Después de #Verificado2018, México está listo para una política educativa contra las noticias falsas

#Verificado2018 apareció en las elecciones pasadas para garantizar un flujo de información menos permeable a las noticias falsas. Una amplia red de periodistas y profesionales de la comunicación hicieron un esfuerzo por transparentar el proceso electoral de los medios de información.

| Periodismo

En el campo de la comunicación es posible aventurar dos aprendizajes que dejaron las campañas electorales: las redes sociales ocupan un espacio protagónico en la vida democrática de México y México es tierra fértil para las fake news.

No es de extrañarse que diversos actores alrededor del mundo se hayan referido al fenómeno de las noticias falsas como una «amenaza a la democracia».

Cuando se habla de fake news resulta importante historizar su existencia. La historia de las fake news es la historia de los regímenes de verdad, la producción del discurso y los medios de comunicación. Han formado parte de la construcción de las representaciones del mundo y las relaciones sociales desde mucho antes de ser enmarcadas por las tecnologías digitales y el discurso político contemporáneo. El interés actual coincide precisamente con la consolidación de los medios digitales y las redes sociales como catalizadores de la esfera pública actual –parte de una nueva cultura mediática hiperacelerada que desata un proceso simultaneo de transformación y adaptación en las audiencias– y la clase de instrumentación política de la información que estos permiten.

Tanto en México como en otros contextos, la coyuntura electoral ha volatizado su lucro económico y político. Según un informe de Freedom House, las tácticas de manipulación y desinformación han desempeñado un papel importante en las elecciones de treinta países, lo que ha minado la capacidad de los ciudadanos de participar en debates auténticos que empoderen la toma de decisiones.

Una reciente investigación expone cómo en México las prácticas de desinformación y manipulación se arraigaron durante el periodo electoral y transfiguraron la manera como se produce y distribuye la información en espacios públicos digitales mediante el uso de granjas de bots, producción de propaganda y medios de comunicación falsos. De esta manera se explotan los medios sociales y algoritmos de búsqueda para garantizar una alta visibilidad y una integración indistinta de noticias falsas al ecosistema de contenido confiable.

Si bien esto no es un fenómeno aislado a nuestro contexto, quedan de manifiesto las condiciones que hacen de México campo fértil para las fake news. Por un lado, en un ambiente caracterizado por violaciones sistemáticas a los derechos humanos, la impunidad y omisión judicial, y la cercanía entre el poder político y el poder económico, este tipo de actividades se vuelven formas de enriquecimiento de bajo riesgo para las agencias y actores que prestan servicios ilícitos motivadas por el exorbitante flujo de recursos que surgen en tiempos electorales. Por otro lado, son prácticas que tienen un alto provecho político: formar y fragmentar la opinión pública, impulsar agendas políticas particulares, desacreditar adversarios políticos y contrarrestar las críticas hacia el gobierno en las redes sociales, por ejemplo.

A la luz de esta creciente relación de dependencia entre el capital tecnológico y el capital político, preocupa la falta de voluntad política por hacer frente a una situación que proyecta a agravarse con la irreprimible migración de las audiencias a plataformas digitales y la penetración en aumento del internet en el país.

En este marco, la aparición y consolidación de #Verificado2018 –un proyecto colaborativo de verificación de noticias electorales puesto en marcha por medios, organizaciones civiles y universidades– en el enrevesado relieve electoral ha sido fundamental en la creación de un clima de certeza informativa imprescindible para la discusión pública en espacios digitales. En este sentido, su mayor contribución no solo ha sido la rigurosa y sustancial labor de verificación, sino la inauguración de un ambiente de escrutinio y rendición de cuentas en espacios digitales, llevando a la formación de audiencias más críticas y exigentes hacia los medios, periodistas y creadores de contenido. Inadvertidamente, el proyecto editorial se convirtió en el proyecto de alfabetización digital de las audiencias de mayor alcance en México hasta la fecha: materializó el derecho a la información y los derechos de las audiencias en un proyecto formativo cuyo momentum merece ser prolongado y reforzado por políticas educativas que traten el fenómeno de las noticias falsas y los medios de comunicación.

Con tal de cumplir a cabalidad el demandante trabajo de verificación de datos para refutar y rectificar noticias falsas de una manera estratégicamente significativa, el equipo de periodistas y especialistas de #Verificado2018 se concentró sobre todo en los puntos neurálgicos del periodo electoral: los debates presidenciales, las tendencias noticiosas identificadas por Google, y las noticias que recibían más solicitudes de verificación por parte de los públicos. Después de todo, no hay mucho que se puede hacer para depurar todo el entorno digital de información dudosa.

En esta medida, es necesario apuntar que a pesar de la importante labor de periodistas, gobiernos y organizaciones que luchan activamente contra la difusión de noticias falsas, asoman inquietudes sobre los límites del voluntarismo periodístico y las estrategias automatizadas emprendidas a lo largo del mundo. Dar una respuesta reactiva y correctiva al surgimiento y la difusión de noticias falsas es un cálculo similar que intentar controlar, regular o suprimir el enorme flujo de datos que circula por internet: un ejercicio que a la larga corre el riesgo de ser ineficaz y problemático, o peor, inútil y represivo.

La responsabilidad de las corporaciones tecnológicas en este escenario las ha llevado a involucrarse con voluntariosas medidas que, sin embargo, han terminado por revelar sus limitaciones. Desde las elecciones de Estados Unidos del 2016, Google ha probado numerosas formas de adelantarse a las noticias falsas por medio de un algoritmo de clasificación, pero de acuerdo con Eric Schmidt, presidente de Alphabet, la dificultad misma de entender la verdad impide que el algoritmo pueda separar la verdad de la mentira. En el centro de las estrategias de verificación basadas en filtros automatizados se encuentra la nunca resuelta disputa por los discursos de la verdad, las estructuras narrativas, y la construcción de representaciones del mundo y la sociedad. En este sentido, el WSWS y otros medios disidentes han denunciado que los algoritmos de Google han limitado el acceso a sitios de noticias progresistas o de izquierda.

Por el lado de Facebook, los periodistas que han colaborado en sus programas de verificación manifestaron que las herramientas de verificación de datos han fracasado en gran medida, insertados en una estructura de algoritmos de predicción diseñada para maximizar la interacción de los usuarios con una plataforma de contenido ultimadamente concebida para vender espacios publicitarios. Lo que apuntaba a una transición legítima de uno de los mayores impulsores de noticias falsas en internet, resultó en poco más que una estrategia de relaciones públicas. Estos referentes no solo son indicativos de los límites de la voluntad periodística o la efectividad de algoritmos de verificación, sino de los límites de la regulación y las estrategias correctivas para contener un fenómeno que se origina en los núcleos mismos de las sociedades contemporáneas: la democracia y la economía liberal de mercado.

En este marco, la contribución de #Verificado2018 al relieve comunicativo de México apunta a un horizonte más allá de estrategias de regulación y control de la información. Al provocar la creación de un clima comunicativo de rigor y autentificación, el proyecto incentivó un proceso de formación de públicos mediáticos más críticos, suspicaces y exigentes. Con mucha razón, la UNESCO, la OCDE y un coro de voces de la academia han afirmado que la alfabetización digital se ha vuelto una necesidad pedagógica crucial para afrontar el fenómeno de las noticias falsas.

Este exitoso caso de alfabetización mediática de las audiencias digitales apunta a la necesidad de programas educativos, impulsados por la SEP y el IFT, encaminados a desarrollar habilidades y criterios en los públicos que les ayuden a navegar el actual ecosistema mediático. En tal sentido, la necesidad de alfabetización mediática no es nueva –un reclamo añejo de promotores y estudiosos por décadas, en realidad–, pero los términos sobre los cuales debe definirse, abordarse y promoverse deben ajustarse a los cambiantes paisajes mediáticos y comunicativos.

Aunque atrapados en un limbo legislativo, la política de alfabetización mediática está cifrada en los lineamientos de los derechos de las audiencias. Para consumar el pleno reconocimiento de los derechos de las audiencias, el próximo gobierno deberá asumir los compromisos democráticos inaugurados por la reforma de telecomunicaciones del 2013-2014, que ha dejado mucho qué desear. Una posición decidida contra este fenómeno conduciría a programas de alfabetización digital en las escuelas encaminadas a desarrollar habilidades de verificación de información en los estudiantes, una necesidad pedagógica actual planteada por el director de Educación y Competencias de la OCDE.

El sistema educativo formal es el punto de partida más obvio: en las aulas, donde se han explorado programas de alfabetización digital confinados a la adquisición de habilidades mecánicas como Aprende 2.0, existen las condiciones para formar audiencias con las aptitudes y los criterios que les permitan navegar los cada vez más complejos entornos mediáticos e informativos. En la medida en que debe abordarse como un prerrequisito para la participación ciudadana, la alfabetización digital debe promoverse pedagógicamente junto con la educación cívica, necesaria para proporcionar un contexto en torno al cual la veracidad del contenido pueda ser comprobada con más facilidad. De esta manera, formar a los ciudadanos emergentes para que examinen y consuman contenido críticamente es un requisito previo para el pleno ejercicio ciudadano y el involucramiento en línea, teniendo la capacidad de identificar problemas de sesgo, prejuicio, tergiversación y confiabilidad.

La implementación de políticas educativas encaminadas a politizar nuestra relación con los medios de comunicación y la información no es una idea ajena a lo que se ha empezado a explorar en otros contextos que enfrentan escenarios similares. Para las próximas elecciones, los públicos alfabetizados digitalmente serán el mejor aliado que la siguiente edición del proyecto de verificación electoral podrá tener. Como #Verificado2018 declaró en su carta de despedida, el ejercicio de escrutinio debe formar parte de las prácticas mediáticas de todo ciudadano que navegue espacios digitales.

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