Después de Ayotzinapa 3. Economía y violencia

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La desigualdad mata

Sergio Silva Castañeda: Es la desigualdad la razón de lo que pasó con los 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa; claro que no directamente, el camino es bastante largo porque no es un asunto que se genere en uno o dos meses. Es algo que lleva décadas gestándose y lo que pasó demuestra que la desigualdad en este país mata por otras vías, no solo mediante los métodos tan obscenos que presenciamos en Guerrero. Fue la desigualdad en términos de atención médica y de acceso a la educación, entre otras muchas cosas, porque al final es una acumulación de elementos lo que puso a los estudiantes de una región muy pobre y marginada del país en una situación de absoluta vulnerabilidad frente a esos delincuentes. Y esa vulnerabilidad, pase lo que pase en las siguientes semanas con este asunto, parece que va a seguir allí. Lo que falta discutir es cómo le hacemos, en el largo plazo, para evitar estas situaciones desde el punto de vista de la exclusión y la desigualdad.

Gerardo Esquivel: Hay muchas aristas en el tema de la economía y la violencia. La desigualdad, sin duda, es muy importante. Podemos pensar además en el tema de la pobreza, que es una situación más específica y particularmente asociada a esta zona del país. Sabemos que el sur-sureste de México es una de las regiones menos desarrolladas, con una gran incidencia de pobreza. Guerrero es un lugar donde coinciden los efectos de la pobreza y la desigualdad. Pero hay que tener cuidado con pensar que son solo esos factores los que conducen a una situación tan terrible como la que vivimos en el caso de Ayotzinapa. Estamos hablando de un contexto que, de por sí, está marginado y sujeto a un gran problema de desilusión y falta de inclusión, el cual tiene que ver con la ausencia de entrega de bienes públicos que permitan, por ejemplo, tener acceso a una mejor educación, con lo que se podrían conseguir mejores empleos y eso proyectaría un mayor desarrollo de la región. Pero eso no pasa, por lo que todas esas carencias terminan convirtiéndose en un caldo de cultivo para que, ante la ausencia de oportunidades, se pueda empezar a incurrir en situaciones irregulares.


Las carretadas de dinero no resuelven nada

Gerardo Esquivel: La incapacidad del propio Estado en los municipios es manifiesta: no tienen suficientes recursos para atender los problemas sociales y económicos. Cuando el presidente Peña Nieto anunció su decálogo, una de las cosas que mencionó fue la creación de zonas especiales. Además, eso viene acompañado de una serie de programas sociales, como si esa fuera la solución. Me parece que parte del problema es pensar que ese tipo de respuesta que está dando el Estado es la correcta, porque en el pasado eso no ha resuelto nada. Llegar con una carretada de dinero y programas sociales no incide en el desarrollo. Eso no funcionó, por ejemplo, en Chiapas, cuando luego del levantamiento zapatista se implementó todo eso. Pensar en zonas especiales, vinculadas a ciertas poblaciones muy específicas dentro de la región como una solución, es equivocarse de nuevo. Todo el sur-sureste del país es una zona especialmente subdesarrollada donde prevalecen la pobreza, la marginación y la exclusión.

Sergio Silva Castañeda: Hay un problema de crecimiento, sí, pero no de cualquier tipo de crecimiento, sino de uno que resuelva los problemas de distribución del ingreso. Si no atendemos los problemas de distribución, las propuestas pueden tener efectos limitados. Después de las últimas declaraciones de la Procuraduría, por ejemplo, ya hay analistas en los medios que, de alguna forma, empiezan a olvidarse del problema simplemente porque los normalistas tienen “algo de culpa” puesto que secuestraban camiones para venir a protestar al D.F. El asunto es que ese tipo de prácticas está conectado al hecho de que los normalistas viven en una región muy diferente adonde nosotros vivimos. Hay que ver el asunto a través del tema de la desigualdad para tratar de vislumbrar lo que hay detrás del conflicto.


La violenta movilidad social

Sergio Silva Castañeda: Cuando pensamos en todos los actores involucrados en estas situaciones trágicas, no solo se trata de los estudiantes sino también de los sicarios, porque todos vienen de una región sumamente pobre. Lo que tenemos en Guerrero es un lugar donde eso que llamamos “movilidad social” tiene una forma concreta y terrible porque los mecanismos de movilidad son, por ejemplo, ser reclutado por Guerreros Unidos o unirse al Ejército. Otro es ser estudiante de la normal rural de Ayotzinapa porque, si eres hijo de campesinos, convertirte en maestro rural significa dar un paso adelante. No tendrás los recursos que tienen los exitosos en su carrera como reclutas de Guerreros Unidos, pero es otro mecanismo de movilidad social. Y así de pronto pareciera que nos encontramos con que la movilidad social requiere violencia a distintos niveles, y quienes son exitosos en ese ambiente terminan siendo los más salvajes, como es el caso del narco. Estamos en presencia de un lugar en el que la movilidad social implica una violencia de esta magnitud; los más sanguinarios son los que dominan esa cadena alimenticia y cuando eso pasa deberíamos tener los pelos de punta. Nadie quiere vivir en un lugar así.

Gerardo Esquivel: Toda esta situación ha dado lugar a un discurso –que ha permeado en la clase media– que trata de poner a las escuelas normales rurales como un foco de guerrilleros. En ese sentido hay extremistas que las ven como algo que debería exterminarse, acabarlas y dejar de financiarlas con recursos públicos. Creen que la forma de resolver el problema es quitándole recursos, cuando eso supondría lo contrario, porque este tipo de instituciones son fundamentales en términos de la movilidad social de los individuos que pueden acceder a ellas. Por esa vía ellos mejoran sus posibilidades de trabajo, su posición socioeconómica y hacen labor social, si así lo desean.


Las reformas no lo resuelven todo

Gerardo Esquivel: El Estado mantiene la postura de dar cosas, por las que en teoría se les debería agradecer, sin pensar en ir más allá, hacia un esquema de desarrollo económico. La idea es que se garantice el acceso a la educación pública, a los servicios de salud, a la seguridad, es decir, a la protección social. Otro problema es creer que las reformas van a resolver nuestros problemas. Eso significaría que, en efecto, van a ayudar al crecimiento económico, y eso está en tela de juicio. Pero aun si eso ocurriera habría que ver si esa riqueza se va a diseminar por todo el país, desde las zonas ricas hasta las más pobres. Cuando México se desarrolló, no lo hizo de manera homogénea en todas las zonas. Por eso me parece completamente equivocado pensar que las reformas van a resolver, como por arte de magia, las fallas estructurales.

Sergio Silva Castañeda: En el fondo está la idea de que si hay violencia es por falta de Estado, y nuestros gobiernos suelen reaccionar poniendo más policías. Sus acciones deberían ser mucho más amplias que eso. Es ingenuo pensar que el crecimiento va a llegar a esos lugares y solitos van a mejorar y que, si hay violencia, ponemos más soldados y ya. Necesitamos más Estado pero en un sentido mucho más amplio, un Estado que provea servicios de salud, educación y seguridad, pero no como una dádiva generosa sino como el acceso a un derecho. Deben crearse instituciones más estables en las zonas más pobres del país que generen otros mecanismos de movilidad social, distintos a los de ser reclutados por el narco, y para eso se necesita una idea diferente de qué es el Estado y cuál es su rol.

(Selección y transcripción de Albison Linares.)

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