Después de Ayotzinapa 12. Medios extranjeros

El miércoles 15 de abril concluyó el primer ciclo de diálogos de Horizontal, “Después de Ayotzinapa: Conversaciones para repensar México”. Moderados por Daniel Lizárraga, Elisabeth Malkin, corresponsal de The New York Times, y Henry Tricks, corresponsal de The Economist, discutieron sobre la manera en que la prensa internacional atiende la crisis actual de México y sobre los retos de los medios nacionales. Estos son algunos fragmentos de lo dicho en el encuentro.

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Las reformas vistas desde el extranjero

Henry Tricks: Hace dos años hubo un respiro en la cobertura sobre México en los medios extranjeros. Por muchos años la historia de este país había sido muy triste y cruel, al punto de que la gente estaba cansada de volver sobre la violencia. Entonces vino un presidente como Enrique Peña Nieto, hasta cierto punto optimista, que prometió algunas reformas que The Economist venía recomendando desde hace décadas. Un ejemplo claro es la reforma energética. Tampoco es que estuviéramos fascinados con Peña Nieto; de hecho, hicimos un informe de campaña en que decíamos que era el menos malo de los candidatos, pero no el mejor.

La verdad es que lo que nosotros apoyamos era el Pacto por México, ese consenso de los partidos políticos unidos por una serie de reformas. Impulsamos esas reformas porque somos una revista liberal y, para nosotros, el liberalismo quiere decir libertad, y lo que venimos criticando en México desde hace décadas es que es un país dominado por monopolios políticos, de telecomunicaciones, de energía, y por sindicatos muy fuertes. Entonces queríamos ver la libertad acá, y para nosotros las reformas representaban eso: un aire de libertad en la economía mexicana.

En los países del BRICS y en toda América Latina las cosas iban mal, las economías se desaceleraron, había una pérdida de liderazgo. Entonces, el ver unidos a los partidos alrededor de ese proyecto, y al país con un ritmo económico normal, nos dio mucho gusto y apoyamos las reformas.

Pienso que, dentro de los corresponsales, había una división clara entre los que habíamos vivido el periodo de Carlos Salinas y los que no. Los que presenciamos el final del sexenio de Salinas y la crisis económica de 1994 con Zedillo teníamos una visión distinta. Había mucho más escepticismo entre quienes habíamos conocido al viejo PRI. Los que no lo habían vivido tenían un gran entusiasmo, luego de haber cubierto año tras año los horrores.

Pienso que tal vez fallamos al concentrarnos en las reformas y dejar de lado el hecho de que la violencia seguía. La aparición de las primeras autodefensas en Michoacán, por ejemplo, era un aviso claro de que las cosas no estaban bien.


Lo que Ayotzinapa cambió 

Henry Tricks: Hay mucha gente que nos ha preguntado por qué cambiamos después de Ayotzinapa. El hecho es que después de conocerse la masacre empezaron a publicarse varios artículos de opinión en The Economist en que se plantaba que eso era inaceptable. Además, persistían la corrupción y los conflictos de interés gubernamentales, que son terribles, pese a que no se comparan con lo que está pasando en Brasil, por ejemplo.

Elisabeth Malkin: Cuando pasó lo de Ayotzinapa y vi la reacción social empecé a recordar otras masacres, como la de Acteal en diciembre de 1997, que también fue un crimen espantoso, pero cuyo efecto en la sociedad mexicana no se compara con el de Ayotzinapa. Es algo totalmente distinto y muy fuerte que removió muchas cosas dentro del país y que uno sintió como un despertar colectivo.

La semana pasada, cuando renunció David Korenfeld, escribí una pequeña nota para el periódico, pero nosotros, los corresponsales, no definimos los títulos de las notas. La mandé a Nueva York, la revisaron y la titularon: “Otro escándalo en México”. Porque esa es ya la tónica con este país: es como si no hubiesen otras noticias. Y sin embargo hay reformas, como la energética, muy importantes. También existen profesionales que no dejan de investigar sobre temas como el de la transparencia. Hay cosas buenas, pero lo que pasa con la cobertura es que los escándalos, la corrupción y la violencia tapan que, por ejemplo, las reformas siguen.

Pienso, sin embargo, que no debemos olvidar la situación de violencia porque la verdad es que hay una gran impunidad en México. Además, nosotros, a diferencia de The Economist, tenemos un gran interés en el tema de la migración, muy importante en Estados Unidos.


El ausente Estado de derecho

Elisabeth Malkin: Pienso que un tema importante a cubrir es el del Estado de derecho, porque no se le está impulsando. De hecho, algunas reformas no serían tan necesarias si este país velara mejor por las garantías y los derechos ciudadanos; eso, por ejemplo, habría frenado los monopolios. Es importante entender que estas reformas, sin Estado de derecho, serán arrasadas por la corrupción y no tendrán éxito.

Henry Tricks: El presidente Peña ha asistido a nuestra cumbre de The Economist, pero no acepta preguntas. El secretario de Hacienda Luis Videgaray sí me ha dado entrevistas. Lo entrevisté sobre las reformas y todo su discurso parecía bien practicado. Mi última pregunta fue sobre el Estado de derecho y no supo contestarla; literalmente no era parte de su pensamiento.

En la cumbre de Panamá me impresionó que Obama, en un panel con Peña Nieto y Dilma Rousseff, dijo que una de las claves para la gobernanza en América Latina era la transparencia y la lucha contra la corrupción, y el presidente mexicano no mencionó eso en su intervención. Me pareció muy extraño que no haya respondido a ese señalamiento, lo que provoca pérdida de credibilidad en él.

Una de las cosas que intento en mi cobertura es responder a la pregunta de por qué México no crece. Porque la verdad es una enorme decepción para mí regresar al país después de doce años (me fui en 2000 y regresé en 2013) y ver que la economía sigue igual, y la pobreza también. Una cuestión muy importante es la del Estado de derecho y la corrupción. Hay una parte moderna de la economía mexicana que funciona bien, que tiene buenos márgenes de beneficios y productividad, pero hay otra parte de esa economía, un 80% de ella, que vive en un mundo distinto donde la ley está ausente y la corrupción está presente.


El estado de los medios mexicanos

Elisabeth Malkin: Desde la campaña de Peña Nieto fue muy interesante el cambio en la prensa mexicana. De repente, se notaba algo raro: era evidente cómo el gasto del PRI había empezado a cambiar las cosas. Una vez que ganó Peña eso se manifestó aún más. Su idea de usar el gasto en publicidad oficial para presionar a los medios parece funcionar.

Me sorprendió que ni el tema de la “casa blanca” ni el caso de Osorio Chong fueron publicados en los diarios grandes. Solo dejaron que los columnistas comentaran eso y minimizaron la cobertura, como una discusión de opinión, sin reportajes.

La radio siempre ha tenido un gran impacto; por eso afectó tanto lo de Aristegui. Recuerdo que han sido años de lucha para que existan más canales de televisión, para que haya más voces, y resulta que quienes solicitan hoy las licencias actuales son personas que no van a ser independientes.

Henry Tricks: En México hay buenos periodistas, como Carmen Aristegui, pero nunca han sido muchos. Reforma ha mantenido cierta independencia, y han surgido sitios como Animal Político y Sin Embargo. Pero en general hay muy poca investigación. En algunos casos hasta los colegas de Centroamérica se ríen del periodismo de investigación en México, porque son dimes y diretes. Hay pocos ejemplos de periodismo de investigación, muy respetables, pero eso tiene que cambiar porque la prensa debe evolucionar y no reflejar simplemente una línea de opinión y nada más. Escuchar al PRI, el PAN o al PRD es igual que leer El Universal, Excélsior o lo que sea.

En cuanto a la prensa extranjera: siento que ahora hay mucho menos cobertura de México que hace veinte años; es mucho más bajo su perfil. En parte eso se debe a que el mundo está cambiando y el trabajo del corresponsal en la época de la digitalización es muy diferente.

Desgraciadamente siento que todos nos estamos viendo el ombligo, los periodistas mexicanos, los corresponsales, todos nos seguimos unos a otros. Debemos levantar la cabeza y ver qué está pasando en un contexto más amplio. Mi esperanza, pero creo que moriré sin verlo, es que haya una verdadera lucha contra la corrupción en México. Eso podría ser un cambio de importancia mundial, porque todo el mundo tiene el estereotipo de que México es un país corrupto y cambiarlo es muy difícil.


La culpa es de los dueños

Henry Tricks: Lo más terrible es el modelo de negocios de los medios. Es increíble el poder de la publicidad gubernamental en todo. No existiría el 90% de los medios actuales si no fuera por el gasto gubernamental. Por ejemplo, Aristegui se lanzaba contra el gobierno aunque tenía publicidad gubernamental; pero estoy casi seguro de que en otros medios que viven de la publicidad oficial eso funciona como autocensura.

Por otra parte, hay que tratar de dar contexto a las notas y ofrecer las dos versiones de los hechos, no una sola. Son técnicas elementales del periodismo que no sé por qué no se aplican acá. Alguien una vez comentó que en México existe un ciclo de tres días para las notas: el primero alguien dice algo, el segundo alguien responde, y el tercero responde el primer hablante; después todo el mundo se olvida.

Elisabeth Malkin: Quisiera echarle la culpa a los dueños de los periódicos. Los reporteros tienen que escribir tres o cuatro notas al día, y hacer periodismo en esa situación es un trabajo cuesta arriba. Tener unidades de investigación es caro, y eso debe ser un compromiso del dueño del diario. Nadie quiere hacerlo. Reforma quería seguir ese camino hace años. No sé si el dueño se cansó, o si se siente amenazado, pero tienen esa responsabilidad, porque ahí están los periodistas y las historias. En mi periódico, por ejemplo, los reporteros duran años investigando un caso; así descubren las fallas del sistema.


(Selección y transcripción de Albinson Linares.)

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