Después de Ayotzinapa 6. Crisis y opinión pública

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La opinión en torno al caso de Ayotzinapa

Diana Penagos: Trabajo en la casa encuestadora Parametría y vengo a presentar algunos datos sobre la opinión pública en torno al caso de Ayotzinapa. Muchas veces tenemos la idea de que si a nosotros nos afecta un tema específico, a todos los mexicanos también les está afectando, y eso a veces puede estar un poco alejado de la realidad.

Más del 90% de la población está enterada del caso Ayotzinapa. La mayoría muestra un pesimismo generalizado, pues siete de cada diez mexicanos consideran que no van a encontrar vivos a los estudiantes normalistas.

Consultamos la opinión de los ciudadanos sobre los principales implicados en este caso. Dado que uno de ellos es Ángel Aguirre, gobernador con licencia de Guerrero, preguntamos a los encuestados cuál creen que fue el principal motivo por el que este solicitó licencia. Casi tres de cada diez mexicanos relacionan su solicitud de licencia con la desaparición de los normalistas, ya porque no quiere hacerse cargo, para evadir el problema o porque tiene miedo de que lo asesinen.

Preguntamos también sobre las marchas en protesta por el caso de Ayotzinapa. Solo el 46% de los mexicanos parece estar de acuerdo con que se realicen marchas, y más del 90% no ha participado en ninguna de ellas. Esto puede deberse al hecho de que muchos creen que este tipo de acciones no ayuda a resolver estos casos.

El combate a la delincuencia y al narcotráfico son las áreas peor evaluadas del gobierno federal. Cuatro de cada diez mexicanos considera que la inseguridad es un problema grave y que podría no salir a votar por ello.

Sobre la atribución de responsabilidades les consultamos quién debe resolver este caso. Como primer responsable aparece el gobierno federal. Sin embargo, el pesimismo y la desconfianza agobian a los mexicanos, y casi el 60% considera que no se va a atrapar a los culpables de la desaparición de los 43 estudiantes.


Fatiga informativa

Gabriela Warkentin: En el pasado hemos tenido momentos muy duros con desaparecidos, asesinatos y masacres. Es decir, Ayotzinapa no es lo peor que hemos vivido. Sin embargo, este caso reventó algo muy especial en la sensibilidad social y colectiva. ¿Por qué este caso tomó las primeras planas y los noticieros?

En la marcha del 20 de noviembre veías, desde arriba, a la masa de gente entrar y salir del zócalo en una especie de peregrinación. Me preguntó: ¿qué hacía que todas esas personas estuvieran allí? También me inquieta: ¿qué pasa ahora, en febrero, que no estamos en las calles? Hoy seguimos dolidos e indignados, pero no estamos en las calles. Van a venir las elecciones y pareciera que no se sabe dónde quedó ese enojo.

Llevo veintidós años en el mundo académico y en los medios comunicación. Recuerdo que en el año 2000 estudié mucho el concepto de “fatiga informativa”. Este concepto surgió a propósito de esas campañas de conciencia sobre el medio ambiente en que veías imágenes impactantes de glaciares hundiéndose o de focas muriendo, y pronto los especialistas se dieron cuenta de que eso lo único que lograba era espantar a la gente. Como individuos no hacemos nada con toda esa información si no nos das al mismo tiempo una salida ante un entorno tan abrumador. Lo que hoy está sucediendo, en términos comunicacionales, es que el entorno es tan abrumador que no podemos ofrecer ningún tipo de salida, por lo que hay una especie de fatiga informativa colectiva. Pareciera que mucha gente ya no quiere escuchar más sobre el caso de Ayotzinapa.


La normalización de la violencia

Diana Penagos: En Parametría empezamos a hablar de la “colombianización de la sociedad mexicana”. Soy colombiana y allá vivimos una normalización de la violencia, que también está sucediendo aquí. Al inicio de la guerra del narco si nos contaban que se había asesinado a una persona, había un escándalo. Ahora si nos dicen que mataron a diez o a veinte es una noticia más; nos escandalizamos un rato y pasamos a otra cosa porque la violencia se volvió cotidiana.

El hecho de que los medios empiecen a relacionar el caso de Ayotzinapa con temas más generales, como la corrupción o la inseguridad, hace que se diluya el caso, porque empieza a forma parte de una narrativa difícil de abarcar. Creo que todos debemos combatir esa apatía, porque no solo es culpa de los medios de comunicación.


Los peligros de la burbuja individual

Gabriela Warkentin: En estos días estuve en el Estado de México haciendo unas diligencias personales y tuve allí una conversación muy interesante. Gente que vive en la parte conurbada de la ciudad comenzó a hablarme de asesinatos de familiares en estos últimos cuatro meses. Obviamente la policía les parece absolutamente impresentable porque no solo no hace nada sino que lo complica todo, y no identifican una autoridad en ese escenario. Me dijeron que los medios siempre callan esos problemas, y cuando les pregunté cómo los estaban resolviendo me dijeron que se estaban organizando entre ellos en guardias nocturnas y que tienen un sistema de alarmas entre vecinos. Eso pasa a 45 minutos al norte del D.F., no a dieciocho horas de distancia. Ya no hay interés en las soluciones de Estado porque saben que nadie se los va a resolver, y eso me dejó un poco derrotada. Debemos alertar sobre esta individualización de nuestra vida. Es decir, como vemos que no hay manera de resolver todo eso, entonces tratamos de meternos en nuestra cápsula interna. Y si además concluyo que los medios mienten, que los periódicos mienten, que los conductores de noticias mienten, que todos mienten, pues les miento la madre. Si a eso le agregamos que la policía y el gobierno no resuelven nada, entonces comienza una especie de tendencia a encerrarnos en esas burbujas íntimas que dificultan cualquier trabajo de colectivización.

(Selección y transcripción de Albinson Linares.)

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