peleando con la policía. Estoy impresionado con el operativo noticioso en México.

Una de las coberturas que más me gustó fue la de Animal Político, donde se contó la historia de un comerciante que no tenía nada que ver con la marcha, ni siquiera sabía que iba a suceder, y fue tan ingenuo que pensó en verse en el Zócalo con su esposa. Al pobre chavo de 21 años lo llevaron preso, y dice que fue torturado con electricidad.

Hace poco vi una encuesta que muestra que la popularidad de Televisa ha bajado muchísimo en los últimos meses. Esas son las cosas que muestran un cambio en la conciencia de la gente. Poco a poco van cambiando, y es gracias a las denuncias de los medios.


Sobre los artículos en The New Yorker y la reacción del gobierno federal

Estaba muy conmovido con las marchas [en protesta por Ayotzinapa], pero no veía la manera de hacer algo, hasta que un ex alumno mío, que trabajaba en la web de The New Yorker, me ofreció publicar algo allí. Fue un desafío muy importante y estoy muy agradecido con la recepción […] Cuando publicas, te muestran los indicadores de los textos más leídos en la página, y allí estaba mi texto sobre México. Eso demostraba que había mucho interés, y hay que luchar por ese espacio. En Estados Unidos hay muy pocos lugares donde puedas publicar cosas que vayan contra los lugares comunes del establishment.

Yo estaba viviendo en México durante toda esa época de la portada de Peña Nieto en Time y los artículos positivos sobre las reformas por todas partes, y no podía creer que no hubiera crítica, que nadie cuestionara nada. Era muy frustrante y creo que, a pesar de todo lo que se ha reportado sobre las tragedias de Iguala, en Estados Unidos aún mucha gente no se lo cree. Las reformas son la expresión perfecta del sistema norteamericano; allá se suele pensar que lo que es bueno para Estados Unidos es bueno para el mundo, y en muchos casos no van más allá de eso.

El gobierno mexicano se quejó con la dirección de la revista [por la publicación de mis artículos en The New Yorker]. Vi un email donde decían que cómo era posible que yo escribiera “que Grupo Higa tenía algo que ver con la ‘casa blanca’ si nosotros hemos explicado muy bien que esta casa fue comprada por la Primera Dama y cómo puede decirse que el gobierno de Enrique Peña Nieto no está reaccionando bien a la crisis de Ayotzinapa si tenemos un operativo desplegado”, y demandaban publicar una réplica con diez puntos de sus políticas en el mismo espacio donde fue publicado mi artículo.

El departamento de verificaciones de la revista presentó más de diez artículos de la prensa mexicana e internacional defendiéndome y dijeron que las quejas eran injustificadas. Tuve la impresión de que quizás arruinamos los cocteles de la embajada mexicana en Washington y del consulado en Nueva York. Porque ¿quién lee el New Yorker? Cierto tipo de élite que va a los cocteles de las embajadas.

[Selección y transcripción de Albinson Linares.]

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